Sunday, February 25, 2007

EL FANZÍN «RADIANTE»: UNA PERRA MALPAPEADA



SAAVEDRA Y SU «RADIANTE» ENGENDRO
RADIANTES PANCHOS

Con una simplicidad casi bobalicona y de estrechos —por no decir nulos— atributos estéticos, y muy cercanos a los linderos de la tautológica, hicieron su aparición en el régimen cultural tijuanero las subsecuentes ediciones 2 y 3 del fanzín que menea el «Príncipe del pochoñol».
Los dos números del revistón «Radiante» (diciembre de 2005 y enero de 2006) han sido evacuados al papel con ese mismo raquitismo mental que caracterizó a la primera caziada del pápiro en comento.
El «punch» de «Radiante» no ha sido tan «radiante» como se alardeaba con su supuesta «interconectividad creativa» y propalada con el «mucho confeti audiovisual».
Y es que, hablando al chile pinto, la calidad —en sus niveles de edición y contenido— no es un rasgo intrínseco a la publicación que padrotea el Rafadro.
El primer número de «Radiante» fue parido en el mes de noviembre y su «hic et nunc» desparramado en cientos de copias que, a precio de nada, se ofrecían en los estanquillos de librerías, cafeterías, churrerías y otros tanichis de la «ciri» (dixit el Rafadro).
Que las ediciones le lleguen de gorrion pecho amarillo a la perrada, de chéiser o de barbacoa (es decir, de gorra o gollete, lo mismo que gratuitamente) muchas veces provoca destanteos en la «sique» del mono que pudiera interesarse en apergollar alguno de sus tirajes, ya que la estrategia de sustraerse de la lógica del dinero resulta contraproducente, pues, de hecho, para la perrada lo que no vale no sirve, o bien, al producto no se le da la seriedad que merece.
«Radiante» es la encarnación egotista del Rafa Saavedra; esa percepción misma que encontramos en su blog se haya traslapada en la bitácora; presencia de su personalidad llevada al papel y clonada en la teta de vidrio como radiantepress.blogspot.com.
Una duplicación de objetos difusores que van en una misma dirección y sin perturbar el reposo de la anomia sociocultural que aquí se padece.
Y aunque se insertan variadas colaboraciones de escritores, escritorcillos y escritoretes, el jedor de su capitán se patentiza en esencia, y no se disipa ni echándole baldazos de cloro, bonches de aserrín empapado de Pinol o cubetazos de miados de zorrillo.
Los articulejos, notitas y reseñas de los escribidores que adoban el fanzín rafadriano han sido publicados no por los flujos de la virtud o de la capacidad letrera, sino porque son sujetos ligados al editor por razones del cuatachismo o debido a que forman parte del llamado «Tijuana Bloguita Front».
Por eso los tres últimos números de «Radiante» revelan propiamente aspectos de una calidad mamarrachesca y quienes participan y se acurrucan en torno a ese vehículo (in)expresivo lo hacen sencillamente para salir a «escena» y darse bombo; algunos otros son atraídos por el abstraccionismo de arcaica ontología y se lucen escribiendo disparates y mamadas ininteligibles, creyéndose muy «autorreflexivos», «profundos» o «analíticos», cuando, en realidad, no pasan de ser unos pinches pasticheros de mierda, lisonjeros de apariencias subartísticas y improvisados (in)comunicólogos que lo único que logran es convertirse en víctimas del pérfido humor y de la burla.

Hay en la revista redrojos de mequetrefes cuya opinión acerca del tópico que abordan es parecida a la que tienen los integrantes del gabinetazo foxista.
«Radiante» se engalana pobremente —y diatiro— con escasos escribanos notables y chacalosos, es una excepción encontrar en sus páginas trabajos de gente que sabe lo que hace.
En mayor proporción quien acapara la parte longa de esa papeleta es un puñado de mediocres que aspiran a relumbrones y son más conocidos por su mucha jarana y por el poco oficio de escritores.



«RADIANTE» VISTO POR OTROS OJOS

En un artículo publicado en la edición del domingo 29 de noviembre de 2005 de «Identidad», suplemento inserto en el pápiro el «Mexicuín», el Leobardo Sarabia realiza una breve reseña histórica de las revistas que abordan el tema tijuanesco, entre las que se cuelan está el fanzín que pilotea el «Príncipe del pochoñol».
En su articulejo, titulado «Tijuana en las revistas: un repaso rápido», el cronista sarabiano expone sus premisas con relación al fetiche publicitario de míster Rafadro.
Reproduzco parte del texto para que el lector o la lectora dé cuenta cómo el editor del papelón citado guisa la machaca.
Pero antes, considerando que el documento del Leobardo no es un texto cinco estrellas, se recomienda someterlo a leves reajustes de interpretación.
Por tanto, resultaría conveniente lo que a continuación hago saber:

Entiéndase el vocablo «juvenilia» como pifia de descerebrados, portadores de la filosofía del «Chavo del Ocho» (o su variante gabacha: el «agente 007», un «Chavo del Ocho» gringo pero con pistola); la expresión «datos útiles» sustitúyase por datos inútiles; y, por «mundo ideal» refiérase a la nube de pedos donde dormitan el canchischanchis del Rafita y su elenco de colaboradores.

«Radiante parece una extensión del blog de Rafa Saavedra. Ese Ambiente cool, optimista y musical, al pie del concierto en turno. Se trata —con algunas excepciones— de una comunidad impresionable por la jerga de la Academia y su fárrago adjunto. La música es el soundtrack y la literatura es algo que los hace felices (la ciudad también tiene ese efecto sobre ellos) y la amistad que es ronda inacabable de anécdotas y estímulo gregario. Un mundo ideal, marcado por la juvenilia, donde no existe la autocrítica ni el activismo social (ni el paisaje en ruinas de una ciudad que se rehace cada días): sino el intercambio de cds y datos útiles para la noche navegable o el week end» [página 3].

Ay, esos caprichos de la hermenéutica en la que ya no se puede saber qué cosa dicen las palabras.
Triste paradoja en la que no hay más garantía que la simulación de cretinos que padecen anorexia cultural; discursos agoreros que carecen de la mínima y necesaria filiación semiológica; pletórica encarnación del rocstarismo; textos trazados por los dictados del capricho y de la ignorancia supina.
Pura maniobra envolvente de embelesados que creen que la realidad está en su cerebro.
Si algún valor tiene el libelo «Radiante» es el de un abecé para tontainos.


EL REFINADO CANON DE COLABORADORES

Un puñado de ingenuos o bribones (según sea el caso) informan desinformando y hacen públicas sus aflicciones, típicos arribistas y melcocheros del verbo, inflados y editados gracias a las carroñas presupuestívoras (¿porqué necesitan ayuda institucional para escribir o editar ese dominguero fanzín?).
Y es que una revista como «Radiante» no puede alcanzar forma impresa sino es con el canillazo de instituciones de gobierno y con las limosnas empresariales, a pesar de que sus padrotines las jueguen de chicos «underground».
En lugar de considerarse como un medio de difusión deliberadamente literario, de ideas propositivas y de debates interdisciplinarios, «Radiante» es una efusión promiscua de modas musicales, de chismorreos nefastos, de apapachos seudoliterarios y demás pedorreras con las que suelen propagarse y revestirse los postulados del libre comercio y del fetichismo globalizante.
Su calidad literaria es poco menos honrosa que la que tiene una lista del mandado, un memorando de oficina burocrática o una receta de cocina.
Hay cabrones que participan como si deveras se tratara de gente escribidora pero ni siquiera saben echar al ruedo la mínima virtud letrera y que ignoran o sufren la orfandad de las nociones básicas del arte literario y del talento periodístico.
El Rafadro bien pudo haber escogido a cualquiera de las marías que venden chácharas en avenida Revolución para que integraran su equipo colaboradores; las rucas, como escritoras en su libelo, serían más influyentes y de mayor peso literario.
Pero no sucedió así, en lugar de éso el bato optó por incluir y presentar a una bola de suatos, más habituados al plagio melcochero y a la gesticulación verborreica que a la auténtica actividad de un hacedor de artículos literarios, crónicas, ensayos y comentarios periodísticos.
Algunos de ustedes y yo diremos lo que sea, pero otros replicarán que el tipo ha sido justo y «buena onda», pues ha metido a su recua de incondicionales, a paleros mamarriatas y a dos tres encomendados de los que puede obtener algún provecho o solicitarles una balona en un futuro no muy mediato.
Y no hablo por hablar, nótese cómo la pesquisa da la exégesis y la gentileza del compilador reportan la correspectiva comisión, de eso no hay duda.
Vuelvo a repetirlo: «Radiante», por donde lo guachen, es un remedo del blog del Rafadro, únicamente con la salvedad de que en ese menjurje han metido manos y pezuñas más de tres pajeros, mamertos y gilipollas (escritores y periodistas prefieren decir ellos que son).
Pudiera ser también que sólo sea modelo de desaforado intento por conseguir candelabro en nuestro telúrico altar literario; un subterfugio de «corrección política».
De lo que no se duda es de su improbidad intelectual, la que abunda por estos lares fronterizos.
El catálogo ofrece una temática que raya en el desparpajo: anécdotas indigestadas de lo banal, parrafitos verticales que intentan ser poesía, aforismos apresurados, relatos de la música, apuntitos de «cofiteibol-buk», etcé.



LO QUE QUEDÓ DEL RAFADRO

Si acaso el Rafadro, en su momento fue un escritor que escribía —lo que se supone que hoy es literatura— el bato ha devenido en un vulgar publirrelacionista de encuentritos entre parásitos que pretenden ser literatos, de inocuas lecturitas de poesía clasemediera y mal confeccionada, de mesitas redondas que acaban en mariguanizas y pedas (todo eso sufragado a costillas del erario público).
El Rafa, en lugar de encarar la literatura como un ejercicio de inteligencia y de imaginacion, ha sido estrangulado por sus contradicciones e intereses oportunistas que escuda en su discurso de «ideas polivalentes».
Fuera de toda cacayaca que pregone como proyecto cultural, el batillo se conduce con un servilismo en favor del institucioanlismo, jilguerillo que mueve su pandereta para anunciar la cartelera del CECUT, del ICBC y demás elefantes blancos.

De un tiempo acá el bato tan sólo padece un especie de convulsión formal en el ámbito de la cultura; sus propuestas discursivas —si es que algún dia las tuvo— han quedado pajueliadas por la baquetonada y el lumpenaje, y de poco o nada le ha servido ese espíritu de renovación tecnológica conque ostentaba su publicidad, sustrato de su ímpetu pajaronalgonesco.
Va estar cabrón que siga legitimándose chapuceramente como escritor. Claro está que sobran pelafustanes que lo etiqueten todavía bajo el denominador común de hacedor de textos literarios.
Podrá jugarla al magarre aun sin credencial de literato. Al batillo le ha quedado solamente su realidad fantasmal(eso sí, muy acorde con los efectos pragmáticos del culturoso pachanguero, amiguero, además de tibio, pusilánime y consumado militante de la llamada «política del avestruz»).

—Ahora, ¿qué tal unos párrafos de laׂ«Radiante» rafadresca?
—¡No, manito! No la chingues. Ya estuvo bueno.