Monday, August 14, 2006

TIRANDO BUGUI EN CHILANGOLANDIA



Tirando un bugui por CHILANGOLANDIA (sí, señor, con mayúsculas y negritas, pues esta ratonera gigante es todo un encanto)... pero prosigo (me atacó la emoción, y yo que soy un puto insensible)... decía, por Chilangolandia, puntos y comarcas circunvecinas, mi guaifa y yo tripiamos dos tres birotillos curiosos que nos llamaron la atención por ser impresiones de clonación chilanguera, y aquí van:

Ayer, en el Zócalo, estaba un ruco réplica igualamas que el Joaquín Sabina. El clon del Sabinón no rascaba la guirnalda, sino vendía estampitas y llaveros con las imágenes de san Judas Tadeo y de la virgen de Guadalupe.

El 22 de diciembre, mi ruca y yo, ibamos tendidos a Zapotitlán, Tlatenco y Chalco; y al salir del metro Pantitlán nos encaramamos en un bacilón (bus)y ¡chacacuas!, el chofer de la burra no era otra persona que un clon chilango de Luis Humberto Crósguait (¡házme el fabrón, cavor!).

Y eso no esto todo. Ayer mismo, tirando un rol por los rumbos del cerro del Chapulín (castillo de Marta Sahagún..., perdon, quise decir de Chapultepec) guachamos a un ruco jomles, replica casi idéntica —nada más y nada menos— que a la mismísima «Loba» —Carlos— Monsiváis (que, por cierto, gran parte de la pelusa intelectualosa subversiva de por acá lo destesta de a madres; ¿será por eso —entre otras razones, of cors, que se quiere ir a cantonear a Tiyei?).

El día 24 de diciembre nos recogió un taxi de la cantona y cuando liqué al bato que piloteaba el vochito me di tinta que era una copia parecidísima al cabezón del Pablo Milanés.

Ai les vaila la oxtra. No me acuerdo qué día abordamos el metro Tacuba (que es el más cercano a los rumbos de Polanco, donde estamos chanteando vacacionalmente). Y, ya encaramados en la colorada culebra metálica, mi guaifa me dice:

—«Guacha esa morra. Se parece a la Amaranta Caballero».
—«Simón» —le digo «Nada más que esta jaina —o sea la clon de Amaranta Caballero— no tiene los ojos tan cerrados, como de chichi de liebre o de pulga pedorra. Ah, pero a ésta le faltan las sabrosas tetas de vaca suiza que tiene la mina tijuaneñaguanajuatense», agregué para rematar la cura.

Qué botana, dijo la loca y la tenían amarrada.