RAFAEL MORALES MAGAÑA: UNA PROMESA LITERARIA EN LA PRÉDICA DE LA POSTMODERNIDAD

UNA PROMESA LITERARIA EN LA PRÉDICA DE LA POSTMODERNIDAD
Antes de andar volanteando o taloneando en folletines, faniznes y notas seudoculturales la anémica preceptiva seudoliteraria, se debería indagar dónde se empaquetan las nuevas morcillas narrativas en sus múltiples facetas (pedofilia, robo, secuestro, asesinato, etcé); ayudaría a aliviar un poco ese lastre de angustia que se cargan cabrones por sentirse escritores diferentes y excepcionales.
Como sugerencia pilatesca de mi parte presentaré uno de los últimos pespuntes narrativos que difuminan la realidad a seso dormido de la ficción; aunque, de cierto modo, modificando —rebajando— la hondura temática, la figura del antihéroe, pero conservando aún cierto aliento balzacquiano y agregándole como infaltable aderezo metatextualero algunas virutas de la relatoría borgeana.
Y con toda la mitología que le es propia al lenguaje, se incorpora al panorama de las letras bajacalifornianas el politonal discurso del señor Rafael Morales Magaña, una revelación que, mediante el decidido apoyo y promoción de nuestros elefantes blancos del arte y la cultura (IMAC, CONACULTA e ICBC), bien podría figurar —parafraseando al mamacallos del Jaime Cháidez Bonilla— como la nueva “promesa literaria”.
Nota: dada la cultura cerril y la pedestre instrucción conque cuenta el autor del metatexto (o como se prefiera: metarrelato, metacuento o metaficción), la riqueza de la referencias literarias se las puede poner cada lector; y no obsta lo antes dicho para que el narrador sea considerado como uno de los principales valuartes del «realismo sucio» norfronterizo, rebasando no solamente los chiclosos cuentos que escruta el pelón Fadanelli, sino también las tramas que el Enrique Serna dispone en su libraco «El miedo a los animales».
Aquí va pues:
Mataban perros y vendían la carne
«TIJUANA.- Un rastro clandestino utilizado para sacrificar perros cuya carne presumiblemente era vendida para consumo humano, fue descubierto al mediodía en el fraccionamiento El Mirador, por la Policía Municipal, en una acción que culminó con tres detenidos. La casa se ubica en calle Había Vizcaíno número 3084, y es rentada por Mariana López, Alejandra Loaiza y Edward Evede, de 22, 21 y 25 años de edad. Ahí los municipales encontraron cerca de 200 canes muertos. Los jóvenes dijeron que se trataba de un refugio para perros abandonados, pero hay evidencias de que sacrificaban a unos para alimentar a otros y al parecer una buena cantidad la vendían a expendios de tacos. El asunto es investigado por la Dirección de Riesgo Sanitario, de la Secretaría de Salud Pública Federal» [Rafael Morales Magaña, de la sección colorada del periódico El Mexicano, edición del viernes 13 de febrero de 2009].
El ejemplo de la prosa anterior, considerando que ya no hay obra digna de mención, ¿acaso no merece un tratamiento desmitificador? En términos de oscuras antinomias, el tipo es duro en la recreación del folklor clasemediero y de arrabal; nada hermético y manejando con destreza la simbiosis de la expresión y la información.
—Jajajá. Te pasas de chorizo, pinche Charko.


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