LA «LOCUTIA LUTETIA» EN LA POESÍA DE ELIZABETH SOBARZO GAONA

MIL POETAS Y TODOS ESCRIBEN IGUAL, MENOS YO
Aunque solamente cuento con algunos trozos del poemario «Instrucciones para un suicidio seguro y sin dolor», debo decir francamente que la autora posee el mérito de la «locutia lutetia»; y hablando sin remilgos, me ha impresionado esta breve rapsodia de alucines, de sobresaltos típicamente simbolistas, de altas tonalidades metafóricas y armado mediante un discurso escalonado que se abre y se cierra en inesperados virajes y mutaciones sin-tácticas.

He aquí el extracto de «Instrucciones para un suicidio seguro y sin dolor» cuyos precedentes lúdicos se inscriben en la corriente de la «bit-yenereichon», específicamente en la poesia del jotolón Ginsberg, y en el sertón metafísico del máster William Burroughs, sin prescindir de la notable presencia del malditismo rimbauderiano.
«He visto como el otoño sacude los recuerdos, los olores como transeúntes fallecidos, en una ciudad que llegó para derrumbarse. Camino por mi piel difunta, y mis plantas no huelen a mandrágora, le hablo a la Biblia de los rumores, de sus mentiras, de los niños-costillas, sombritas hambrientas del eco de dios en un error, cuando desde lo alto envió un graznido: enjambren sus óvulos de almas mal-vivientes, de cáncer, y háganse muchos. De metete en las sabanas de tus hijas –hombre- y reprodúcete. Ese el dios que creo al casi vivo, a su imagen y semejanza.
Escuché a los monstruos marinos forjarse en el tumulto de las heridas, a las moscas parir al cesar y al cesar porque es de dios. Y en la mano el Patrón de la familia azotar a sus creaciones, Jesuses descalzos, con mochilas, con apenas diez o quince años, con madres leprosas y denudas, que solo logran cinco minutos de caricias con el vaho de dios en la oreja, para tibiarse como utensilios fértiles. Y mire en una esquina a tres niñas con frío, muertas de hambre, dos ya menstruaban, tenían pánico en sus caderas, en sus piernitas adoloridas, una de ellas fue azotada para poder desayunar».
Un libraco que vale la pena ser deglutido

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