Saturday, August 22, 2009


El escalofrío universal

Fabio Gamez

No cabe duda de que funcionamos con electricidad. En lo que refiere al sistema nervioso así es. Ejemplos de ello es cuando nos golpeamos en la base de algunos nervios en junturas del cuerpo tales como los codos; sentimos un riada de electricidad que recorre intempestivamente toda la extremidad. Así como los calambres, pero en definitiva, de otro orden sensorial, los escalofríos también son involuntarios, y recorren el cuerpo estremeciéndolo y erizando sus vellos (fenómeno conocido como “piel de gallina”) con esa característica sensación eléctrica. Estrictamente hablando, al ser el escalofrío una respuesta del cuerpo a temperaturas bajas, así como en casos en que éste mismo eleva su temperatura en orden de defenderse de infecciones y enfermedades, no podemos decir de ningún modo que sea de naturaleza dolorosa –como en el caso de los calambres-, y sí, una sensación no menos curiosa que inquietante. Los Polivoces –haciendo honor a su nombre- se refieren a este fenómeno con el cariñoso término de “ñáñaras”. Pero también puede ser una experiencia desagradable, aunque esto se deba mucho a connotaciones del orden de la psicología profunda, o del umbral.

Es evidente que los escalofríos se relacionan íntimamente con los cuadros de fiebre, pero no se reducen a éstos, no obstante, desde la antigüedad se ha tratado de explicar su origen de diversas maneras, muchas de ellas de carácter sobrenatural. Es muy posible que sea esta relación estrecha con los cuadros mórbidos lo que haya rodeado al escalofrío de su aura terrible en principio, pero nadie puede negar que en individuos sanos, el conocimiento de algún hecho terrorífico puede dar lugar al estremecimiento que nos ocupa, sin que ocurra ningún cuadro de fiebre. Es lo involuntario del escalofrío, entonces, lo que ha asustado al hombre a través de la historia, algo parecido al estornudo (siempre acompañado inmediatamente del ritual de decir “salud”, con la finalidad de evitar posibles enfermedades venideras), pero menos común que este. A pesar de que las definiciones del cuento de terror son muchas, una de ellas toma al escalofrío como una de sus finalidades, sino es que la primera: “es toda aquella composición literaria breve, generalmente de corte fantástico, cuyo principal objetivo parece ser provocar el escalofrío, la inquietud o el desasosiego en el lector”. Hasta aquí podemos, entonces, dividir en dos grandes grupos a los escalofríos: los relacionados con los cambios de temperatura corporal, y aquellos de origen psicológico.

Hace tiempo me enteré de un extraño caso de escalofríos durante los sueños. Un adolescente refirió que durante un período largo de su infancia acusó escalofríos mientras dormía. Y que estos se repetían con un patrón idéntico al grado que elaboró una sóla imagen para todos ellos. Refiere que ocurrían cuando soñaba apaciblemente, e iban acompañados invariablemente de la distorsión de lo que “veía” en su sueño (así como del fin de éste), volviéndolo muy consciente pero sin despertarlo, para entrar inmediatamente a otro sueño de carácter pesadillesco. El joven refiere que llegó a conocer este mecanismo de tal manera que aprendió a despertar inmediatamente después de soñar el escalofrío, para evitar soñar la pesadilla que de todas formas lo iba a despertar. Todos estos sueños desaparecieron con la entrada a la adolescencia, nos dijo también el joven.
A pesar de que la experiencia anterior se refiere un cuadro sano, carente de fiebre e infección, resulta interesante aquí mencionar que los infantes alcanzan temperaturas más altas que los adultos, pudiendo pensar así que probablemente experimentemos el escalofrío desde siempre, es decir, desde nuestro nacimiento, sino es que desde la gestación.

Una narración, ubicada en la selva, que juega genialmente con una fiebre altísima, producto de la meningitis, un infante –el que padece la meningitis- y un ave de mal agüero, es El yaciyateré, de Horacio Quiroga. El texto habla, paralelamente, acerca de la experimentación con cambios violentos en la temperatura, dentro del contexto de una tormenta. Para variar, su tema es la locura. El escalofrío se relaciona aquí con el Espeluznar, entendido como descomponer, desordenar el pelo de la cabeza, de la felpa, del terciopelo, vaya, con este erizar de la piel. Visiones antropomórficas de la selva proyectan “la piel de gallina” a la superficie del río del Paraná: “El río, súbitamente opaco, se había rizado.”

Estaríamos hablando de una simbología del escalofrío.

Tal vez no se requiera de una mente calenturienta para entender que los escalofríos son síntomas solamente de alguna infección o enfermedad (en donde la fiebre es un síntoma más), pero que también pueden ser de origen psicológico, y que causarlos por esta vía, es un arte –y no de los más sencillos- cuyo nombre es: el cuento de terror.

NOTAS

1.- http://es.wikipedia.org/wiki/Cuento_de_terror

2.- “En Misiones, con una tempestad de verano, se pasa muy fácilmente de cuarenta grados a quince, y en un solo cuarto de hora. No se enferma nadie, porque el país es así, pero se muere uno de frío.”

3.- El craquelar y el relámpago pertenecen ya, en definitiva, a otra proporción. En el inglés, Thrill –del Thyrlian, del inglés antiguo-, sería la palabra por espeluznante, o aquello que causa la experiencia de un marcado sentimiento de exitación.

EL ARTE DE CAER


EL ARTE DE CAER

Por el Fabio Gámez

Pocas cosas pertenecen tanto al ámbito de la vida misma y al no atendernos de ellas (cuando no somos afectados) como las caídas. En las noches, algunas veces, nos despertamos sobresaltados por la falta repentina de un sustrato fijo, un punto de apoyo. Sentimos que caemos, y por acto reflejo, nos espantamos, es decir, primero nos despertamos, con sobresalto. Muchas veces el espanto viene después, con retraso, como si quisiera dar tiempo a la asimilación. Muy gracioso, podemos pensar, después de calmarnos un momento e intentar dormir de nueva cuenta, preguntándonos: ¿Qué pasa, carajo? ¿Quién será el autor de bromas como ésta?

En este punto derivamos por aproximación a otro ejemplo, muy claro, de caída. Nos referimos a las caídas de la cama. Se deben mucho a un sueño inquieto tanto como a uno descuidado e ingenuo, en donde el sujeto de dicha gracia moviéndose ya por la superficie de la cama mientras duerme, rebasa uno de sus bordes y ve interrumpido su alborotado sueño al fin.

Pero dejemos el mundo onírico y pasemos directamente a la vigilia. Caer es perder el equilibrio, perder suelo, en rigor. Caer así siempre es lo mismo pero hay distintas magnitudes de caída. Digámoslo de otro modo: una cosa es resbalar, y otra La caída de la casa Usher. Debido a la capacidad comprobada de las caídas de producir daño, éste puede ser muy moderado o de carácter definitivo, puede no pasar más allá de un sobresalto, o en cambio dejar varios golpes.

Pero no sólo el daño físico es lo que vuelve la experiencia de la caída algo negativo, algo que procuramos evitar. Es en ocasiones, el desplome del mundo externo, algo más grave que la caída de uno mismo.


Descripción de la caída

Personalmente, el tratar de recordar mi primera caída en la vida -cosa imposible si se deduce que estás comienzan, en ocasiones, mucho antes de que comencemos a caminar-, encuentro una, ocurrida a temprana edad, pues recuerdo que ésta ocurrió cuando corría por la sala de la casa de la abuela. La memoria en sí puede ser importante por que es la experiencia de un niño: a penas había aprendido a caminar cuando ya le daba a algunas correrías, como la que me encontraba elaborando cuando tropecé con algo, allá abajo, en los pies. Todo lo demás, como lo recuerdo, sucedió muy rápido. Yo corría, tropecé, y todo el mundo giró rápido haciendo que el piso se viniera súbito a la cabeza, produciendo tremendo golpe. Definitivamente desde mi perspectiva, el mundo se vino abajo.

Anatomía del descenso

Se toma como un movimiento negativo descendente, siempre, y definitivamente es un sinónimo de Ruina. La caída del imperio Napoleónico no fue un alivio para Europa. La caída es la aniquilación –que puede ser momentánea, como dijimos, súbita y hasta irreparable- de nuestros planes progresistas.

Pensemos ahora la existencia como dividiéndose en dos ejes: horizontal y vertical, como si de un mapa cartesiano se tratase. La horizontalidad es más común y pertenece al ámbito cotidiano por excelencia; circulamos, ya a pie ya en distintos vehículos sobre aceras y avenidas, siempre a nuestro destino. El progreso como avance, como un caminar, un andar progresista. Pero por otra parte el momento de vértigo, es decir, de verticalidad, tiene dos acepciones: ascendente, o descendente.

Desde esta perspectiva podemos imaginar la vida como un constante caminar (mientras dura), accidentado. Esta es la visión de Laurie Anderson en una de sus canciones: “Y es así, como podemos caminar y caer al mismo tiempo”. Desde este punto de vista vemos la naturaleza pedagógica de la caída, su necesidad y su urgencia, por decirlo de algún modo.

Dédalo

Fue el inventor del principio de la vela, desconocido hasta entonces para los hombres. Según Homero, había sido autor de la pista de baile de Ariadna, así como del laberinto de Creta. Dédalo era muy diestro. El mito cuenta que todo iba bien, pero, ¿por qué habría de desobedecerle Ícaro entonces, cuando más ocupaba que no le desobedeciera? Y por qué éste tuvo qué ignorar las advertencias paternas: “No vueles ni demasiado bajo… ni demasiado alto por que el sol derretirá tus alas”.

Las aerolíneas Ícaro Air, en Quito, Ecuador, han entendido tomar por el lado del humor la fama de la mitología. Por que el destino del hijo de una esclava y, Dédalo, el artífice y arquitecto, muestra contundentemente la naturaleza de una caída. Ícaro, ese muchacho que todo se lo tomaba a juego, pagó caro con su vida. Su leyenda se oscurece en este punto, pero en caso de haber sobrevivido a la caída, y su golpe por contacto, de todas maneras moriría ahogado, para estar a tono con las lágrimas de su padre, arriba, volando sobre el Ecuador.

La distinción entre unos meros ciclos del mundo y una verdadera apocastástasis

Ya habrían rebasado Samos, Delos y Lebintos, cuando inesperadamente “el muchacho empezó a ascender como si quisiese llegar al paraíso”. Caben varias explicaciones. Se esgrime que el orgullo, la egolatría y la vanidad se habrían apoderado de la cabeza del pobre Ícaro. Por lo general esta explicación conlleva una carga ética: las alas las construyó su padre, pero la desobediencia a éste, acarreó la ruina a Ícaro.

Otra explicación, menos común que la anterior, pinta a Ícaro, el que después de viajar más de la mitad de la ruta –deducido esto por las observaciones geográficas que se mencionan en el mito- en un vuelo sereno y admirable -pues ciertamente el volar con los artilugios de su padre, debería haber significado un esfuerzo, por pequeño que fuese-, habría perdido “la cabeza” por una intoxicación de oxígeno. Está explicación podría hacernos ver a un Ícaro más consecuente y mesurado, probablemente, pero a fin de cuentas un ser que se ve atrapado por el destino, muriendo literalmente de un pasón.

Thursday, July 30, 2009

PERSONAJES DISÍMBOLOS E IMPARALELOS RELACIONADOS DIRECTA E INDIRECTAMENTE CON EL FOCUC

Jorge Sánchez. Hijo de papi que se autoapoda como el «Jofras». Siguiendo la misma tónica que el Gerardo Navarro, es un yúnior renegado, ingenuo, un poco pendejín y con aires de intelectual. Chamaquito Ibero que se cuelga al hombro una camarita fotográfica (de mil dolares) con la que intenta ser solidario con la pelusa más jodida de este tafanario fronterizo. Cree que andar mal vestido es sinónimo de proletario o de izquierdista pero, en cuestiones de pobretería empírica, es puritito pájaro nalgón. Se siente muy orgulloso de pertenecer al FOCUC.


Marisela Jacobo. Directora del Instituto de Cultura de Baja California (ICBC). Compañera de armas —desde Parvulito hasta la fecha actual— del mechudo canonista de Chicali, Gabriel Trujillo Muñoz. Ya pagó su tributo a la culturosada tijuanense y, en correspectivo desagradecimiento, los focuctianos la tratan como a los apóstoles en la época que nació el cristianismo: cuando no la ahorcan, la apedrean o la escupen.


Daniel Ruanova. Cuando las trivialidades adquieren un sabor a trascendencia. Si Denner duraba cuatro años haciendo un retrato, este güey del Ruanova, mojando trusas y pinceles acaba sus “magnas obras” en el tiempo que dura en estar al tiro una sopa «Maruchan». Ay, la naturaleza y el arte; un caótico practicismo sin perspectiva histórica, tenebroso espejo que todo lo descompone. No es miembro formal del FOCUC pero se pasea por allí como gallo en el gallinero.


Roberto Castillo Udiarte, Mely Barragán y Daniel Ruanova. Caretas amorosas pero fraudulentas. Figuras relucientes en el panorama de la cultura fronteriza y en cuyo trasfondo es más frecuente entrever la banalidad, la hipocresía y la malacanchez culturera, y no los mandamientos o fórmulas de una preceptiva estética hecha y derecha. Arcaicos instintos de una conciencia volatizada en la autodeclinación de la soledad, sin otra meta social que no sea el individualismo pedante del mundo pequeñoburgués en el que todo se vuelve espectáculo y mercancía. En estado de arrobamiento mental, apoyaron al FOCUC con “enjundiosas propuestas” tendientes a lograr “comunión espiritual” entre los artistillas clasemedieros y la vil perrada. No hay objetivos reales porque no hay seres reales y concretos —sino puras abstracciones—; por ende, no hay responsabilidad ni compromiso.


Ángel Valra. Culturosos y políticos caminan por sendas más torcidas que los cuernos de una cabra. Con trompetas y banderines anunciaba la llegada de la «marea roja». Después de saludar efusivamente y con airecito de unción lambiscona a Hank Rhon, en ese entonces candidato a virrey tijuanense, el bato duró más de veinte días sin lavarse las baisas (se portó peor que los gatos de Monsiváis). Cuando el hombre comprende sus intereses el planeta se achica y su idioma crece (dixit Alfredo Zitarrosa). ¿Con carnet de FOCUC? Yo creo que sí.


Juan Carlos Domínguez. Apodado el «Payaso ruin» (o el «hijo del Cepillín»). Gacetillero farandulero-culturoso. El zotaquín no anda muy enterado de lo que sucede en la entrañas del FOCUC. debería pedirle «tips» a la autora del «Charko Rojo» que, de seguro, ha de ser una resentida miembra del FOCUC, el IMAC o el CECUT (pero no quiere salir a flote por temor a perder la chamba o la membresía)


Raquel Presa. Actriz y directora de un changarro teatrero. Hermosura realzada por ese aire de distinción que imprimen siempre la educación y el amor a las artes, sin más ambición que ser, a veces, la Cenicienta de la cultura tijuanaca. ¿Miembra del FOCUC? Cinchada la venada. “¡Zacarina! Ponte aquellas braguitas de naylon y luego te las quitas poco a poco… A las puertas del cielo de tu boca…” (cantaría el mañoso del Sergio Rommel, parafraseando al Sabinón).



Octavio Hernández Ruiz
. Mejor conocido como el «Rocktavio» o el «Cabeza de micrófono». Fogoso melómano sobre el inflamable ritmo musical que va de Valentín Elizalde a Manu Chao, una especie de enciclopedia ambulante del rock pretérito y contemporáneo. El «Pipiripau» de los conciertos en ambos lados de la línea fronteriza. Es director de tabloide «Tijuaneo», una gorda gacetilla en la que se difunden las variedades del espectáculo cultural y de farándula local y nacional (un revistón que ai la lleva y comienza ya a medio pintar). No es miembro del FOCUC pero sí del «clan sarabia» (que no es lo mismo pero es igual, como cantara el Chivo Rodríguez en su rolita más tatemada y cursilona).


Elizabeth Cazessús. Lírica gemidora de versos amelcochados con florecitas y feminismo ramplón. Es buena poeta, pero desafasada; como el Luperco Castillo Udiarte y el Pancho Morales, ya anda tarabueleando en la convulsión poética. La ruca es de las ingenuas que creen que el muro fronterizo se tumba con poesía. Por añadidura estética, y desde sus orígenes, pertenecía a la mesa directiva del FOCUC pero, según borregazos de gacetilleros, la mariposa rompió el capullo gris y salió chicotiada en busca de otros horizontes.


Mario Ortiz Villacorta. Pomposo, solemne y farragón, mejor concido como el «comunista arrepentido». Ha hecho de la crónica y del periodismo un pasatiempo de golfillos. El palique cafetero es su fuerte, así se instruye en los gajes de la historia y la cultura local. Por aras del destino fue designado cronista de la ciudad de Tijuana pero no cumple bien con su ministerio, pues conoce de historiografía bajacaliforniana lo mismo que saben la «Chula» y el «Chon» de tales menjúrjeres. No es miembro del FOCUC pero, desde lejecitos y sin reparar en gastos, aporta “brillantes” sugerencias.


Gerardo Navarro. Una muestra de que para ser «intelectual» no se requiere usar el cerebro. Lo que este infranélido escribe como autor de poesía y supuestas obras de teatro son subproductos mentales de estupidez prescolar. Lleva tiempo reptando con un eskechillo que titula el «Nemónico», una auténtica cabronada en la que barrunta pastiches del compadre «Picas» y Beto el «Boticario», pololeados con esoterismo «niuéch» y una que otra mamada de truquitos magicianos. Darle membresía en el FOCUC sería una bellaquería.


Carlos Fabián Sarabia. Bróder original de Leobardo Sarabia. De la recepción del hotel «Císar» dio un salto cualitativo a los pasillos de Televisa, alcanzando su paroxismo en el programa «Fusión». Quiebra su mutismo escribiendo y publicando buenas crónicas citadinas y más o menos se la rifa como analista de películas y demás churrerías fílmicas. Entró al FOCUC sin tentar varanda, es decir, por «ipso juri» o derecho de consanguinidad.


Erasmo Katarino Yépez. Estimulador de las falsas dicotomías e hipócrita alebrije de las causas sociales (quiere la paz como Napoleón quiere la guerra). Con agresividad bravera es mamador de cualquier protuberancia o músculo inflamado que porte orificio. Imagínense, lo tuvieron que llevar con un sicólogo porque a la edad de 10 años todavía no dejaba de mamar chichi. Eso lo cuenta su mamá cuando se quejaba de que este becerro lepe le había dejado bien aguadas las bubis (la ubre henchida del CONACULTA lo espera). ¿Miembro del FOCUC? Ni ganas de invitarlo a ser socio, entonces sí, el club sarabiano permutaría en una letrina pestilente.


Jorge Arturo Freyding. La congoja por los muertos y actual panorama quijotesco: escribo desde un lugar del cual ya no quiero acordarme.


Gabriel Trujillo Muñoz. Conocido también con el mote del «chamán de las letras chicalenses». A este «Virgilio del desierto» (¿literario?), tanto los fundamentalistas y culturosos tijuanenses han querido ponerlo como tortuga boca arriba. Su pluma poligráfica y sus esponjosas barbas se hayan «boletinadas» en recuadro agorero de la subcultura tijuanense. El mínino sentido común así lo indica: fuera todo lo que huela a Mexicali y a Marisela Jacobo. ¿Pertenecer al FOCUC? Ni soñar. Una noche del año 2004, con distorsión tácita en su vocerrón, presentó solicitud de ingreso pero le dijeron ¡niguas! Chicali 13 no rifa en Tijuas. En el tabulete que padrotea el jingirín de Jaime Cháidez sus textículos están vetados, solamente tiene cabida en la «Bitácora» de la Alma Delia Martínez.


FOCUC. En una experiencia de llenar huecos con palabras para decir lo que no se puede decir y, así, entrar en relación con aquello que no es lo que es. O sea, provocar en un proceso de intermediación el surgimiento del «ser» a través del «no ser» que es el modo en que surge la creación. Ahí está el detalle, como dijo el Cantinflas. Sin embargo, se disfrazan las oportunidades como si fueran encuentros.


FOCUC. El arte y la cultura sólo tienen un valor social como negación; esto es, a través de un aislamiento de la sociedad comercial. Por eso se produce la indiferencia, pues sería muy romántico sacrificar el dinero por la estética (a no ser que se trate de una peluquería). Ya lo dijo Hegel: «Cada hecho material concreto se convierte en algo abstracto». Ausencia de una literatura de grandes vuelos. ¿Es el escritor el que capta al mundo o el mundo el que capta al escritor? Ya no hay paradigmas, en la juerga cultural abunda la mediocridad intelectual. Democracia literaria: primero se imponen los amigos.


Leobardo Sarabia. Intelectual orgánico en el vaivén hormonal de la política (cultural) y uno de los «chamanes» o «concheros» más sobresalientes del FOCUC. Aunque «coptado» por el prianismo tiene sus méritos, pues su idea o configuración de la materia es golpetear el hueso pubiano de esa piltrafa desmadejada que tenemos por cultura. Padece la anomalía (¿o «virtú» maquiavélica?) de fungir como el consejero politico-cultural e ideador de la dizque "plataforma" (digamos, otra vez, cultural) de las yerbas vaciladoras que, en materia de cultura (perdón por la rebuznancia), trae bajo el brazo panista la «Petunia» Osuna Millán, desgobernador del estado, próximo a desempaquetarse.


Vianka Santana Robles. El prototipo de lo que verdaderamente suele ser una artista multidisciplinaria; pura chucata en cuestiones de arte y cultura, una experta en sus menesteres y sin arranques de «rocstarismo».


Haída Méndez Flores. Modelo privilegiado del rastacuerismo culturoso de bajo perfil, después de haber recibido el "pergamino oficial" de poeta «honoris causa» fue expulsada del FOCUC por mediocre e irresponsable (cuatro faltas de asistencia le valieron para ser echada a patadas de allí). Supura ignorancia hasta por los ovarios, pues no sabe si la palabra amor y el adverbio así se escriben con h.


Alfonso López Camacho. Librero, editor y de las pocas seseras valiosas con las que cuenta el FOCUC. Enemigo del raquitismo y la superficialidad cultural.


Elizabeth Algrávez. Exdirectora del Instituto Municipa del Cultura de Tijuana (IMAC), calentó el sillón de matrona por vía "meritoria" de padrinazgo político. Ejercicio de inspección del apalabre cuchupletero y una de las principales muñecas de tiro-al-blanco del FOCUC. En sus manos la cultura local se impusó como corsé ideológico del neopanismo y estuvo a punto de convertirse en una chismorra.


Jaime Cháidez Bonilla. Promotor del la «cultura del autismo», o sea, ese tipo de mentalidad que —como afirma el marqués de la colonia Liberad, Mauricio Ramos—, busca bloquearse para seguir en el juego, como si nada estuviera pasando realmente. Encarna los pecados de la ineptitud periodística pero, eso sí, nadie le quita la paternidad de la lambisconería y el cuchupo publicitario.

EL LEOBARDO SARABIA [O LA COEXISTENCIA DEL GUAJOLOTE Y EL CISNE]


EL LEOBARDO SARABIA
[O LA COEXISTENCIA DEL GUAJOLOTE Y EL CISNE]



«Acaso haya aprendido yo de usted más de lo que uno debe aprender para poder seguir siendo independiente…».

Arnold Schönberg
dedicatoria a Karl Krauss en el Tratado de la armonía


LA ESPONJOSA FRASEOLOGÍA DE SER INDEPENDIENTE


Con el presuntuoso y exagerado cabezal «Celebran Vitalidad cultural de Tijuana», en la sección «Mosaico» del pápiro «Frontera», correspondiente a la edición del día jueves 18 de septiembre de 2008, se publicó un articulejo en el que la gacetillera Silvia Chia anuncia el «El Festival de la Ciudad, Tijuana Interzona 2008», y haciendo constar en su ocurso desinformativo una declaración testimoniada por el buenazo del Leobardo Sarabia, principal orquestador del menjurje culturoso referido, y que se transcribe en los términos en que fue emitida, cuando —supongo— que la ruca le preguntó al Sarabín bróder cuál era el «quid», propósito, birote, asunto, «leitmotif» o mengambrea de su actividad como responsable de dicho festivalito:

«Trabajar desde la trinchera independiente y con las instituciones, celebrar la vitalidad de la ciudad, muy sabida y conocida que se da en las diversas disciplinas».

—O sea, dos golpazos a un mismo tiempo; uno en el margen y el otro en el centro.
—O, también, como diría el buscapleitos de barrio al exponerle a sus compinches sus destrezas golpeadoras para salir airoso en las trifulcas callejeras, un putacazo plantado en el hocico y luego un patadón en los güevos.

Lo que Sarabia espichea confirma la conjetura de que la independencia cultural es dicotómica y contradictoriamente funcionalista. Ni hablar, se trata de ser independiente pero sin dejar de ser dependiente. Coexistencia del guajolote y el cisne en las batallas de la emancipación culturera. Y por tal motivo eran los reproches que a Karl Krauss un colaborador de «Die Fackel» le espetaba. «¡No se engañe usted! Sólo desde un punto de vista académico, no político-práctico, le queda a usted otro camino que no sea o bien la afirmación de todo lo establecido o bien la anexión de corazón a las nuevas fuerzas motrices, es decir, o bien se queda usted con el mezquino burgués, que usted desprecia, o bien con el pueblo, que usted no conoce en absoluto…».

—¡Independiente? ¡Ah, chingao!, qué lenguaje.
—Un colchón entre dos cristales.

Sunday, September 09, 2007



DEL MITO TICULI A LA LEYENDA PARNA
HUMBERTO FELIX BERUMEN Y TIJUANA LA «UGLY»


Autor: Humberto Félix Berumen
Título: Tijuana la horrible. Entre la historia y el mito
Editor: Colegio de la frontera norte-librería El Día
Lugar: Tijuana, Baja California, 2003
Número de páginas: 406
Precio: 250 pesos (o 25 bacs)


UN BROLI BASTANTE PEPUDO

Un libro que, de entrada, pone las cosas en su sitio desde una perspectiva del sociólogo-tlacuilo-literato. Berumen no pretende abrirnos los ojos como lo haría un moralista; él no quiere combatir lacras ni intelectualizar sobre premisas ya manoseadas que impiden distinguir la verdad de donde puede estar la mentira. Mucho menos reforzar lo estereotipado de la geografía tijuanense. Simplemente el bato, a través del recorrido cronoscópico y la instrumentalización sociológica, se adentra en las entrañas del mito chanatesco de la Tía Juana.
Pero el emblema de la falsedad, a pesar de todos los estudios y pregones desmitificadores, está ahí. Extraviada en el imaginario colectivo de quienes buscan la decencia, en el comportamiento del matón a sueldo, en el territorio donde se asientan los burdeles y los lupanares de la Zona Norte. Todo parece discurrir entre los niveles basicos del sociograma trazado por el acontecer histórico y el discurso meramente inventado por la vertiente ideológica. De esa hipótesis parte el análisis que el tlacuilo Humberto Félix Berumen plantea en su broli: Tijuana, una ciudadela —discursivamente— «construida y valorada primordial mente como un espacio lúdico-hedonista para satisfacer las necesidades de una comunidad determinada y en una época particular de su historia».
En el intríngulis de su choncha obra, el autor sistematizó, bajo una metodología empírico-teorética, las altas y bajas opiniones, los dimes y diretes, con respecto a este lunar de la virgen o culo de San Diego. Sustrato de la construcción ideológica que dio rienda suelta a las interpretaciones —simbólicas— de variada estampa. Como el refrán del jarrito al que todo le acomoda, de Tijuana se ha de decir lo que a cualquier cabrón se le pegue en gana, parece decirnos Félix Berumen.
Tijuana la horrible es un libro de «sociocrítica» audaz y tenaz, escrito por un hombre inteligente que conoce y ama su trabajo. Humberto Félix Berumen, hijo adoptivo de esta vieja arpía, apodada la Tía Juana.
A fuerza de domeñar conceptos y tecnicismos, el autor fue pariendo el broli, inicialmente para cumplir el requisito formal de licenciarse en la carrera de lengua y literatura hispanoamericanas, pero el propósito original se agigantó hasta alcanzar la envergadura de una magna obra, difícil o morosamente muy canija de superar por algún otro académico y estudioso del fenómeno sociocultural que aborda el máster Berumen.

Tuesday, August 21, 2007

EL GERARDO NAVARRO O EL «BARDO THODOL» VERSIÓN ANICETO BARRERÍAS

EL GERARDO NAVARRO O EL «BARDO THODOL» VERSIÓN ANICETO BARRERÍAS



EL GERARDO NAVARRO O
EL «BARDO THODOL» VERSIÓN ANICETO BARRERÍAS


EL NAVARRUCHO Y SU «HOTELUCHO DE CHOCOCRICO»

Entre las ingeniosas obras destinadas al teatro que consigna el libro I, «Dramaturgia», de la serie de «El margen reversible» (IMAC, 2003) encontramos publicado un esketch titulado «Hotel de cristal», cuya autoría corresponde a un —dizque— superesteta tijuanaco que, a pesar de ser un fulano defraudado por la flaqueza del talento, se siente todo un rival de Shakespeare y Ben Jonson.

—¿Adió! ¿Y quién es el bato?
—Un marsupial que responde al nombre del Gerardo Navarro.
—¿Adió! ¿Y cómo le hace para aliviar sus lastres?
—Travistiendo la taumaturgia en producto tianguero. O sea, propalando marketeramente,(y a la manera del Taurus de Brasil, el Gualter Mercado y el Jaime Mafufán) fantasías metasíquicas y otras vaciedades espiritistas de fabricación «niuéich» y circunscritas al sensacionalismo esotérico.
—¿Adió!

Antes de seguir de oficio con la presente causa, conocerán ustedes de qué manera la parafernalia trinquetera ensancha las estrecheces de algunos individuos dedicados a la «artisteada perfomancera»; lo cual sucede por gracia y procreación de la vanidad: cuna de las apariencias (no importa ser sino parecer). O dicho en términos nietzscheanos: «El hombre quiere hacer creer que vale más de lo que le autorizan sus fuerzas verdaderas». Ansina, y con la mayor presteza que puede tener la vanidad, hermana de la lisonja y sobrina del camelo, en la página 133 del citado libraco aparece la bienechora trayectoria culturosa del creador del texto escenográfico «Hotel de cristal»; sus méritos y virtudes se hallan acrisolados en una ficha que, más que escrita por la mano de un simple mortal, parece que fue trazada por la Providencia.
Procuren no hacer de tripas corazón cuando lean lo que sigue:

«Gerardo Navarro. Nació en San Diego, California. Es percusionista, dramaturgo, performer y mago. Cursó estudios en la Universidad de California San Diego. Ha impartido talleres de performance y poesía oral en Panamá, Nicaragua, Texas y California. Está antologado en Vicios privados (1997) y en dos tomos de la serie Teatro del norte. Ha colaborado con David Ávalos, Michael Schorr, Guillermo Gómez-Peña, y los grupos Culture Clash y El Campo Ruse. En 1997 obtuvo el premio The Best of the Net por un proyecto de poesía animada en el ciberespacio».


Pocas caridades hace Dios con tanta perfección. Bálsamo para sanar los espíritus afligidos de aquellos incrédulos que ya no creen en la existencia de los «hombres orquesta». Con tales precedentes consideren ustedes, estimados lectores, lo fácil que ha de ser para el tal Navarruco escribir una magna obra de teatro dotada de gran excelsitud y virtudes más inexpugnables que la dureza de una roca a prueba de «smart bombs». Y a propósito de vanidades rastacueras, ¿qué edad tiene el batillo? Silencio total porque en la redondez de ruedo tal dato no se anuncia; en su ficha debe prevalecer la «política del engreimiento» que caracteriza a las divas que se indignan cuando algún impertinente pregunta su edad (verbigracia la María Félix). Tampoco se informa que el bato es un tijuanaco clasemediero de doble nacionalidad. Regüeldo que a fin de cuentas sale sobrando. Que su club de fans lo indague.

DE JUAN CAMANEY A LOS MILAGROS DEL GENIO CREADOR

—¡Ey!, ¡ey!, ¡momento, bato!
—¡Qué pedernal?
—Déjame decirte que, ahora y de un tiempo acá, el autor del «Hotel de cristal» ha dejado atrás sus posturas antimetafísicas, pues lo que hoy le preocupa es la es rescatar «esencia mítica y religiosa» del arte y cree firmemente en la sique humana y en sus poderes como medio de resistencia ante la aplastadora industria global.
—¿A poco? O sea que el güey se retachó al redil de la tradición.
—Neta que sí,...digo... no sé.
—Pero si el Navarro es un pinchi yúnior. ¿Cómo puede ser posible tal afirmación?
—Pues ya ves. Con decirte que trae una nueva obra llamada «El Mnemónico». Guacha lo que dice el pápiro este.
—A ver, presta esa madre pa leerlo.
—«El Mnemónico». ¡Qué chingón!, ¿no?
—¿Y cómo se pronuncia la eme? ¿Igual que la p de sicología?

«El Mnemónico, representado por el artista Gerardo Navarro, II, (1963), inicia su carrera como mago a los 11 años de edad, estudiando los principios de la magia con el mago argentino Robillini (rip), pintura con Mani Farber, escultura con Italo Scanga (rip), performance con Elenor Antin, happening con Allan Kaprow, spokenword con Jerome Rothenberg, comunicaciones con Dee Dee Halleck, teatro con Jorge Huerta, y dramaturgia con el Dr. Hugo Salcedo. El artista es originario de "Tijuandiego" [¿¡!?]. Estudió en la Universidad de California, San Diego (UCSD). Así como en el Centro de Artes Escénicas del Noroeste (CAEN)».


—¡Qué chucho!
—Nomás le faltó al güey que dijera en qué hospital le hicieron la circuncisión.
—Angora, hay que ver si como ronca duerme el bato.

Tonces, vamos a guachar si de algo le sirvieron los cursillos que el bato tomó con los chamanes Robillini, Mani Farber, Italo Scanga, Elenor Antin, Allan Kaprow, Jerome Rothenberg, Dee Dee Halleck, Jorge Huerta y Hugo Salcedo. ¿De qué se trata el birote?, ¿de crear arte o de hacer carrera? Pregunto porque nuestro invitado parece inclinarse más hacia el nefasto «rocstarismo», contrariamente a lo que Becket sostenía cuando afirmaba que el artista está condenado a transformarse en un «don nadie».

EN BUSCA DE LAS SIETE LLAVES DEL MISTERIO

Ahora bien, habiendo quedado medio persuadido el lector de que el personero de marras es un chinguetas, ¿a qué osado le podría caber duda en su juicio si nos dicen los editores de «El Margen reversible» que el susodicho poeta, dramaturgo, performero y mago es un abono de virtudes y que se habilita con la sapiencia y experiencia de puros batos chichos y catetudos con quienes se codea?

—¿Duda usted que la obrita a la que ha dado luz carece de lumbrera artística?
—Yo sólo me reservaré el reconocimiento, la admiración y, en su defecto, los elogios, para el bato que los ha de merecer. Acuérdese que hay mucho lépero, y, según cuenta Baudelaire, fueron las mentiras las que llevaron a Poe a la soledad. Por tanto, para cerciorarnos de qué lado masca la iguana, vamos a proceder a evacuar vista. ¿Estamos?
—Naturalmente.
—Bien, no se hable más. Si el tipo está cojo se irá de hocico al suelo cuando le falten las muletas. Quiénquita que le estén dando ocho por dos, y nos quieran llevar al baile con ese cuento. Trataré de seguir la consigna de Antonio Machado a efecto de no confundir la crítica con las «malas tripas». O sea que procuraré no abandonarme hacia el relativismo epistemológico.
—Usted haga lo que quiera; a mí me vale verga. Ahí le dejo los cigarros y la botella de pisto. Nomás le encargo mucho el libro, cuídelo; fue un regalo de los editores de «El margen reversible».
—No se preocupe, seré su fiel depositario. Adiós, hasta luego.

Mientras don Capuleto agarra camino, yo empiezo a afilar la garra decidido a castrar la mona teatrera que parido el Gerardo Navarro, cuya «prima ratio» son los trillados y maleables temas acerca mal y los desheredados del bienestar globalizador, su apología a la indiferencia de reconquistar el «edén perdido», resultado de la estrepitosa derrota de la esperanza utópica, donde el mal se arroga toda autoridad, poder anónimo, que se abre camino a través de la posesión satánica.

DOS PERSONAJES «FOCOCRISPIS»

Y, en efecto, mi intuición no andaba muy errada; pues descubro que el mago-poeta-performer, a pesar tantos estudios, influencias y determinantes coyunturales que le enjaretan en el prontuario biográfico ya citado, el bato irrumpe en el terreno culturoso ofreciéndonos un esketchito titulado «Hotel de cristal», pieza corta para teatro que, una vez leída, muy lejos está de pensarse que, al escribirla, su autor escupió en ella todos sus sesos. Dos personajes intervienen como protagonistas de la acción:
• EL GRINGO, «hispano, veterano de la invasión a Panamá», y
• EL MORRO, «tijuanense del Cañón del Pato».

ACOTACIÓN DEL «HOTEL TLACOTERO»

A manera de preámbulo aparece en el texto, ideado por el poeta, megamago y dramaturgo, la siguiente acotación.

NOTITA: mis comentarios los meteré entre corchetes; es imperativo que así sea, pues la sintaxis está estructurada como si la hubiera estampado una verdulera.

"En una luz de la ciudad que alumbra un cuartucho" [que alguna alma caritativa nos dé la pista; ¿quién alumbra?, ¿la luz, la ciudad o el cuartucho?] "donde se fermenta" [se escribe: fermentan] "el más duro silencio y olvido" [otra pregunta: ¿en qué lugar se fermentan ese olvido y ese silencio nada blando?; además ¿cómo se fermenta silencio, o el olvido?, según sea el caso; y a propósito, ¿hay silencios duros?]; "un par de sombras llegan apresuradas" [construcción sintáctica incorrecta; el adjetivo no puede ser determinador directo del verbo, a no ser que se le agregue el sufijo mente, «apresuradamente»; ya que es función del adverbio; Por tanto, corrijo: «un par de sombras apresuradas llegaron»] "escondiéndose de la policía" [yo diría que ni falta que hace esconderse de la chota; ¿quién puede arrestar a una sombra?]; "entran y ponen un garrote de" [como] "tranca a la puerta" [la preposición correcta es: en]. "Están alterados y dispuestos a prepararse algo para fumar" [¿quiénes están alterados?; si se refiere a las sombras, pues lo correcto sería escribir «alteradas» y «dispuestas»; y ¿para qué tanto pinche prejuicio?, ¿porqué no dice lo que van a fumar?]. "Hay en las paredes:" [¿de dónde?] "poemas escritos con navaja, dibujos del chupacabras en bolígrafos" [ese chupacabras debe llevar mayúscula en su primera letra, pues se trata de un nombre propio, aunque sea un animalejo inexistente que inventó el Neto Zedillo para desviar la atención del «error de diciembre»; y en cuanto a la preposición «en» que complementa a bolígrafo, lo correcto es: «con bolígrafo»]. "La única ventana" [¿de qué lugar?] "está cubierta de aluminio" [¿no serán los vidrios de la ventana los que están cubiertos con aluminio?] "y tiene algunos hoyos por donde entran ráfagas de luz" [¡ah, chingao!, pues ni que fuera metralleta]. "La iluminación es tétrica, como de prisión" [¿a poco así es la iluminación de una prisión?]; "el único foco encendido sube y baja de voltaje. Al fondo del cuarto hay una tina llena de orines con" [donde está, hay, etc] "un patito de plástico que flota y se desliza lentamente" [entonces es un mar, con olas para surfear]. "Uno de ellos" [¿a quién se refiere?, ¿a un patito o a una de las dos sombras?], "apresuradamente se prepara a" [preposición correcta: «para», porque indica finalidad, no destino] "fumar cristal: calienta con una vela un foco roto" [¿verdad que no es el foco que endenantes dijiste que era el único que estaba encendido y que subía y bajaba de voltaje?] "que usa de pipa; mientras, el otro se acerca a la tina para orinar" [¡ufff!, ¡por fin, acabamos!].

Sin secarse la baba, el infeliz cuasidramaturgo, encima de que gorjea chonchos disparates con pútrida gramática, la sintaxis de su redrojo teatrero parece un auténtico caso forense de la malahechura escritural, propia de un retrasado mental. En rigor, su garnache está más cerca de la comedia ridícula y la degradación intelectual. «Hotel de cristal» se aproxima a un desmedro escenográfico de estructura despilfarrada y escrito con un lenguaje de gramática parda que presupone el modo particular de expresar las concepciones mentales y hábitos de los marginados, los sentimientos y emociones del populacho. Es un intento fallido de dramatizar una de las múltiples facetas del lumpendesarrollo de bajos fondos. Y, paradójicamente, conqué desfachatez y ligereza se exhibe el bato como dramaturgo y poeta, autor de un supercherario seudoliterario, ideado con la ingenuidad más melolenga que puede existir; insolencia hacinada en el capricho y la tremenda ignorancia. Ah, pero eso sí, no pierde la ocasión para revelarle a la perrada su (in)autenticidad de escritor o poeta. ¿Acaso el valor primordial de ser un poeta o un literato reside en acicalar y llenar de afeites una currícula? Así se pisa el umbral de la literatura, meneando el culo y balanceando del cuello las medallas, premios, doctorados y demás corcholatas que se han ganado. Saca las sonajas y los cinturones de cascabel para anunciarle al mundo quién es él. Con las turgencias curriculares que exhibe pretende ser distinto en un lugar en el que la pobreza y la anemia cultural lo hacen ver como un personaje abyecto y putañero. Pero basta de digresiones y volvamos al asunto de la obrita; no vaya a ser que me confundan con la Pati Chapoy o con el Pepillo Origel.

—Arre, Lulú.

SÍNTESIS ARGUMENTAL
[O CUANDO LA AMARGURA NO ES TAN AMARGA]


Dos batos foquemones —el Gringo y el Morro— granujas que, además de tlacoteros son ratones, y que aparentemente la juegan de muy compas, después de aventarse un jambo de 500 lucas, llegan paniqueados a una pocilga (no se sabe de quién), donde se clavan para darse unos tanques de margayate (o sea de cristal, loquera también conocida con el apelativo caliche de tlacote, crico, chuqui, cricachú, fataché, cricrí, vidrio, cristo, cristóforo, cristina o crispín). La cantona donde se desarrolla la acción se ubica en el «cañón del Pato»; una colonia popular de Tijuana. Mientras los batillos se pegan los flamazos de rigor, centran su cotorreo en conversaciones que se reducen a lo trivial, evocando desventuras y experiencias de la vida cotidiana donde lo más nítido que se revela en su parlar son los golpes de la pobreza y las debilidades de la conciencia que conlleva a las oscuras catacumbas del vicio, el delito, el lodo y la podredumbre. Uno de los malandros, al que apodan el Gringo, sostiene el diálogo arrojándole a su interlocutor frases en español que combina con sintagmas del idioma inglés, una especie de simbiosis codificada en espanglés, elegancia mundana del pochoñol. Así transcurre la acción lineal, los antihéroes del arrabal, fumando crico, se cuentan sus peripecias, entrecruzan preguntas, se escuchan y se profieren sus respectivos y tronantes tópicos. Acontecen entonces las sensaciones extremas y se abre la confrontación entre las partes, el choque de egos surge cuando el Morro turba al Gringo con asuntos lúgubres, apostando por Satanás, y se inicia clímax en el momento que el gabacho le dice «narcochamánico sexy», y destapándose de mayate le ajera al plebe pa que afloje el culo:

—«I really like you man, me gustas tanto moreno lindo... I'm horny for your ass. Morro... ¿Don't you like me, o sí?».

Herido en su orgullo de macho, es posible que el Morro se hubiera encrespado con la declaración erótica que le hace su enamorado, pero no se agüita porque previamente ha ideado un malévolo plan que le costará la vida al pervertido gabacho. ¿Porqué motivo quiere asesinarlo? Por venganza; porque siente un terrible complejo de inferioridad y por eso decide darle cuello («Mira Gringo, eres muy hocicón, me caga tu aire de superioridad...» le dice el acomplejado a su víctima). El Diablo embarulló las cartas del juego de estos tramposos. El morro sabe perfectamente que no será él quien pierda; y el que sucumbirá ha de ser el Gringo; el cuchillo de carnicero lo acecha. El Morro lo tiene copado, lo ha inmovilizado con la droga. El gringo, pálido e incapaz de maniobrar su voluntad, está a punto de desmayarse. Lo que el Gringo ha «estado fumando no es cristal, es otra cosa que paraliza; es para embalsamar muertos», dice el autor del esketch en boca del personaje que cometerá el homicidio.

—«¿Qué me has dado, pinche mexican? —pregunta el Gringo—. ¡No me puedo mover! Con razón tienes los dientes afilados de esa manera... ¡Eres un caníbal! (Contracciones faciales, chasquidos de lengua, gruñidos.)».

Luego que el chamaco martiriza a su víctima con una retahila de cacayacas, haciéndole saber el tremendo odio que le tiene y dándole noticias de la forma en que se lo habrá de refinar, el esketch concluye con —digámosle así— un poema que hace alusión a la narcoeconomía, al nihilismo y al ateísmo.

—Qué dramaturgo tan chafa, zafio e inculto.
—Y, además, al güey también le da por creerse poeta.
—¿Adió! Pero si la poesía no depende de la voluntad de ser poeta; ni de la habilidad de la forma en que se exprese la emoción.

LA CAJA NEGRA O EL «APERCUS» LUMINOSO

En el «eskechillo» navarruchiano la guaranga del matarile a cargo del Morro sintoniza con un pasaje de la novela de Dostoievski, «Crimen y castigo»; claro que sin el andamiaje sicológico y sin la profunda desgarradura emocional que logra con sus descripciones el epiléptico padre de la literatura dialógica. Y en efecto, viene a la memoria el momento en que Rodión Raskolnikov, «en un estado de sombría exaltación», le confiesa a Sonia que ha matado a la vieja prestamista, y explica las razones que lo indujeron a cometer crimen:

«Comprendí de pronto, con repentina clarividencia, que nadie había osado tomar simplemente a ese monstruo por la cola y arrojarlo al demonio. ¡Yo..., yo lo haría! ¿era el diablo quien me tentaba? Sé muy bien que es el demonio el que me ha arrastrado. [...] el diablo me arrastró y luego me hizo comprender que yo no tenía derecho a hacer lo que hice, dado que soy un gusano como los demás. ¡El diablo se burló de mí! ¿Maté a esa veja infame? INo, me maté yo mismo, no a la vieja! ¡Me exterminé irremisiblemente! En cuanto a la vieja, la asesinó el demonio, y yo no...».


Pero a diferencia de lo que sucede con el homicida del «Hotel de cricrí», donde a fin de cuentas no resuelve la acción, con el personaje de Dostoievski, sin comparar el nivel de la obra, sucede lo contrario: éste se regenera, salé del abismo para abrirse paso en una nueva vida, una nueva historia. «La historia de la lenta renovación de un hombre —dice Dostoievski al final de la novela—, de su regeneración progresiva». En el libelo del Navarro lo que aflora es un degenerado romanticismo populachero en el que concurren lecturas del calado de «Los asesinos seriales más famosos de la historia», marejadas de «malditismo» decimonónico, aprovechamiento perezoso y paródico de truculencias estilo Goyo Cárdenas y Chinta Aznar. Plantea una visión irreverente de las cosas que se reduce a estupores de nota roja, percepción resemantizada del «ghost story», campechaneada con las travesuras del vampiro de Bram Stoker, Freddy Krugar, Chukie y lo que resta de la legión de freaks. Pura metáfora del miedo cuyo territorio de conflicto y disputa queda situado en la buhardilla del sistema donde malviven los elementos desclasados, sin más estímulos que la jediondez, el vicio y la promiscuidad, y que acaban en sobredosis de desgracias. Una versión aguada de maniqueísmo que mañosamente estigmatiza a los humildes como los detentadores de todo mal, ajenos a la belleza, bondad o fraternidad: los pobres son unos monstruos.

SIEMPRE CON GENTE TLACOTERA

En «Aeropagitica» escribió Milton que «el conocimiento y el estudio del vicio son en este mundo tan necesarios para la constitución de la virtud humana, y el análisis del error para la confirmación de la verdad». Por tanto, nos referiremos brevemente a la experiencia con la droga que, como es de observar, el colega de Beto el «Boticario» suelta al respecto enfáticas trivialidades. El autor del «Hotel de cricachú» a través de sus personajes imaginarios encubre sus prejuicios e ignorancia bajo un ropaje de pretendidos conocimientos empíricos que saca a relucir del rincón de su abstraccionismo académico. Por ello pregunto: ¿a quién se le ocurre pensar que un locochón prendido del cristal no sabe la clase de margayate que se fleta? El vicio lo predispone a distinguir el tipo de mengambrea que consume. Cada drogadicto tiene su droga, cada personalidad adictiva registra las modalidades de la sustancia que consume y mide sus parámetros (calidad, precio, cantidad, lugar de conecta, riesgos, etc) de conformidad con el grado de conciencia que le permite saber que va en dirección prohibida. El bato que está enviciado con el crico tiene el callo suficiente para deducir la calidad y la clase de producto que se deja caer pa ponerse pacheco. Por ejemplo, ningún cocodrilo, por más pendejo que sea, puede llegar a confundir el perico con una raya de harina o de talco al momento de testearlas. Por eso en el mundo hay hombres listos y bobos; somos nosotros quienes convertimos nuestras necesidades en adicciones.
Acerca de esto escribe William Burroughs:

«Ningún ser vivo tiene adicciones. Sólo el hombre. Los animales y las plantas tienen necesidades. El demiurgo que nos hizo —sea cual fuere— nos arrojó al universo de manera por completo distinta a los demás seres vivos: nos fabricó adictos».

El mundo de la droga no discrimina a ningún cabrón, admite de tocho: enfermos de amor, tarados, tullidos, gordos, putas, chaparros, cantores, artistas, desahuciados, rabiosos, deudores, licenciados, albañiles, artistas. Todos, mas no el autor del «Hotel de fataché». La tesis de la droga que el Navarro expone en voz de los protagonistas de su bodrio, es el gastado numerito que cacarean las ancianas «decentes» y que vengo escuchando desde que tengo uso de razón: «¡uy!, ¡un mariguano! ¡Es de la banda del Kun Fu! ¿Qué hace aquí? Mejor debería haberse muerto del mal de ombligo cuando lo parió su madre. ¿Cuándo dormiremos tranquilas?». Como soy un alérgico a los desengaños, sé en pellejo propio de la variedad de cristal que rola entre la perrada: el peanut body (crema de cacaguate), el yodo, el corazón de mazapán, el cascarita de cebolla, el acaramelado, el vainilla, el amarillo del cañón de doña Petra, el speed de Los, el bonke de la Cagüila, etcétera. Hay una enorme diferencia entre los ingredientes que contiene el crico y los elementos químicos de la sustancia para embalsamar muertos que alude el batillo en su trapicheo seudoliterario. Mercachifle culturoso del vacío total, dijera mi padrino el Joaquinais. Con su película, al parecer el Navarrucho quiere hacerles una broma de mal gusto a los batos tlacoteros. Pero es obvio que le saldrá el tiro por la culata.

SOLIPSISMO ESTÉTICO
[O LA VIDA PRIVADA DE FULANO DE TAL]

Se observa a simple vista que la tensión dramática que reporta la pitera obrita del batillo es anémica; el final, lo que tiene de tormentoso lo tiene de ridículo y facilón. Desde la conciencia de los personajes, las ideas surgen sin orden; semejan algo parecido a una orquesta de músicos que tocan desafinados. La visión descarnada de ese subsuelo social que presenta el autor por medio de sus personajes desprende un tufo a pedantismo e imposición de ideas falsas e inverosímiles. Asimismo, salta a la vista la incoherencia de la trama y el absurdo final, pésimamente impostado. No hay auténtica dramaticidad, los parlamentos carecen de fundamentación estética, en los personajes no hay ni un ápice de complejidad síquica; de la violencia verbal y el ensañamiento agresivo, que deben propalar la fuerza literaria y la eficacia conmovedora en el lector-espectador, apenas vemos sus pequeños barruntos. Y en cuanto a la calidad de la escritura, el autor no cumple con tal exigencia de primer orden. Desde el punto de vista estético, cuando no degenera en una simple metáfora, su visión del mundo se reduce al solipsismo; y, desde el punto de vista filosófico, es decir como concepción del mundo, «Hotel de cristal» da lugar a formas de irracionalismo y arbitrariedad que intentan extinguir los males del mundo con otras calamidades. En otras palabras, se trata de elevar la ideología a categoría de sistema filosófico, sirviéndose para ello de una metodología pragmática derivada de una política de inmediatez que no mide las consecuencias y no le importa descuartizar al mundo, porque su fin ulterior es, precisamente, fragmentar la realidad, a la que únicamente se le otorga valor instrumental. Citaré un ejemplo gramsciano para hacer más entendible el dato.
Le preguntan a un chilpayate:

—Mira, cabrón, tú tienes una caguama, pero le das la mitad a tu carnalito. Ahora dime: ¿cuántas caguamas te vas a chingar? —El buki responde—:
—Pos, una caguama.
—¡Pero cómo chingados te vas a fletar una caguama? ¿Qué no le diste a tu hermano media caguama?
—Pero yo no se la di.

Desde la perspectiva hegeliana podría ejemplificarse así:

—Queremos que todos los hombres, mujeres y niños despierten, que abran los ojos al mundo. Pero con la condición de que permanezcan en sus camas y en sus cunas.

A VECES GANA EL QUE PIERDE

«Hotel de cristal» no representa el contorno de alguien que ha vivido en los arrabales, sino de otro alguien que mira o accede desde afuera. Y esté fenómeno de hipocresía estilística no sólo se advierte en el caso de nuestro invitado sino que es patente en la mayoría de escritoretes de esta región que producen libelos teatrales, y vale decir que las cosas han empeorado en vez de mejorar. Hete ahí la falta de originalidad que provoca la fiebre de pueblo y el «gusto» por el arrabal: el lenguaje con que se construyen los diálogos y parlamentos discursivos resulta espeluznantemente artificial, los personajes adoptan registros verbales postizos que dan la idea de que fueron construidos apriorísticamente desde un cubículo de academia. En el redrojo navarresco hay una ausencia del protagonismo verdaderamente lumpen en las acciones de los personajes, no hay eclosión del auténtico submundo que habitan los parias y los desarraigados sociales. Un submundo de miseria, explotación, desolación, vicio y crimen que no conoce el autor del esketch por la sencilla razón de que él es un pequeñoburgués —detesto usar este vocablo pero es el apropiado— atrapado en sus propias contradicciones de clase; clase opuesta y antagónica a la que pone en escena y enchancleta a su clientela teatrera, sin correspondencia con la realidad. Se apasiona falsamente con la situación de una clase social que no es la suya, que no habla su lenguaje ni asume por convicción propia su pensamiento e idiosincrasia. Lo que el Gerardo Navarro sabe de la clase baja y de los paupérrimos que la integran lo ha aprendido en los libros, y ni siquiera por auténticos especialistas que se han introducido en esos recovecos del desamparo y la desigualdad. Su doble formación, burguesa y académica, explica los síntomas de su «voluntarismo» de sentirse gente de pueblo; afán de querencia por sentirse bajuno, pero una cosa son las palabras y otra los hechos. El bato, si bien es cierto, lo único que tiene de pobre es su miseria moral. Su elevada virtud de «hombre-orquesta» y chinguetas en asuntos culturales, así como la pedantería, el cinismo esnob y el vedetismo mamón que se perfilan en su megalomaníaca propaganda curricular, son prueba irrefutable de que el bato no comparte las necesidades, aspiraciones y preocupaciones de la canalla; su actividad «intelectual» se haya desvinculada —en todos los niveles— de los estratos más rudos e incultos de la sociedad. No hay modo de evadir la condición sicológica y la férula ideológica que lo identifican en la escala social del pequeñoburgués. En el fondo podrá tener aspiraciones democráticas y mostrar simpatía por los misérrimos, pero tal disposición será similar a la idea que tiene una muchacha pobretona cuando piensa que la belleza le permite la entrada a la clase alta. Este tipo de actitud mezquina y prejuiciada (por no decir pequeñoburguesa) podrá ser —señala Gramsci— «una benevolencia condescendiente, pero no una identificación humana». Así que ¿cuál origen proletario puede tener este men? Ninguno. Pero ahora, gracias a su pinchurriento esketch, pretende ser un anfibio: ni burgués ni proletario (sino todo lo contrario, ¡ja!). Y de ese modo guisa su palabra de teatrero-perfomancero-poeta-mago-iluminado-miniprofeta y no sé qué chingados más títulos y condecoraciones ostenta (le brota con esas mamelucadas el espíritu de rancia aristocracia; delata su charlatanería esponjosa y nauseabunda que sólo sirve para atarantar majes). El bato, ingenuamente, cree que basta con simpatizar con los elementos de los bajos estratos, atribuyéndoles la categoría de antihéroes, para brillar mesiánicamente en la selva oscura de la historia. Su concepción burguesa únicamente permite que los traslade a la literatura como objetos de motivación folclórica, como sujetos raros, curiosos, o sea, simple y llanamente como representantes pintorescos, maquetas. Dicho de otra manera, se ocupa de ellos del modo en que lo haría un burgués que arroja unas cuantas monedas al menesteroso. «Hotel de cristal» no es más que un figurín retórico de un estilo de teatro de forma esnob, diseñado para abrir mercado literario, aprovechando —por gusto puramente «estético»— la vida de los segmentos sociales miserables, «panorama» que le interesa por la intriga, por su visaje grotesco, conveniente para la diversión de carácter mecanicista.

¡SE VE, SE SIENTE, EL PUEBLO ESTÁ PRESENTE!

El lenguaje que parlan los personajes creados por el señor magazo («el Gringo, hispano, veterano de la invasión a Panamá, y el Morro, tijuanense del Cañón del Pato»), atufado de pochoñol, aunque coincide, relativamente, con las expresiones que emplea la clase baja, se aparta de su filiación ideológica, toda vez que está construido artificiosamente, sin espontaneidad y no muestra los relieves de la sinceridad. Y, en ocasiones, ni siquiera se sostiene desde su vertiente estrictamente gramatical. Está muy alejado de la vulgaridad corriente de la perrada lumpenesca, no marca la originalidad ni individualidad de los sujetos protagónicos. Las expresiones verbales se apartan de su verdadero sentido etimológico que históricamente refleja el inconformismo social y la oposición de clase, no enuncian la sabiduría ingenua, instintiva del pueblo. Lo que el Gerardo Navarro establece como código de comunicación entre sus personajes es el reducto de su propio conformismo «racional» exaltado y tendenciosamente dirigido a confundir imbéciles. Ya lo dijo Antonio Gramsci:

«Es demasiado fácil ser original haciendo lo contrario de lo que hacen los demás; es algo mecánico. Es demasiado fácil hablar de modo distinto a los demás sin hacer acrobacias. Pero hoy se busca una originalidad y una personalidad a bajo precio. Las cárceles y los manicomios están llenas de hombres originales y de fuerte personalidad. Lo realmente difícil y arduo es poner el acento en la disciplina, en la sociabilidad, y aspirar, sin embargo, a la sinceridad, a la espontaneidad, a la originalidad, a la personalidad» [Cultura y literatura, p. 284].

HACIENDO TEATRO ANTE EL ESPEJO

La realidad que pinta el mago-dramaturgo a través de la acción y diálogos de sus personajes es una realidad prefabricada, fetichizada, sumergida en el estereotipo, y sin conexión sustancial con las concepciones de la gente humilde. Obsérvese que los protagonistas de «Hotel de cristal» son representados como individuos mezquinos, tracaleros, maleantes, viciosos, putos y traidores, temblequeando al margen de toda normatividad jurídica y moral. El perfomancero los introduce —teóricamente— a escena como seres despreciables y repugnantes; los coloca en la más putrefacta inmoralidad donde reina el caos y lo inefable. La idea nietzscheana del mal como solución manifiesta en el principio diabólico. Es el mal lo que permite la conservación de la especie, escribe Nietzsche en la «Gaya Ciencia». Y en torno a esta doctrina el Navarro desarrolla el desiderátum filosófico de su pitero esketch.
Y a esto nos conduce su oferta:

«Lo nuevo, no obstante es el mal, porque quiere conquistar, derribar fronteras, abatir las antiguas caridades; ¡sólo lo viejo es el bien! Los hombres de bien de todas las épocas son los que implantan profundamente las viejas ideas para hacerlas fructificar, son los cultivadores del espíritu. Pero todo termina por agotarse, y siempre es necesario que el carro del mal vierta en él estiércol» [Gaya Ciencia].

EL GAMBERRISMO Y LOS BREBAJES DE LA CRÍTICA

Lo que debe entender el palurdo autor del «Hotelucho de cricrí», es que el mundo del lumpen se extiende más allá de la comarca territorial que delimita al «Cañón del pato». Y ante ese juego de equívocos los publicistas de pacotilla que se las nalguean de «críticos literarios» en los suplementos y periódicos dizque culturales se la tragan entera y sin decir ni siquiera pío, y engolfando de paso a los lectores. Y porqué no ha de ser así, si los «críticos» de este tafanario fronterizo no son más que unos pinchis chupapollas que merecen que les pateen el trasero por arrastrados, ignorantes, pendejos y güevones. Y por lo que toca a los publicistas del Gerardo Navarro, o sea, quienes se hacen llamar «críticos», podrán decir que la obra del bato es muy respetable, pero yo les responderé que fuera de eso no tiene una envergadura intelectual ni consistencia estética suficientes; sus cualidades, si acaso las tiene, son endebles. Y esto lo sabe cualquier monaguillo recién incursionado en el campo de la dramaturgia. Pero a los susodichos «críticos» qué les importa eso; ellos están prestos a aplaudirle al payaso en turno que sale a declamar. Ahora, no me cabe la menor duda que lo este men desea compartir con los lectores y espectadores del voyerismo escenográfico son los frustrados intentos de no poder trazar paralelos entre sus creaciones performanceras y la vida de esos seres hacinados en la parte más baja del edificio social, «los hombres de los sótanos», para usar una expresión dostoyeskiana. Y las razones están implícitas en las memorables palabras con las que Marx y Engels, en 1848, pusieron a parir triates a los aterrados burgueses: «La historia de todas las sociedades que han existido hasta ahora es la historia de la lucha de clases. La sociedad, en su conjunto, se ha ido dividiendo cada vez más en dos grandes campos hostiles». El jefe Marx demostró —dice Edmund Wilson— que el sistema de cambios y económicos y sociales que surgieron a principios del siglo XIX, «con su falsificación de las relaciones humanas y su gran fomento de la hipocresía, era un rasgo inherente e inevitable de la propia estructura económica» [Dickens: The Two Scroogers, Eight essays, 1954]

CUANDO EL GERARDO NAVARRO ERA PINTOR

Hace 14 años que vi al Gerardo Navarro; recuerdo que era un sábado de abril de 1990. El bato cantoneaba donde ahora está ubicado el «Lugar del nopal» (taberna culturosa-morralera conocida como el «Lugar del congal»), en callejón del Tapado (hoy 5 de Mayo). Ya lo había tripiado antes en el CREA, una vez que el poeta Panchito Mendoza (ahijado del LHC) y yo merengues de gamesa cotorreábamos al Malaquías Montoya, pintor chicano que se estaba dejando caer un mural alusivo a la «mécsican revolufia» en vísperas del festival de la Raza. El Navarro, por cierto, le chalaneaba al ruco. El depa donde el bato cantoneaba pertenecía al Felipe Almada, un ruco que como pintor y poeta era una verdadera calamidad; y de quien las malas lenguas culturosas decían que le había pegado un gane al Benjamín Serrano con varias obras que este bato había dejado en la galería del Jelipe. El Navarro, además de inquilino también era compa del Felipe, y pintaba en el mismo estudio, una especie de galería morrita. Allí me tocó guachar un jale del hoy magazo-perfomancero. En honor a la verdura debo decir que el batillo se dejaba caer la greña pa la pinceleada; pintaba chingonamente. Es lamentable —al menos pa miguel— que el Navarro haya tirado a la taza del escusado una actividad estética que dominaba y en la que destacaba con una omnipotencia cabrona. Pero se alejó de los brochazos para incursionar en las mamelucadas del performance espiritualero. Desde aquella fecha no le he vuelto a ver. Guaché una foto suya en el suplemento del Mexicuin, a propósito de una entrevista que le hizo el profe Jorge Andrés Fernández, no recuerdo cuándo fue ese birote. Me sorprendió su aspecto; parecía como si los años se le hubiesen venido encima de un tirón; lo vi muy catorceado al bato; flaco, semicalvo, con la cara chupada, con los ojos dilatados; miraba al suelo como un animal en busca de comida; vestido de forma desaliñada, incluso su vestimenta me causó pena ajena. Verlo así me conmovió como la muerte de un amigo; sentí en el paladar un sabor pastoso, metálico. Ahora sé que sigue vivo, y me niego me creer que el «Hotel de cristal» refleja el verdadero nivel de inteligencia del bato. Él puede hacer lo que le venga en gana, faltaba más, pero yo no pasaría de largo las palabras de Raymond Carver cuando afirmaba que «muy a menudo, la "experimentación" no es más que un pretexto para la falta de imaginación, para la vacuidad absoluta, se limita a describir una desierta tierra de nadie». Derroche de exhibicionismo de chamán mundano supeditando el hecho literario (ingenio, mérito y talento) a la prestidigitación y a la sicomagia como productos de moda mediatizables y de bajo perfil que identifica al arte como entretenimiento (hedonismo mezclado con cinismo nihilista). ¿Valdrá la pena rumiar de esto? Eduardo Liendo contestaría en boca de unos de sus personajes: «No te quejes inventándote supuestas inferioridades, recuerda que Homero era ciego, Demóstenes tartamudo, Beethoven sordo, Nietzsche sifilítico, Dostoievski epiléptico. ¿Qué más puedes pedir con esa inmejorable salud?» [El alumbrado, De Cabeza de cabra y otros relatos, Caracas, 19993].

NI MENOS LARGA QUE LA DE CUALQUIERA

Si yo fuera una gallina, verdad de Dios que pondría huevos. Pero no soy una gallina, sino más bien «ego sum qui sum». Y nada más.

—¡Ah!, ¡pero si te dieran a escoger, hijo de la chingada! —irrumpe mis lucubraciones don Capuleto, cayéndole a mi chante de fantasmazo.
—¡Qué pasó, pinchi ruco! ¿Viene por su libro?
—Sí, pero te advierto que mi trasero no es bodega del IMAC.
—¿Porqué dice eso, rucailo?
—Porque de seguro, y conociéndote cómo eres de grosero, cuando me entregues el libro vas de decirme: « ¡Ai ta su puto libro, métaselo por el culo!».

Friday, June 01, 2007

JAIME CHÁIDEZ, MAX MEJÍA, GABRIELA OLIVARES Y LA TEORÍ A DE LA «PREDESTINACIÓN»



IDEALISMO DE CORTE HEGELIANO Y MÍSTICA ESTILO JUANA DE ARCO

Ahora, para ahorrarse mandamientos de papel sellado con rendibú lacayuno, la gacetillera Graviela Holybares Torres, autora de articulejo ya comentado, debería enterarse que el Checo Vela Martínez, nuevo chicho del CONACULTA, ni es un hombre de «excepcional carrera», ni de férrea trayectoria en el rubro», ni «un sobresaliente artista y difusor de la cultura». Pero desgranando patrañas se ha de llegar, según supone la desdichada reportera, a erigirse en una especie de pitonisa de jayán.
Los síntomas que atosigan a la autora del espiche dedicado al Sergio Vela parte del mismo problema de expresión especulativa de la antitesis entre espíritu y materia, es decir, aquella relación descubierta por Giordano Bruno y que, siglos más tarde, Marx analizó en su libro «La sagrada familia», señalando que, al tenor de las premisas hegelianas, ciertos espíritus selectos, escogidos por su talento o por gracia de la voluntad divina, son los encargados de hacer avanzar la historia. Desdeñando las condiciones de vida material de la sociedad, estos individuos, «espiritualmente talentosos» o dotados de un «voluntarismo divino», partiendo de una solución idealista y sustentados por el dogma de la «predestinación», consideran que la conciencia condiciona el desarrollo social y que ellos han de ser los «guías» y «gurúes» porque el resto de la chinchina es una masa carente de espíritu.
Y en ese fondo de veleidades quiméricas, creyendo que están en el primer día de la creación, han caído más de cuatro y diez periodistas de por estos rumbos. Me limitare a señalar dos: el Jaime Cháidez Bonilla, timonero del suplemento «Identidad» de periódico «El Mexicuín», y el Max Mejía, director y editor de la revista «Arte de vivir».
Como beata en sermón papal, el señor Max Mejía, director y editor de la revista «Arte de vivir» (#4, agosto de 2004) y, mientras aporreaba las teclas de su compu, se hundía en las sinrazones de una mística estilo Juana de Arco.
Leamos algo de lo que el bato escribió en la revista «Arte de vivir» (edición #4, correspondiente al mes agosto de 2004) tocante al tema de la cultura en sincronía con el relevo de poder municipal entre el alcalde entrante y el saliente.

Nota: incrustaré entre corchetes los comentarios que ameriten cura.

"Entre las necesidades fundamentales de la ciudad que esperan definiciones del nuevo gobierno, se encuentran la cultura y las artes" [probablemente el bato quiso decir otra cosa, porque los conceptos de cultura y arte han sido definidos por un carajal de teóricos]. "Un renglón excesivamente descuidado y maltratado por el último alcalde" [no solamente por el último sino también por quienes lo antecedieron y por los que vienen y vendrán; y el acto de madreo no sólo se lo han arrimado al renglón, sino al cuaderno completo, incluyendo el resorte] "al grado de que hoy debe ser rescatado de la inanición y vuelto a poner en pie" [supongo que al decir inanición se refería a los panistas], "al mismo tiempo que requiere, y esto es más importante aún, una nueva actitud y un nuevo enfoque del gobierno" [¡qué manera de soñar es ésa?; por más que maquillen las apariencias, en el fondo hay una realidad podrida; y, que yo sepa, el cáncer no se cura con mejoralitos]. "Dicho de una vez, la cultura no puede seguir siendo para los gobernantes un ingrediente de ornato o relleno" [no, pues ¿cómo?; nomás pa estetas y culturosos, y pa que le saquen provecho personal], "sino una pieza fundamental de la sociedad, instrumento clave de construcción de la ciudad" [por ejemplo: una pala o cuchara de albañil] "y factor determinante en la calidad de vida de las personas" [que sean exclusivamente como vos, che].
"Los costos de los desmanes del último alcalde han sido tan altos" [cargándole los pedos de la privatización del servicio de recolección de basura, los taxis libres y las casas de masajes, digamos que sí] , "que las relaciones entre el sector cultural" [que la gran mayoría de esa tamalada es una pandilla de vividores] "y el gobierno están rotas hasta el día de hoy" [en efecto, quienes no comulgan en la capillas apapachadas, y que no han podido saborear la deliciosa leche de la vaca presupuestal, están muy resentidos].
"El ingeniero Hank Rhon, al menos durante su campaña se pronunció a favor de de la recuperación del órgano municipal, IMAC" [para que los vivales, desdeñados por el Chuy González, ahora sí drenen beneficios y se den la yuca], "al mismo tiempo enfocó un aspecto clave de la responsabilidad gubernamental: la trasmisión de la cultura local" [en favor de los nuevos mamadores de becas y demás baquetones presupuestívoros]. "Sendas posturas, como punto de partida, son acertadas, y abren la comunicación con el gremio cultural" [¿nomás porque el Jank Rhon les pichó el desayuno a cien culturosos gorrones cuando andaba en campaña?, ¿ésas son las sendas posturas que abren la comunicación?; como si la comunicación fuera tan fácil de abrirse como las piernas que abre la suripanta folladora]. "Cierto que el restablecimiento de las relaciones requiere algo más" [digamos que, por ejemplo, una bequita o un huesito pa no trabajar y pasarla de seda y cachetonamente]. "Realistamente" [que quiere decir: realmente], "es necesario que el nuevo alcalde dé a saber su interés en que éste sea elaborado" [¿alguien me puede explicar si un interés puede ser elaborado?; pero digamos que es factible; ¿qué acaso no sabe que detrás de los intereses del «hombre de las apuestas» están los intereses del Roberto Madrazo, y detrás de los de éste mapache, agazapados, se encuentran los intereses del Salinas de Gortari, y en forma perpendicular oblicua, y para cerrar el círculo, detrás de los intereses del pelón estaban los del Vicente Fox y, angora, lo del Fecal y el neopanismo?; así que todo es una misma mierda en diferentes letrinas] "con la participación del gremio" [sí, y nadie más meta sus cochinas pezuñas, sólo la ganga de becarios y arribistas disfrazados de culturosos]. "Cualquiera de estas formas" [¿cuáles?] "es viable y ayudaría a la comunicación" [¡sí, verdad?, y el pueblo, la chusma, la canalla, la perrada populachera que le vaya a hacer puñetas a los burritos pintados de zebras, hartos ya de olerles las panochas a las gabachas en la avenida Revolución].



MISTICISMO ELEGANTE Y MANIQUEÍSMOS ESPECULATIVOS

Así son la mayoría de los que se preocupan por los asuntos culturales; ven el problema de la cultura desde el punto de vista puramente intelectual y abstracto, apostando en el vacío. Y cuando el fenómeno se llega a comprender de modo concreto, lo digieren como un misticismo elegante o incurren en maniqueísmos especulativos extremadamente idealistas. Pero el mundo, aunque se rija por axiomas, valores y reglas abstractas, también es materia porque se trata de un mundo en el que un perro y un gato tienen cuatro patas, aunque por ai se diga que son criaturas hechas por la mano de Dios.
Vamos con el segundo personaje, o sea, el Jaime Cháidez Bonilla, quien, al parecer —en los años 2003 y 2004— todavía creía en Santo Clos, en Gaspar, Melchor y Baltasar, cobijándose con las mismas expectativas de «predestinación mesiánica» en que se envolvían sus colegas, Max Mejía y la Gabriela Holybares.



JAIME CHÁIDEZ Y EL REINO CULTURAL DE HANK RHON

En su columna dominguera del suplemento «Identidad» y en la edición #1583, de fecha 31-VIII-2003, míster Cháidez publicó un textito informativo con relación al hueso que el hostigador sexual de Alfonso Rommel comenzó a roer en calidad de subgerente escolar de una sucursal de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC), localizada en el poblado de Tecate.
Y estas fueron las palabras exactas que escribió el Yimi:

«Todo parece cambiar con Rommel y no quiero pecar de optimista —mi abuelo me decía que los optimistas son parientes cercanos de los peingenuos— pero creo que tiene todo para dejar huella en una silla inutilizada».

Bueno, al menos en la nota anterior el bato opuso prevención de posible fracaso, trayendo a la memoria los consejos de su abuelo, en el sentido de que «los optimistas son parientes cercanos de los pendejos». Pero donde hace suyos los postulados mesiánicos de un futuro pluscuamperfecto es en un texto publicado en fecha 15 de agosto de 2004 (suplemento Identidad #1633), quizás fraguado a fuerza de remolino emocional y provocándole tatagüilas en su sesera.
Cháidez, autor de los «Frivolitos de la olla», escribió una nota amparada con este ribete orwelliano: «El futuro rojo». Y que… ¡puta madre!, en cuanto la leí me despachó a tirar la guácara.
Después de jondear el guacal al toliro y mientras me quitaba los últimos pescaditos que quedaban entre lengua y paladar, pensé que algún salinista errante le había usurpado al bato su página dominguera.
¿Se tratará de un espejismo?, ¿será un relato de ficción?, vanamente me preguntaba.
Pero... no. El JCHB fue el mero macizo y responsable de lo que a continuación transcribo:

«Es prácticamente imposible que Jorge Hank Rhon haga un mal papel en comparación con Jesús González Reyes"
[no te creas; ya sabemos de qué pata cojea la mula]. "El nuevo alcalde, con todo lo polémico que siempre ha sido" [dirás con todo el chaquetón que trae arrastrando: denuncias por asesinato, tráfico de influencias, contrabando de especies exóticas y en extinción, fraudes multimillonarios, lavado de firula, etcé], "puede tener como alternativa recomponer los platos rotos dejados por Chuy" [y que a este ignorantazo le dejaron los anteriores virreyes; pero de nada sirve que junte los pedacitos o compre una nueva vajilla, lo que se requiere es casa y cocina nuevas y correr a la chacha que se roba los cubiertos y se las vive de güevona guachando las telenovelas].
"La comunidad cultural, lastimada y reacia" [como aves de mal agüero apedreadas] "con la última administración panista" [con nadie más], "lo que está esperando" [como cochi sobre los machigüis; y ¿porqué no se mueve?, ¿porqué nomás espera?] "es un gobierno a la altura de la sociedad civil" [así la llaman: sociedad civil que, a decir verdad, se constituye opinión pública y que la representa una minoría, en su mayoría, arribistas manipuladores y lavacocos, cuyas propuestas son camuflajes de intereses estultos y mezquinos].
"El reino cultural de Hank" [¡ay, güey!, ¿ya regresamos al despotismo ilustrado?] "será habitado por todos, hasta por los panistas que tanto lo odian" [y por panistas —y no— que antes lo aborrecían pero angora ya no]. "En esta fiesta" [de hedonismo y la jarana] "incluso las más feas tendrán que bailar" [¡changüichá, changüichá, changüichá... la chichona, changüichá; da-biiiii-da-bi-da-biiii-da-bi-da-biiiii-daaaá!].

—Ay, inocente niño del señor. Parece un polluelo recién salido del cascarón.


Comparando al Chuy González —que no terminó ni el sexto grado de primaria— con el el Jank Rhon; éste men es un maquiavélico de cuarto bat. De esos políticos que saben que la «inteligentzia», una vez coptada y asimilada al sistema, sólo hace berrinches para mamar más; es de los que conocen el modos de darles a los culturosos en la mera pata de palo (honores literarios, las becas sabáticas, privilegios, espacios, huesos para su parentela o amigos; mientras no agiten las aguas). Mas si la raza culturera está tierna, pues los jóvenes mediatizados, incapaces de crear su propia cultura, caen en la trampa sin mucha dificultad. Si el lobo se traga a los rucailos, cuantimás lo hace con la morrada. El precedente histórico es claro; recuérdese la manera en que el pelón Salinas de Gortari enganchó a la intelligentsia chilaquil y de corto compromiso (Monsiváis, Poniatowska, Aguilar Camín, Enrique Krauze, Pérez Gay, etcé), y no lo hizo movido por razones de reconocimiento al talento, ni en aras de la cultura, sino para neutralizarlos y reforzar los bastiones del poder (Heidegger mientras se debatía en la «nada» cayó en manos del nazismo).
Cháidez, Mejía, Olivares y compañía, deberían sopesar el flujo de paliativos y de inconsistencias que prevalecen en el ámbito de la cultura. Quienes detentan y regulan la cosa pública ofrecen opciones, pero todas ya están determinadas por la «temible disciplina del espíritu», como decía Paul Valery. Y, tanto el dueño del galgódromo, el desgobernador del estado, el Fecal y los demás virreyes, sean del PRI o del PAN, seguirán con la misma artimaña que Lyndon B. Johnson sugería que aplicaran los políticos para coptar a los hombres del dinero:

«Prefiero tenerlos orinando dentro de mi casa hacia afuera, que afuera orinando hacia adentro».

Así que, mi estimado Yimi Cháidez, no andes pecando de optimista. Acuérdate de los consejos de tu abuelo:

«los optimistas son parientes cercanos de los pendejos».

Yo también soy de la opinión de que aquello que hoy es malo mañana puede ser mejorado. Pero —como decía el Cantinflas—:

«no hay que ser.... y qué falta de ignorancia».

En ocasiones, esta simplicidad evangélica no funciona. Ojalá que yo esté equivocado, pero —como decía un tecato de la Líber— lo creo «difíccil».

Tuesday, March 13, 2007

GATO SOBRE EL OVILLO DEL CALCETÍN JEDIONDO Y DESTALONADO



GATO SOBRE EL OVILLO DEL CALCETÍN JEDIONDO Y DESTALONADO

Vestido de azul polizonte, ahora el novelista Jorge Volpi, con el pecherín colmado de satisfacción, abre plaza en el retablillo de mozuelos y, por obra y gracia del dedazo, se convierte en capellancito del Fecal, ocupando el puesto de director del Canal 22. El alma la tenía encerrada en una nuez, pero ahora, gracias a la jalada, respetado entre ajos y barajos, con palos de ciego anda arreando el changarro televiso de marras.

—¡Ave María! El bato se cayó del asno para subir al camello.

Como el asunto de este crápula requiere un capitulo aparte, corto aquí el tema, no sin antes dejando que el lector y la lectora saboreen la siguiente entrevista a cargo del Sektor 01.

Entrevista de Zektor 01 a un "televidente asiduo", M. Volpi
Zektor 01 entrevista al flamante director de la televisión "cultural", monsieur Volpi.

Z-01:
¿Qué chingados habrá pensado Vela para darte el Canal 22? ¿O será que le marcaron línea?

M. Volpi:
Creo que la intención de Sergio Vela fue continuar la tradición instaurada por José María Pérez Gay, fundador y primer director del canal: entender la televisión como un medio, no como un fin, cuyo objetivo central es ayudar a los televidentes a comprender mejor el mundo que los rodea por medio de la cultura.

Z-01:

No mames, eso es puro rollo. La televisión es medio para un fin. La “televisión comercial” tiene un fin lucrativo, la del Estado o pública tiene un fin político. ¿Y a poco de verdad crees que programas como Indonesia Salvaje o El Estudio de Manzanero nos ayudan a “comprender mejor el mundo” de jodidez en que vivimos la gran mayoría?

M. Volpi:
El 22 es televisión pública y necesita ser entendida como instrumento que rinda un servicio público efectivo, el cual no sólo ha de limitarse a la producción y transmisión de programas culturales de alta calidad, sino a acentuar el cambio social y a perfeccionar nuestro sistema democrático.

Z-01:
¿Ah sí? Entonces que pongan a todos los que creen que hubo fraude electoral a que vean el 22 y ya estuvo. O a Ugalde y al “comité de científicos” que hicieron el PREP, y van a quedar unas elecciones de pocamadre, ¿no?

M. Volpi:
El Canal 22 debe garantizar a los individuos y a los grupos de la sociedad el acceso al discurso público. En esta medida creo que este proyecto puede ser dirigido por alguien que pertenece, en los términos más amplios, al universo de la cultura, aunque reconozco que es imprescindible estar rodeado de los profesionales más capaces en el ámbito de la televisión.

Z-01:
Güey: la neta es que no sabes ni madres de lo que es dirigir un canal de televisión. Que hayas ido a entrevistas es otra cosa. Además, la cultura es inherente al ser humano, a cada persona, en cuanto es un ser social. No sólo los pinches intelectuales mamones “pertenecen” al “universo de la cultura”. A ver, ¿qué experiencia tienes?

M. Volpi:
Tengo amplia experiencia con los medios impresos, como redactor, columnista y director de publicaciones, así como un bagaje teórico sobre comunicación educativa, que creo me será muy útil a la hora de emprender esta tarea.

Z-01:
No mames. Es como si digo que he manejado coches y tengo licencia de conducir, por lo cual puedo pilotear aviones. O que soy muy bueno jugando béisbol y por eso puedo ser entrenador de fútbol.

M. Volpi:
Desde luego, siempre he sido un televidente asiduo y, a diferencia de otros intelectuales, creo que la televisión, incluso la comercial, no tiene sólo aspectos negativos, sino que es uno de los mayores instrumentos de cambio social con que contamos.

Z-01:
Chale, estas contestando puras falacias. Si el criterio es que siempre has sido un televidente asiduo, tenemos miles o millones de candidatos con el perfil para ocupar la dirección del canal.

M. Volpi:
De hecho puedo decir que mi interés por la literatura, y en general por la cultura y la ciencia, se lo debo en primer término a la televisión.

Z-01:
Eso sí te lo creo. Pero, ¿qué idea tienes para el 22? ¿Qué debe ser?

M. Volpi:
Un instrumento plural, incluyente y ciudadano, no un medio de las elites para las elites, ni un vehículo por el que las elites se dediquen a educar al público de manera unidireccional. Un medio que no sólo se vea como una voz experta, sino como un "abogado de la comunidad", para usar el término de Glenda Balas.

Z-01:
K´n., eres todo un ombudsman. De aquí te sigues a una comisión de derechos humanos, mínimo de consejero. Bueno, entonces vas a hacer programas como el de “A Quién Corresponda”, de Jorge Garralda, y eso de “¿sabe qué?, no se deje”… ¿O qué es un canal “cultural” para ti?

M. Volpi:
Un medio que poco a poco se gane la confianza del televidente al ofrecerle contenidos importantes y de alta calidad que sean a la vez atractivos, innovadores, dinámicos; que ayude a pensar y discutir los otros medio; que ayude a ver mejor la televisión; que pierda su timidez y se atreva a afrontar riesgos de programación. Un espacio que no sólo trasmita cultura, sino que la genere entre los artistas; que desarrolle una visión propia que no sólo sea una alternativa a la televisión comercial, sino un espacio abierto, múltiple, diverso, con personalidad propia.

Z-01:
Estás hecho todo un burocratota y te encanta. Niégalo… Lo digo por esos rollotes tecnocráticos que te echas que ni tú te la crees…

M. Volpi:

Esa desconfianza permanece. Sin embargo, creo sinceramente que es necesario arriesgarse e intentar una manera distinta de encarar la función pública y, en este caso específico, la difusión pública de la cultura.

Z-01:

A ver, güey, ¿no eres de los que la hicieron de pex, que por el “recorte” presupuestal a “la cultura” (no te fueran a recortar el billete del Fonca), y según tú muy de izquierda, como para que repitas en un gobierno panocho?

M. Volpi:
Sigo considerándome un hombre de izquierda. Creo firmemente en que el Estado debe intervenir para paliar las desigualdades derivadas del simple juego del mercado y, en esta medida, no me parece contradictorio aceptar la dirección del Canal 22, un medio de difusión público que ha de ofrecer al televidente todo aquello que no se encuentra en la televisión comercial.

Z-01:
¡Me cai que eres mejor político que escritor! Me recuerdas las respuestas que le daba Carlos Salinas a Denisse Maerker (¡chale, ya me autogolié!, ni pex). ¿Pero no que al PAN, como dicen algunos de tus colegas intelectuales, no le interesa “la cultura”, que la desprecia?

M. Volpi:

Estoy convencido de que Sergio Vela está interesado en crear una verdadera política cultural, novedosa, arriesgada y eficaz, y por esto estoy dispuesto a empeñarme en este esfuerzo.

Z-01:
Y la neta, ¿a poco sí le vas a dedicar tiempo al Canal? A mí se me hace que nada más vas te vas a hacer güey de dizque director y en realidad vas a ocuparte en hacer tu chamba para Alfaguara… ¿Es posible que te dediques a las dos tareas?

M. Volpi:

Para mí, como para otros creadores (en México la lista es interminable y va de José Vasconcelos a Eduardo Lizalde), no es imposible.

Justo acabo de concluir una larga trilogía narrativa, que me ha llevado diez años. Nunca he podido dedicarme sólo a la literatura, así que trabajar en Canal 22 me parece no sólo una forma de contribuir al desarrollo del país, sino un reto creativo a nivel personal.
Mi principal esfuerzo estará dedicado al canal, pero la literatura siempre seguirá siendo parte esencial de mi vida privada.

Z-01:
Carballo insinúa que eres puto y nada más vas por la lana y el poder. ¿Lo confirmas?

M. Volpi:
Es mi maestro y él publicó mis primeros textos en Punto. Sin embargo, en el ámbito francés, hispánico y latinoamericano ha habido grandes ejemplos de escritores que han estado en el servicio público y lo han ejercido de la manera más digna y útil para el país. Basta mencionar a Alfonso Reyes, Jaime Torres Bodet, José Gorostiza, Daniel Cosío Villegas, Octavio Paz, entre tantos otros.

Z-01:
Lo bueno de esto sería que por un rato te dejaran de publicar esos libracos balines como el que firmaste junto con la doctora Dresser, ¿no? ¿O vas a tener la sinvergüenzada de empeñarte en ello?

M. Volpi:

La literatura no es mi prioridad, es mi vida. Nadie puede decir lo contrario. Pero el poder ha sido siempre uno de los temas centrales de mis libros. Y más aún la relación entre el poder y el saber. Por eso, porque conozco sus peligros, estoy dispuesto a arriesgarme a afrontar el poder de otra manera. Y a realizar un servicio público transparente y eficaz. Por ello quiero dejar claro que mi compromiso es sólo con Canal 22.

Z-01:
Estaría chido que le escribieras los discursos a Calderón, que esa fuera tu chamba real, tipo intelectual orgánico. ¿O ya lo haces?

M. Volpi:

El intelectual orgánico es aquel que, más que estar en el gobierno, lo sustenta ideológicamente. Yo espero tener la capacidad de abrir un espacio público a todos los grupos y corrientes de opinión para difundir y hacer cultura de otra manera, sin censuras ni cortapisas. El Canal 22 es un medio del Estado, no del gobierno, y por tanto debe ser un espacio abierto a toda la sociedad.

Z-01:
Hablas como el Jefe Diego o como Muñoz Ledo, pero a la hora de sacar la chamba, ¿cómo le vas a hacer?

M. Volpi:

Espero dotar al Canal 22 con esa mirada amplia, sin excluir ninguna manifestación de la cultura. E intentaré rodearme de los mejores expertos para que ese objetivo se lleve a cabo en las mejores condiciones.

Z-01:
O sea que vale madres que no tengas experiencia. Al cabo que no serás ni el primero ni el último en un caso así, ni el caso más destacado en este gabinete. O sea que, ¿cómo vas a hacerle para que la falta de experiencia no te distraiga en lo mínimo para dedicarte a escribir?

M. Volpi:
Primero, reconociéndola. Segundo, estudiando sin tregua. Tercero, rodeándome de los mejores expertos, Y cuarto, escuchando y atendiendo las críticas.

Z-01:
K´n. Ya estás reconociendo que eres puro pájaro nalgón…

M. Volpi:
Estudié Derecho y pasé muchos años trabajando en instituciones mucho menos gratas que un canal cultural. He revisado muchos presupuestos, he negociado muchas veces, he resistido los ataques y he intentado servir al país en otras ocasiones. Espero, eso sí, que cada una de estas partes arduas de la burocracia se compense con la parte creativa que representa tratar de renovar la forma de hacer cultura pública en México.

Z-01:
Por lo que me dices, tienes más bien el perfil de un legislador. ¿Qué tal te caería que el PAN te apuntara en su lista de diputados o senadores en una próxima elección? Chingón, ¿no? Ya ves que es puro hacerse güey. Vale la pena, ¿no?

M. Volpi:
Por supuesto que vale la pena.

Nota:
Esta entrevista no es fusil. Sólo se inspira en una entrevista publicada en Milenio el 10 de febrero de 2007 firmada por Marisa Iglesias».
[ODIO LOS BLOGS, http://zektor01.blogspot.com/].

Wednesday, February 28, 2007

SIETE POETAS DE NORTE A SUR Y DE SUR A NORTE

Antonio Gamero
(San Jose Villanueva, El Salvador, 1917-1974, San Salvador)
Eminente poeta vanguardista y autor de «T.N.T» (1943) y «Bajo el temblor de Dios» (1950).

Raúl Acevedo Savín
(Isla de Cedros, Baja California, 1959). Reside en Hermosillo, Sonora, desde los años ochenta; y es autor de los poemarios «Tus cabellos de caracol muerto» (1990) y «Líquido Infierno» (2006).

Flora Calderón Ruiz
(Ciudad de México, 1967). Vive en el puerto de Ensenada, Baja California, desde los años ochenta; y es autora de tres libros de poesía: «Montes de espuma sanguínea» (1989), «Ventanas» (1991), «Pasión y canto de Estefanía de la luz» (1993) y «Marea de Brujas» (1998).

Pilar Ortega Musitano
(Córdoba, Argentina, 17 de diciembre de 1983). Tiene dos libros de poesía: «Ética o la propia encía» (2005), publicado por editorial La Creciente y, «Auna» (2006) publicado por editorial Libros en sobre.


Paula Peyseré

(Buenos Aires, Argentina, 21 de abril de 1981) Ha publicado dos libros de poesía en Guacha Editora.


Hugo Vera Miranda

(Puerto Natales Magallanes, 1951) Autor de «El tigre de la Memoria», libro de poemas publicado por editorial La Calabaza del Diablo (2005).


Carlos López Dzur

(San Sebastián del Pepino, Puerto Rico, 1953). Algunos de sus poemarios son: «Compañera / Hazel» (1977), «El Hombre Extendido» (1978), «Cuadernos de Amor de Haití» (1987), «La Casa» (1987), «El Ladrón bajo el Abrigo» (2000) y «Tantralia» (2000).

Sunday, February 25, 2007

AL RAFA SAAVEDRA SE LE ACEDARON LOS TACOS




«WELTLITERATUR» DESDE LOS TUGURIOS CAGÜILEROS
(EL TURÍSTICO Y EL ZACAZONAPAN)

En el peiper «La Prensa» de San Diego (9 de noviembre de 2001), un fulano de nombre Pablo de Sainz, sin ventear siquiera el pedo que se traga por los ojetes de sus fosas nasales, ataja con una notita descoyuntadamente ingenua y lambiscona —por supuesto que escrita en el idioma preferencial del «Príncipe del pochoñol»— a la que da el título de «Rafa Saavedra, writing is like making tacos!», y que en cristiano quiere decir algo así como «Rafa Saavedra escribe como si estuviera haciendo tacos!».

Por la ligereza y verborrea grácil del tal Pablo de Sainz, su articulejo amerita una rasurada.
Aunque no me interesan gran cosa los rebuznos que pega el chaval, me serviré de su balumba sólo para pepenarle algunas declaraciones que el Rafadrín le escupe a la grabadora del gacetillero.
También le arañaré algunos párrafos a un texto que se publicó en la revista «Universitaria» de la UABC, número 45, correspondiente a enero-marzo de 2004; se trata de una entrevista reseñera (in)titulada «Rafa Saavedra: las incertidumbres de la escritura blog», y cuya responsiva autoral se debe a la pluma y teclado del señor académico HFB, también identificado como el Humberto Félix Cerúmen.

A diferencia del trabuco que garrapatea el tal de Sainz y que en parangón equivale a una talega de café repleta de granos de garbanzo, el aticulejo de míster HFB, descontándole la escéptica introducción y el refiloncito conque machuca el punto final, es un calco semántico de lo que emite la maquina parlanchina que tiene incrustada en el cerebro el brujo mayor del «Tijuana Bloguita Front», es decir, el Rafaelín, y únicamente se limita a reproducir el reflujo de contradicciones, camelos y galimatías que gargantea nuestro invitado.
Aclarado el menjurje referencial, comencemos con la notita periodiquera del traficante de desfiguros ya mencionado publica en la «Prensa» de San Diego.
Después de que el batillo se pregunta si lo que escribe el Rafadro son realmente cuentos o relatos breves (are they really short stories?), en ese melodrama de alta tensión se lee esto:

«Rafa Saavedra es un escritor y crítico cultural que nació Tijuana en 1967. Aunque ahí haya crecido, viva y escriba, eso no implica que sus textos se encuentren saturados de alusiones acerca de la ciudad / Rafa Saavedra is a writer and cultural critic who happened to be born in Tijuana in 1967. He grew up here, he lives here, he writes here. But don't expect his texts to be full of references to the city».


Ocay, y ¿qué responde el señorito Rafael con respecto a lo que afirma el gacetillero de marras?
A ver, escupe, Lupe:


«I write about my own experiences, but what happened to me could've happened to someone living in Bogota, in New York or Barcelona. I don't see Tijuana as most people see it, with its immigrants and as the classic border city / Yo escribo acerca de mis experiencias particulares, sucesos personales que podrían ser similares a los de una persona que vive en Bogotá, en Nueva York o Barcelona. Yo no veo a Tijuana como la mayor parte de la gente la concibe, es decir, con sus inmigrantes y como la típica ciudad fronteriza».


¡Ese es mi gallo!
Bendito sea el relativismo que hace del mundo una apariencia.
Así se representa la realidad, aunque ésta sea irreal.
¿Qué le pasa a nuestro escritor samplereskiano?, ¿no tiene idea de que lo que gruñe es un verdadero remanso de exhibicionismo barato, de incoherencias, de demagogia? Qué manera de tirarse a hablar.
Yo me pregunto y luego me contesto: ¿qué son las palabras para el «Príncipe del pochoñol? Cualquier cosa, menos símbolos de su experiencia intelectual, como decía el viejo jediondo de Aristóteles.



PERDÓNAME, MI AMOR, POR SER TAN GUAPO Y CULTO

Ahora, confirmemos que esa vieja hipótesis que sustenta que la palabra es dialéctica porque afirma y niega.
Dice nuestro «escritor increíble»:

«I mean, it really doesn't hit me when I cross the border (sic). I didn't even realize they were part of two different countries until I was 15. I thought my passport was only like a ticket, just like when you buy a ticket at the movie theatre. / Considero que cruzar la frontera no representa para mi ninguna friega. Incluso, antes de cumplir los 15 años, ni siquiera me caía el veinte de que Mexico y los Estados Unidos eran países distintos. Pensaba que mi pasaporte era solamente como un boleto como para entrar al cine»

Una porción del mundo sin que importen los lugares y las cosas. Una forma de impresionismo capaz de volver idílico un objeto de ínfimo valor.
Por desconocimiento o hipocresía, lo que el bato suelta es un petulante pretexto sofista o un dislate que resulta tan evidente hasta par un chamaco de párvulo.
Pero, sea lo que sea, aberrante tontería o cínico calzonazo, el Rafadro se ganará a pulso la medalla de hazmerreír entre los parroquianos que asisten a los mismos tugurios, donde el men suele hacer de las suyas.
Qué manera tan soterrada de echarse la soga al pescuezo.
Vayamos por partes y, primeramente, trepémonos en el furgón de camelos que este más cerca.



CRÍTICOS CHAPULINES O CUANDO ESTÁ MUY PELÓN EL COCHI

Refiere el camellador del tribulete sandieguino, la «Prensa», que está envergado porque no sabe si los textos que escribe el Rafadro son realmente cuentos o relatos breves (are they really short stories?).
En este punto, concedámosle al güey el «beneficio de la duda». Enseguida, y, tocante al dicho de que Saavedra es «crítico cultural», pues aquí sí que está muy pelón el cochi.
Ya lo dije yo desde hace tiempo, pero lo vuelvo a repetir: en Tijuana lo verdaderos criticos de la cultura brillan por su ausencia, lo que hay son publicistas de pacotilla que se ostentan con el membrete chapulín de «críticos literarios» y rondan en los suplementos y periódicos —dizque— culturales dedicados a los quehaceres del «chupapollismo» y a esquilmar incautos que muy frescos se tragan entero, sin decir pío ni miau, todo el kilométrico chorizo de cábulas y jaladas de esos golfos.
Y, en efecto, los sedicentes «críticos» que hay en este tafanario fronterizo no son más que unos pinchis chupapollas que merecen que les pateen el trasero por arrastrados, ignorantes, pendejos y güevones.
Tipejos que son incapaces de endurecer la mierda aguada que cagan porque se encuentran sumidos hasta el cuello en el fangoso pantano de las sutilezas y los halagos desmedidos que desembuchan a petición de parte.
Además, estos «críticos», oportunistas y mamarrachos, actúan como siervos dispuestos a complacer al amo, lacayunos y serviles hasta el extremo de la ridiculez; y son tan confiados que creen que las palabras significan exactamente lo que dicen, y no lo que la gente se empeña que digan.
Mediocres que se quejan porque los batos más cabrones que ellos no están de acuerdo con sus excrecencias caligráficas.
En la vida no tienen más licencia para sobrevivir que su abominable estupidez. Su mejor trabajo lo cumplen en el momento en que alguno de sus benefactores o mecenas entra al escusado y lo esperan a calzón quitado y tendidos en veinte uñas.
Pocos dudarían que han sido expulsados del útero materno para que el destino les haga este tipo de jugadas: zamparse la estupidez de las reglas y valores de la sociedad, admitir sin chistar la insensatez de las jerarquías y autoengañarse con la falsedad de la retórica rimbombante.
Es común en estos «temerarios críticos» la práctica consuetudinaria de rendir culto y lisonja a perfectos ineptos y pendejetes de siete suelas.
Y quién sabe por cuánto tiempo habrán de seguir así nuestros «críticos», peregrinando en busca de la carroña oficial, oliéndoles los pedos a los de arriba, mientras éstos fingen respetar las formas; y para llevar agua a su molino escriben una «crítica» impresionista, ramplona, adormecida, cómplice de la banalidad y de fingida neutralidad.
Y a todo esto, además del Rafa, ¿quiénes son esos güeyes?
No hace falta sacarlos a balcón; abra usted las páginas de alguno de los tres o cuatro suplementos o revistas que rolan por estos lares y fíjese en los nombres de los responsables y colaboradores de tales ediciones; sabrán sus nombres.
Pero a mí ni me importan sus acciones cotidianas (cómo le hacen pa tragar y a quién le sueltan el culo); me importa la retórica que vomitan, pues, como lo dijo el yerno de Unamuno: las coces se pueden soportar pero no los relinchos conque las explican y justifican.
Los publicistas —que se hacen llamar «críticos»— acostumbran a decir que la obra de cierto bato es respetable, cuando ni siquiera no tiene la mínima dosis envergadura intelectual, tampoco consistencia ni estética suficientes; y si sus cualidades, si es que acaso las tiene, son endebles, ellos afirman lo contrario

RAFA SAAVEDRA: Y TOUT A FUI POR EL ESCUSADO



SI LA PLURIVALENCIA DE LA AMBIGÜEDAD FUERA UN MILAGRO

Que nadie se desgaste en la infinita soledad del desierto bajacaliforniano, esperando —con ojos de apache mariguano— que aparezca el «crítico» que nunca llegará.
Mejor continuemos metiéndole candela a la notita periodiquera del tal Pablo de Sainz que nos revela otra de las tantas facetas del Rafa Saavedra, verbigracia su condición de «crítico cultural», y también nos anuncia —con sonajitas y espantasuegras— que este señorón, oriundo de Tiyei, cuando se suelta el pelo escribiendo algún texto no anda evangelizando por aquí, por alla o por acullá el nombre de este pinche pueblo habitado por putas y cabrones.
No, el «Príncipe del pochoñol» ni por la mente le pasa aludir el nombre de la ranchería «Tía Juana» por mero cliché.
No, qué ocurrencias. Por eso nos advierte el Pablo de Sainz:

«He grew up here, he lives here, he writes here. But don't expect his texts to be full of references to the city».

Ocay, viene de nueva cuenta, una de dos: o el multicitado Pablito nos está aventando puros panchos cuchufleteros, o el «Principe del pochoñol» trabaja mejor que Gombrowics la falsa autobiografía.

Y quien crea lo anterior es de suponer que piensa igual que aquellos que todavía creen que los pelados o macuarros proceden de los animales y que los ricachones son de origen divino.
Si no es por allí el pedo, entonces ¿de qué ciudad nos habla el señor Rafadro en su articulejo «Tijuana makes me happy» que, gracias al canillazo del pelón Fadanelli, publicó la revista (A)nexos en su edición #323, correspondiente al mes de diciembre de 2004? De cincho que ha de referirse a otra pinchi «ciri», como la prenuncia el bato.
Y, por si fuera poco, el ñor Rafael vagabundea por estas incongruencias:

«I write about my own experiences, but what happened to me could've happened to someone living in Bogota, in New York or Barcelona. I don't see Tijuana as most people see it, with its immigrants and as the classic border city».

«I mean, it really doesn't hit me when I cross the border (sic). I didn't even realize they were part of two different countries until I was 15. I thought my passport was only like a ticket, just like when you buy a ticket at the movie theatre».

Sólo queda preguntarnos: ¿son reacciones instintivas del subconciente rafadresco o torceduras sintácticas del reportero culturoso de la «Prensa» sandieguina?

—Sabrá la gáver


DE LAS INCERTIDUMBRES DEL RAFA SAAVEDRA



DE LAS INCERTIDUMBRES DEL RAFA SAAVEDRA

Decíamos endenantes que el Rafadro engalana como entrevistado las páginas de un fanzín académico que publica la UABC con el membrete de revista «Universitaria», y que la susodicha parla estuvo a cargo del Humberto Félix Cerúmen y se trueca en palabras impresas en el número 45, edición enero-marzo de 2004.
Antes de que el «Príncipe del pochoñol» lance sus perros a ladrar, míster Félix Berúmen inicia con un planteamiento cuya conclusión queda estancada en la duda.
Leamos el cacho:

«La incertidumbre es la primera impresión de quien se enfrenta a la lectura del tercer libro de Rafa Saavedra (Tijuana, B.C., 1967), Lejos del noise (Moho, 2002): ¿Son cuentos? ¿relatos híbridos? ¿textos inclasificables? ¿escritos sin pretensiones narrativas? ¿cuentos sin tensión dramática? Tal vez todo y nada a la vez» [página 47].

Bonita conclusión: todo y nada a la vez. Muy parecida a la de aquel viejo albur que en la edad morra la plebada de mi tierra planteaba a las chamacas, compañeras de clase: «¿Y tú qué prefieres, Maria, todo adentro o nada afuera?» O se que, de todas formas, quien respondía se chingaba.
Con la astucia del viejo zorro, el Humberto Feliz Cerúmen se cuida de no regar o tepache o meterse en camisas de once varas, aunque no saca el burro del atolladero, cuando menos define como indefinible la escritura del Rafadro. Para ser más exactos, el HFB a tal definición le llama «impresión»:

«...la indefinición había sido precisamente la impresión de quien se enfrenta a la lectura de una obra que se ubica justo en los umbrales de lo literario» [página 47].

No, si pendejo no es el profesor Félix Cerúmen, pues se cuida de no abrirse como suelen descararse los insolentillos.
Y hace bien en apuntalar que la obra rafadriana «se ubica justo en los umbrales de lo literario»; es decir, no se atreve a afirmar con entereza que se trata de literatura. Aunque ganas no le faltan de quebrar el mutismo que le imponen las «formas» y soltarse el chongo para decir que su entrevistado es un autor de tropelías, un célebre productor de bodrios, inclinado a escribir toda suerte de mamadas.
Y, en efecto, el Cerúmen, desde un principio, se previene de no cagarla y titula a la entrevista «Rafa Saavedra: las incertidumbres de la escritura blog». Nótese que el bato no dice «literatura blog», sino llana y sencillamente «escritura blog». Nada de obsolencias ni de fábulas majaderas que manifestar.



SOPLAR Y SORBER NO PUEDEN A UN TIEMPO SER

Hay que reconocer que el HFB sabe lo que hace: cuidarse de no regar datos inanes ni tirarse a escribir como el «Borras». Pero prosigamos espulgando algunos datos más del académico HFB con respecto a lo que escribe el Rafadro, específicamente en su libraco «Lejos del noise»:

«...casi nada de lo leído parece corresponder con la noción tradicional de lo que es un cuento, pues no existe una forma reconocible. Se tiene la impresión de pisar un terreno resbaladizo, con pocos referentes y sin poder forjarse una más precisa de lo que realmente sucede.
Es una mezcla ecléctica de elementos dispares y que él mismo define como literatura blog: “despreocupada, sin un formato determinado, que no sigue el canon, cáustica y algo subversiva, pseudo romántica, demasiado rápida”»
[página 47]

¿A eso se reduce la literatura blog, según el padrotín del «Tijuana Bloguita Front»?; es decir ¿a palabrería despreocupada, sin un formato determinado, que no sigue el canon, cáustica y algo subversiva, pseudo romántica, demasiado rápida? ¡Vaya con el Rafaelín! Sí que estamos jodidos.
Yo, por mi parte, lejos estoy de afirmar que la literatura blog sea ese montón de desaguisados que vocinglea el bato.
Habrá despistados y turulatos que sí pueden estar de acuerdo con tal deprecación mental, lo cual equivale a pendejear a quienes si escriben verdadera literatura blog. La burundanga del «Príncipe del pochoñol» no vale para todos, tal vez para gente como él que se dedica a fabricar ditirambos vacuos.
Que no hable por todos. Ya lo dice el viejo refrán: «Soplar y sorber no pueden a un tiempo ser».
Ahora, ¿de qué subversión nos habla el Rafael Saavedra si sus libelos de —dizque— literatura blog son tan inocentes como el papel blanco? Cualquiera que se meta a su blog podrá cerciorarse que lo escribe son puras trivialidades inservibles; que su vitrina cibernética se encuentra franqueada de mamelucadas que le prodiga todo su enjambre de aduladores.



EL PRIMER LIBRO QUE ESCRIBÍ NO TENÍA PALABRAS

Quienquiera vituperarle o aplaudirle al Rafadro, nada más venga y asómese para que se entere cómo el batillo despliega su audacia imaginativa y nos revela sus métodos de trabajo. Y aquí está la clave de sus maniobras estéticas, la llave maestra de su «weltliteratur» (gestada desde los tugurios cagüileros —Turístico & Zacazonapan— con ida y vuelta hacia el Centro Cultural Tijuana y el Centro Estatal de las Artes).

Cuando el Félix Berumen le pregunta a su entrevistado cómo le hace para ecribir sus tus textos y de dónde surgen, éste responde:

«De todo lo que vivo y alcanzo a comprender de ello. Hago anotaciones, de todo tipo. Voy al cine y tomo algunos diálogos. Escucho música y tomo algunas líneas. Apunto mis reflexiones sobre algún tema determinado. Son sampleos que coinciden, chocan y dan cuenta del colapso cuando me pongo a escribir en la computadora. Trato de mantener el acto de la escritura muy abierto para lograr que se interrelacionen de una u otra forma. A veces, creo, con cierta fortuna» [página 48].

La misma cantaleta que declara al reportero, autor de la notita periodiquera que publicó la «Prensa» de San Diego.

«My texts are not necessarily short stories per se (sic). I grab anything I want from anywhere. I mix music, TV, fiction and journalism. / Mis textos no son precisamente cuentos en sí (sic). Utilizo todo aquello que me sirva. Mezclo música, programas de televisión, ficción y periodismo (sic) «Since I'm also a DJ of electronica, I take `samples' from different sources and mix them in my writing. I play with the rhythm, with music, just like a DJ does. I scratch, make loops / Desde que me converti en un dj de musica electronica aplico diferentes sampleos y los mezcla en mi escritura. Juego con el ritmo, con la música, como suele hacerlo un dj. Escracheo, hago loops».

Si el filosofo marxista Antonio Gramsci escribió en la cárceles musolinianas, exactamente — si sus biógrafos no mienten— 2848 páginas en cuadernos escolares; entonces, ¿porqué el Rafadro no habría de escribir del modo estrafalario que enseguida menciona?

"When I wrote this book (Lejos del noise), I would sit in front of the computer with the TV on, with music blasting," Saavedra says. "I would listen to the rhythm and write my own lyrics for that song and add them to my text. / Cuando escribí este libro (Lejos del noise), yo me sentaba enfrente de la computadora, con el televisor encendido y con la música retumbando (sic). Y escuchando el ritmo yo escribía, y atento a las letras de una canción que agregaba a mi propio texto».

>EL RAFA SAAVEDRA Y SU «RADIANTE» ENGENDRO


RAFA, RAFÍN, RAFÓN O EL «PRÍNCIPE DEL POCHOÑOL»

En el sitio güeb LARC, http://larc.sdsu.edu/baja/autores/saavedra.html, que informa acerca de la literatura de Baja California, nos encontramos con la supuesta biografía del «Príncipe del pochoñol».

Y así se exhibe en cartelera:

«Rafael Saavedra. Nació en Tijuana, B.C., 1967. Narrador apegado a la literatura de la generación X. Ha publicado Esto no es una salida. Postcards de ocio y odio (relatos, 1996) y Buten smileys (relatos, 1997). Colabora en revistas alternativas y fanzines de México y Estados Unidos».

Por otra parte, el babalao literario chicalense, Gabriel Trujillo Muñoz, médico, poeta, ensayista, narrador, polígrafo, editor y profesor (¡uf, qué lío!), en su «Diccionario Biobibliográfico de Escritores de Baja California», saca a relucir la misma información de nuestro invitado:

«Saavedra, Rafa (Tijuana, B.C., 1967). Narrador apegado a la literatura de la generación X. Ha publicado Esto no es una salida. Postcards de ocio y odio (relatos, 1996) y Buten smileys (relatos, 1997). Colabora en revistas alternativas y fanzines de México y Estados Unidos» [página 69].

Sin hacer mucho visaje habrá que agregar unos datos al parpajo ya citado: los libritos del Rafadro, «Esto no es una salida. Postcards de ocio y odio», «Buten smileys», y otro bollo más, apelmazado bajo los influjos del colonialismo lingüístico, son folletines en los que descolla una narrativa mal construida; chasquidos de palabrería blanda, anodina y descolorida.
Ahora, habrá qué ver si los recursos del «sampleo» que utiliza el autor en sus textos pudieran interesar desde el punto de vista estilístico.
En tales libros prevalece la manía por inocular una revoltura de estilos y el discurso que contienen está hecho de pedacerías, de fragmentos en los que cojea la unidad de la locución (llana y artificiosa); es decir, en cada momento de lectura se interrumpe la fluidez de la dicción.
Rafadro es el prototipo de la trivialidad elevada a literatura. Y no nada más porque sí, o de barbas, se le identifica como elemento integral de la generación «vacía» o «hueca».
Y, efectivamente, así lo han amontonado en el descompaginado canon de la condescendencia cultural de Baja California:

«La generación X o de los Finiseculares son escritores muy jóvenes aún (cerca de los treinta años), son primordialmente narradores simpatizantes del Realismo Sucio o Basura promovido en México por Guillermo Fadanelli. Son ya conocidos como novelistas: Rafa Saavedra, Fran Ilich Morales Muñoz, Javier González Cárdenas, y Jorge Alvarado Robles»
[http://larc.sdsu.edu/baja/genero/novela.html].



«REALISMO SUCIO», MIS GÜEVOS

Habrá ingenuos que tomen como verdades las mentirijillas del cosmetólogo que redactó la reseñita ya citada.
Ahora, detengámonos un momento en lo que se dice respecto del Fadanelli, supuestamente «motivador» del mentado «realismo cochino» y hoy convertido en un bicho literario plegado al sistema (como quien dice, el intelectual-diva chillaba para que le dieran de mamar)ya ha abandonando —como suele sudecer— las antiguas posiciones teóricas de su devaluado terrorismo letrero.
De este escritor-diva y —dizque— representante de la «literatura chatarra» nos habla Christopher Domínguez Michael en su libro «Servidumbre y grandeza de la vida literaria»; y a quien ubica como un cuentista «bastante decoroso y tradicional» cuya imaginación «no va mucho más lejos de la que atormentaba a Manuel Gutiérrez Nájera en sus historias del tranvía».

En páginas de su libraco, Domínguez Michael nos hace ver de qué manera la producción literari del Fadanelli se eleva al rango de idiosincrasia institucional en el momento en que el devaluado escritor terrorista vacía la carga de su pistolita y, ya sin tiros que lanzar esgrafía en redondel, es decir se vuelve repetitivo, por no decir aburrido:

«Resulta simpático que con todo y la postmodernidad “explicada a las putas”, el terrorista Fadanelli no haya siquiera intentado remontar la venerable tradición miserabilista de la narrativa urbana del país. Y si nos pretende escandalizar con una “nochebuena” en un manicomio donde los locos se divierten jugando con un pene, está perdiendo el tiempo» [página 176].

Que los culturosos de este tafanario fronterizo estén encantados con la veleidosa palabrería del Fadanelli es un asunto muy particular, pues cada Rómulo está en todo su derecho de buscar y preferir las ubres de la loba que mejor se le acomode.
Faltaba más.



EMBADURNANDO DE TOTACHA EL MEXICAÑOL

El Rafa Saavedra es un batillo que no puede escribir en castellano sin recurrir a la totacha, y, de cincho, a pesar de que lo intente siempre termina enmierdando el mexicañol con muletillas importadas del inglés californiano. Pareciera como si le resultara aborrecible la lengua que parla y escribe la «Chupitos» (para no decir la de Cervantes o la de Pizarro).
Y, la verdad, creo que sólo lo hace para verse «nais» y para que los leyedores —que por accidente se topan con sus champurradeces pochoñalas— consigan un traductor.
Algo que sí es acreditable, y es justo decirlo: el «Principe del pochoñol» es uno de los tantos individuos precursores del movimiento bloguero en esta frontera. Además, al bato lo aprecia, lo respeta, lo reconoce e incluso hasta lo «usan» de palanquín y hacedor de paros tipos y tipas de toda layas y las calañas.
No hay duda de que es uno de los iniciadores más importantes del fenómeno blog; y lo es con sus debidas reservas, en el sentido de que la teta de vidrio que regentea no da muestras de lo que normalmente podríamos denominar intelecto expositivo, ni porta un estilo literario que sobresalga del montón.
Es más, ni siquiera en su escritura laten las enjundias de un bloguero situado en la mera chucata literaria; y, ya no digamos que figuren de chéiser discursillos propios de un académico patán.
Nada de eso hay en su blog porque el bato lo utiliza como simple plataforma de publicidad y para dar rienda suelta a malacanchonadas intrascendentes o mensajitos con los que parece invitar a sus compitas a jugar a las comiditas.
Y esa es la manera en que el Rafadrín se entretiene, bordando disparates y posteando vacuidades. Pero lo peor del caso es que cuando escribe traiciona al idioma mexicañol porque lo que redacta hay que traducirlo.
Guachen si no, así se anuncia en su blog:


«Crossfader Network es parte del TJ.BF (blog culture + good times + mp3's) /// by rafa saavedra desde TIJUANA, MEXICO /// Support your local blogger. Since 2001»


Con todo el elitismo rastacuero se le pide al lector que si no mastica la totacha se vaya a chutarse el libro «Vaquero» o el «Aniceto Burrerías».
Muy exquisito suele ser el señorón Rafadro con su pelusa; ha sabido separar el grano pjnto y colorado de su frijolera.
Para los avezados, es cosa de averiguar cuál es la lengua madre del Rafadro, pues el bato escribe su publicidad en un idioma tan chapucero como él mismo.



CONVERSIÓN IDIOMÁTICA PARA CILINDRIAR MAJES

Y lo más asombroso es que con ese talento de lenguas mixiadas crea sus novelines, relatos y ensayos. Se observa en los textos del «Príncipe del pochoñol» su afán de ponerse en sintonía con un imaginario sentido de la biculturalidad fronteriza que le sirve de estrategia para apantallar pendejos que no conocen el teje y maneje de este culo de san Diego. Evidencia con ello lo maravilloso que suele ser el cretinismo que conlleva el estúpido acto de traducir «book» por libro, o «city» en vez de ciudad. Tal grado de conversión idiomática (por demás innecesaria e inservible) no puede considerarse más que una reverenda mamada.
Y que quede claro, el bato tiene la manga suficientemente ancha como para sacar de ella los vocablos pertinentes y no pedir que le introduzcan por el toliro esos pitos idiomáticos importados de los Yunaites.


«Un Stop temporal a las fiestas y todo aquello que desenfoca el objetivo.
Soon, very soon podrán tenerlos en sus manos, verlos, disfrutarlos.
Los tiempos están, je je, cambiando. • Ahora si, voy a mil.
Please, don´t bother me (estoy cambiando de canal)»

[crossfader.blogspot.com, viernes 1 de julio de 2005]

Algunos miembrillos y miembrillas del llamado «Tijuana Bloguita Front»

COMO CANTAR Y TAPARSE LA BOCA

«R» de Rafadro

COMO CANTAR Y TAPARSE LA BOCA

Unos días atrás el «Príncipe del pochoñol», Rafa Saavedra, y su recua de incondicionales, para contribuir más al amononamiento de basura pepelesca, se dieron a la faena de publicar una hibrido revistón titulado «Radiante», cuya primera edición —desvergüenza intelectual— parece ser el resultado del güevonismo egocentrista de la capilla de culturosos que integran el llamado grupito «Tijuana Bloguita Front». Los encargados de la susodicha edición, embutidos en los miriñaques de la frivolidad, de la pedantería arribista, como buenos cultores del pragmatismo y la medioctridad, sólo ofrecen al comensal un esqueletón desprovisto de carne.

Radiante
no es ningun «cum granus salis», como dicen por allí algunos cretinos, es decir no constituye ninguna apuesta a la polemica ni al debate de ideas en torno al birote de la cultura. Pero engendra, sin duda, una prolongación de las orfandadesestéticas y de las virtudes literarias que prevalecen en esta frontera. Algo así como cantar y taparse la boca, diría el Andrés Calamaro en una de sus rolas.

Aquí, en una noche de farra, el «Príncipe del pochoñol», mostrando una carita de toro de Lidia, guaruriado por uno de sus chupapollas.

EL FANZÍN «RADIANTE»: UNA PERRA MALPAPEADA



SAAVEDRA Y SU «RADIANTE» ENGENDRO
RADIANTES PANCHOS

Con una simplicidad casi bobalicona y de estrechos —por no decir nulos— atributos estéticos, y muy cercanos a los linderos de la tautológica, hicieron su aparición en el régimen cultural tijuanero las subsecuentes ediciones 2 y 3 del fanzín que menea el «Príncipe del pochoñol».
Los dos números del revistón «Radiante» (diciembre de 2005 y enero de 2006) han sido evacuados al papel con ese mismo raquitismo mental que caracterizó a la primera caziada del pápiro en comento.
El «punch» de «Radiante» no ha sido tan «radiante» como se alardeaba con su supuesta «interconectividad creativa» y propalada con el «mucho confeti audiovisual».
Y es que, hablando al chile pinto, la calidad —en sus niveles de edición y contenido— no es un rasgo intrínseco a la publicación que padrotea el Rafadro.
El primer número de «Radiante» fue parido en el mes de noviembre y su «hic et nunc» desparramado en cientos de copias que, a precio de nada, se ofrecían en los estanquillos de librerías, cafeterías, churrerías y otros tanichis de la «ciri» (dixit el Rafadro).
Que las ediciones le lleguen de gorrion pecho amarillo a la perrada, de chéiser o de barbacoa (es decir, de gorra o gollete, lo mismo que gratuitamente) muchas veces provoca destanteos en la «sique» del mono que pudiera interesarse en apergollar alguno de sus tirajes, ya que la estrategia de sustraerse de la lógica del dinero resulta contraproducente, pues, de hecho, para la perrada lo que no vale no sirve, o bien, al producto no se le da la seriedad que merece.
«Radiante» es la encarnación egotista del Rafa Saavedra; esa percepción misma que encontramos en su blog se haya traslapada en la bitácora; presencia de su personalidad llevada al papel y clonada en la teta de vidrio como radiantepress.blogspot.com.
Una duplicación de objetos difusores que van en una misma dirección y sin perturbar el reposo de la anomia sociocultural que aquí se padece.
Y aunque se insertan variadas colaboraciones de escritores, escritorcillos y escritoretes, el jedor de su capitán se patentiza en esencia, y no se disipa ni echándole baldazos de cloro, bonches de aserrín empapado de Pinol o cubetazos de miados de zorrillo.
Los articulejos, notitas y reseñas de los escribidores que adoban el fanzín rafadriano han sido publicados no por los flujos de la virtud o de la capacidad letrera, sino porque son sujetos ligados al editor por razones del cuatachismo o debido a que forman parte del llamado «Tijuana Bloguita Front».
Por eso los tres últimos números de «Radiante» revelan propiamente aspectos de una calidad mamarrachesca y quienes participan y se acurrucan en torno a ese vehículo (in)expresivo lo hacen sencillamente para salir a «escena» y darse bombo; algunos otros son atraídos por el abstraccionismo de arcaica ontología y se lucen escribiendo disparates y mamadas ininteligibles, creyéndose muy «autorreflexivos», «profundos» o «analíticos», cuando, en realidad, no pasan de ser unos pinches pasticheros de mierda, lisonjeros de apariencias subartísticas y improvisados (in)comunicólogos que lo único que logran es convertirse en víctimas del pérfido humor y de la burla.

Hay en la revista redrojos de mequetrefes cuya opinión acerca del tópico que abordan es parecida a la que tienen los integrantes del gabinetazo foxista.
«Radiante» se engalana pobremente —y diatiro— con escasos escribanos notables y chacalosos, es una excepción encontrar en sus páginas trabajos de gente que sabe lo que hace.
En mayor proporción quien acapara la parte longa de esa papeleta es un puñado de mediocres que aspiran a relumbrones y son más conocidos por su mucha jarana y por el poco oficio de escritores.



«RADIANTE» VISTO POR OTROS OJOS

En un artículo publicado en la edición del domingo 29 de noviembre de 2005 de «Identidad», suplemento inserto en el pápiro el «Mexicuín», el Leobardo Sarabia realiza una breve reseña histórica de las revistas que abordan el tema tijuanesco, entre las que se cuelan está el fanzín que pilotea el «Príncipe del pochoñol».
En su articulejo, titulado «Tijuana en las revistas: un repaso rápido», el cronista sarabiano expone sus premisas con relación al fetiche publicitario de míster Rafadro.
Reproduzco parte del texto para que el lector o la lectora dé cuenta cómo el editor del papelón citado guisa la machaca.
Pero antes, considerando que el documento del Leobardo no es un texto cinco estrellas, se recomienda someterlo a leves reajustes de interpretación.
Por tanto, resultaría conveniente lo que a continuación hago saber:

Entiéndase el vocablo «juvenilia» como pifia de descerebrados, portadores de la filosofía del «Chavo del Ocho» (o su variante gabacha: el «agente 007», un «Chavo del Ocho» gringo pero con pistola); la expresión «datos útiles» sustitúyase por datos inútiles; y, por «mundo ideal» refiérase a la nube de pedos donde dormitan el canchischanchis del Rafita y su elenco de colaboradores.

«Radiante parece una extensión del blog de Rafa Saavedra. Ese Ambiente cool, optimista y musical, al pie del concierto en turno. Se trata —con algunas excepciones— de una comunidad impresionable por la jerga de la Academia y su fárrago adjunto. La música es el soundtrack y la literatura es algo que los hace felices (la ciudad también tiene ese efecto sobre ellos) y la amistad que es ronda inacabable de anécdotas y estímulo gregario. Un mundo ideal, marcado por la juvenilia, donde no existe la autocrítica ni el activismo social (ni el paisaje en ruinas de una ciudad que se rehace cada días): sino el intercambio de cds y datos útiles para la noche navegable o el week end» [página 3].

Ay, esos caprichos de la hermenéutica en la que ya no se puede saber qué cosa dicen las palabras.
Triste paradoja en la que no hay más garantía que la simulación de cretinos que padecen anorexia cultural; discursos agoreros que carecen de la mínima y necesaria filiación semiológica; pletórica encarnación del rocstarismo; textos trazados por los dictados del capricho y de la ignorancia supina.
Pura maniobra envolvente de embelesados que creen que la realidad está en su cerebro.
Si algún valor tiene el libelo «Radiante» es el de un abecé para tontainos.


EL REFINADO CANON DE COLABORADORES

Un puñado de ingenuos o bribones (según sea el caso) informan desinformando y hacen públicas sus aflicciones, típicos arribistas y melcocheros del verbo, inflados y editados gracias a las carroñas presupuestívoras (¿porqué necesitan ayuda institucional para escribir o editar ese dominguero fanzín?).
Y es que una revista como «Radiante» no puede alcanzar forma impresa sino es con el canillazo de instituciones de gobierno y con las limosnas empresariales, a pesar de que sus padrotines las jueguen de chicos «underground».
En lugar de considerarse como un medio de difusión deliberadamente literario, de ideas propositivas y de debates interdisciplinarios, «Radiante» es una efusión promiscua de modas musicales, de chismorreos nefastos, de apapachos seudoliterarios y demás pedorreras con las que suelen propagarse y revestirse los postulados del libre comercio y del fetichismo globalizante.
Su calidad literaria es poco menos honrosa que la que tiene una lista del mandado, un memorando de oficina burocrática o una receta de cocina.
Hay cabrones que participan como si deveras se tratara de gente escribidora pero ni siquiera saben echar al ruedo la mínima virtud letrera y que ignoran o sufren la orfandad de las nociones básicas del arte literario y del talento periodístico.
El Rafadro bien pudo haber escogido a cualquiera de las marías que venden chácharas en avenida Revolución para que integraran su equipo colaboradores; las rucas, como escritoras en su libelo, serían más influyentes y de mayor peso literario.
Pero no sucedió así, en lugar de éso el bato optó por incluir y presentar a una bola de suatos, más habituados al plagio melcochero y a la gesticulación verborreica que a la auténtica actividad de un hacedor de artículos literarios, crónicas, ensayos y comentarios periodísticos.
Algunos de ustedes y yo diremos lo que sea, pero otros replicarán que el tipo ha sido justo y «buena onda», pues ha metido a su recua de incondicionales, a paleros mamarriatas y a dos tres encomendados de los que puede obtener algún provecho o solicitarles una balona en un futuro no muy mediato.
Y no hablo por hablar, nótese cómo la pesquisa da la exégesis y la gentileza del compilador reportan la correspectiva comisión, de eso no hay duda.
Vuelvo a repetirlo: «Radiante», por donde lo guachen, es un remedo del blog del Rafadro, únicamente con la salvedad de que en ese menjurje han metido manos y pezuñas más de tres pajeros, mamertos y gilipollas (escritores y periodistas prefieren decir ellos que son).
Pudiera ser también que sólo sea modelo de desaforado intento por conseguir candelabro en nuestro telúrico altar literario; un subterfugio de «corrección política».
De lo que no se duda es de su improbidad intelectual, la que abunda por estos lares fronterizos.
El catálogo ofrece una temática que raya en el desparpajo: anécdotas indigestadas de lo banal, parrafitos verticales que intentan ser poesía, aforismos apresurados, relatos de la música, apuntitos de «cofiteibol-buk», etcé.



LO QUE QUEDÓ DEL RAFADRO

Si acaso el Rafadro, en su momento fue un escritor que escribía —lo que se supone que hoy es literatura— el bato ha devenido en un vulgar publirrelacionista de encuentritos entre parásitos que pretenden ser literatos, de inocuas lecturitas de poesía clasemediera y mal confeccionada, de mesitas redondas que acaban en mariguanizas y pedas (todo eso sufragado a costillas del erario público).
El Rafa, en lugar de encarar la literatura como un ejercicio de inteligencia y de imaginacion, ha sido estrangulado por sus contradicciones e intereses oportunistas que escuda en su discurso de «ideas polivalentes».
Fuera de toda cacayaca que pregone como proyecto cultural, el batillo se conduce con un servilismo en favor del institucioanlismo, jilguerillo que mueve su pandereta para anunciar la cartelera del CECUT, del ICBC y demás elefantes blancos.

De un tiempo acá el bato tan sólo padece un especie de convulsión formal en el ámbito de la cultura; sus propuestas discursivas —si es que algún dia las tuvo— han quedado pajueliadas por la baquetonada y el lumpenaje, y de poco o nada le ha servido ese espíritu de renovación tecnológica conque ostentaba su publicidad, sustrato de su ímpetu pajaronalgonesco.
Va estar cabrón que siga legitimándose chapuceramente como escritor. Claro está que sobran pelafustanes que lo etiqueten todavía bajo el denominador común de hacedor de textos literarios.
Podrá jugarla al magarre aun sin credencial de literato. Al batillo le ha quedado solamente su realidad fantasmal(eso sí, muy acorde con los efectos pragmáticos del culturoso pachanguero, amiguero, además de tibio, pusilánime y consumado militante de la llamada «política del avestruz»).

—Ahora, ¿qué tal unos párrafos de laׂ«Radiante» rafadresca?
—¡No, manito! No la chingues. Ya estuvo bueno.


TURÍSTICO ICONO CLASEMEDIERO Y ZACAZONAPANERO



TURÍSTICO ICONO CLASEMEDIERO Y ZACAZONAPANERO
HUEVOS DE COCHI O NOTAS DE PIE DE PÁGINA


[1] .- En el blog de Julio Martínez (http://aztlan2.blogspot.com/) un ruca emite el siguiente comentario con respecto al trabajo del Rafadro:

«Me again. Sobre Rafa Dro, bien dices, es muy leído, le gusta a mucha raza, yo cuando leí Butten Smiles me recordé enormidades a Charles Bukowski que por aquel entonces era mi escritor preferido y leía tanto su narrativa como su poesía, pero todavía mas narrativa -libros de cuentos-. Aquellos que lo defienden obviamente no conocen a Bukowski, por que si lo conocieran no defenderían a capa y espada a Rafa, incluso el mismo Rafa, ha dicho que dejo de leer a Bukowski porque le gusto tanto tanto que caí en la tentación de imitarlo (algo as, palabras mas palabras menos), yo lo único que le puedo decir es: It was too late, porque si lo hizo, imaginare, yo que fui una bukowskiana de corazón, que me dormía y despertaba leyendo a Henry Chinaski. Incluso coincidió conmigo un periodista peruano, el jefe de redacción del Diario oficial del Perú, El Peruano. Esos tipos te amenazan nada mas porque no tienen mejor cosa que hacer. Ojalá lean a Bukowski para que desmitifiquen a RafaDro, sus ideas no son originales, su estilo menos, desgraciadamente en México, hay pocos artistas que van a la vanguardia del arte, y conste, yo soy tijuanen - 18 -se» [Liliana Camacho, 02.07.06 - 2:58 pm].

La escritora Rabina Gran Tagora, esposa del difunto Jos Louis Borgues, conocida como la mujer barbuda.

[2].- En un artículo titulado «radiante press y su middleman & otros malestares de la Cultura en México», Julio el «Sueco» emite su opinión con relación a este birote rafadriano: «Por eso comprendo en su totalidad al Charkito. Que la fama le llegue a un middleman is not too much pero sí el colmo. • No por echarle mala vibra al Rafadro pero venga, Tijuana is above Rafadro y Tijuana no es Rafadro. Ni Yepéz. Ni Campbell. • Aunque tampoco negamos que el Rafadro le hace justicia al leif motiv tijuanense de ser el middleman de dos culturas o más. • Y es que Radiante Press no es lo que prometió ser. En la compu tengo todos los Radiantes .pdf que quieras y te puntualizo punto por punto lo que es defecto en lo que se dice y lo bueno que no se hace. •Ahora.... • El Rafa es un comunicólogo que tiene quién le defienda por toda la red tijuanense. Dirán mis detractores, pues tú ni vives en Tijuana. No necesito vivir en Tijuana para ser tijuanense, por la gracia de Dios lo soy de nacimiento. • Lo que pasa es que, como dicen los gabachos, el camino al infierno está pavimentado con buenas intenciones. Y Rafadro quiere vender una Tijuana que simplemente no es. Tijuana no es la middleclass que nos quiere hacer creer existe. Rafadro es middleclass y no es que eso sea malo pero tampoco es bueno. La mayoría de sus homies tienen lana y no sufren lo que la mayoría pobre vive. • Es por eso que los caminos a su revista han abierto brechas por todos lados. Son gente con palancas. Mami y papi paga, ¿ves? Y en una frontera como lo es Tijuana la comunicación y el mensaje lo es todo, efímero, pero lo es, se aplican las leyes comerciales de los EEUU. La gente habla bonito de un producto que no tiene mérito y se compra, en este caso, se transmite, like hotcakes on a cold sunday afternoon. • Hay miles de sociedades en el mundo que han dejado que la clase media hable por ellas. Tijuana is not one of them. Aquí hay trabajo por hacer aún y no está hecho by a long shot. No importa how nice la gente de Rafadro te lo pinte. Mientras haiga diablitos por los cables no habrá innocent baby faces como la de Rafadro diciéndonos how great Tijuana is. • Y es que una sociedad, como la es la Cultura mexicana, está en manos de los few. Y así ha sido desde el fraude que es la Revolución Mexicana. Aunque debemos de reconocer el genio de aquel que ingenió monopolizar la Cultura en México. • Aunque así no lo vean, la Cultura en México está monopolizada y por demás fragmentada. Está tan monopolizada que ni el capitalismo le hace mello. • Es por eso que el Rafadro se la pasa anunciando becas here and there cada trimestre o algo así. El Rafadro es parte de ese sistema que anunciando Avant Gard, Rebeldía con copyright, sólo sirve, no para promover cambios, sino para sacar a flote los pensamientos alternos y así poder identificarlos y neutralizarlos al instante. Darles importancia, que los autores mismos buscan, y callar, con las más mínimas voces que se puedan, para que nadie escuche sus mensajes. Clásica victima de este método es Heriberto Yepéz. Han visto como el Yepéz always comes back to Rafadro? Y así se las gastan. • La gente es tan pobre que hasta los artistas son muertos de hambre. Raro es el artista plástico que llega por sí sólo a la cumbre de la grandeza mexicana sin primero tener que cruzar el sol abrasador de los egos de los izquierdistas que controlan la Cultura en México como en el CONACULTA. Primero hay que besar culos left and right para poder llegar a la cima del capitalismo. Alfaguara what not, para poder disfrutar de los halagos del Quinto poder como lo es La Jornada» [Síndrome de Estocolmo, http://aztlan2.blogspot.com/, domingo 5 de febrero de 2006].

Friday, February 23, 2007

CARLOS LÓPEZ DZUR • CUANDO LA METÁFORA ES UN LABERINTO



DANTE Y SU DIVINA CON MEDIAS

Decía un cieguito argentino, a quien los académicos suecos le negaron el premio Nobel, que una metáfora al ser trasladada de una idioma u otro, por capricho o gusto del traductor, corre el riesgo de quedar destruida y volverse, en consecuencia, aquello que no era, una no-metáfora. Del un texto borgiano emerge una definición precisa del concepto de metáfora: «todas las metáforas —sostiene JLB— son la unión de dos cosas distintas». A mí me dijeron algo similar cuando asistía a la escuela secundaria: «metáfora es la comparación en sentido figurado»; y además me enseñaron que un encadenamiento de metáforas da lugar a un lenguaje alegórico, y el ejemplo de eso era el típico párrafo de la Divina Comedia: «En medio del camino de nuestra vida me encontré en una selva oscura….». La anterior alegoría se interpretaba de esta manera: se calculaba que en tiempos de Dante un batillo duraba vivo aproximadamente 70 años, entonces la micha de tal edad eran 35 añucos; la selva oscura equivale al mundo del pecado y la milonguez. Luego el autor de la Comedia señala que tres fieras lo acechan (pasiones que lo asaltan) y estas son: un tigre (la lujuria); un león (la soberbia) y una loba (la codicia). [ 1 ]
Existen metáforas que son indescifrables y sus significados pueden ser ambivalentes o ambiguos. Cuando López de Velarde escribe que al llegar su prima Águeda lo hacia con un “contradictorio prestigio de almidón”, esta metáfora podría interpretarse: a) que es una mujer tiesa; b) que sus vestidos estaban bien planchados; c) que su conducta era estricta. Cuando Tablada escribe: “El loro es solo un gajo de follaje con un poco de sol en la mollera”, el eslabonamiento metafórico puede interpretarse de esta forma: a) que el loro está entre el follaje y le da el sol; b) que un loro entre el follaje puede ser algo poético; c) que en el loro lo importante son los colores. Y para enredar más el hilo, Pellicer escribió esto que seria algo así como un tema de tesis para los escuelantes de letras: “La sandia pintada deprisa, contaba siempre los escandalosos amaneceres de mi señora la aurora”, ¿qué quiso decir aquí Pellicer?




METÁFORAS EN LA OBRA POÉTICA DE LÓPEZ DZUR


La guerra: «Esta fiesta por los muertos».

«Esta fiesta por los muertos
me intimida; porque estoy vivo aún
y con sed de luna y swástica,
y la cruz gamada y el fusil
como espadas se clavaron al pecho».


Memorial Days

Al bato pendejo, para no decirle güey, el poeta Dzur lo llama «penco de alma torpe»:

«¿Por qué me hiciste así,
distinto al penco de alma torpe»

Memorial Days

La piedra angular del marxismo, la lucha de clases, es volcada en la siguiente metáfora:

«Es que somos como perro y gatos
con este pran pran de viejas cuitas
y la noche y el día como bonzos
se benziman, se diazepán
se glucosan,
se suicidan».

En esta guerrilla



PERO LA EXISTENCIA ES LA QUE DICE LA ÚLTIMA PALABRA

Los productos líricos de este esteta peniano contienen la «virtud de la sugestión», es decir que llevan la marca histórica de lo imperecedero, el elemento sine qua non de lo eterno; lo cual indica —así, al chile pinto— que tienen la virtud de la gran poesía; lo cual significa, de acuerdo con Gramsci, en una poesía perrona, que mas que describir, retratar o mimetizar esta encaminada a sugerir siempre cosas nuevas, pero de una forma acentuadamente rabiosa y con vigor.
Y ya que andamos con Gramsci, aprovechare la recta para llegar a una conclusión gramsciana respecto de la poesía del máster Dzur. Lo que, en síntesis, el poeta pepianiano pretende decirnos a través de su épica cibernética son estas mismas palabras escritas por el autor de los «Cuadernos de la cárcel»: «Hasta ahora todos los cambios en los modos de existencia y de vida se han producido por la fuerza bruta de la coacción. La selección o “educación” de los hombres adaptados a nuevas formas de civilización, de producción y de trabajo se ha producido mediante actos increíbles de brutalidad que han relegado a los débiles y a los no conformistas al limbo de los marginados, o los han eliminado por completo».




NOTAS DE PIE DE PÁGINA
[O HÜEVOS DE COCHI]



1.- La Divina Comedia de Dante Alighieri: Preludio del Renacimiento. Dante Alighieri escribe la Divina Comedia entre 1302 - 1321; obra monumental que marca el inicio de la Nueva Era, y representa la unión de tres culturas: clásica, cristiana y europea, fusionando, a la vez, tres tiempos: pasado, presente y porvenir. La obra se encuentra dividida en tres partes: Infierno, Purgatorio y Paraíso. En total, contiene 100 cantos, 33 para cada parte, y uno para introducción. Escrita en tercetos endecasílabos y en lengua toscana. Es una obra maestra que simboliza significado y perfección. El ámbito geográfico de la Divina Comedia se representa con el Universo (sistema de Ptolomeo).
SISTEMA DE PTOLOMEO
La tierra inmóvil = En el centro del Universo.
Esferas Celestes = Giran alrededor.
Los Puntos Cardinales:
Al norte.- (Jerusalén) (sobre el infierno)
Al Sur.- La montaña del Purgatorio
Al Oriente.- El Ganges (en la India)
Al Poniente.- El estrecho de Gibraltar

DESARROLLO DE LA OBRA:
1era. Y 2da. parte se desarrolla en la Tierra; la primera en el abismo (igual a infierno); la segunda en la montaña del purgatorio. La 3era. parte se desarrolla en el Espacio (Paraíso); Dante recorre las esferas celestes hasta llegar a la décima, que equivale al símbolo de la perfección (esfera espacial).
La Divina Comedia es un poema construido a partir de la teología moral que considera al infierno como una integración del realismo y la fantasía, el pasado y el presente, historia y mitología, religión y paganismo; surge la dualidad renacentista, la bifurcación de lo material y lo espiritual, el culto a la virgen y el culto a la mujer, aplicación del ser y el no ser chespiriano.
A partir de dante se marca la apertura hacia el mundo burgués y de exaltación de valores paganos: astucia, poder, ambición, enriquecimiento y concepción o visión del nombre como centro del universo; lo opuesto en oposición a los valores sacrosanta de fe, amor, la fantasía, el honor, etc.


2.- Carlos López Dzur (1 de septiembre de 1955) poeta-narrador y filósofo. Cantonea en el condado de Orange, California. Estudió literatura comparada e historia latinoamericana en la Universidad de Puerto Rico; discípulo de los filósofos Alfred Stern y Martha Nussbaum. Algunos de sus brolis: «El Hombre Extendido», «Cuaderno de Amor a Haití» (ensayos y poemas) y «Tantralia». Su primer libro fue «Sarna de la ira parda» (Editorial QeAser, 1980), (cuentos) «La casa» (1988) (poemas), «El Hombre Extendido», «Simposio de Tlacuilos», novela (Editorial Nuevo Espacio, New Jersey, 2000), «Las máscaras del tabú», novela (Great Unpublished, South Carolina, 2001), «Libro de Anarquistas», «Tantralia», «Heideggerianas», «Libro de la guerra», «Cuentos y leyendas histórico-eróticas», «El ladrón bajo el abrigo», «Manual de filosofía para incrédulos», «Rocío la Tartamuda», novela, «Para matar a los dioses», novela, «Diario de Simón Güeldres», novela. Sus libros más importantes están inéditos en papel, pero se han compartido extensamente en su website y en innumerables revistas electrónicas.
Acerca del máster Dzur dice unos de sus críticos: «Leer sus textos es someterse a una ráfaga de ideas y pasajes mentales contrarios a sí mismos y entre sí, pero consecuentes en la esencia».
Para conocer más de su poesía y obra, métase a su website, donde encontrará: «La Generación del Setenta», «Lope de Aguirre y los paraísos», «Los dioses falsos, «Memorias de la contracultura», poemas, «Comevacas y Tiznaos», ensayo, «Las zonas del carácter», poemas, «Estéticas mostrencas y vitales», poemas, Heideggerianas, Tantralia, poemas, Libro de la Guerra, poemas, «El hombre extendido», etc.

CARLOS LÓPEZ DZUR • UN ESCRITOR CHACALOSO



POETA PEPINIANO O ESTETA CARIBEÑO-CALIFORNIANO

Yo admiro al máster Carlos López Dzur por que es un poeta de altura, rabiosamente lírico, hábil méiker de poesías profundamente filosóficas. La verdad sea dicha, su poesía no es como suele en estos días concebirse: una distracción de la estética, ni genero bárbaro, ni tampoco infantil, para usar una frase del cieguito argentino que le rendía pleitesía al Pinochet.

Poesía razonadora pero tambien imaginativa. López Dzur no pierde su tiempo en temitas pinchis, es decir en mengambreas pueriles e insignificantes. El arte se impone en función de la conciencia. «Hay que montar guardia permanente a las puertas de la sensibilidad para no dar acceso a esos momentos enfermizos cargados de idiotez y para entorpecer el trafico de las cursilerías. Insistir en cultivos mediocres o en la transfusión de glóbulos blancos; hacer injertos burgueses, o acepillar todos en la misma tabla para sacar idénticas virutas es mostrar una esplendida capacidad para dar vueltas a la noria. Nadie puede ya interesarse en un dolor de muelas amoroso, ni en la tristeza prehistórica de los veinte anos, ni en esas calcomanías de paisajes, ni en los acrósticos infames, ni en las andrajosas décimas jíbaras mas pesadas que un paquidermo» [Antonio S. Pedreira, Alarde y expresión, p. 81, 82]. Estas palabras, escritas por en los años 30 del siglo XX, y que provienen de la pluma de don Antonio S. Pedreira, parece que fueron injertadas en la poesía del máster López Dzur; encauzamiento que sin mucha facundia se patentiza a lo largo de toda su chorrométrica producción literaria. Y es que, parafraseando a Benedetti cuando habla de Felisberto Hernández y de su «caballo perdido», el poeta pepiniano tambien se las vive levantándole las polleras a cuanta mengambrea se le aparece; a las cosas, a los temas, a las almas. Poesía como reacción de aquello que le atrae y le repugna.

«Autoritarias cortes
de Trastamaras, Habsburgos y Saboyas
y gentes con voces exquisitas,
que han dicho sin gratitud alguna:
sóis plebeyos, gañanes, mirad al cielo,
esperad en rodillas,
y así olvidamos, como pueblo,
que más vale saber lo que conviene
que hallar belleza intelectual de sabihondos
y cortesanos que escriben en latín
sus idioteces y el hatajo de sus vanidades
en neoclásicas rimas,
o manifiestos babiecas
que dan asco...»


Falseamiento


Si hasta don Máikol de Unamuno hacías sus muinas allá por el año 1900, cuando en una carta que le escribió a Jose Enrique Rodó, renegaba que en gran parte de literatura hecha en América no circulaban ideas, y que predominaba en ella chingadera y media como «abalorios, juguetes chinos y cuentas de cristal». Esto sucede cuando los poetas comen mucho ángel en mal estado, según decía en broma el valiente Roque Dalton, y con quien, dicho sea de paso, nuestro poeta invitado se haya emparentado en versos y actitud. Leamos un poema del rebelde vate salvadoreño como prueba de ello:

«Patria dispersa: caes
como una pastillita de veneno en mis horas.
¿Quién eres tú, poblada de amos,
como la perra que se rasca junto a los mismos árboles
que mea? ¿Quién soportó tus símbolos,
tus gestos de doncella con olor a caoba,
sabiéndote arrasada por la baba del crápula?
¿A quién no tienes harto con tu diminutez?»
Roque Dalton, El alma nacional


ESTRUCTURA Y SUPERESTRUCTURA

Se puede dilucidar sin dificultad alguna el nivel histórico-literario en la poesía de López Dzur, apartándose de la conceptualización estratificadora del funcionalismo sociológico. La literatura como expresión del arte, y este como parte integral de un determinado desarrollo cultural, no puede desvincularse de su base material. Negar este fenómeno seria como negar la difusión ideológica en los circuitos de los medios de comunicación. Hay una dinámica en todos los procesos de formación socioeconómica que incide en el ámbito de la creación artística y en general en las actividades de la vida cultural (pero tampoco esa incidencia equivale a un determinismo de influencia inmediata en el que, por ejemplo, los intereses políticos condicionan de modo directo los hechos históricos).

¡No sé, mi corazón ha dependido del petróleo
lo mismo que este llanto y esta muerte
que me revuelca dentro el Sueño Americano!
Letanías por Osama bin Laden, 5 las cruzadas



Así como el costumbrismo literario es un romanticismo que llegó como viejo enclenque al realismo decimonónico, de esa misma manera el solipsismo es un engendro de la sofistica que no llegó a ser dialéctica. En la poesía de López Dzur encontramos una transfiguración estética de varias filosofías, o mejor dicho variadas concepciones filosóficas, e incluso actitudes mentales de la idiosincrasia popular representadas en su grado ínfimo de cultura. Prevalecen tanto los modos de pensar populacheros de igual forma que el intelectualismo abstracto de origen libresco. Sin embargo esta aparente contradicción es superada y disuelta gracias al sentido histórico-critico de su obra poética. Otro dato: hay ciertos pasajes en la poesía de Dzur que la hacen declinar hacia la alegoría sociológica y política, pero su capacidad creadora logra que se mantenga en su altura expresiva (fuerza y encanto).
En el siguiente poema vemos cómo la temática histórica se asocia y se nutre de contenido emocional, de vigor refulgente. Sugerencia anecdotica como factor básico y unificador de su poesía.
Y viene «Cleopatra», no la ruca sino el poema así bautizado; una exposición emotiva de sucesos que no necesita apoyarse en las muletas del embellecimiento ni de la ornamentación.


Cleopatra


Escribir un poema de amor
que se parezca a ti, imaginar tu vida
sin juzgarte cuando, aquí te han descrito
impúdica, antojadiza, casquivana...
es conectarse a frutos espontáneos de tu ser,
sea cual fuere el delta de tu ser
y más allá del desierto del Sinaí,
olvidar la invasión de Carlomagno
y que has muerto, mordida
por un áspid.

Es hallarte en lecho seco, e irse a los wadis
y rehallarte como riachuelo dulce,
e invadir tu boca con el color del ciruelo
y en restinga de tus besos sumergirse en ti
y saberte fértil, cautivante en algún lecho,
intuitivo del alma que formule juicios
sobre tu ser tan cálido y el miedo de perderte
sin la estructura de tu subjetivismo
y la propuesta de tu vida y tu historia.

Es duro no vivir tu sed de ontología
en el amor de los hombres, duro ver.
tu muerte en amargo despecho,
en soledad que pierde sus caminos.
¿Será Octavio la causa?

Duro es conocerte en los raseros
de la intriga y las costumbres, que eres egipcíaca
pirámide de sol, carne y espíritu.
Ociaré en tus formas de misterio ardiente.
Imaginaré que disfruto tu boca
como Marco Antonio para enamorarse...
(él, quien te dio tres hijos).
¿A quién seducirás, ha fracasado él en Accio?
¿Quién te habría permitido vivir,
más profundamente, que todos ellos?...

Ayer murió, con puñalada por saludo,
a la salida del Senado, el padre de ese niño
que se asoma, él tempranamente
te hizo madre; pero Cleopatra,
él ha muerto y te amaba y mucho te amaba
Marco Antonio y mucho la mar y el áspid.
Sin embargo, otras hienas en Roma festejan.
Contentos y triunfantes están
Címbar y Casca, Casius y Brutus...
Ha muerto tu primer amante blanco,
tu Buitre de Occidente, ¡Julio César!

Cuando estuviste casada según la norma
de los Tolomeos y tu hermano más joven
fue tu esposo, dime mujer, ¿lo amaste?
... porque no amar es guerra y muerte
y no ver el sol ni la brisa ni flotar
en el Nilo como una barcaza, no es
pasión desfogada, redimida, en olas perpetuadas.

A él, que sólo te puso en las sombras,
al hermano que despoja y no muestra ternura
siendo esposo, al marido que te da el parentesco,
¿lo habrías amado más que al invasor extraño?

Se quedó sin reino, por querer ignorarte,
y tu ira lo redujo a nada...
César se lo entregó a tu mano (¿lo mataste?)
y te dio por semilla esa pasión romana
que te ha encendido tras el velo.
De Roma a Alejandría se habla
de tu coraje, Reina osada,
y ya lo sabe Marco Antonio y Octavio:
eres hermosa, inteligente, seductora...

... pero ya es tarde, te quedaste en Egipto
por ella cautivado, Marco Antonio.

CARLOS LÓPEZ DZUR • CUANDO LA VIDA ES UN CHINCUAL



CUANDO LA VIDA ES UN CHINCUAL, UN LABERINTO INMENSO


Carlos López Dzur es un poeta-narrador que no tiene inconveniente alguno en aceptar su condición de escritor impagable, de ahí que su literatura esté a disposición de cualquier voyerista de la palabra; el impulso verbal llega a su destinatario en forma gratuita; permite que el lector acceda a su vitral semántica a cambio de nada, únicamente basta con que sea poseedor del entusiasmo y del gusto por chutarse un bocado, bacanal o taquito de buena literatura.
Mientras unos lectores (borregos del top ten) pagan un guato de lana por un libro estúpido y tedioso, en el caso del máster López Dzur —cuyas convicciones se materializan a la manera leninista de concebir la unidad inseparable entre la teoría y la práxis; y es que asume un actitud herética de desobediencia a los dioses de la mercadotecnia cultural.
López Dzur no unicamente planea vuelos abstractos sino tambien suele aterrizar en lo empírico, pues le arrima chingazos a las costumbres consumistas implantadas por el pragmatismo irracional. Aunque, como lo señalaron los chakas de la escuela de Franfurt, Adorno y Horkheimer, resulta difícil escabullirse del juego consumista, de la engañosa trampa ambivalente y ambigua que hay entre el «ser» y el «tener».
La mayoría de los libros de López Dzur se encuentran disponibles en páginas web, basta con cliquear la directa de su websait para toparnos con su kilométrica producción literaria. Obras que comparte con la perrada son algunas de éstas: «La Generación del Setenta», «Lope de Aguirre y los paraísos», «Los dioses falsos, «Memorias de la contracultura», poemas, «Comevacas y Tiznaos», ensayo, «Las zonas del carácter», poemas, «Estéticas mostrencas y vitales», poemas, «Heideggerianas», «Tantralia», poemas, «Libro de la Guerra», poemas, «El hombre extendido», y etcé.
Recientemente el máster López Dzur acaba de colocar en las páginas electrónicas de su chichi de vidrio su última novela titulada «Berkeley y yo» (http://espanol.geocities.com/baudelaire1998/berkeleyIndex.html).
En nuestras miserias locales la inconveniencia antes señalada no va más allá de una andanada de cacayacas, y hasta el escritorcillo de cuarta fila que ya ha publicado en texto de papel su desabrida palabrería lejos está de transitar libremente —sin el interés de la marmaja— por los conductos de la tripledoblevé.
Escojo en calidad de botón de muestra a dos luminares de la falsa contracultura que gracias al charlatanismo, al chupapollismo y al cuatachismo han contribuido a engrandecer los basureros de papel y a dar de comer a los roedores con sus ramalazos de opacidad literaria que logra establecer comunicación con la pelusa deseosa de leer.
Me refiero concretamente a la India María de la literatura y al Príncipe del pochoñol, dueños de un hermetismo deliberado y de ciertas antinomias manejadas por comodidad han publicado libros que ni siquiera alcanzan el mínimo rango en los estatutos de las mercancías rentables en la industria editorial. Y aun así, no son capaces de subir a la red por lo menos alguna de sus botargas infumables. ¿Porqué lo van a hacer? Eso seria como mentar la soga en la casa del ahorcado.
Estando así el birote, los chavales no pueden ocultar su preocupación por el biyuyu. Pobres cabrones, en teoría desdeñan el orden mercantilista y en la práctica tienden a identificarse con tal sistema de explotación vertical. Y recogiendo el gran listado de figurines de la cultura y letras que describe Rubén A. Arribas en su ensayo «Desobediencia cultural frente a los dioses de la mercadotecnia» vemos cuanta gente se acopla a los engranajes de esa nefasta vendimia que impide que la literatura no llegue a la canalla. Ni son todos pero aquí van algunos: «sesudísimos ensayistas, inextricables filósofos, novelistas de cualquier laya, poetas malditos y de culto, amantísimos del cuento, intelectuales teleidiotas y románticos letraheridos de los medios gráficos, algunos incluso izquierdistas de pelo en pecho, aunque, eso sí, toditos a precios de libre mercado: las putas caras y de pocas páginas de Márquez; la churrería novelística que parece haber montado Paul Auster; los nuevos ensayos de Castoradis, Eco o Bourdieu; también los novísimos libros de Tabucchi, Gore Vidal, Kapuściński o Caetano Veloso; Derrida por aquí y Barthes por allá; también un poco de Lacan, o de Cortázar, quien muerto vende los libros más caros en Alfaguara que cuando presumía de zurdo en Cuba o Nicaragua; o cualquiera de los infames volúmenes póstumos —Guirnalda con amores, sin ir más lejos— que le están editando al también extinto Bioy Casares, quien gracias a la política ratonil y taimada de Emecé se convertirá en un escritor entre mediocre y pésimo. Y uno, que es cándido, pazguatillo y timorato sin remedio, que se compró por 0.50 centavos de peso el suplemento cultural de turno, que tiene un largo haber de libros cerrados antes de la página 50 y que observa cariacontecido que pocas novedades cuestan menos de 30 mangos, se pregunta: ¿vale la pena arriesgarse de nuevo? Con razón los divos de la cultura porteña cobran alrededor de 50 pesos la hora en sus talleres particulares: ¿de dónde financiarse si no la biblioteca? ¿Por qué nadie protesta, ni siquiera los autores que presumen de marxistas, que aceptan el premio Nobel y luego publican en una multinacional? ¿para quién escriben, para ricos burgueses que tienen el poder adquisitivo necesario?, ¿para refinadísimos esnobs y estultos académicos que se creen una suerte de logia masónica de la cultura y que se envanecen sin rubor de ser una caterva de ignorantes ilustrados?, ¿para quién?» [Revista Teína, 8].

TBF: EL CONFORMISMO PEQUEÑOBURGUÉS ANTE LA CULTURA



«TIJUANA BLOGUITA FRONT»
LA ENCARNACION DE LA FRIVOLIDAD Y EL OPORTUNISMO


Concebir el término cultura desde una vertiente ideológica es algo insoportable para la mentalidad del pequeñoburgués; acostumbrado que está a negar o sublimar las contradicciones sociales que marcan el desarrollo histórico. Y actitud tramposa o de ignorancia es el hecho de reducir a categoría simplista un concepto tan polisémico como el de cultura. Para ciertos espíritus, la cultura se comprime en una definición que no va más allá de reglas de cortesía, normas de urbanidad, sapiencia libresca, acervo informativo o modales de buen comportamiento. Y sucede que, cuando algo se pone de moda, es fácil que cualquier cretino oportunista fastidie con estúpidas muletillas a las que le anteponen la palabra «culturaۚ». Y, así, vindicando equis chingadera se comienza a chamullar el término hasta quedar rebajado a cliché de propaganda política marquetera.
Una y otra vez se repiten desaguisados: «cultura de la legalidad», «cultura de la prevención» «cultura de la igualdad de género», «cultura del agua», etcétera. Como si con eso se expurgara la inferioridad intelectual de los cabrones que hacen de la palabra cultura propaganda hueca.



Para el grupúsculo de imberbes culturosos llamado «TIJUANA BLOGUITA FRONT» la cultura no puede concebirse más allá de una premisa que desemboca en el espectáculo y la fanfarronería; el ideal que los motiva a considerarse protagonistas del cacareado movimiento cultural fronterizo (como productores obras de arte o hacedores de literatura) subyace en la perspectiva espuria de «hacerla gacha», de lograr el éxito y ser admirados por la runfla de papanatas que creen que la monda alguna vez fue cuadrada (y que un culo la hizo redonda). Se trata de un apabullado individualismo tendiente a crear una estética sin estética; de lograr que trascienda su patético egocentrismo como medida terapéutica y, además, que su producto mal cocinado tenga precio de mercadería.



Para el «Bloguita Front» el problema de la cultura ya no es una cuestión de elevación, tampoco un fenómeno que merezca debatirse; es un asunto para hacer negocio e insuflar los egos. Y es que para el «Tijuana Bloguita Front» el arte y la cultura se vertebran a partir de lo que dicta la moda, la imitación servil o la inercia mental. Capilla sin asidero ideológico del cual valerse porque su conciencia colectiva fue instruida con la filosofía del «Chavo del Ocho». Para los miembros de esa recua la felicidad está en la jarana, en el efímero y apasionado momento del reventón. Una estética sin estática, pero, además, sin ética; y por encima de cualquier axiología: la banalidad, el oportunismo, la hipocresía ladina, la indiferencia, el moralismo artificioso, la falsa humildad, el silencio y la cobardía. Eso y nada más por encima de todo. Nada vale más que su idealismo mentiroso, que su disimulada moral aburguesada.
En fin, no existen valores que estén por encima de tales estulticias.




IDEALISMO MENTIROSO Y DISIMULADAMENTE CONVENENCIERO


Reitero que en la axiología del «Tijuana Bloguita Front» tiene mas pecunia la frivolidad que todas las muertas de Juárez, la banalidad seguida por la hipocresía ladina; pegada a la indiferencia social, el apoliticismo por conveniencia, la voluntad desviada o inconsciente, la resignación fatal, la inercia mental y el servilismo.
Una elite nada ausente de mediocridad que se siente muy «cul» mezclándose con el lumpenaje y la macuarrotecnia de bajos fondos y que asiste a los salones de baile del populacho tijuanense porque es gente dispuesta a batirse de pecho, nalgas y rodillas en cualquier clase de muladar. Así forjan su sacrificio y simpatía por el pueblo cada fin de semana (porque de lunes a viernes regresan a su redil, mostrándose desdeñosos hacia la perrada vulgar y haciéndole fuchi a todo lo que huela a chanchina pueblerina). Su solidaridad hacia el estamento pobre y jodido de la sociedad no pasa de ser un verbalismo infantil y rastrero. Su esencia es el machacado liberalismo pequeñoburgues, el «quid» de su existencia, el teje y maneje de su individualismo retorcido entre el error y la confusión. Una cofradía de desclasados que no llegan a tocar punto concreto entre la casta dirigente y la canalla popular.



Igual que lo diría la gente parca cuando habla con sentido empíricamente rustico, sin espulgarle pelos a la lengua simple y bajuna: el «TBF» es una bola de cabrones y cabronas que —en su mayor parte y excepcionando a dos que tres de sus miembros— valen pa pura gáver. Grupúsculo almidonado con los sofismas y los oportunismos; escoria de la postmodernidad; residuo antitético expelido de la plutocracia de antaño porque se trata de una elite más bien miserable, prángana que no asume responsabilidades sociales ni se encharca en compromisos de activismo político específicamente empírico, o avezadas acciones que pongan en riesgo su condición de buscadores de carroña institucional, o bien, que les vede la oportunidad de gorrear un churro de mota o una chela en cantinuchas como el «Turístico», el Zacazonapan» o la «Estrella».





LO VERDADERO PARECE PERTENECER A LOS FALSO


Prevalece una idea hueca y fetichizada de la cultura que reposa en la farsa, en los ambages de amañamientos y de maniobras oportunistas para sentar feudos y reales en el mundo de cultura; y me refiero con esto a cositas como lograr la publicación de un libro, acomodarse en un puesto de burócrata cultural y recibir los estipendios que la oligarquía empresarial o política otorga con el rubro de “becas para jóvenes creadores”. Muy a menudo se escogen a perfectos imbéciles o a cínicos charlatanes que son inflados mediáticamente como los baluartes del la cultura fronteriza. Los hechos han mostrado que la corrupción campea a sus anchas por doquier, y la cultura no se haya exenta de complicidades e intereses mezquinos y bastardas. Y en tales artilugios subyacen medios de acción de muchos culturosos, y son base en la que reposan los supuestos «logros», el «roctstarismo» y la «famita» de los principales padrotines del «Tijuana Bloguita Front».
En el «TBF» hay figurones que se precian de ser escritores independientes, underground y contestatarios, pero, realmente, son todo lo contrario. Se presentan y los presentan como si en verdad esos atributos tuvieran. Si así fueran no se habrían servido ni seguirían sirviéndose de la plutocracia institucional que regentea la cultura oficial.

Thursday, February 22, 2007

CARLOS LÓPEZ DZUR • NARRATIVA



LA MEADA

… most people who subscribe to the doctrine of self-sacrifice will be content to leave the discharge of that ‘obligation’ to individual discretion… As long as self-interest («selfishness») is regarded as evil, or at least highly suspect, laissez faire will not be completed… the system of private property is the most important guaranty of freedom: F. A. Hayek

Como tres vecindonas, argüenderas, lavanderas de quinto patio, Tere, Leti y Catherine ventilaron el asunto de la meada a los cuatro vientos. Uno que otro vecino curioso se arrimó a las bardas y encendió las luces de su patio. El último que llegué fui yo. Venía de mi trabajo y soy quien más cerca vive de Tere. La casa donde sucedió el percance. Efectivamente, no por casualidad, entré a reconocer la escena. Conozco a las tres mujeres desde hace cinco años o más.

«Tírame caca de tu calzón, stupid bitch!»

Era Leti, la ex-mujer de un policía.

«So what you’re going to do?»

«Véte a dar tu escándalo al barrio de tus gangs», le contestó la ofendida.

«Arrima tu mierda, ese veneno; carga tu boca de pólvora, cañón de odio. El racismo lo llevas en el chocho», la provocaba.

«Do you follow what I’m saying?»

La agresividad ardía como chavisca en el balcón del lado. Abrí mi portón en el complejo de viviendas, caminé rumbo a mi puerta cuando pude sentir el llanto de una muchacha de 20 años de edad y una niñita, su hija. Ambas se refugiaban en las cercanías de Leti quien, al verme me detuvo, jaló mi brazo derecho y me besó después la mejilla, una confianza que se permitió por costumbre, desde hacía varios años. Al fin llegaba, pensaría ella, su aliado más claro.

«Mami, vámonos», escuché que dijo la niña que ocasionó esta explosión de sentimientos. La madre de la chiquilla también tiene el carácter corajudo de Leti.

«¡Despreocúpese que aquí no volveremos más!», fue lo que la muchacha agregó en mi presencia.

No quise preguntar qué había pasado. Cosas de esas tres o cuatro mujeres. Chismes y enojos. Nada sería que se relacionara conmigo; pero, desde que abrí el portón y presté atención a los detalles y contenido de la escena, supe que el intercambio de insultos y quejas se debió a que a la nietecita de Leti se le negó el uso del baño en la casa de Tere, quien renta una recámara a Catherine.

Esta última es abogada graduada. Trabaja como maestra y, entretanto, estudia para el examen de revalidación de su título. Está ajorada, celosa del silencio y la tranquilidad que demanda esta etapa de su vida que la clava en los libros. Su obsesión se llama el Examen de Leyes.

Planea que, una vez pueda ejercer la abogacía, se fajará con ambición para un cargo electivo en el gobierno. «Before you go on, could I just add something? I have no time to hear stupidities!»

«Hold on! La estupidez fue suya y me molestó».

«Just try to see this from my point of view! Es la primera vez que veo a esa niña ruidosa».

«Blame me! okay, pero no a la niña, ¿qué culpa tiene ella de andarse meando?», decía Leti.

«Just hear me out! I am paying a rent here. This is a piece of private property, no es by no means la escuelita, su casa, the school bathroom neither a public facility nor your home»

«Así como trataste a my nieta te trataron en la infancia, a desprecios y bofetadas, así te proyectas, vieja dejada; no creí que fueras tan de lo peor».

«Olvídese de mi vida privada. Usted no sabe nada», arguyó finalmente, quien suele jactarse de su paciencia: «I keep a cool head in a crisis».

A mi juicio, Catherine es muy opaca, conflictiva y resentida. Se necesita cierta sutileza para ver que no hay tal ‘Cool Head’. No existe. Su perversidad es más intelectual que física. Mas lo que hizo hoy y por lo que Leti rabia, es insensitivo. «I have the legal right to decide so, who is entitled to urinate in my home... You are, of course, entitled to your opinion, pero, come on! ... no a insultarme delante de la gente with your dirty words. If I were other kind of person, I’d go the police».

«I quite agree! I am a professional conciliator. Quiero que vean qué tipo de candidata de mierda es usted, qué clase de abogada y de Republican Latina… una que no es sensible a los derechos de los niños», ripostó Leti.

Si bien, en la casa de Tere, el cuarto de baño es un espacio que ambas mujeres comparten, es cuestión de comprensión y cortesía mínimas, que se entienda que una niñita se está orinando y su familia está de visita en esa casa. Leti no es una extraña. Es una visitante asidua de la casa y una amiga de la dueña.

Tere está en medio del conflicto. Como propietaria de la residencia, dio permiso a la niña a que entrara a la casa y utilizara el baño, sólo que Catherine le cortó el camino al baño y se encolerizó contra aquella veloz, atrabancada chicuela que a puras muecas aguantaba las ganas de orinar y no se decidía a abrir la puerta de lo que parecía el baño.

«¿A dónde vas? ¿Qué buscas?», preguntó Catherine como si interrogara a una raterilla. Su rostro enojado le dio miedo. Entonces la niña partió del corredor del baño a la sala y, sin decir, palabra se disparó hacia la puerta del balcón y, de ahí a la camioneta, donde la esperaba su progenitora, quien había sido teen-mon, y ahora tendría no más de 19.

«Tere, this is no a recreational park or public facility», se asomó a decir. Después Catherine se volvió a su habitación, pese a que Tere la llamó. No hizo caso.

Desde la camioneta, la madre de la chica veló y contó el tiempo suficiente que la pequeña tardara en completar su meada. Con su pantaloncito en la mano, las bragas a la altura de sus rodillas y apretadas al puño, como un animalito frente a un árbol y delante suyo y la camioneta, tras la que se ocultaba, solucionó el problema.

A la madre, le costaba comprenderlo. No se iba a quedar callada ante un atropello. Un acto indigno. «¿Por qué putas no dejaron que mi nena meara en su fucking baño? ¿Por qué le negaron el permiso a orinar?», preguntó en un Spanglish, salpicado de inglés, o en un inglés salpicado de Spanglish, que aprendió de Leti.

Dio tres versiones de su queja. Echaba chispas. Leti se sorprendió de que, casi delante de sus ojos, su amiga Tere haya permitido a una inquilina tal acto de prepotencia.

La nieta se asomaba desde el balcón, con los ojos en llanto y con más vergüenza que miedo.

«Entra y díle cómo tuviste que mear», le pidió la madre.

«¡Tere, Tere, esto que me acaba de hacer esa puta guanga, yo no se lo voy a perdonar!», reaccionó Leti.

«At the end, I have only got myself to blame! What it all boils down to is a need for an extra bathroom!», concluyó Tere.

«No. I think you’re wrong, Tere! Lo que pasa es otra cosa. Es que esa es una vieja racista. Una rata».

«Hablaré con ella!», insistió Tere, porque sabía que las dos eran de armas tomadas.

Por mi parte, antes de encerrarme en mi apartamento, formé un cuadro mental de la contienda: La primera protagonista me simpatiza. Es amistosa. Es quien a veces suaviza, con su sentido del humor y su picardía, las tensas conversaciones a las que Tere me compromete una que otra vez. Catherine y Tere acuden a mí como asesor político, bona fide, confiando en que ofrezca un punto de vista independiente, pero, finalmente, no admiten mi versión. You're too liberal and radical, se quejan.

Leti tiene ojazos tapatíos, pero su boca linda y sensualona no se calla nada. Es la más joven y la única entre esas mujeres que me ha lanzado sus perros con descaro, pese a que tiene marido. «¡Las tres son chismosas! ¡Un desafío a mi discreción!», pienso.

La ofendida tiene una estatura mediana, guandajona, pero todavía es guapilla. Casi siempre amable, servicial y comunicativa, sonríe de oreja a oreja. A menudo pienso que, por poco, los dientes no le caben en la boca. Por necesidad de aceptación sicológica y reconocimiento público, por su origen pobre y acomplejado, Leti funge como líder comunitaria. Es generosa, a su modo. Defiende las causas del oprimido, el indocumentado y los cholitos perseguidos por la policía desde la edad escolar más temprana. Casi siempre apoyo sus causas.

Empero, por irreflexión, muchas veces se ha puesto del lado de criminales y delincuentes. Está obsesionada con la defensa de lo imposible y el desafío de los que considera «the huge regulatory and unfair apparatus», que es el sistema judicial y policíaco. Estudió un grado social en Criminal Justice, suficiente para que se sienta más brillante que Perry Mason.

Ella misma no se olvida que fue cholilla, novia de variosa gang-members, hasta que logró regenerarse de la mala vida en las pandillas. Y casarse con un policía, después de tener dos hijas fuera del matrimonio. La evidencia es su propia hija, quien fue madre a la edad de 13 años.

Para estimular más su enojo con Tere y Catherine e inspirar celos, entró a mi casa, con su hija y su nieta. Me pidió el permiso para lavarse la cara en mi baño. En verdad, se escondía unos minutos porque estaba a riesgo de llorar públicamente. O ante mí.

Por la proximidad de la pared y las puertas abiertas de mi apartamento, me llegó el eco. Mis vecinas discuten. Es la voz autoritaria de Catherine la que se impone. «There’s nothing humane about the welfare state», escuché que dijo. En el exagerado análisis de esta abogada media loca, la necesidad de un lugar donde orinar, cualquiera sea el lugar en que esté la nietecita, no es tu problema, Tere. Catherine ha convertido tal eventualidad en el símbolo «de un beneficio que se demanda a la persona privada» en favor de gente aprovechada, que no tiene sentido de responsabilidad, educación o medida. «Quieren hacer de tu casa a ‘social kingdom’; un Estado Prusiano, sede de los antojos ajenos; hoy es cagar en tu casa; mañana será que prestes el marido. Que alimentes al pobre, al extranjero, and those illegal aliens».

No quise oírla. Cerré mi puerta. Frente a Leti y su familia, tan ávida de chismear sobre Catherine, cosa que desapruebo, ya me atreví a decir que el fanatismo es su debilidad. Ha buscado las raíces del Estado Benefactor que odia, por motivos de politiquería y ambición, en la legislación social del Estado Imperial alemán. Prusia es el hogar-fuente de la moderna burocracia y el servicio civil. «Legislación prusiana ha sido utilizada para corromper nuestra nación». No impugna a Bismarck, en tanto fue un dictador o canciller cojonudo, sino su legislación social del tipo «Papá-Estado».

«Ya sé que es mentira (de Tere) que esa mujercilla pueda ser una maestra cariñosa… Sólo tienes que ver su cara para darte cuenta que está cebada de roñas, prejuicios y mala fe… mira qué hizo a mi nieta, obligarla a que vaya a mear en la calle, como una perrita», me aseguró Leti, ya tranquila y repuesta del quemón.

A veces Catherine echó abajo su propio andamiaje teórico. Le gané mis rounds. He sido, convocado a tertulia por Tere, como el crítico más duro de su posición política y de las bases filosóficas que las sustentan. Ella utiliza a Jefferson y Locke para elaborar una justificación del individualismo y, sobre todo, de the morality of Rational Self-interest.

«Ustedes son los que saben; yo aquí sólo me siento a oír y aprender», declara Tere quien, en realidad, me utiliza para bajarle los humos a esa odiosa. Catherine

«¿De dónde saca esa mujer ese odio? Let me put in another way! ¿Por qué mezcla la política en esa cochinada que es su vida? Ya dije que, como yo, ha tenido sus fracasos con los hombres; pero una sabe de dónde viene éso, vieja frustrada», ahora quien me comenta es Leti.

Catherine se ha propuesto ir por un espacio político en el Republican Party. Exagera las pretensiones retóricas de quienes utilizan las mayorías sin virtudes ni dones de autoesfuerzo como su base. Quiere hacer claro ante la gabachada republicana que ella, aunque latina, es parte del selecto grupo de los anti-altruístas. Ella no es una entre las 'less gifted people'. Hizo una maestría en educación con altos honores. Obtuvo su grado en Leyes. No cree que el deber moral primario en el capitalismo sea el servicio a otros. «Public good isn’t first! Capitalism is the political economy of rational self-interest. Unchosen obligation to look after other is tyranny, and collectivism!»

Tere es otra que salta sobre la misma cuica. Son las voceras de los Republicanos Latinos antes que pretendieran su nuevo estilo de compasivos.

Ahora, como si fuera de su incumbencia saber qué estoy haciendo, Catherine ha telefoneado. «¿Todavía están ahí?» (significa si ellas están en mi casa). «¿Te pidieron el baño, verdad?»… ¿Y qué coños te importa?, pienso que sería la respuesta que pide mi instinto, mas no la verbalizo finalmente.

«Ya no es sólo que la niña se orina, sino que la madre se caga. ¿Te fijas lo que es la gente sin educación, profesor?»

Esa gente es como ‘the interventionist welfare state’, interpretó mi interlocutora. Puta matrera, pienso, cómo jode...

Finalmente, me pidió que le prestara unos libros que vio en mi biblioteca y que pasará por ellos tan pronto vea que las tres arpías salgan de mi casa, ya que estarán aprovechándose «de tu gentileza, siendo yo a radical compassionate, y uno que permito que el Papá Estado siga bendiciéndoles, al estilo de la democracia social europea, «a rather expansive and paternalistic view of the State».

Cuando inició la perorata de que entre los programas de beneficencia, estatales y federales, que deben ser abolidos y desmantelados en su totalidad están: el seguro social, Medicare, MediCaid, los seguros de desempleo y compensación al trabajador, préstamos estudiantiles y subsidios para las escuelas públicas, los subsidios para las artes y humanidades, Earned Income Tax Credit, televisión y radiodifusión pública, la ayuda extranjera, control de rentas, ley de salario mínimo, el sindicalismo compulsorio, subsidios a fincas y negocios… y bla bla blá, le dije: «Escuché suficiente. Voy a colgar. Perdona».

Antes de perder la pista de su voz, añadió a su lista, como su reproche: el que, por el estúpido altruísmo en boga, el prójimo se autorice ‘a cagar y mear en tu casa como si fuese tu obligación o la mía permitirlo’•


Carlos López Dzur / Correo
Email: baudelaire1998@yahoo.com

8-8-1999
De libro en preparación.


http://espanol.geocities.com/baudelaire1998/meada.html





EL DESEO DEL REO

«el deseo de ser, en su abstracta pureza, es la verdad del deseo concreto fundamental, pero no existe en un sentido real… la estructura abstracta y ontológica, el «deseo de ser» difícilmente podría representar la estructura fundamental y humana de la persona, no podría ser un grillete sobre su libertad. La libertad, ciertamente, es estrictamente asimilable a la cancelación del ser».
Jean Paul Sartre

Durante su quinto asesinato, el reo parecía que hipaba como un perro de presa. Tenía a su víctima tendida sobre un charco de sangre, aún viva. Al parecer, utilizaba su ventaja física y el pánico que inspiraba su amenaza de mutilar los genitales a ésta. Paso seguido, él penetraba analmente al sujeto-objeto antes de degollarlo o mutilar su pene. Hoy la tarea fue para largo. No le importó que lo hallaran regocijándose con el paulatino desangramiento de su víctima.

«¡Lo has matado!»

«A él no. El es un objeto; yo sí le dí vida. Viviré para él, la persona que pudo ser».

Volverán a darle calabozo. El Reo está demente. Se alega que es super peligroso. Tiene sus cómplices dentro del penal de alta seguridad. Además, al parecer, mucho cuajo y recursos de parafilia para darse su festín sexual con presos como éste. El violador de niñas fue violado. Habían ofrecido un pago por matarlo. Proveyeron hasta el puñal.

El Reo dijo: «¡Yo lo hago gratis!» Y lo hizo. En el presidio es un héroe.

En quienes ponía su mirada, ejecutaba el ritual del mutilamiento. ¿Quién dijo que el león no es tan fiero como lo pintan? Dedicaba todos sus homicidios a su madre, a quien llamaba La Sumisa y a su hermana menor, a quien nombra casi siempre, en sus delirios, como La Brava.

El sabía que jamás saldría del encierro. Había intentado un par de veces su escapada. «Un día en Michoacán es todo mi deseo; allí es donde cometeré mi último homicidio», decía. «Tan fácil que es que yo deje de matar».

«Nunca saldrás de aquí; pero, peor aún, cada homicidio vicioso aproxima la fecha de tu ejecución y siembra dudas acerca del alegato que propone tu defensa… La idea de ojo por ojo, diente por diente, no es muy simpática, ¿él que te hizo?»

«¡Mataron a un pedófilo y lo violaron!», se decía en la calle. Siempre se enteraba y se alegraba, porque, como meditaba él, en la soledad de la celda, «estoy limpiando el culo del mundo».

Por suerte, El Reo, candidato a la pena capital, halló quien le defendiera. Una ofensa menor lo llevó a la cárcel y, en esta mala escuela, se fue enmaleciendo hasta ser lo que es hoy, el terror del presidio. «Nunca mataría a un inocente. A quien maté, lo supe más cruel e indeseable que yo», tal fue la frase que la prensa citó cuando apeló la convicción de su cuarto crimen.

«Estoy lavando el mundo». Esto será trascender lo dado: la cruel exterioridad.

Mucha gente, dentro y fuera de la cárcel, ha dicho que El Reo es un ángel justiciero. La Fiscalía lo clasificó como sicópata y degenerado sexual. El se describe como un hombre que está hasta el culo de una sociedad de culeros y chupasangres. Dice que lava y barre con escobas de santidad el mugrero social.

«El fue un muchacho bueno. Quiso trabajar duro, como siempre lo hizo. Su deseo fue traer a su hermana a este país, librarla de la esclavitud y la miseria que vivía con su padre», dijo el abogado.

«El es un asesino. Punto», dijo otro que se entiende con su caso. Acaban de quitarle el privilegio de lectura o biblioteca, el único de los servicios de distracción que ha recibido durante los cinco años que lleva preso. El Gobernador ha preguntado por su caso.

Este el quinto preso que muere en sus manos. «Es un mata-presos», dijeron. Los crímenes de El Reo desatan reacciones mixtas. Calcularon que, en cinco años, había ahorrado al Sistema de Prisiones casi $200,000, porque cada reo cuesta al contribuyente, por concepto de la mera manutención y servicios, más de $30,000 al año. «El Reo mata y sodomiza a los provocadores, a los empedernidos, la cáfila más laya que, si regresara a las calles, seguirá con sus delitos y vicios; mas, sin embargo, es la gente que alega su inocencia y apela su libertad a costa del dinero de los contribuyentes».

«¿Quién dijo que yo quiero mi libertad? Aquí he sido muy feliz, en la absoluta interioridad de mí; aquí me enseñaron a leer, aprendí inglés; claro, también aquí aprendí a matar y sobrevivir. Quiero quedarme en el presidio, mi casa; pero antes tengo que matar a mi padre. Matarlo es la culminación de mi Sueño Americano», dijo.

«¿Crees que tu hermana se pueda sentir orgullosa de tí y permitir que lo hagas?», pregunta su abogado.

«Sólo pido que ella me perdone. Si ella lo hace, me habrá perdonado Dios y yo me perdonaré a mí mismo».

«¿Y la sociedad?»

«Si yo pudiera estar a solas con la sociedad, con el culo de este mundo y sus culeros, tendría una orgía. Tendría que patear tantos culos que no me daría abasto ni viviendo por siglos, por la eternidad».

El día antes de partir de Michoacán, de arribar a California, según contó El Reo, vio a su hermana tan pobre, triste hasta los huesos, ofendida hasta el dolor, que quiso traérsela consigo, a pesar del riesgo de la cruzada y los coyotes. «Yo fui cobarde. No tenía deseos de nada. No tenía vida ni ser. ¡Ya es diferente! gracias al presidio. Ahora me sobra el ser. He internalizado no el deseo de objetos, o cosas; quiero la vida de los culeros, quiero la muerte de los que maltratan a los demás; quiero mutilar el que engaña y vaciar el semen de mi ira en el culo de los que seducen. Matar ha llenado mi vida de sentido y de misión».

«No hables así. La Corte juzgó, ya al oírte, que eres un sicópata».

«La Corte es un estadio de culeros».

El primer siquiatra del presidio que se entendió con su caso dijo que El Reo echó por la borda el Sueño Americano. Puso su alma en México, en el pasado de su mala vida y de su culpa lata. No se transformó en un país cuyo lema es transfórmate, parte de cero, from crash.

«¿Qué puede hacer, si no joderse, quien recibe del Imperio el carnet de persona non grata y el trato de bestia de tercera clase?»

Al escuchar la traducción que se le hizo, pidió la palabra en la Corte y manifestó para sorpresa de todos: «Estoy lleno, no de sueños, llenito de deseos. Estoy en vigilia permanente por causa de mis deseos. Eso es lo que yo soy, el colmo y plenitud de los deseos, el ansia de fundar mi propio ser y no recibir pasivamente los mandatos de los que me entorpecen, después de maltratar mis deseos y los de otros, con quienes me identiqué».

Por carecer de documentos, dijo su abogado aquella vez, el coyote, el empleador, el rentero, el parásito de turno, la migra, el policía, la agencia de una y otra cosa, lo puso siempre a raya. Lo robó cuando pudo; finalmente, le quitó su trabajo, coartó su libertad, sus posibilidades. Hizo que TODO, prácticamente todo, él lo fuese posponiendo. Desde aquí, al norte de la frontera, no pudo ser, tan perfectamente noble y bueno, como el muchacho que aguantó los golpes de su padre, sin atreverse a levantar contra él su mano.

Cayó en la cárcel por un delito menor. Un escándalo en la calle con un par de maricas. Seducidos por su energía, su belleza y su virginidad. Su inocencia. Sin embargo, no creyó que nació para vivir entre gente de esa laya. Sólo que nació, en sus palabras, en un mundo de culeros y parásitos que no saben vivir de sus manos; pero que les sobra el descaro. Y los que tienen el poder y el control del mundo, vieron al muchacho, ya resentido. Que sufra solo. No es el problema de la sociedad que carezca de casa. De mujer. De amigos. Le dieron cárcel en vez de echarlo a México de una vez.

Cuando El Reo, así gusta que se le designe, cuenta su historia a los siquiatras del Presidio recuerda que él fue muchacho de rancho. Sabía de siembras y crianzas de animales. Subió sobre burros con ese orgullo sano, ordeñó cabras y aprendió casi todo lo que hay como labores de campo. Trabajar y ser pobre no era un Sueño Americano; era su realidad, su facticidad cotidiana.

Por una u otra cosa, él no fue feliz. No había fundado un ser. Le faltaba el deseo. Entonces, tenía a una madre borrosa, inútil y una hermanita linda, con el color de la tierra y la sangre. Un día, muerta la autora de sus días, tuvo su primera ambición. Irse. Le hablaron del Sueño Americano. De trabajo. De pisca. De ciudades inmensas.

Y se sintió fuerte, porque el campo endurece y él fue el pobre dueño de unos ojos azules y una cara bonita. Y esa verga suya, tal vez ha de ser para una gringa. O para una niña como su media-hermana, tierna, compasiva, bravía…

«¡Marché al norte, carajo! Lo dejé todo. Me marché herido porque mi todo, lo únicamente mío del pasado, fue ella!»

Su padre no supo defender su tierra, la herencia suya y de sus hermanas. De él, la víctima que no pudo asesinar, recuerda que recibía unas palizas que lo dejaban casi moribundo por días; odiarlo fue tarea que se hizo lenta, sujeta al temor constante, sin la venganza dulce. Le habría gustado que las cosas fuesen de otra manera, a fin de no haberse largado.

Dijo que tuvo ocho hermanas. Unas con rasgos morenos, indígenas; otras más blancas, parecidas a él. Se juntaban a veces las 8. Un botín de varón en medio de chancletas. Mucha gente y poco hogar. Ya ni ellas se acuerdan de él ni él de ellas.

A una entre todas las demás, la quiso porque, después de las golpizas de su padre, venía a cuidarlo con un trapo caliente, limpiándole la sangre de las narices y la boca. Además tenía el valor de cuestionar a su madre que permitía que él, su padre, trajera sus putarracas a la casa. Su combo de tahures. Naipes, alcohol, putañeros. «Y tú soportando, tan dejada. Te humillan, mamá. Eres peor que las indias».

El marido la mandaba a dormir a los corrales. Le quitó el trato de esposa, en rigor; la madre de El Reo sería una sierva y cómplice del macho jactancioso y brutal. Un cero a la izquierda. Ella tenía el desparpajo de asegurar a la familia: El león no es tan fiero como lo pintan. Para que no le pegara, como sí hizo él con sus otras mujeres, ella corría a cumplir sus órdenes. Callaba. Hasta que un día supo que él tomaba a la fuerza a las hijas, a veces sodomizándolas, hijas que ella les dio, las más bonitas, hermanas de padre y madre. ¡Que golpe duro! Entonces, calló para siempre porque se quitó la vida.

El Reo no pudo ni enterarse de veras. Fue inocente y bueno todavía.

«Me voy. No quiero ver a nadie. Ninguna me tiene confianza. Odio a mi padre», dijo. Se fue.

Como su única añoranza, después de marcharse, quedó una deuda: abandonar a la medio-hermana, la más pequeña de las ocho mujeres, la que de veras lo quiso. Desde el día que comenzó este sentimiento, este añorar la querencia de su rancho, se fundó el deseo. ¡El deseo sin el que no se tramita el ser! El deseo que mienta la carencia de seidad.

«Sin ser, sin deseo, uno no sabe de miserias. Uno es como una cosa. Como un gato. Como un burro o una gallina».

El viejo (que parecía que sabía más que las culebras) hizo promesas falsas. «Cuando yo muera, no antes, serás el dueño de estas tierras»; le prometió que le buscaría hasta putas para que no tuviese que hacerse sus puñetas a escondidas, porque una vez lo halló en la tarea y se burló. «Ya estás hombre pues», le dijo y ambos se clavaron sus miradas como puñales, ambos desde sus ojos azules.

Al padre de El Reo tres cosas le gustaban: las mujeres, el juego y el alcohol. Uno cosa aborrecía: trabajar y que le sospecharan más pobre que lo es. O había sido. La difunta lo tuvo siempre como un catrín, con ropa limpia y bien planchada, como si con este ejercicio de apariencialismo que le esclavizaba se pudiera recuperar lo que fue el padre suyo, o los abuelos, rancheros de verdad de una cepa hacendataria.

El Reo tuvo que romperse el lomo, junto a unos cuantos peones, para levantar la cosecha de maíz, frijoles y frutos menores. Y el viejo, por cínico, no dio salario a los peones. Sólo la promesa de un pedacito de tierras del rancho.

Muerta la patrona, ya quisieron que se legalizara el convenio. Lo que hallaron, por gestiones propias y por confesión del viejo, fue que el rancho lo había perdido. Fue la consecuencia de su estilo de vida. Sus derroches.

«¡Qué poca madre! No protegíste nada ni para ese pobre muchacho», le dijo su compadre.

Allá, en Michoacán, en lo profundo de las milpas de un rancho, han enterrado al viejo. El Reo no lo sabe, pero la media-hermanita hará cinco años que se quitó la vida. En la prisión, aunque muchas veces él ha pensado en hacerlo, él se guarda en esperanza de su venganza final. ¡Matar a ese viejo cabrón de su padre! Y verla, ver si ella, La Brava, es capaz de llorar sobre el cadáver, como lo haría La Sumis •


Carlos López Dzur / Correo
Email: baudelaire1998@yahoo.com


6-12-2000
De libro en preparación.

http://espanol.geocities.com/baudelaire1998/elreo.html
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LA COLEGUITA

Un compañero de trabajo me presentó a El Coleguita, llamado así porque tenía su mismo oficio, fotógrafo. En ese tiempo, él sería uno de esos apachurrabotones que va, cámara en mano, en ronda por varios desveladeros. Tomará fotografías a las parejas, familias o amigos que se amanecen en los centros de baile, espectáculos o restaurantes, donde festejan sus onomásticos o el gusto por desvelarse juntos.

Por la misma vía, conocí a La Coleguita, hermana del aludido. Ella es todavía estudiante de la Secundaria. Antes de conocerla, por lo general, en vacaciones, fungía como la ayudante de El Coleguita. Ofrecía el servicio de toma de fotos, yendo de mesa en mesa y, si alguien picaba, él completaba la oferta. Al ir de mesa en mesa, labor muy propiamente suya sería exhibirse, modelarse, provocar morbo con su juventud. Solicitaría, con sensualidad, quédense con un recuerdo. Una foto. Había que expresar su sex-appeal en esa frase.

El Coleguita aprendió que, si ella accedía al abrazo de algún importuno, haría negocio. Una que otra vez, alguno sospechó que él la vendía, hasta cierto punto. El te maneja. A él ofrecieron y aún ofrecen suficiente por ella. «Una noche de revolcón y ahí muere». También se le pregunta procazmente: «¿Es vírgen?» Si lo es, pagan el triple.

«El pinche Coleguita ha hecho hasta números», me comentó su amigo.

«Una hermana linda es una minita de oro».

«Tú que la vendes, o prostituyes, y yo que te saco las ingles por la boca. Te parto el alma, Coleguita», le dijo.

Ella es quien mejor ha sabido protegerse de los fornicarios y putañeros, como el mismo Colega. Basta que se sepa bonita y no permita que las cifras de narcos presuntuosos sean un avance mayor a lo que El Coleguita instruyera.

«El que quiera azul celeste que le cueste».

«¡No, él no me vende! Son otras cosas las que me dan miedo», me dijo la muchacha.

Ha aprendido a poner oídos sordos, a evitar discusiones. Con su voz, llena de dulzura, ella desarma a los gandayones. La presión es fuerte. Y yo, que sufro moralmente al comprenderla, me muero por darle sus pujazos. Imagino a otros, con más duros timbales, cómo la desearán… ¡Pobrecita!

El día que yo visité su casa para conocerla, había limpiado la casa, tan inmunda. Sería la primera lección, el primer encuentro con sus padres. La Coleguita pensó que saldría ahuyentado. La pocilga no perdió su olor de años y sería muy deprimente que yo viera a dos cadáveres vivientes. Su padre está afásico, ausente, paralítico; un camión casi lo hizo pedazos. Su madre, sorda, sucia, ya había aprendido a llenarse los ojos con las imágenes de TV y, por manía, la ponía a todo volumen. No quería bañarse. Ni dar un tajo. Prácticamente, no razonaba desde hacía varios años.

«¿Cómo puedes estudiar con ese ruido de la tele?», pregunté.

Salió de la habitación a la sala, bajó el volumen del aparato, pero la madre, sin decir palabra, volvió a hacer que se colara hasta la recámara el ruidajo de la tele otra vez y, sentados en la cama, nos reímos. Las piernas y el ombligo de La Coleguita, su short y camiseta corta, ahora me excitaban más que cuando se fue a la sala y la ví de espaldas. La tela del pantaloncito había sido mordida por la raja de sus nalgas. ¡Qué hermosura! Deseaba que reapariciera por la puerta y la cerrara tras sí, apestillándola.

Cuando regresó, me faltó el valor de subirme sobre ella y comérmela a besos; pero tal pensamiento había revolcado mi adrenalina. Sentía cómo los ojos grandes de La Coleguita evitaban irse lujuriosamente a mi bulto. ¡Ah, carajo! Una bestia es una bestia y se conocerá por el vergajo.

«No puedo».

Tardé en reaccionar a esa respuesta, asociándola al ruido, al ambiente inadecuado para el estudio, a la observación que hice y que motivara que saliera a bajar el volumen al televisor. Un segundo tardó en marcharse, con su pancarta de feromonas y oxitocinas, la idea. Lo pensé: «Niña, tal vez no estudiarémos ahora; pero, desnúdate. Voy a entrar a tí y desvirgarte». Me porté caballerosamente.

De todos modos, por el hedor de la casa, me callé. Mordí mis labios. Imposible que yo decidiera desnudarla sobre su cama en medio de esas paredes mugrosas. Un abanico eléctrico nos quitaba de encima las moscas importunas; pero no los pensamientos cochambrosos. El bulto en mi bragueta me evitaba palabras y, para La Coleguita, se volvió la señal de algo muy evidente. Te gusto.

«Tendremos que estudiar en otro lado. ¿Te importa que la próxima vez sea en mi casa?»

Asintió con la cabeza, cuando sonó el teléfono de su recámara. El amigo avisaba que El Coleguita no vendría esa noche. «Va a quedarse en mi casa», le dijo.

«Otro que terminará como papá por andar en la peda».

Y lloró. «¿Qué pasa?», pregunté.

La acaricié. A poco de llegar, tenía similares deseos. Se fundaron mil dedos con cada mirada. Ahora ella misma me armaba con pretextos. Pasé mi mano derecha por una de sus piernas, de la rótula a su muslo calato a mi vista. Estaba erotizado de pies a cabeza.

¿Quién se negaría a posar con La Coleguita si con su linda voz lo asintiera? ¿Alguno hay que no quiera cercar con su brazo su cintura? O darse un paseo, con las manos en sus muslos, subírsela a la punta de la pinga. Aquí pues combato este desocultamiento de mi psiquis. A menudo, me sorprendo con las urgencias de un adolescente. En el fondo de mi bragueta, me eyaculo.

Ella, por ser una atleta, con el cuerpo esbelto, sano y su piel adorable, conserva su ángel y su ninfa. Su rostro y su cuerpo se complementan y me cautivan. Estoy intelectualizado, con tanta cautela moral, por este barniz que cubre al zorro, al niño lúdico y el ángel desnudo que soy, pero bien que se encimaría sobre esa niña para disfrutarla enteramente. Es vírgen, sí, pero ha de estar llena de candela.

Me he dejado llevar. Beso su mejilla. Paso mi lengua sobre el rastro de sus lágrimas. ¡Es vulnerable! Mi mano sobre su muslo ha sido suficiente estímulo para que me abrace, con mudo discurso / poder, que comunica: ¡Fóllame! Intercambiamos miradas donde se dice claramente que queremos. El silencio nos convocó a besarnos.

Su padre, quien está en el sofá, con la jeta babosa, fue como hoy es El Coleguita: hombre de muchas aventuras. ¡Putañero! Uno que anduvo en la peda y la mota. En complicidad con otro amigo, su hermano organiza que yo me encargue de la muchacha, me tiente como ahora, me enrede con el gozo de seducirla en su propia cama. «Ella hará lo que El Coleguita le pida. El te da campo libre. Cógetela. Llévatela de la Ciudad; pero dále buena vida. Edúcala, házle de amante y de padre».

Este día que describí pudo ser la primera de esas noches. No soy tan gazmoño. Me la dieron servida.

«A mi hermano le puede pasar lo que a él», me dijo ella. Un segundo de su autoreflexión frente a sus progenitores. «Míralo. Nos dejó solos aún sin haberse ido… recuerdo cuando mi jefita sufría de verdad; él le dio mala vida; ya no, ya es solo una lela».

Entramos a su habitación. La más limpia de la casa. Se quitó el uniforme de la escuela y quedó vestida con su pantaloncito blanco de gimnasia y una camisilla muy pegada, tras la cual se insinuaban sus pezoncillos oscuros. Podía verla, ante un espejo, donde se peinaba, mientras reflexionaba sobre su familia.

«Mi hermano se puede cansar e irse. Nos dejará a todos en el hambre. Ultimamente, está rechiflado… Tiene miedo de tí, más miedo que yo. Lo asusta la gente inteligente; pero su amigo le dice, oye no, él no es así… que, en la vida sólo hay 3 verdades, ‘Cristo, el Ché y él’, tú, que eres una linda persona, yo sé que sí…»

Volvimos a sentarnos a la cama. Ahora recogimos los libros, porque este fue un día perdido; la animé a que hablara…

Como desde su sangre, ella adivina lo ardiente de su ancestro, ha navegado hasta mi pecho. Me ha besado. Ha dicho, a lágrima viva, que ella me necesita. Que se entregará a mí. ¿Imaginará que no regresaré? Que será esta lección debut y despedida.

Por causa de su necesidad, ella y su hermano urdieron este gesto, tan permisivo y extraño. Ella está colaborándole y, en complicidad con él, se ha ofrecido tal como es. Humilde, tierna, sincera y hermosa.

Para dar sólo tiene su hermosura. Sabrá su cuento. Conmigo se arriesgará a todo, a equivocarse también.

«Quédate. El no vendrá».

Ha mudado la mano que tengo sobre su muslo al lindo bulto de su vulva. Quiere que palpe sobre la tela la humedad pegajosa. Que pactemos sentimientos. Es un lindo chocho. Carnudo y peludo.

Percibo que me habla con los ojos. Medito, ojalá escuche con esos mismos ojos con que me habla: yo, por mi parte, puedo ser un buen padre, el que ella necesita; puedo ser el varón que, por igual, la disfrute.

El Coleguita tenía razón, piensa ella. «A ese maestrito cabrón vas a gustarle».

«Verás que mañana te llevo a casa... ¡Vivo solo, soy casi un topo!», la consuelo. «Además compraré algo que te guste para que comamos».

Sin la generosidad de El Coleguita, no habría qué comer en su casa. La madre de ambos es casi el epítome de la tontez y el desgaste. Es una mujer enferma, prematuramente asténica y envejecida. El Coleguita dice que ya perdió el contacto con la realidad.

¿De quién dependería esta adolescente? ¡Qué difícil es vivir su dilema! Sicológicamente, depende de la escuela. De maestros que la quieren; por eso, en el Departamento de Educación, enfocaron sus ojos en mí. No dejaran, al menos, que me lance como un lobo a comer de esa niña… El Coleguita y el amigo, ellos sí que están mal.

¿Y económicamente? «¿De quién dependerás? ¿De quién has dependido?», me pregunto. De seguro, de él que cuando necesita el nuevo surtido de pantaletas o calcetines, «doy el chivo y ella va y compra». Bendito el hermano que es así de fiel.

¿Qué él pide a cambio? Lo resumiría: «No dejes morir a la jefita con la mierda encima; no los abandones, pues no tenemos a nadie. Somos mojarras, hermana».

Entiende sus limitaciones y las de su familia. «Ustedes son admirables», les dije.

Inmigrantes indocumentados, viven en vecindario malo y feo, si bien él está ganando su dinero, sus negocios se realizan en lugares, «donde rifa el latino». Se queja de ser un estúpido, intelectualmente una nulidad. No aprendió el inglés. La esperanza es que La Coleguita no deje la escuela. O tenga la protección y el cariño de un mentor.

«Un amigo, como él».

«¿Quién mejor que él: soltero, ciudadano, maestro?»

La mayor virtud de El Coleguita ha sido la lealtad a su hermana. Es por ella que es valiente. Que se ha enfrascado a golpes con quien se atreviera a faltarle el respeto. Saca valor de la Nada o los testículos. «Es una persona muy noble», decía el mutuo amigo animándome a conocerles en verdad y compartir unos tragos juntos algún fin de semana.

«No le saques. ¿No quieres vieja? Bien, no te la cojas. Pero hay que ayudar a La Coleguita… Y a él, porque es quien sufraga los gastos de la familia».

Me dijo que ya La Coleguita no está para gastarse sus veranos de parranda con él. Los viejos ya están muy enfermos. Se zurran en sus ropas. Hay que alimentarlos como a niños. La casa se les está cayendo encima. A la chavita están poniéndole presión en la escuela… Se gestiona una beca para que ingrese en la universidad. Todo está condicionado a que mejore su comprensión de lectura e inglés y apruebe unos cursos álgebra.

«Ella tiene ambiciones. No quiero que sea imbécil como yo. Además es cariñosa, agradecida; te va a querer», me dijo El Coleguita.

«¡No la voy a dejar! Que no seamos novios, no significa que voy a fallarle. Quiero que vaya a la universidad», prometí ante él. «Y descuida, la voy a respetar».

A veces, cuando voy al campus de su escuela, donde enseñé años antes, cotejo su desempeño. La veo en acción como corredora de pista y campo, hábil en el juego de volleyball. Da gusto ir por ella, porque corre a mis brazos, al verme y me impregna su sudor. A sus compañeras, que curiosean si soy su novio, alguna más lista ya ha preguntado por qué no se buscó uno más joven que yo. Quien ha sido maestro sabe que el mundo de los jóvenes está lleno de inquietudes indiscretas, celos y chismes.

Soy yo, ya en este lío, el que aclara cosas. O, sencillamente, callo. El que calla, otorga. Ciertamente, La Coleguita no es mi novia. No se lo he pedido ni pienso hacerlo. Tengo mis razones. Tampoco es mi pareja... A quien no incumba nuestras vidas, que no pregunte. O que se aguante. Por ahora, soy meramente el tutor que su hermano le buscó. Llevo tres semanas ayudándola con sus tareas escolares. Lo haré el tiempo que sea necesario para que cumpla con el progreso académico que ella se ha planteado y con el cual me he comprometido.

He involucrado a los Servicios de Salud del Condado para que me orienten con todo el asunto. Sólo pido la paciencia de ellos; pero están temerosos de su deportación. Al menos, La Coleguita nació en los EE.UU..

Soy joven, soltero, empleado. Ella es diez años menor que yo. Con gusto, la haría mi mujer. Ella es tentadora. Y, en las cuatro paredes de mi casa, yo mando. Sería una experiencia agradable, si todo dependiera de nosotros dos y, sin embargo, el asunto se ha complicado. Entré a esta relación con El Coleguita y su hermana sin saber con qué habría de hallarme. Algunas cosas que antes no fueron tan obvias, ya lo son. El padre criminal de ambos, por ejemplo. ¡Ay, qué expediente de pedas y delitos! Si lo investigan todo se vendrá abajo.

Luego El Coleguita... Es impaciente, encajoso. Si me acuesto con su hermana, que es el mejor de los salarios, no podré esquivar jamás su chantaje. Confieso que él no acabó de agradarme.

Este tenía pinta de maricón; percibí su ñoñez y dicción casi femenina antes de que su otro amigo le imitara; es un chispo de hombre. De baja estatura; empero, tiene el coraje de diez hombres de mayor talla. Un día defendió la casa de su pobre familia. Echó un par de buenas puñaladas. Se ganó el respeto de las pandillas en su barrio.

Aún con su cara de pendejo, su piel más morena que blanca, el aludido baila muy bien. No pierde la alegría. Con él, se forma el vacilón. Se folla en la esquina; cinga en su auto. Me dijeron que él bebía con cautela; pero ya no lo creo.

«¡Este chaparrito que ves es más cabrón que bonito!»,me dijo su amigo.

«¡Maestro! ¿Cómo va lo de mi hermana? ¿Está cumpliendo?», me preguntó El Coleguita.

«¡Aprende hablar, Coleguita! Se dice: ¿Está haciendo mi hermanita algún progreso académico?», aclaró mi amigo.

«Si se empatan, déjaselo en privacidad… Que no haya prisa, que no haya prisa, profesor», dijo finalmente dirigiéndose a mí con socarronería.

Ambos, El Coleguita y él, todavía cargan un bolso lleno de cámaras, lentes de distintos tipos y tamaños, rollos de películas, flashes y, en fin, daban la impresión de ser unos profesionales experimentados. Sé que se prestan uno al otro su equipo; puede que no haya sido tanto el camerío, pero, en común, tenían la manía presuntuosa de cargarse como burros, colgándose al hombro el bolso con aparatos, lo que me parecía innecesario y estúpido.

Siempre merodean cerca de periódicos y revistas en español, cuando no, en congales concurridos. Seres noctívagos, ambos se desvelan (El Coleguita casi a diario), hecho que lo expone a peligros; ambos son estudiantes brillantes en la materia de sobrevivir y darse a respetar.

Carlos López Dzur / Correo
Email: baudelaire1998@yahoo.com


7-12-1983
De libro en preparación.

http://espanol.geocities.com/baudelaire1998/coleguita.html


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FULANO DE TAL


«The writer in me distrusts the good citizen, the intellectual ambassasor, the human right activist, those roles as I am committed to them. The writer is more skeptical, more self-doubting, than the persona who tries to do (and to support the right thing)».
Susan Sontang


Nunca se le preguntó al poeta / escritor si él militaba en el partido triunfante. Se sabía que tenía derecho al voto y que era ciudadano con documentos válidos. Su expediente policíaco confirmó que jamás, en veinticinco años de estancia en la Ciudad, había matado ni una mosca. No había violado un mosquito. Jamás se había escupido en las calles ni mirado de reojo. Anticipó una sonrisa a sus pasos por cada rumbo que anduvo.

Este escritor es callado. No es presuntuoso. Al parecer, él no tiene ínfulas de nada. No es activista ni leguleyo. No se recuerda una fotografía suya en los periódicos. De hecho, aunque existe, parece que se lo tragó el anonimato de la Ciudad. No hay indicios de fuga si no se le persigue, o se sospecha acerca de él alguna cosa.

Si se sabe que no siempre se viste con traje y gabardina. Cualquiera que uno tope entre la gente puede ser él y, si por accidente, lo chocas, da disculpas, se marcha y dejas de saberle: «¿Sospecharías con quién topaste, tan bruscamente?» Con el escritor Fulano de Tal».

Aseguran que bebe poco. Come menos y fuma de vez en cuando. Vive rodeado de libros (sólo que pocos lo saben). A su casa, después del fallecimiento de su esposa, no la visita nadie, sea hembra o varón. A fiestas no va en Navidad y si va será después de sonsacarlo con la excusa de que un enfermo, casi difunto, pregunta por él. Desea verlo y despedirse.

Todos, todos los que lo conocen, lo tildan de señor, don Fulano de Tal, pero con convicción, aunque él es un empleado de mediana paga. Habla inglés, español (por eso supieron lo que no imaginaban, Fulano de Tal es latino, cubano o puertorriqueño). Caribeño. But a white one. Cuando el Alcalde dialogaba en francés, por presumir no sé de qué ante no sé quienes, en los pasillos de la Sala del Cabildo, se escuchó que el escritor Fulano de Tal también conocía del tema; el Alcalde lo sorprendió cuando recitaba de memoria a Charles Baudelaire y otros textos de los poetas malditos y, así educaba a unos gringos, en la afición de los latinoamericanos cultos en la literatura francesa... Ahora, gracias a él, se comenta que hay círculo tal como la Alianza Francesa y el Condado quedó bien ante tal comunidad, gracias a un desconocido como Fulano de Tal.

Algo especial, común a él, tiene ese Fulano de Tal, pensó el Alcalde y se escabulló para ir y conocerlo. Il me rappelle un ami à moi… Cela va de soi: il y a dix ans, no vio alguien de su gusto, alguien con quien pueda él ir y presumir su francés. Viajes a Europa y afines. Il se débrouille bien en français?

Si je me souviens bien, et ceci n’ entrait pas dans mes calculs, ¿eres Fulano de Tal?

«¿Cómo es éso? ¿Aún no tienes el gusto de conocer a Fulano de Tal?», dijeron al Alcalde.

Mientras tanto, uno que otro que se aupó, con la pretensión de que muy de cierto sabía sobre él. Alegó sobre lo que para sí el Fulano de Tal representaba: ante todo, humildad, disciplina, virtudes cívicas y cosmopolitismo.

«El es un tesoro desconocido de la Ciudad».

Varias semanas después del mentado incidente, por coincidencia, se festejaría el Mes Nacional de la Herencia Hispánica y se le ocurrió al mismísimo Alcalde, aprovechando la ocasión, enviar una carta de reconocimiento a maestro de escuelas que conociera: «Quiero que seas reconocido; tendremos que hacer algo contigo»; pero, antes de que se nominara su nombre, advirtió en la carta que se reuniría una serie de datos y testimonios en torno a él, Fulano de Tal.

Se consiguió para una junta evaluadora, a petición de la Junta de Supervisores del Condado y la Oficina de Distrito de la Congresista, libros de este autor, artículos que se le hayan dedicado, testimonios de sus admiradores. Etapa previa de examen ya que se imprimirían unas Proclamaciones en honor a Fulano de Tal.

Entonces, se proveyeron unos 20 libros. Fulano de Tal, pese a no ser tan viejo, es prolífico. Tiene un doctorado; ha sido becario en institutos. «Esto es impresionante. ¿Cómo no supimos antes? ¿Será demócrata? ¿Será republicano? ¿Quién es este vecino ilustre?»

Una voz alarmó de pronto a la tranquila junta evaluadora. Un exdirector escolar que se disculpó por haber llegado tarde a la reunión: «¿Llaman vecino ilustre a Fulano de Tal? ¡Pues yo lo conozco! Estudié con él. Lo conozco como a la palma de mi mano».

Al cabo de unos días, antes de la noche programada para la entrega de las proclamas y el día de honores a Fulano de Tal como Latino Distinguido de la Ciudad, se produjo un veredicto. No se enviará la invitación oficial a Fulano de Tal. No subirá al podio del homenaje.

Fulano de Tal no es lo que parece. Cuando vivió en España militó en un partido marxista. Al menos, un 50% de su obra literaria, artículos en la prensa de izquierda, tienen un contenido anti-estadounidense. La base de su pacifismo es el anarcosocialismo.

He is such liberal-leftist proxy!

Fulano de Tal ni siquiera se preparó para ir esa noche al homenaje. Lo llamó el Alcalde para mentir diciendo que no habría ceremonia. El acto había sido suspendido.

«¿Sobre qué escribe usted? ¿En aquella ocasión que fue lo que me dijo?», preguntó el Alcalde para sacar una palabra de la boca del Fulano de Tal, quien supo su causa perdida desde que un día antes, por envidia, fue un viejo conocido a su casa a chantajearlo. Fue quien dijo conocerlo como a la palma de sus manos.

«Escribo lo que es imprescindible», contestó Fulano de Tal y colgó el teléfono del Alcalde.


Carlos López Dzur / Correo
Email: baudelaire1998@yahoo.com

6-3-2001
De libro en preparación.

http://espanol.geocities.com/baudelaire1998/fulano.html

CARLOS LÓPEZ DZUR • POESÍA

1-5-1995 | Tijuana, dolor de parto

Los 69



Sesenta y nueve de cada cien mil jóvenes
de San Francisco han rezado por sus vidas.
Visitó el templo de sus cuerpos
como alma predecible y diminuta
una bala, utensilio sacro de la hombría
y el santo mal de la bronca, el lucro
despiadado que no se rinde al progreso,
sin en rap de la muerte o el golpazo.


Es que sin pistola no hay bautizo citadino.
Es que sin revólver o cuchillo
no se dice soy sabio en la búsqueda
del pan y el beneficio.
En esta tierra de ilusiones y complejos
hay que tener estilo y tronar,
ah que no, pistolita?
y ser joven es sólo anticiparse a la ocasión
de consagrar la ostia y desangrar el aliento.


Bendita sea la calle
desde la sala de emergencia,
aquí que se ve el Cielo
desde una cama, tendido,
con el vino del suero
en las venas o en los labios.


Aquí se aprende a rezar
y a despedirse y se observa el dolor
del tamaño de la Santa Bala
que se jala con pinzas y escalpelos.

Diciembre 1995

La mala semilla

Deslumbradas, pobres chavas de Piaxtla...


... deslumbrada, una que otra, ya quiere
darse a él, con prueba de amor y todo,
la cola le manea, en patitas se trinca
y él la tontea, promete a mares,
presume
y al fin la tiene.


El es broncudo, mañoso
y su bigote negro la encandila
y con botas y pulseras la apantalla...


Este sí que trajo camioneta
y chamarra de cuero
y pantalón de mezclilla
y esclavota de plata
(¡ay, pero que no sepa, trajo SIDA!)


Oro perdido
El futuro es de ellos, los jóvenes;
por eso los ranchos
como a dioses los recibe,
los espera con amor la ruralía...
... a estos chaparros que se fueron,
a estos héroes que, vencieron la muerte,
tendida en cruces y coyotaje en los cerros...
como miel de las ferias se les nombra.


En los palenques son cumbiangos
y gallones y las chavas les buscan
como al oro perdido y la esperanza
y por el Santo Patrón y el Niño Cristo,
son flor y venero de los patrios días.


Y la esposa lo sabe y la madre y la hija
y les gusta escucharlos
porque bien que se jactan
(deslumbradores, deslumbradas)
... que Tío Sam les hace los mandados
y que al Norte, vencida la cruzada
y el riesgo del coyote, lo han metido en cintura
(¡ay son chingones, pero ya tienen SIDA).



*

El nuevo visitante
Basta saber que al bracero
que cumple con el jale
se le paga en dólares, señores,
y si vence la nostalgia
tiene para el regreso y cumplir sus sueñazos
como el Rey del Tomate
(¡ay, pero que no se sepa que hay noches
parranderas con los jotos y las hembras
de los bares, y una semilla mala
que se mete en la sangre...
ay, que no sepa, del SIDA de la muerte,
el nuevo visitante de las ruralías!)



3-11-1992 |
El hombre extendido


El oficio
Yo nací con pala y oberol
y las manos rudas me las dio
mi padre por herencia.


El me enseñó a soñar que edifico
una casa, que forjo una muralla
y tiendo caminos.
Entramo al pastizal con las varillas.
Desde chico, aferro mi vigor
al gran cepillo y al cedazo y sé secretos
del cemento, cargo fardos de cal
y en arena los vierto.


Soy uno de los sabios del hormigón armado
y, por hormonas, tengo una pizca de sílice
y sudor en mi frente y el color del sol que arde
y hábitos de madrugar a las 5:00
y ver un poco de estrellas
con mis ojos y al aroma del café
sorprenderlo, temprano, antes de irme...
con mi padre a mi lado.


Joven desempleado
En días como éstos, sin trabajo,
ya nadie nos cita, ni a él
ni a mis hermanos.


Sin oficio de subir por andamios,
vienen otros, ráfagas noveleras,
sin mi sabiduría de zorro de la arena,
sin mis artes de amarrar el acero.

Otros que no trepan escaleras
ni levantan paredes ni encofran en madera
la sustancia que estructura
su invención a los aires,
su esqueleto a los vientos son los intrusos.


Otros que no zanjan su diseño de piedra,
raiz de los cimientos
y que, aún con pálida piel, son viciosos,
lamen el cansancio, están cebados de lentos pasos,
débiles en aliento.
Vienen y decretan mi vergüenza, yo soy el torpe
y desafortunado, el joven sin futuro,
el sujetos de escarnio.


Menosprecio


¡Están vestidos de solvencia y ropa nueva
y no saben lo que sé,
que yo produzco el ladrillo y mido los espacios,
que una casa construyo para el pobre
lo mismo que las grandes obras públicas
del pueblo o el burgués extranjero.


Tengo un arte imprescindible y necesario.
Dialogo sobre techos o bajo a subterráneos
y subo por peldaños de viviendas y mansiones
y sé secretos del puente y del empañetado...


... llegan, empero,
cuando estoy con las manos caídas,
inútilmente quieto, sin tareas,
sin cine, sin domingo, enzorrado
y me quitan la novia y el orgullo...
y estoy triste por eso, sin poder evitarlo
y quiero irme a no sé dónde
y no verlos
ni escucharlos.



12-3-1988 |
El hombre extendido



La basura

Esta basura que recorre la calle
con más prisa que yo
es una angustia que apenas descubre
su desquite, una voz que busca
un tarro en el cual enterrar
su ser sangrante y finito
y cerrar sus silencios y ganar el olvido,
cadáver insepulto que aún conserva
sus hábitos mezquinos de amargura,
su instinto de invalidez y acoso,
su agresión inacertada
contra no sabe quién.


La basura es un cadáver que sigue
estúpidamente su camino.
A veces cuando llega y se encara
con la plaza, escupe y tira el odio,
su afana en ser el despojo del tedio
y se torna como defensa navajera,
chicle y flema, excedente y capricho...


Cuando más sedienta la peatonada está
(no sé bien de qué horizontes)
tira la Cocacola, el utensilio, el vaso
(su refresco, la fiesta del gaznate),
todo, en esencia, es la nostalgia
sin dulzura, todo se esputa y se derrama.


Un malogrado fruto del añoro
es desperdicio, sed que nunca se sacia.
En las calles, el agua pura y cristalina
se mató en un zanjón lleno de cieno.


Ahí va sobre la calle, me dijeron,
mi cigarro, Alas de una humareda
apresurada, el fastidio, el estrés
cotidiano de los días, ahí va todo
con el moco y la tos de los enfermos.

Todo se tira con la bolsa del mercado,
todo lo que no se quiere
y se está obligado a consumir
con el tácito desprecio del salario.


Ahí va, echada al rodil de los pasos
y al rabillo de los ojos, el ritual
de las necesidades y el consumo,
su torpe monumento de basura
y es como el odio que tira su envoltura
y se echa a un lado y el cadáver avanza
y sigue por orillas con su fea presencia...



DOSSIER completo en MAR CON SED

Saturday, January 13, 2007

TRAVESTISMO LITERARIO O EL CUACO POÉTICO DE LA SÁRAH BRUELLE


CUANDO SALÍ DE LA VAGINA ME ATRAPÓ LA LUZ DEL FEMINISMO
El caporal de la editorial «Cuadernos Panochín», el Gilberto Licona (o Locona), aunque todavía sigue ensimismado en sus trece, practicando la ginecocracia, ahora se ha descapotado con ciertas variedades y modulaciones. Y es que, como ya se sabe, el men da preponderancia exclusiva a textos [¿poéticos?] de madmuaselas y miembras de su capilla tertulera que al vaporazo se han convertido en poetas [máquinas paridoras de chilpayates que ahora buscan las cosas eternas, invisibles e impalpables, triturando palabrería sentimental].
Pero el Licona, partidario de enjundiar a las fabricantes de motores para triciclos, también es proclive a comulgar los credos de «la operación jarocha» en el ámbito de la poesía, o sea en el renglón especifico de la llamada «literatura transgenérica».

—«Operación jarocha». ¿Cuál es ésa, bato?
—¿Apoco no sabes, morro? La que te hacen cuando te mochan el pito te ponen panocha.
—O sea, la misma que la «operación maya»
—¡Ah, cabrón! ¿Cuál es ésa?
—Cuando te tumban la gáver y te hacen la raya.
uando te tumban la gáver y te hacen la raya.


El batillo es un damo que se seca el sudor con una toalla sanitaria que —guiado por una política antimachín— privilegia en sus libritos y cuadernitos a pura melindrosa panocha y excomulgando a los talegudos de su quimérico microuniverso publicitario. Se rumora en el bajo mundo de la culturosada que se descolla justificaciones como éstas:

—Mira, güey, soplar y sorber no pueden a un mismo tiempo ser. Y ante la disyuntiva de escoger pitos o panochas, pues le doy prioridad a ese varón castrado y quejumbroso de su relegado protagonismo histórico.

Por tanto, la jémur, la pucha, la pepa, la concha, es el leitmotiv de su empresa. Sobredosis de menstruación evacuada por madrastras virtuales.

—Pero el batillo ya incluyó en su libreto a bichoras desmontables.
—¿Cómo está eso?
—Pues el padrotín de la capilla «Existir» sacó a luz pública el trabajo de una rucaila que, paradójicamente, no es una fémina.


LA SARAH BRUELLE: UNA DAMISELA SIN TARÁNTULA

Se trata de una poeta [que, a decir verdad, es un poeto] y —según San Lucas— empalma su calaca en el tostón de añales. Esta señora [mejor dicho, señor]Sárah Bruelle, de haber sido mujer de a devis, hubiera sido mucha yegua pal cenáculo liconesco. Qué gacho. No es una libertina con faldas sino un damiselo que suscribe piezas letreras con intensidad lírica y con penetrante sensibilidad poética. No es una heroína semántica, más bien es un güey que se conduce y se presenta como la agraciada número nueve de los «Cuadernos Existir» . Autora —o autor— del poemario titulado «Acaballomóntame» (febrero de 2004) y que arriba a escena culturosa ofreciéndonos un manojo de 43 poemas.
Sárah Bruelle es la manola elegida [en realidad, un chiludo], supuesta "seguidora de Virginia Woolf, Simone de Beauvoir". Y según berrea su presentador(a) —Abyss Borboa— (se ha dicho que éste güey es el autor del poemario), la Sarita [o el Sarito] "es poeta de un nuevo feminismo que concilia los sexos..." (y blablablá).

—Bueno, pero dejemos las mamelucadas y entremos a la materia.

De acuerdo con los datos que consigna la contraportada del libelo liconiano, la poeta del "nuevo feminismo", o sea Sárah Bruelle, "nació en la ciudad de Tijuana, B.C. el 6 de junio de 1957. Es hija de padres exiliados argentinos." [¿Para que tanto regodeo y pleonasmo? Decir que es hija de "padres" es obviar lo obvio; y ¿si sus progenitores fueran gachupas o guajacos qué?; además, ¿porqué también se nalguea el asunto que sus engendradores son "exiliados"?; y ¿si fueran narcos, malandros o chalinillos, también se aludiría?].
Pero continuemos: "Estudio la normal para maestros en la ciudad de Mexicali, B.C." [Creo que el negro, responsable de la notita biográfica, quiso decir que la ruca estudió en la escuela normal para maestros], "obteniendo su título como maestra de educación primaria en 1980. Sin lograr la plaza" [¿Sésamo?] "como maestra, emigró a" [los] "Estados Unidos, donde contrajo matrimonio" [¿con un pocho, gabacho o sudaca?]. "Actualmente reside en la ciudad de San Francisco e imparte clases particulares del idioma español" [hoy travestido en pochoñol].


POTENCIALIDADES DEL SIGNO DE LA BESTIA: ELLA ES ÉL

Los textos de don Sárah Bruelle están cargados de erotismo, vitalidad y de corazones ajados en la desolación, en las relaciones de amor que aprisiona el tabú, el prejuicio y la nostalgia machista y dominadora. La ruca, de un modo poético va reconstruyendo su experiencia con una conciencia ampliada en lecturas, necesidades materiales y cotidianas, propias y exclusivas de una mujer. Casi logra hablar con el lenguaje instituido y a la vez espontáneo de una madmuasela. Pero ella es él. Sabe bien, entiende —pero no experimenta— las cualidades concretas y extensivas del lenguaje y conoce las leyes inmutables que rigen la poesía, pero como huevón y no como ruca. No se condiciona a restringir las potencialidades del signo, la imagen, el símbolo y demás elementos de la preceptiva.
Su poesía tiene poder vital de encantamiento; lo abstracto se trasmuta hacia el plano físico, visceral. Poesía con gracia y magia para enganchar sicológicamente al agente receptor. Vitalidad erótica reflejada en sus textos y el efecto es tal que hasta surge la inquietud lúbrica; un deseo casi incontenible de practicar el coito; tentativa salaz atribuida a versos como estos:

El príncipe no dijo nada;
me tomó a la fuerza
desnudó mi cuerpo,
me abrió las piernas
y entre mi llanto y su sonrisa
me penetró sereno
una y otra vez.

Cuento de hadas usadas, p. 45


ANHELO SENTIR QUE YA NO TE [LA M] AMO

El fragmento que a continuación transcribo, de profunda vehemencia, tormentosa y sensitiva, vale como un poema completo. Ahí, la esteta (o el travesaño que se finge ruca) sintetiza con mesura y claridad el vertiginoso deseo de amar y, a la vez, rechazar ese sentimiento sublimador de los instintos bestiales. Es preferible vivir en desamor ante un anhelo inalcanzable. El título de la pieza lírica lo dice todo: Habría querido no haber querido.

Mientras aguardo mi deseo
quisiera por ti no sentir nada
para no doler el día, la noche.
Para poder dormir, respirar
sin saber que te robo espacio.
Prefiero mil veces irme lejos aunque no pueda,
quedarme aunque no deba,
seguir no estando contigo.
Tengo que forzar a mi mano para que no te toque
y a mi cuerpo para que no te desee dentro o fuera de mí.
Anhelo sentir que ya no te amo
Mientras aguardo mi deseo quisiera...
haberte amado nunca.



EL LENGUAJE CORPORAL

Las sensaciones eróticas que hallamos en el poemario de Bruelle son tan peculiares, que las locuciones rondan con maestría y belleza encantadoras, la unidad lírica tocante al hecho carnal se va tejiendo finamente. Imágenes finas y luminosas en las lo humano aparece, por gracia del amor o el desamor, en dúo o triángulo, siempre encarnado por el dios Eros.
El clima erótico empieza a surgir en los poemas como una religión o ideología. La poeta poeto lo menos que puede hacer con su lenguaje es santificar los placeres de la carne, y pareciera que dicho lenguaje intenta ser más que espiritual, corporal.
En «Amor iluso» (p. 30), este paganismo, de marcada influencia rubendariana y alfonsinastorniana, es evocado con un intenso deseo de materializar el sentimentalismo amoroso, donde el signo abstracto importa menos que el cuerpo.

Para decirte que te quiero
no necesito palabras
necesitas mi cuerpo:
mis pechos, mis caderas,
mi vientre,
mi sexo.
La palabra se la lleva el viento
mi cuerpo te lo llevas tú;
el lenguaje corporal
es mi deseo inscrito en tu lengua
tu pasión penetrada en mí.
El amor,
el que te hago
y el que me haces
nos dice
palabras no escritas.
Que te quiero está en mi cuerpo
que te amo... es una ilusión.


Lastima que se trata de una relación candente entre un lencho y su mayate. Y enseguida les digo porqué.


EL FUROR UTERINO HECHO POESÍA

Un albañil que leyó el poemario de Bruelle, me dijo que esa obrita es el producto de una mente calenturienta y que sino fuera por la insistente cogedera que sopesan los versos, el minilibraco estaría destinado al fracaso. El juicio emitido por el patablanca me pareció un poco absurdo. Quise cerciorarme si, en efecto, la poesía de la ruca periclitaba en romerías sexuales. Y la neta, el pergeño del bato no andaba errado: la ruca, aunque no es una tragaespadas como el pedófilo de Gingsberg [*], es una chacalona, ya que en su concepción estética prevalece el deseo y la carne, es decir el erotismo activo que se antepone al misticismo, negando toda subordinación al espíritu. Para ella, existe un factor primigenio que mueve al mundo, y es el sexo.
Sárah comparte la misma idea de Walt Whitman: el espíritu no es superior a la carne.
Por eso el macuarro que leyó sus poemas afirmó tajantemente:

—¡Oiga, patrón, la ruca esta, en sus poemas, nomás anda procurando el toletazo y soltándole las nalgas a medio mundo, y, aparte de todo, la ñorsa no cobra, paga pa que se la fleten!
Guache lo que escribe
:

[...] no vendo mi cuerpo,
yo lo regalo, lo ofrezco, lo exhibo
cuando tengo ganas de sentir
la rigidez erguida del hombre
encontrándome el sexo,
o cuando deseo la pasión caliente
de mi culo cuando lo tocas, lo besas,
lo devoras.
[...] y busco en cada hombre algo diferente,
algo que cambie mis noches y mis días
porque soy sexo a cualquier hora.
[...] el amor es como yo
mujer de todos, a todas horas y no en silencio.
[...] no soy esclava.
No quiero tu casa, tu dinero, tu carro,
quiero tu cuerpo, tus manos, tu pene.
Te compro a ti.
No me vendo, me doy, me ofrezco,
te pago porque me hagas el amor
cuando yo quiera, cuando yo necesite.
Y cuando ya no funciones compro otro.
¿Te vendes?
Te compro...
Te compro una vida, p. 13


—Bato —le dije al maistrín—, es literatura, ficción, creación imaginativa; o sea mentira que se convierte en verdad y viceversa.
—¿Qué es viceversa, patrón?
—Al revés volteado, men. A lo mejor, la ruca no es como dice que es y solamente fantasea queriendo ser como no es. ¿Tú crees que la ñora sea como una Magdalena, una adicta del sexo, viciosa de la gáver, una tumbamaridos.
—Entonces, ¿ella no es ella misma?
—Así es, mi buen. Tripea estos versos:


Querían que no fuera yo,
[...] una que yo no quería ser.
De mi también querían
la mujer bíblica
y yo preferí ser la Magdalena;
la primera dama,
ser de todos
sin lugar ni número.
Me querían cambiar
y no pudieron...
Soy otra.

—Oiga, patrón. La mentada Magdalena no es ésa que sale en una de las rolas que usted cada rato pone.
—Simón, esa mero es la ruca; la de la rola de Joaquín Sabina, y en la que el bato dice que es la más señora de todas las putas, la más puta de todas señoras, te espera hasta la aurora...
—¡Órale!



SÁRAH BRUELLE Y EL TRAVESTISMO LITERARIO

El domingo de barañazo estaba yo merengues tripeando en el chillón una rola de Los Tigres del Norte, a la vez que me chutaba un clamato.

"Oiga, señor locutor
contésteme esta pregunta
¿de dónde es el perro mocho?
¿de dónde es el perro mocho?
¿Será de Tijuana?
Yo no seeeé
¿O de Mexicali?
Yo no seeeé
El perro mocho del rabo
el perro mocho del rabo
¡Ay, que dolor sufre el perro
cuando le mochan el rabo!"


Y, entonces, suena el fon y me avisa mi ruca que tengo llamada. Al otro lado de la línea escucho la voz de una amiga poeta a quien le apodan la «Robacalzones».


—¿Qué ondas, Éktor! ¿Qué haces?
—Aquí, tirando barranca —le contesto.
—Voy pa tu cantona. Ahorita llego, en cinco minutos. Aguántame, bato. Quiero cotorrear contigo dos tres pedos.
—Simón, aquí te calmo; pero traite una birrias.


La Robacalzones es una morra a la que le tengo un chingo de afecto; es como mi ángel de la guarda porque seguido me saca de mis yerros. Es buena perra la cabrona; pero hay veces que se le pierde el collar y se tira a la milonga. Cuando estamos juntos somos como Poe y su cuervo.

—Bien dicen que el hombre es el animal más estúpido de la Tierra —afirma la ruca, y le pregunto:
—¿Porqué, morra?
—¿Cómo que porqué? ¿No te has dado tinta?
—¿De qué?
—Sí serás... De que la Sárah Bruelle es un bato?
—¡No mames! ¡Cómo va a ser un bato? Tas pendeja. Es jaina.
—¡Ay, cómo eres baboso!
—Yo no creo. A ver, dime tus argumentos. ¿En qué te basas para decir eso?
—En su juego de mutaciones hay su un proceso de transferencia de personalidad que no alcanza a cuajarse, toda vez que la poesía de esa ruca (o bato) se restringe a los límites del incesante mundo erótico. En otras palabras, un travestismo literario.
—¿Te refieres a la tesis de literatura transgénerica que muchas pendejas y no pocos pendejos traen en boga?
—Exactamente, querido. Parece que ya diste en el clavo. Ahora, para que confirmes lo que te digo, analicemos algunos textos de la Bruelle y te convencerás que su poesía es el invento de un güevón homosexual que escribe asumiendo el papel de ruca y que debido a su condición de puñal se siente relegado al segundo plano por una sociedad machista. Pero, a diferencia de las mujeres que escriben literatura, este bato, o sea la Sárah Bruelle, adopta un comportamiento sumiso; ¿acaso el título del poemario no lo dice todo?: Acaballomóntame. Si fuera el trabajo de una mujer, entonces, debería anunciarse "Yo te jineteo" y, además, desbordarse hacia otros derroteros mujeriles que no sean los referentes sexuales.
—Con razón me dijo el albañil que el discurso poético de la Bruelle solamente se circunscribe como el bramido de una perra jariosa en busca de toletazo.
—O sea que la Sárah Bruelle no es una perra sino un perro —concluye La Robacalzones.
—¡Chetos con sabor a fresa! Por eso no llueve.



POSTULADOS LINGÜÍSTICOS Y SICOANALÍTICOS

Detrás de la expresión vital, atrevida, lúbrica y dolorosa de Sárah Bruelle hay un personaje que explora el universo femenino para liberarse de sus fantasmas. Dicho de otro modo: se trata de eliminar todo rastro de testosterona. Por más engañoso que sea su disfraz, detrás de sus palabras existe un simbolismo que delata la presencia de un varón sin virilidad, es decir un macho negado que usa la poesía como un medio expresivo de pasión perversa.
En términos ortodoxos, renuncia "patológica" a ser lo que es.
Sárah Bruelle no solamente es un maricón sino un trasverguis que ofrece el culo de manera explícita a través de mensajes calenturientos.
Señalo algunas acotaciones que contienen pistas para deducir que se trata de escritura hecha por un hombre (no-hombre) que, ahogado en sus sueños, se siente jaina.
Cito tres versos del poema «Dios no te salve» (p. 22):

"¡Dios no te salve! Sárah
Bendita eres entre los hombres
Santa Sárah madre sin concepción"


En «Sin título» (p. 31), la Bruelle revela su verdadera condición de macho negado:

"Soy la mujer de aquella antítesis del hombre."


Su poesía dista de ser femenina y, por ende, feminista, ya que no apela a establecer un sentido solidaridad hacia las hembras. Por el contrario, ella, como hembra artificial, ve a las mujeres naturales como rivales. El desdén y competencia hacia la madmuasela, —digámosle de a devis— se ponen al descubierto en La "Santa" de Agustín Lara; e igualmente se advierten en Mi vecino de enfrente; poema en el que la nomenclatura se comprime funcionalmente bajo el rubro mujerdecasa:

"Santa sólo las mujeres de casa y de iglesia." (46)
[...] "ayer te mudaste con tu mujerdecasa." (p.20)



JOTITO HECHO PRINCESA

Ya decía yo que algo se ocultaba bajo la cáscara de Sárah Bruelle: una mujer-hombre. En cuanto a Sárah, en hebreo significa princesa, un término áulico y muy predilecto entre los putos por su adecuación cortesana de tercer nivel en la escala de las relaciones humanas de índole pasional [hombre=rey, mujer=reina, joto=princesa].


— Y ¿quién es su príncipe?
—Pues el mayate.


Guachen nomás lo que escribe el bato en el poema Cuento de hadas usadas:

"El príncipe no dijo nada;
me tomó a la fuerza
desnudo mi cuerpo,
me abrió las piernas."

(p. 44)

Otro dato curioso: Sárah sin la letra h, semántica y etimológicamente resulta ser "ama de casa", o sea, todo lo contrario a lo que pregona el travestido esteta que escribió Acaballomóntame.
Ya poniéndonos medio esotéricos me pregunta la «Robacalzones»:

—¿Qué lugar ocupa la ruca (o el bato) en la cadena astrológica?
—Géminis.
—¡Puta, madre! Es un signo dual; otro dato de suspicacia.
—Y ¿sabes qué? —le digo escépticamente a mi camarada. Las fotos de la ruca (o del bato, ya ni sé qué chingados es), aparte de ser chafas, han sido cubiertas con fondo blanco, y de acuerdo con la filosofía estética son manifestación inconciente de un individuo preso de sí mismo. Además, ni siquiera aparecen los créditos del fotógrafo.
—Eso vale madre. Ya sabemos que se trata de un puto sordero, de un joto de clóset que se disfraza de ruca y que goza cuando el mayate le marca el culo con el fierro candente.
—Pero... guacha la imagen de la ruca (o del bato; total, es lo mismo), no tiene piernas ni tetas. Lo que sí exhibe es el cuello, zona erógena que muestra a falta de panocha.

Ahora bien, si se ostenta como una mujer, ¿porqué en ninguno de sus poemas invoca al órgano genital femenino?; ese hachazo del Diablo multiplicador de la especie. Pues, sencillamente porque él no tiene pucha; solamente quienes tienen pepa y menstruan son jainas. No obstante, el batillo justifica la usurpación del sexo opuesto.
Guachen lo que escribe en el poema «Pobre hija de vecina»:

"Ser mujer no implica
saber besar, desear
o menstruar."

(p.37)

Por eso no habla de la zona específica del impacto sexual, o sea la vagina; pero, en contrapartida, realza el ojo de payaso, es decir el culo; y en ocasiones se solaza usando un término ambiguo, nalgas.
Leamos los que a continuación copio:

"...deseo la pasión caliente de mi culo." (p.13)
"...que me calan las nalgas." (p.14)
"...para que las nalgas no me calen." (p.14)



AUSENCIA DE RASGOS FEMENINOS EN LA ESCRITURA

A falta de un lenguaje propiamente femenino, Sárah Bruelle se comunica con el cuerpo, pero no tiene habilidad para manipular el lenguaje corporal como lo haría una mujer. El temperamento masculino se delata por su gusto o inclinación hacia la vulgaridad y la crápula. Y en efecto, su vehículo expresivo transita por caminos desviados; vías poco "honrosas" que una mujer-mujer —hablo en particular de las que tienen acceso a la escritura— no se atrevería a tomar (el código ético del feminismo se lo prohibe), a no ser que se trate de una pervertida o deschavetada.
En Bruelle no existen los síntomas de la debilidad, la coquetería ni el padre de ésta que es el pudor; tampoco expresan cadencia y, ya no digamos, riqueza de ideas o correlatos de actitudes sociales y políticas. Su oferta es de salvación moral para el colectivo homosexual y sus correlatos transgenéricos. Pero no se olvide que una cosa es el excéntrico y otra el degenerado. Aunque los versos de la autora de Acaballomóntame (o del autor) son trasmitidos de manera desgarradora, no hay en ellos control intelectual y estilístico; es una poesía demasiada arriesgada para una fémina, ya que exalta sin miramientos al macho opresor a través del deseo, pasión, sexo y erotismo; paradójicamente talantes de sumisión para la mayoría de las feministas y féminas seguidoras de Virginia Woolf y Simone de Beauvoir, a quienes, contradictoriamente, el señor Bruelle "toma como estandartes."
Si acaso vemos en su poesía como facultad crítica o rebeldía feminoide (que más parece una ocurrencia amujerada) una acusación hacia la pasividad de las mujeres. Las referencias simbólicas del eonismo se cuelan una vez más en Epitafio nocturno (p.27), cuando el batillo jotolón —transformado en mujer artificial— luego que el potencial matador se lleva un chasco al descubrir que su princesita no tiene panochita sino bichorita, le confirma sin tapujo su condición de puñal (cuchillo):

"No soy tuya
como tu cuchara
soy mía
y soy cuchillo
para partirte el alma.
Te dije que era cuchillo
Y te corté el alma..."


Hay ejemplos sintomáticos que contienen pistas para dilucidar que el poemario de marras pertenece en hechura a un bato que se sueña pebeta, y que a la menor oportunidad se garrea como ruca y se pira a San Francisco (la cuna del movimiento marica) para evitar el escándalo, la burla y la indignación. Porque solamente allí, recorriendo la avenida Castro, puede hacer libremente de las suyas.

—Y es que aquí no puede vestirse de chamaquita con falda y acudir así a reuniones sociales porque Tijuana no es Escocia.

Una mujer cuando escribe poesía adopta su propia visión del mundo, su punto y opinión que su condición de ruca le imponen. Las perturbaciones que la aquejan por lo regular siempre están latentes; figura, intimidad y relaciones. Una literatura femenina aboga por lo derechos de la mujeres agraviadas por el trato que se les da (recuérdese que a partir de los años setenta prevalece en la literatura femenina la denuncia contra el orden patriarcal).
Margarite Duras dice que todas las mujeres son una sola; suma de la diversidad de hembras. Al leer la poesía de Bruelle intuí que no la escribía una hembra porque no existe en ella una completa sensibilidad femenina. Intenta llegar a una conjunción del hombre y la mujer pero no lo logra. Si se le atribuye la etiqueta de poesía femenina no será por su esencia, sino por la inclinación sexual del autor, un marica que se siente mujer. Y en todo caso habría que encasillarla como literatura homosexual colindante con las truculencias de un travestido.
Quizá ficción autobiográfica pero no un sexismo unificado, más bien asimetría entre la varona y el hembro donde imperan ciertos estereotipos del mundo gay. ¿Feminismo? Sí, pero académico, es decir de presencia abstracta, un producto letrero "políticamente correcto", de un autor que afectado por las prohibiciones de la infancia le expropia la voz a una mujer a través de un falso relativismo y universalismo trápala.


AUTORRETRATO DEL TRAVESAÑO SÁRAH BRUELLE

Como quiera que sea, a partir de la publicación del poemario del Sárah Bruelle, Acaballomóntame (Tijuana, BC, febrero de 2004), la trayectoria editorial de los Cuadernos Existir sufre un machetazo sincrónico.En comparación con el librito del Bruelle, las ediciones precedentes son ya letra muerta; la omnipotencia lirica de los poemas brulleanos ha dejado sin aliento las anteriores exposiciones de las madmuaselas participantes. Y si se quiere volver a ellos intentando encontrar en los mismos algún valor estético; en definitiva, sólo habrá de deducirse que su calidad poética es rupestre y marcada por el diletantismo. Acaballomóntame se presenta como lo mejor y más logrado de la capilla liconiana. Es un exceso y mucha pieza para la liviandad que prevalece en el clan de los existirosos; es lo más relevante que ha salido de ese laboratorio de larvas estéticas.
¿Podrá la empresa literaria del Gilberto Licona mantenerse en ese estatus que la poeta, autora (o autor travestido) del cuaderno # 9, hoy le ha dado, y no desfallecer? Sin duda que es un gran desafío para el bato, quemada que se va a pegar si acaso edita un trabajo de menor calidad que el de la Bruelle. Y es que su poesía es un rayo de luz que se cuela por la rendija de la oscura buhardilla donde solo habitaban voces flacas, débiles discursos y estériles entonaciones. Poesía consagrada al oficio de amar, a sus goces y a sus desdichas. Se sienten los embates de la pasión y de la belleza sensual; se vislumbra sin tapujos y sin miedos un estado de ánimo que persuade, invita y reclama ser partícipe del momento pagano, refugiándose cuantas veces sea necesario en lo más ardoroso de la humanidad, el clímax, insumo y quintaesencia del erotismo.

No pretendo que pretendas fingir
conozco muy bien tus ronquidos
y la voz que me besa a deseo.
Anoche descubrí que jadeabas,
que mi respiración era la misma
porque me hacía la dormida.
No te importó
me cogiste.
Desperté y te hiciste el dormido
para que no pretendiera que pretendieras
fingir que me amabas •

No pretendo, p. 19

De un profundo lirismo y cargado de alta resonancia sentimental es el poema Autorretrato, donde la poeta expresa sus primeros gorjeos amorosos y sus secuelas, desplegando el lenguaje en conjunción con los dolores del alma. Son versos demasiado íntimos y expuestos como una querella contra la virilidad salvaje del amasio que posee a la mujer —o digámoslo en términos bruellianos: del mayate que se chinga al joto— cual si fuere un gavilán que aprisiona a la paloma, sellándola con su semen maldito en una noche nupcial.
El poema revela una lacerante recuerdo de amarga melancolía.
Remitámonos al texto para corroborarlo.

Ya no me fluye la sangre
porque la tengo tragada.
Con el sin sabor deje de ser virgen
para convertirme en rama de aquel,
y me llamaba Sárah.
Mis raíces no fueron hechas
sino esfuerzos negados de la sangre
manchada de blanco
sobre la noche nupcial
que conoció lo desconocido del dolor cesante.
No fue lo mismo su mano a la mía
mucho menos mis deseos que aquel no tenía.
Mi nombre
no debía ser borrado.
Ya no me fluye la sangre
porque la tengo atorada.
Ahorcando mis venas inflamadas
esperaron al centinela frío y vacío
que robar quería de mí las alas
Virgen o no, me sentí ultrajada
cuando me quitó el nombre de Sárah.
Fue un sello de semen maldito
Penetrado den Bruelle
sepultándome boca y piernas abiertas
cuando animal se convertía
para poseerme incompleta.
Ya no me fluye la sangre
porque la tengo de aquel envenenada
para no olvidar la emoción placentera
que sintió mi cuerpo, no con él
sí en mí,
cuando no tan niña, no tan virgen
me encontré mujer
aunque la sangre la tuviera tragada
entre las piernas con el aborto de un deseo
que no firmó contrato
con su nombre, sino con el mío •


Es verdad que la literatura no tiene sexo, pero los escritores sí.

MORALEJA: No basta cambiarle una vocal al hombre para volverlo hembra.


NOTAS

* .- Del puñalón de Allen Gingsberg, da cuenta Roque Dalton en su poema cubista Taberna (Conversatorio), este dialogo que el vate salvadoreño recogió de bocas de unos jóvenes checos que trobiaban en un famoso chupadero de nombre U Fleku, allá por 1966, en Praga:

EL POETA GINGSBERG SE ACOSTÓ CON CATORCE MUCHACHOS UNA NOCHE EN PRAGA

Ese no es un poeta maricón,
ese es un tragaespadas de feria
—con lo que siempre me gustó Aullido—.

Saturday, December 16, 2006

PALAVERSICH, BERUMEN, MORALES, MACONDO Y OTRAS MAFUFADAS TELÚRICAS

LA DIANA PALAVERSICH: VENGO A DECIRLES QUIÉN ES PENDEJO Y QUIÉN NO ES PENDEJO EN SU PINCHI PAÍS

«La ciudad que recorro. Un flaneur en Tijuana» se titula un articulejo que escribió la Diana Palaversich y que le publicó la revista Literatura Mexicana , número 2, volumen XIII, año 2002, páginas 215-227.
Ocupándose casi del mismo tema que la paliducha profesora empapela, el bibliotequero de la «Caseta de Información del Pentágono» [COLEF] y también nominal cronista de Tijuana, Humberto Félix Berumen, en un garnucho —e igual de excitado que la ruca ya mencionada— despacha un textillo cabeziado como «Tijuana desde la poesía», y publicado en el suplemento «Identidad», número 1743, 22 de octubre de 2006.
Ajustándose a su condición de académicos ratoniles, la Palaversich y el Félix Berumen, en sus respectivos artículos, reúnen barruntos concernientes a la poesía del Francisco Morales, a quien, por diversas razones (o inversas sinrazones) ya le andan procurando el hedor de la inmortalidad.
Aunque hay otros coimeros y boquiabiertos a la ubre de la vaca presupuestal [verbigracia el Jorge Ortega] y que también han lanzado a la circulación pepelesca los mismos oropeles. Bonita faena de estos figurines de la literatura academicista; con la cachaza sobrada, cuando no mienten, se portan con una frivolidad obscena y de poca madre.
La Diana Palaversich, ostentándose como estudiosa de la realidad fronteriza, específicamente en el ámbito de la literatura —y empleando los informes de gente como el Gabriel Trujillo Muñoz, el Leobardo Sarabia, Benedicto Ruiz Vargas y los trabajos de los académicos ostiones del Colegio de la Frontera Norte— recrea conceptualizaciones de la sociología chatarra, pepenada en mentideros seudoliterarios y en las grandes lagunas de la ignorancia y el maniqueísmo artístico-ideológico.
Sin un cabal conocimiento real del fenómeno cultural fronterizo y de sus elementos sociales y políticos, teje y entreteje su desmirriada «cosmovisión» literaria; desde fuera y lejos [New South Wales, Sydney Australia] y durante un lapso de tiempo que no rebasa el lustro, la ruca pretende explicar el teje y maneje de los asuntos literarios y fenómenos culturales de la esta frontera del noroeste de México.
Como resultado del proceso de maceración pastichera y refriteada con el acopio de textos y documentos bibliográficos, la Diana Palaversich ha tirado al limbo de los apáticos leyederos y analfabetos funcionales una caziada más o menos gorda fritangas letreras, las cuales que tendrán el honor de quedarse arrinconadas y ranciadas en oscuros bodegones de librerías o universidades de esta república del caciquismo ilustrado.
Dentre la libracada que le han publicado, y en el que la madmuasela atiende el tema de la literatura fronteriza, está el broli titulado «De Macondo a McOndo, Senderos de la postmodernidad latinoamericana» [Plaza y Valdés, México, 2005]. Lo anterior sin considerar el precio del broli [225 pesos] que, a decir verdad, es una mentada de madre.



METIDA EN LO MÁS McONDO Y PODRIDO DE LA OLLA

Conocedora de la idiosincrasia que guarecen en sus tatemas los culturosos, morraleros y seudointelectuales de este tafanario fronterizo y aplicando la tesis del «complejo de la Malinche», la profesora croata-australiana, ya cuenta con su ganga de mojigangas y cabezudos fans. Uno de sus principales payasos contratados es el Erasmo Katarino Yépez, ladilla chupahuevos que, con toda su vergonzosa lambisconería y repugnante localismo de acomplejado, babea estupideces como éstas:

«Las ideas de Palaversich son puntualmente polémicas, no tienen piedad. Ya son inevitables. Cada texto suyo es un epílogo, la crítica de otras críticas, la reinterpretación radical de una literatura o un autor. Palaversich, en suma, es una amenaza. Es una especie de provocación: este es el cuerpo latinoamericano verbalizado, una especie de reto a escribir después o desde él»
[Heriberto Yépez].

Qué piedad ni que interpretación radical de una literatura o de algún güey, lo que pasa es que la Palaversich es una cabrona que ha sabido encaramarse en el candelero.
Las gansadas que babea el renacuajo del Erasmo Katarino Yépez no son más que calderillas para ahuecar las faldas de viejas desnalgadas (1). Parecidas y peores a éstas suelen ser las jaladas de corneta que se avienta el «cholo literario» para llevar a la práxis la «filosofía» del Miguel Ángel Cornejo. Se necesita pertenecer a un hatajo de carasduras, o ser miembro de la peña de golfos y arribistas a la que están afiliados los farsantes y charlatanes de cultura fronteriza, para expeler tales cretrinismos .



¿PROFESORA O COGESORA?

Como parte de las actividades programadas por el CECUT en el «IV Festival de la Literatura del Noroeste. Trasladando Fronteras. Fusión de Realidades», el 10 de noviembre de 2006 (4 peéme, «Sala de Usos Múltiples») la Diana Palaversich desembucha una ponencia intitulada «Las inexistentes fronteras de la literatura actual: El norte ¿un “novedoso” compromiso de escritura en México?»; en tanto que yo, acto seguido, me ocupo de las vaguedades, inconsistencias, mentiras y tonterías que adosa en su artículo «La ciudad que recorro. Un flaneur en Tijuana» con relación la hechura lírica de ese poeta de medio pelo, a quien, gracias a la derecha empresarial, el burocratismo culturero y las mafias literarias, drenando por los conductos del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y por las cañerías del «Centro Cultural Tijuana», lo han homenajeado, inflado y maiceado para que figure en el escaparate de los próceres de la verba. Y, él, dejándose querer como buen proxeneta, en contrapartida, ha endosando calaca y obra al patrimonio estatal de los dueños del dinero y meneadores de la cosa pública.
Y así anunciaban el festín y el embargo:

«…celebración de la palabra: homenaje a Francisco Morales, titulado La ciudad que te canta, el viernes 2 a las 7:00 p.m., en la Sala de Lectura del CECUT, con la participación de reconocidas personalidades de la comunidad cultural».

—¡Uy, qué gran honor!

Y como los flamazos que aviente habrán de ser simultáneos, es decir, tanto pa la Palaversich, el Félix Berumen y, en principio, pal poetazo Morales, pues comenzare con sus hijuelas curriculares.

«Diana Palaversich es profesora en el Departamento de Español y Estudios Latinoamericanos en University of New South Wales, Sydney – Australia. Es autora de numerosos trabajos publicados en las revistas académicas internacionales sobre la literatura homosexual, la teoría queer, literatura fronteriza mexicana y la ‘nueva onda’ de la escritura latinoamericana. De nacionalidad Croata, vive en Australia, es autora del libro “Silencio, voz y escritura en Eduardo Galeano” (1995) y de numerosos artículos publicados en las revistas literarias internacionales sobre el postmodernismo y el postcolonialismo» [literaturas.com].



«Francisco Morales, nació en Cananea, Sonora, en 1940. Considerado tecatense desde 1950. En 1969 cambia su residencia a Tijuana. Ha publicado además los siguientes títulos: La muerte adentro, al lado… conmigo, Casa de la Cultura, 1985; La ciudad que recorro, Panfleto y Pantomima, 1986; Desencuentro del blues, de los amores, UABC, 1993; Tijuana tango, Joan Boldó i Climent, 1992; El día Udiarte, Instituto de Cultura de Baja California; Poemas del hogar y sus orillas, La hoja murmurante, Separata de Arte Literario No. 180,1994».



INTENTO EXCLUYENTE DE FUNDAR LA MENDACIDAD CULTURAL

El Humberto Félix Cerumen se descolla contando fábulas para agraciar la investidura del Francisco Morales, dando su versión del alto valor literario de la obra del poeta, autor del poemario «La ciudad que recorro», gran interprete, según él, de esta ciudadela.
Con estas palabras inicia el HFB su texto:

«En La ciudad que recorro (1986), de Francisco Morales, el primero y único poemario dedicado íntegramente a Tijuana, la ciudad se percibe desde la sensación que resulta de su trasiego cotidiano; un poemario, asimismo, en el cual el fervor personal por Tijuana parece alcanzar su mayor intensidad lírica. Es asimismo el primer poema inequívocamente urbano y moderno de Tijuana» [Tijuana desde la poesía, suplemento «Identidad», 1743, 22 de octubre de 2006].

Más adelantito veremos porqué el Félix Berumen se siente impulsado a escribir esos comentarios. Por tanto, conviene primero echarle oclayo a las medias verdades que contiene su alocución farolera. Lo cierto es que la obrita del poeta Morales obedece a un mecánico azar de descripciones de la cosas citadinas de este culo de San Diego. Y los poemas que contiene su «plaket» son los brotes tardíos del individualismo esquemático que aplica el autor, cada vez más empobrecido por los nuevos poetas.
No hay que exagerar, el poeta no tiene ni el suficiente genio ni la suficiente intuición para que se le enzalce de la manera en que lo hace el Berumen. Tal parece que la consigna del tlacuilo del COLEF y, por supuesto, de la Palaversich, es habilitarlo como todo un chinguetas.
El poeta, confeccionador de «La ciudad que recorro» y de «Tijuana tango», se ha aprovechado de la indiferencia que los demás letreadores líricos tienen hacia la «ciri»; porque quienes tenían deudas de arraigo y estaban impelidos a vindicar estéticamente los fantasmas de este pueblucho fronterizo no lo hicieron, y fue, ya sea porque les valió un cacaguate el asunto o porque pelaron gallo o se piraron a la fosa mortuaria.
Y ante tal indisposición o displicencia, aparecieron los «vivillos», deseosos de meterle candela al menjurje, secundados por algunos oportunistas que ya se autoendilgaron la faena de evacuar «el fervor personal por Tijuana» a través de coplitas y estrambotes (el Pancho Morales, el Luperco Castillo Udiarte, el Gabriel Trujillo, el Víctor Soto Ferrel, el Alfonso García Cortez, el Erasmo Katarino Yépez, el Tijuana Gringo y un longo etcétera).
Son ellos los hermanos putativos, carnalitas samaritanas grotescamente prostituidas; paladines de una literatura-fantasma, tan cercana pero, a la vez, inalcanzable. Taxativamente algo prohibitivo, aunque le apliquen el lema holístico niuéch: «no hay literatura, solamente literatos».



ENTENADO O HIJASTRO DE LA VERDAD SOSPECHOSA

En su articulejo «Tijuana desde la poesía», suplemento «Identidad», número 1743, 22 de octubre de 2006, el HFB, canjeando melcocha por melcocha, magnimiza la medianez literaria de ciertos güeyes vinculados con los menesteres de la lírica, fomentando la ilusión literaria y, mediante una alcahuetería de medias tintas, profesa honores a una pelusa de escribidores cuyos nombres trae apuntados en su listita. Los mismos agendados de siempre: el Pancho Morales, el Luperco Castillo Udiarte, el Gabriel Trujillo, el Víctor Soto Ferrel, el Alfonso García Cortez y el Erasmo Katarino Yépez.
Predilección y cuchupo altanero, apriorismo pragmático que congestionan más vicios en la literatura.
El pretexto es el tema de la lírica dedicada a la ciudadela-rancho, pero en su trasfondo yace la simbólica mancebía entre el halago, la pleitesía, y la panegírica comparsa del «ayúdame-que-yo-después-te-hago-el-paro»; del «tú-me-aplaudes-yo-te-aplaudo».
Y cómo no lo va a hacer el Humberto Félix Cerumen si el batillo es miembrillo de la «Comisión Técnica del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Sonora», junto con una parvada de cretinos y buenos paranada de la catadura del Daniel Serrano, el Sergio Rommel Alfonso Guzmán, el Roberto Rosique, el Manuel Bojórkez, el Rafael Saavedra y la Elizabeth Algrávez, pues el batillo, tácitamente, debe comportarse según los cánones del oficialismo culturero y estar presto, cuando la ocasión lo amerite, a demagogiar y enhebrar las patrañas que sean pertinentes. Circunstancia, entre otras, que condiciona a don Humberto Félix a escribir de manera sofística y retorcida; a suscitar fervores de simpatía convenenciera en favor de su cuadrilla de literatos y hacerse cómplice de la nefasta política cultural para asegurarse la chuleta y el candelabro.
Los objetivos son muy precisos: transformar la ideología en ilusión; especie de desdoblamiento político para la adquisición de estatus por las rutas del «ascetismo estético».
La fecunda continuidad del abstraccionismo escolástico como basamento de una crítica limitada y pusilánime. Y ¿su pasado comunistoide? Ah, ése sólo es un dato prexistente del arrugado pretérito que su memoria proustiana, a duras penas, recuerda. Erráticos ardores juveniles de bolcheviques arrepentidos y marxianos coptados por la dorada estirpe que gobierna el «Paraisodelanada».
Más que un texto de análisis concienzudo el texto del profesor Berumen es un pretexto para sacar la pandereta, los confetis, las «urras» y los aplausos —y de forma «viapís»— para sus ponderados cofrades. El propósito primordial no es traer a colación el tema de la ciudad, sino los aditamentos subjetivos del elenco enlistado en su miniensayito.
Al tiquitaca, de lo que se trata es de amarrarse a Juanita en la fiesta y no hacer buracos.
Y, en cuanto a la contribución histórico-literaria ¿qué hay de eso? Pues, sin ser muy grosero, despreciativo e insultante, diré que son datos de su programa, «engagement» que disloca la paradoja en el acto escritural, o sea, «desmitificar» «mitificando», que significa rumiar sin la voluntad de superar las antinomias y la exhibición de méritos.
El crítico es un escritor que habla de otro escritor (claro, de su altar literario), asumiendo un compromiso ambiguo y desfigurado, tamizado de cautelas para no lesionar los egos e intereses de los pichones y palomas que surcan los cielos de la burocracia estatal y del empresariado cultural.


HIBRIDACIÓN ENTRE VIRTUD Y EMBAUCAMIENTO


Revisemos de un leve pestañazo algunas conjeturas que desmigaja la Diana Palaversich en su articulejo «La ciudad que recorro. Un flaneur en Tijuana», pero ante pasemos a espulgar algo que la ruca apunta en su libraco titulado «Macondo un McOndo. Latinoamericana de Senderos de la postmodernidad» [Plaza y Valdés, México, 2005]. Al iniciar el articulejo «Chicanería chicana» la ruca dice que Tijuana se haya «caracterizada por una producción cultural que sobrepasa a la de su ciudad hermana, San Diego…». ¿No es ésta una verdadera cabronada?
Tramposamente la Palaversich no expresa ni explica el zipizape de tal sobrepujanza en la producción cultural tijuanera. Ay, de aquel pobre tontoculo que le crea el choro.
La profesora croatense bien que ha sabido dar algunos pasos por el ancho sendero de la imbecilidad humana. Cretina pero ago abuzadilla la tía.
Ahora descolguémonos para leer algunas tropelías que ha escrito en el subproducto letrero que le publicó la revista Literatura Mexicana (número 2, volumen XIII, año 2002, páginas 215-227) en el que se desgalilla con alabatorios dedicados al poeta payador de la urbe en «La ciudad que recorro. Un flaneur en Tijuana».



ONANISMO INTELECTUAL O BREBAJE PARA ENTOLOACHAR MENTECATOS

Dice la Palaversich que el poeta Francisco Morales «es uno de los escritores tijuanenses que de mejor manera ha sabido captar el pulso de Tijuana y sus múltiples rostros» y que el bato, a través del libraco de marras, «tiene poco interés en la descripción concreta del predicamento del ser humano»; y en el registro expresivo «la ciudad misma es el protagonista del poema», a quien se evoca como un «ser personificado» y que, a instancia de la enunciación que instaura el poeta, la manola —supuesta crítica «corrosiva»— interpreta por vía de «apareamiento» como «ciudad-mimética», «ciudad-texto».
En su artículo, «La ciudad que recorro. Un flaneur en Tijuana», la presunta estudiosa del fenómeno cultural fronterizo manifiesta —con un fervor parecido al de las pubertas aficionadas a poner el culo sobre el sofá y prestar las nalgas a quien le haga un iris— que el autor del panfletillo lírico en cuestión, comparado con otros güeyes («muchos otros», dice la ruca) que «escriben sobre la ciudad», el Panchito Morales es diferente a ellos —casi-casi se atreve a decir que es el único que se la saca pa miar— porque este noble pitoflero «escribe la ciudad» y no «sobre la ciudad», como suele hacerlo el resto de la perrada.


—¡Repámpanos! Ora si que estamos jodidos con la doctora croatense. Y miren si no. Precisa es la tía para lucir su habilidad en misa de aguinaldo.


Petrarca recuperando a Quintiliano.

O Garcilaso de la Vega salvando los papeles de Blas Valera del asalto de los ingleses a Cádiz.

—Jojojo, jejee, ijiji…

Según apuntala la Palaversich, cuando el vate lisonjeado «escribe la ciudad», ésta se convierte en el escritor; ya que «el proceso de escribir la ciudad —explica mafuferamente la profesora— involucra subyugar la identidad propia de la ciudad, dejar que sus venires y devenires fluyan por el escritor» (¿a caso no sucede lo mismo en el caso de aquel güey que escribe «sobre la ciudad»?).
Y por si no se intelige bien la cosa, la ñorsa se descuaja con este orgasmo teorético:

«Es decir, para escribir la ciudad hay que vivir dentro de su texto. La actitud de Morales se resuelve en una escritura que capta la cartografía íntima de la ciudad que va mas allá de lo empírico y lo cotidiano».

Esplendido apabullamiento de la geotextualidad donde el «yo» únicamente tiene un valor de silaba interna. Se deconstruye la realidad a través de elementos sicologizantes y el escritor termina como un pinchi autista que acaba mandando a la mierda a los lectores. La ciudad (o la «ciri», como vocinglea la bola de mamertos) ya no es el fondo perceptivo del poeta. De modo que el poema ya no corre a cuenta del sujeto lírico, sino de la «ciri».



CUANDO LA FENOMENOLOGÍA DESEMBOCA EN TAUTOLOGÍAS

Estamos ante la indefinición de lo poético. El ingenioso método de la profesora estriba en una lógica chapucera con la cual esconde ciertas premisas para resaltar lo que le conviene, apoyándose más en impresiones que en argumentaciones. Además, la comadre escribe atrincherada en su postura de filiación y, para acabarla de amolar, a «control remoto», pues en su estudio ha cancelado la «cercanía», percibiendo solamente a distancia los avatares y fenómenos del asunto.
Retórica falaz pero efectiva, la que hay en los textos de la Palaversich; su poder letrado es como un brebaje para entoloachar a mentecatos que, vanamente, sueñan en repotenciar sus penurias provincianas, aturufados en la confusión que impide distinguir el auténtico análisis del onanismo intelectual y la creencia dogmática del rigor profesional.
En su ensayito, y con equidistante erección del personaje que antóloga, la profa croataustraliana —(rei)vindicadora de las minorías discriminadas— pretende posicionar al poeta, padrotín del grupúsculo «Acanto y laurel», como una figura emblemática y paralela al arquetipo baudelariano, —solo que el «flaner» tijuanense se halla impostado en el terreno de la posmodernidad.
La Diana debería aprender a manejar con más cautela sus conceptos «globalizantes», aunque más prioritario sería que se dejara de macanas. Porque lo peor es engañarse y engañar a los lectores, pues no resulta aquí tan difícil sacar consecuencias diametralmente opuestas entre el poeta maldito y el flaneur de Tijuana.
En vez de escribir ese tipo de «críticas», mejor sería que la Palaversich se dedicara a crear obras humorísticas, sugiriéndole que empiece por describir un retrato suyo para que se dé tinta cómo se ve su lambisconería.
¿No es el poeta Pancho Morales un sujeto de poca monta, comparado con Baudelaire? Ya se sabe que la actitud poética y, por antonomasia, el pensamiento político-social del autor de «Las flores del mal», en los decenios de 1860 al 1890, representan una oposición radical contra el positivismo y la estética mimética, derivadas de la crisis política e intelectual del liberalismo.
La poética baudelariana, aprovechando las relaciones sincrónicas del lenguaje (correspondencias de los sentidos, signos y metáforas altamente asociadas) fue un rompimiento explícito con la tradición y la cultura del fin de siglo.
Es cierto que en la perspectiva urbana, para Baudelaire, la ciudad se revelaba como una inmensa metáfora pero, al mismo tiempo, en la existencia estética se concibió como una construcción humana. En cambio, en la poesía del poeta Morales, si nos atenemos a la seguidilla que meroliquea la Palaversich, la ciudad «se abre como un palimpsesto de textos múltiples»; una Tijuana que se erige mediante simbiosis en la que el objeto-ciudad suplanta al sujeto-habitante. «La ciudad misma es la protagonista de poemas», dice la Diana Palaversich; «un ser personificado… que vive una relación simbiótica con sus ciudadanos».
De esta forma, si la ciudad se revela como rechoncha metáfora (más cercana a la «cosmogonía borgeana» que a la concepción baudelariana); en una esencia puramente discursiva, textual, literaria, entonces estamos hablando de una escritura sin sujeto histórico.
Y, sopesando la hipótesis de la académica ostión, y ateniéndonos a su retorcido sistema de interpretación, la bendita señora acaba haciendo papel por tela del vestido.
De indubitable trasfondo de la posmodernidad adelantada, en el articulejo de la profa se avizora un trecho abismal entre choro y verdad. Y es que su pasión por el análisis se vuelve deleite por lo irreal. Y ella no lo sabe porque escribe con una veneración fetichista o, bien, no está orgánicamente conectada con la cultura fronteriza.
Como «El acomodador», cuento de Filisberto Hernández, la ruca hace brillar los objetos a su antojo; dice lo que dice de la manera en que se le hincha el ombligo. De acuerdo con la teoría de la desvergüenza del monje san Agustín, da culto a las apariencias en las que ser y no ser equivalen a lo mismo.
Ominosa semántica la suya; una caja china repleta de mentiras.


MARSUPIALES COLONIZADOS DE CULTURA INTUITIVA

La ciudad, ciertamente, en la poética de Baudelaire se constituye como una gigantesca metáfora que el poeta concibe como un espacio teatralizado por la escisión del yo alienado (paranoide, agresivo); en tanto que en Morales, el yo se diluye, pierde su percepción y la conciencia interpretativa se transfiere al vacío, es decir, se desbarata o desaparece en el principio abstracto que se contiene en el objeto (ciudad-texto) que disuelve al sujeto (yo-lírico).
La verdadera trascendencia es la nada que solo se reconoce y se proyecta en las particularidades del texto. Pero de esa manera no puede surgir ningún poema porque tal proceso supone la disolución misma del arte, de la estética.
En otras palabras, la despoetización de la poesía, y en su defecto, la vulgarización grotesca. Estamos en medio de una desaforada plaga de poetas banales y mediocres que se cargan una herencia cultural miserable e irracional.
Y de esta falsa objetivación, que ha hecho del mundo una región de fábula, son culpables los propagandistas del adocenado discurso postestructuralista, jilguerillos derridianos de las aporías deconstructivas que afirman que «la realidad es texto» y lenones del relativismo ético; luditas de Foucault y Deleuze o reductos poquianchescos del posmodernismo literario.
A esto conlleva el análisis de la Palaversich: al «textualismo» que hoy entonan los marsupiales colonizados de cultura intuitiva; deconstruccion postestructuralista remasterizada por el pragmatismo de la tercera vía.
Hegemonía cultural de la izquierda para servir a la derecha.

COMO PUBLICIDAD PAGADA PARA SALDAR NÓMINAS

¿Cómo podría un poeta citadino ser un auténtico «flaneur» si se haya desprovisto de luces? Y tal es el caso del Francisco Morales. Así se muestra en el siguiente fragmento, «alelado» y «sin linterna»:

«Pienso a veces, ciudad, que voy buscando
sin linterna tu ruta
soy el ave que devora vientos del retorno
con hambre verdadera, hambre infinita»

«con el toque ciudad, floto alelado
por las partes ventrudas, tus orillas,
esos barrios que a veces recuperas»


«me he metido en el ansia nocturna de tus calles
pues se esconde el plof plof de mis pasos de tela»


Esos rasgos son notorios pero la Palaversich no los advierte, teniendo ante sus ojos la prueba más significativa. Sin perogrulladas, el artífice del preclaro lirismo tjuanense, como «ave que devora vientos del retorno» —y lejos de ser un «flauner» baudelariano— merodea por encima de la ciudad, sin penetrar en su lúgubre fango, sin tocar las heridas que se infectan.
Las imágenes son convincentes: el poeta no quiere participar en ninguna reyerta (porque sabe que su tejado es de vidrio) y se conforma con la exposición emotiva, típicamente impresionista (3).
No intenta ofrecernos algo más que un flujo verbal sobrecargado de redundancias modernistas y pajuelazos místicos del romanticismo finisecular; un juego tipográfico que intenta rehabilitar los mismos fueros espirituales de los decadentes parnasos y las transferencias del solipsismo estético de la vanguardias que culminaron en alegorías abstractas, falseadas por subjetivismo extremo.
Sólo hay que fijarse en la alegoría en que se trueca el poeta cuando escribe: «soy el ave que devora vientos del retorno». Ejemplo de la transfiguración del «yo-poético» en ese ser alado («soy el ave»), símbolo de la espiritualización, en similitud con el alma —y en el lugar mismo en el que se pierde la sustancia, el cielo— y que se alimenta del «soplo divino» («que devora vientos del retorno»).
Poesía como alfalfa espiritual para borregos de Dios, y el acmé de la catarsis a merced de la irracionalidad.
Y ¿qué resulta de este alejamiento del mundo, cuando los componentes reales se desgarran y se apartan de sus estructuras? La apariencia subjetiva de un mundo destruido nos dice Lukács, señalando a Hofmannstahl como uno de los primeros escritores que anticipan tales síntomas disolventes y disgregadores:

«He llegado a perder la facultad de pensar o de hablar coherentemente acerca de cualquier cosa»

(Lord Chandos).

Pero el problema no es puramente formal o estilístico. El filósofo y teórico de la estética marxista también señala sus consecuencias, las que ya estamos viviendo:

«Lo que surge, pues, es un estado y apatía, roto aquí y allá por éxtasis casuales. El camino que conducirá después de la protesta a la patología (a la perversidad o a la idiotez) se bosqueja aquí en una forma que todavía resplandece con brillo romántico»
[Significación actual del realismo crítico].

Si la Palaversich tuvo a bien deslumbrarse y embelesar con la peregrina obrita del evangelista payador de la urbe, es muy su pedo. Y si ésa ha de ser la gracia de su ministerio, la utilidad que le reporte ni me va ni me viene. Lo que le refuto e increpo es el argumento haragán del análisis vertido y la prioridad de ceñirse a dar ofrenda, pues a su macondiano texto le faltaron, entre otros birotes, un grado mayor de imaginación y un poder descifrador menos simplista y bravero.



DONDE NO SÓLO SE PIERDE EL TEXTO SINO LA TESTA

La poética del Pancho Morales, pasión cultural de espíritu libresco, se encuentra muy lejos de marcar hitos de agudeza crítica porque su talante estética cumple una función «heurística» que se engendra con el solemne propósito de gambetear las divisas del oficialismo cultural que promueve la literatura como cuquería de mecenazgo, el buen nombre y la impoluta fama. En rigor, culminación lógica de la ilustración revertida, o dicho de otra manera: cuadrarse en un estilo, más o menos insulso, para generarse ventajas como poeta cortesano que ha aprendido a rizar el cristal de los lagos en las buenas ordenanzas; tan eficaces que, si aplican al pie de la letra, hasta los perros aprenden a bailar, las gallinas a silbar, los gatos a cantar y los pericos a dar la hora.
Y, en efecto, el citado hombre de letras forma parte de los «eméritos» que no desdeñan los honores literarios y tampoco los estímulos que, en especie o firula, otorgan los meneadores de la cosa pública por vía del oficialismo cultural.
Y, ante tal objeto de apetencias y deseos, no hay manera de decir ¡nogales! Entonces, viendo el muerto y soltando el llanto y, como dijera el Gonzalo Rojas, no hay puta que no diga palabras del tamaño de esa complacencia.
Así opera la construcción del consenso y la funcionalidad piramidal en la política de cultura; dinámica de institucionalización de la cultura y plácemes del nuevo posicionamiento.
Muchos agraciados afirman que no hay manera de escapar a tal conversión (todo sea por matar al monstruo desde sus entrañas, jeje); el canon de lo permitido y el valor polisémico de las palabras. Para no dar pauta a malos entendidos, no siempre habrá lugar para todos —becarios, premiados, adeptos de capilla— es un espacio de excepción, un segundo nivel en la cultura urbana y con nuevo formato en sus viejos contenidos; cultura tradicional incorporada a la cultura del espectáculo.
Una suerte de perfección tecnológica para nuestra intuición superyóica. Ni un paso atrás, el pasado es el pasado; no lo toquen más. Nuevo apotegma de amplitud de criterios.
¿Quieres hablar? Todo esta permitido.
Hablemos de sexo, de putas… No hay más sujeción que la libertad.
Pero, aclaremos, no hay cabida para todos, la estafeta, la concesión y el incentivo son para la clase media ilustrada. Para la muchedumbre la nota roja, para los creadores el refinado esteticismo. Si eres del pueblo no eres nadie; no vales; nadie te pela. Pero eso nosotros somos diferentes a la mayoría.
Y el poeta, compinchado en la rémora de las instituciones cultureras del gobierno empresarial (IMAC, CONACULTA, FONCA, ICBC, CECUTT), proporciona sus instrumentos teóricos y recursos retóricos para un mejor proveer, sin causa de resquemor, diatriba o reproche; sin anatema despreciativo o rebeldía desbocada.
Pues, una vez timado, acomodado, apapachado, aleccionado; escindido de sus convicciones; cauterizado en su radicalismo y reconciliado con el «estatuskú», el men, como buen hijo de la perezosa ciudad, adopta entonces un airecito de unción y bobería como el que refleja un ángel de retablo.
Y la murmuración no es infundada, pues como joyita del muestrario el nicho que le fue reservado al Francisco Morales en la dote cultural de nuestras miserias locales. Me refiero a la edicion intitulada «El margen reversible», especificamente el libro V, de poesía, que lo engalanan los siguientes batos y rucas:
Noé Carrillo (con 3 poemas en un espacio de 3 páginas), Roberto Castillo Udiarte, (con 1 poema en un espacio de 4 páginas), Elizabeth Cazessús (con 4 poemas en un espacio de 4 páginas), Lorena Cienfuegos (con 1 poema en un espacio de 1 página), Rosina Conde (con 2 poemas en un espacio de 6 páginas), Luis Cortés Bargalló (con 2 poemas en un espacio de 4 páginas), Esalí (con 2 poemas en un espacio de 2 páginas), Alfonso García Cortez (con 3 poemas en un espacio de 3 páginas), Alfonso René Gutiérrez (con 3 poemas en un espacio de 3 páginas), Víctor Hugo Limón (con 6 poemas en un espacio de 7 páginas), Teresa López Avedoy (con 4 poemas en un espacio de 4 páginas), Francisco Morales (con 9 poemas en un espacio de 9 páginas), Horacio Ortiz Villacorta (con 3 poemas en un espacio de 4 páginas), Juan Reyna (con 2 poemas en un espacio de 2 páginas), Raúl Jesús Rincón Meza (con 3 poemas en un espacio de 7 páginas), Manuel Romero (con 1 poema en un espacio de 2 páginas), Víctor Soto Ferrel (con 2 poemas en un espacio de 2 páginas), Ruth Vargas Leyva (con 3 poemas en un espacio de 5 páginas), Rubén Vizcaíno Valencia (con 1 poema en un espacio de 6 páginas), Heriberto Yépez (con 2 poemas en un espacio de 3 páginas) y Gilberto Zúñiga (con 3 poemas en un espacio de 3 páginas).
En total: 20 changos son los que participan.
He anotado el número de páginas que se han otorgado a los inquilinos del libro en mencion para que el lector pueda dar fe de las actitudes atrabilarias y chapuceras de los antologadores y, asimismo, de los vates privilegiados e hiperprivilegiados, es decir, los de primera y los segundones. Claramente se guacha quiénes son los que comulgan en la capilla tertulera oficialista; los iniciados y agnados apenas merecen una o dos putas hojuelas. Palpable raquitismo por una lado, y por el otro la consideración gandallesca a favor del Pancho Morales, que hasta raya en la desvergüenza. No hay equivocos, son las condecoraciones y privilegios los que causan empacho. Y la solidaridad entre los escritores es un pingajo de dádiva. Dirá algún invitado o invitada: merezco más pero con una pinchi página me conformo. Pragmática resignación. Con ese preciso y justo sistema de inclusión lírica me quedo sin entender qué es la democracia. Ya lo dijo Adorno: ni el arte ni literatura pueden ser terrenos neutros.
«Pobres débiles criaturas, ¡cuán cobarde y traidoramente se les seduce!» [cantaba Mefistófeles a Fausto].

Todo depende de las adhesiones y rechazos viscerales. Primero van los genios del espectáculo cultural, después, ya veremos quién mama el pito como condición sine qua non para que le publiquen su seudo, cuasi, semi, meta, proto o anti... poema, en un libro tramposo que ni siquiera alcanza a disipar o eludir las lacras politiqueras del cuchupo y apalabre.


¿QUIEN SE ATREVE PONERLE EL CASCABEL AL GATO?


La función cultural de la mayoría de los artistas y escritores que han emergido —con mas precipitación que talento— es de escaparate y aparentan que son ellos quienes los encargados de «construir la realidad cultural». Desde los años ochenta, el panorama norfronterizo apenas ha tenido avances cualitativamente estéticos, tanto en la literatura, pintura y poesía.
A juzgar por los resultados, ha sido la eclosión del espíritu neorretórico y el cambalaje ideológico del arte como de objeto consumo-entretenimiento. Trasplante cultural de asepsia y manipulación que desprende la cantidad de la calidad y lo real de lo imaginario en nombre de la falsa libertad de mercado y de la propaganda embustera que no cesa en llamar poetas o pintores a quienes no lo son.
Promoción de una «estética del disparate», muestrario de palabrería y esnobismo, en la que, no obstante —con la modulación circunspecta que comienza con Holderlin, seguida por Beckett, y que va de Lacan, Kristeva y Barthes, pasando por el minimalismo y las figuraciones estrictamente gramaticales, desglosadas en metatextos y demás payasadas «miméticas»— se evita llamar a las cosas por su nombre.
Y tenemos un acopio bastante considerable para lograr tan persistente efecto de altivez tijuanera. La frontera norte de México es, de un tiempo acá, la pasta con la que se hacen hogaño poetas, escritores y periodistas. Pero, qué importa si al cabo hasta el santo rey David se echaba una cana al aire. Pero aquí los trapicheos son al fiado y la «kulturkampf» una perrería de mala pécora que mancomuna al arte con la bufonería repugnante, la obstinación cortesana, la creación de famas súbitas, la pedantería arribista y el ejercicio de entretenimiento y banalidad, huérfano de instrumentalización epistemológica y sin condensación estética.
Escritores y poetas, de un plumazo, echan a la calle (del olvido) estolos malformados, textos charamusqueros. De concluida deprecación mental, la mayor parte de la producción letrera es vacua e insustancial; un depósito de la ignorancia y la estupidez en toda su plenitud práctica.

DEL CLUB DE LAMBISCONES DE LA DIANA PALAVERSICH

Ahora que el «mérito artístico» es estrictamente subjetivo, pues qué más remedio que incluir a todo y confundir a la «crítica» con los discursos parasitarios, mediaciones tramposas para asombrar a la grey protoliteraria. Si la historia sólo se concibe en metáforas, entonces habrá que aceptar en la categoría de crónica a las lambisconerías y gazpachos que la fulanita de nombre Eve Gil tiró a redondel, en página güeb, el sábado 18 de noviembre de 2006 con el ribete de «Crónica del 4to Festival de Literatura del Noroeste, "Trasladando las fronteras"»:

«Magnífica conferencia la ofrecida por la académica y ensayista croata, radicada en Sydney, Australia, Diana Palaversich, la especialista número uno en escritores de la frontera norte, casi sin querer, gracias al enorme interés que despertaron en ella dos autores oriundos de aquellas tierras que tenía por simplemente mexicanos: Cristina Rivera Garza y Heriberto Yépez. Ella sí que nos ha leído a todos, sin excepción, y por lo mismo hizo gala de erudición así como de simpatía (probablemente sea la crítica más querida por todos los autores oriundos de aquella región)». [http://eve-gil.blogspot.com/2006/11/crnica-del-4to-festival-de-literatura.html].

Además de carantoñera, la gaznápira jémur bejuquea ignorancia, ya que la tal Rivera Garza es más sureña que los paliacates de color rojo; lo cierto es que nada tiene de fronteriza ni de norteña, pues, a decir verdad, es una chinche guacha importada de Toluca.



NOTAS O GÜEVOS DE COCHI


(1).- Y no han de faltar los arrimados con sonajas e inciensos que se desviven clamando gracia a favor de esta arribista atarantapayos. Leamos lo que apuntó el Rafa Saavedra al respecto: «Este martes 9, la conferencia dictada por nuestra crítica favorita Diana Palaversich* sobre Narco cultura: mito o realidad fronteriza en la sala audiovisual de la Escuela de Humanidades (UABC Tijuana) al punto de las 6pm, entrada libre. *de la Universidad de New South Wales, Sydney Australia. Posted by rafa, lunes, marzo 08, 2004» [crossfader.blogspot.com].

(2).- La cartelera promocional del CENTRO CULTURAL TIJUANA, aparecida en fecha 1 de diciembre de 2005, consignó la pleitesía en favor del poeta tecatense con este cabezal: «PARTICIPA EN EL HOMENAJE A FRANCISCO MORALES: LA CIUDAD QUE TE CANTA». Y este fue el chorizo que se empaquetó: «El Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, a través del Centro Cultural Tijuana, invita a la celebración de la palabra: homenaje a Francisco Morales, titulado La ciudad que te canta, el viernes 2 a las 7:00 p.m., en la Sala de Lectura del CECUT, con la participación de reconocidas personalidades de la comunidad cultural». Y las «reconocidas personalidades de la comunidad cultural» participantes son los integrantes de la cofradía seudoculturosa del poeta laureado. «Este merecido homenaje parte de la idea original de Julieta González Irigoyen. El diseño y desarrollo está a cargo de Aída Araceli Méndez Flores; la musicalización y apoyo técnico de Marcos Tizoc García Delfín; la imagen fotográfica de Roberto Córdova-Leyva; la Musicalización Poética y Proyección de imágenes Fotográficas de Marcos Tizoc García Delfín y Roberto Córdova-Leyva». Más los enquistados que, en calidad de invitados, resaltan «por orden de participación»: «Lucy Villa, Mónica Morales, Elizabeth Sobrazo y Adolfo Morales. En la lectura participarán Paty Blake, Heriberto Yépez, Flora Calderón Guadalupe Rivemar, Martha Parada, Humberto Félix Berumen, Roberto Castillo, Julieta González y Francisco Morales». El churrumais propagandero remata con este pajuelazo: «El Centro Cultural Tijuana espera contar con su presencia en este evento, un esfuerzo por promover la lectura y reconocer a los artistas de la región como parte valiosa de nuestro patrimonio cultural, fortaleciendo así los objetivos planteados en el Programa Nacional de Cultura 2001-2006» [http://www.conaculta.gob.mx/estados/dic05/01_cec02.htm].

Wednesday, November 29, 2006

ROQUE DALTON




A LA POESÍA

Agradecido te saludo poesía
porque hoy al encontrarte
(en la vida y en los libros)
ya no eres sólo para el deslumbramiento
gran aderezo de la melancolía.

Hoy también puedes mejorarme
ayudarme a servir
en esta larga y dura lucha del pueblo.

Ahora estás en tu lugar:
no eres ya la alternativa espléndida
que me apartaba de mi propio lugar.

Y sigues siendo bella
compañera poesía
entre las bellas armas reales que brillan bajo el sol
entre mis manos o sobre mi espalda.

Sigues brillando
junto a mi corazón que no te ha traicionado nunca
en las ciudades y los montes de mi país
de mi país que se levanta
desde la pequeñez y el olvido
para finalizar su vieja pre-historia
de dolor y de sangre.

Roque Dalton










CREDO DEL CHE

El Che Jesucristo
fue hecho prisionero
después de concluir su sermón en la montaña
(con fondo de tableteo de ametralladoras)
por rangers bolivianos y judíos
comandados por jefes yankees-romanos.
Lo condenaron los escribas
y fariseos revisionistas
cuyo portavoz fue Caifás Monje
mientras Poncio Barrientos trataba
de lavarse las manos
hablando en inglés militar
sobre las espaldas del pueblo
que mascaba hojas de coca
sin siquiera tener la alternativa
de un Barrabás
(Judas Iscariote fue de los que desertaron de la guerrilla
y enseñaron el camino a los rangers)
Después le colocaron a Cristo Guevara
una corona de espinas
y una túnica de loco
y le colgaron un rótulo del pescuezo
en son de burla
INRI: Instigador Natural
de la Rebelión de los Infelices.
Luego lo hicieron cargar su cruz encima de su asma
y lo crucificaron
con ráfagas de M-2
y le cortaron la cabeza y las manos
y quemaron todo lo demás
para que la ceniza
desapareciera con el viento
en vista de lo cual
no le ha quedado al Che otro camino
que el de resucitar
y quedarse a la izquierda de los hombres
exigiéndoles que apresuren el paso
por los siglos de los siglos
Amén.

Roque Dalton



EL DESCANSO DEL GUERRERO
Los muertos están cada día más indóciles.


Antes era fácil con ellos:
les dábamos un cuello duro una flor
loábamos sus nombres en una larga lista:
que los recintos de la patria
que las sombras notables
que el mármol monstruoso.

El cadáver firmaba en pos de la memoria
iba de nuevo a filas
y marchaba al compás de nuestra vieja música.

Pero qué va
los muertos
son otros desde entonces.

Hoy se ponen irónicos
preguntan.

¡Me parece que caen en la cuenta
de ser cada vez más la mayoría!

Roque Dalton



CARTITA

Queridos filósofos,
queridos sociólogos progresistas,
queridos sicólogos sociales:
no jodan tanto con la enajenación
aquí donde lo más jodido
es la nación ajena.

Roque Dalton




ACTA

En nombre de quienes lavan ropa ajena
(y expulsan de la blancura la mugre ajena).
En nombre de quienes cuidan hijos ajenos
(y venden su fuerza de trabajo
en forma de amor maternal y humillaciones).
En nombre de quienes habitan en vivienda ajena
(que ya no es vientre amable sino una tumba o cárcel).
En nombre de quienes comen mendrugos ajenos
(y aún los mastican con sentimiento de ladrón).
En nombre de quienes viven en un país ajeno
(las casas y las fábricas y los comercios
y las calles y las ciudades y los pueblos
y los ríos y los lagos y los volcanes y los montes
son siempre de otros
y por eso está allí la policía y la guardia
cuidándolos contra nosotros).
En nombre de quienes lo único que tienen
es hambre explotación enfermedades
sed de justicia y de agua
persecuciones condenas
soledad abandono opresión muerte.
Yo acuso a la propiedad privada
de privarnos de todo.

Roque Dalton



LA PEQUEÑA BURGUESÍA
(Sobre una de sus Manifestaciones)

Los que
en el mejor de los casos
quieren hacer la revolución
para la Historia para la lógica
para la ciencia y la naturaleza
para los libros del próximo año o el futuro
para ganar la discusión e incluso
para salir por fin en los diarios
y no simplemente
para eliminar el hambre
de los que tienen hambre
para eliminar la explotación de los explotados.
Es natural entonces
que en la práctica revolucionaria
cedan sólo ante el juicio de la Historia
de la moral el humanismo la lógica y las ciencias
los libros y los periódicos
y se nieguen a conceder la última palabra
a los hambrientos, a los explotados
que tienen su propia historia de horror
su propia lógica implacable
y tendrán sus propios libros
su propia ciencia
naturaleza
y futuro.

Roque Dalton




El Salvador

La metamorfosis de Joaquín Villalobos

Roberto Bardini

El ex comandante guerrillero salvadoreño Joaquín Villalobos, quien pasó por la universidad inglesa de Oxford para metamorfosearse en politólogo, se ha convertido impúdicamente en "asesor de conflictos" del presidente colombiano Alvaro Uribe. Sin embargo, Villalobos carga con una mancha aún peor: fue él quien en 1975 dio la orden de asesinar a Roque Dalton, uno de los más brillantes intelectuales centroamericanos.
En diciembre de 1977 cobró fuerza la insurrección sandinista contra el dictador Anastasio Somoza y el 16 de enero de 1992 se firmaron los Acuerdos de Paz entre el gobierno y los rebeldes salvadoreños en el castillo de Chapultepec, de la ciudad de México. Entre esas dos fechas fui corresponsal en América Central. Vivía en Honduras pero me desplazaba a través de Nicaragua, El Salvador y Guatemala por cuenta del diario mexicano El Día, la desaparecida revista de circulación latinoamericana Cuadernos del Tercer Mundo y la Agencia Nueva Nicaragua (ANN).

Fueron los 14 años más intensos y privilegiados en mi oficio de reportero. Hago esta alusión personal porque creo que puedo decir con cierta autoridad profesional que Joaquín Villalobos ha tenido a partir de 1992 una trayectoria lamentable.

Convertido en dirigente del nuevo Partido Democrático (PD), antes de su colaboración con Uribe ya era -y sigue siendo- 'apagaincendios' del actual presidente de su país, Francisco Flores, de la conservadora Alianza Republicana Nacionalista (ARENA). El egresado de Oxford dispone de una columna en El Diario de Hoy y de un espacio matutino en la oficialista Telecorporación Salvadoreña (TCS).

Además, cada vez que el gobierno enfrenta conflictos sociales, el analista viaja desde Gran Bretaña para opinar en vivo y en directo acerca de huelgas, movimientos sociales, partidos políticos, campesinos, trabajadores y estudiantes. Y con un pragmatismo sorprendente no pierde una sola oportunidad para criticar a sus antiguos compañeros del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).

Un "error de juventud"

El 10 mayo pasado se cumplieron 28 años del asesinato de Roque Dalton, periodista, ensayista, poeta, novelista y combatiente revolucionario. La bala que penetró en su cabeza no salió de un arma policial o militar. Fue disparada por alguien que se suponía un compañero del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP).

La orden de ejecución fue dada por Alejandro Rivas Mira y Joaquín Villalobos, quienes también mandaron 'arrestar' a Dalton el 13 de abril de 1975. La acusación -falsa, desde luego- fue que era 'agente de la CIA'. La fecha escogida fue cuando en El Salvador se celebra el Día de las Madres. Cuatro días más tarde, el escritor hubiera cumplido 40 años.

El cuerpo ni siquiera fue enterrado: los ejecutores lo abandonaron en un paraje denominado El Playón. El cadáver terminó devorado por perros y aves de rapiña. Y un detalle aún más tenebroso: en ese lugar, los escuadrones de la muerte salvadoreños dejaban los restos acribillados a tiros de políticos, sindicalistas y estudiantes sospechosos de colaborar con los guerrilleros.

El asesinato fue 'injusto, un error de juventud, el más grave que cometí', le dijo el propio Villalobos casi 18 años después al periodista Juan José Dalton, hijo de la víctima, quien lo entrevistó serenamente durante tres encuentros. El muchacho no admitió la explicación: 'Ello sería aceptar que esa etapa de la vida -la juventud- es potencialmente criminal, lo cual no es posible', escribió.

"Como si supiera que me van a matar al día siguiente"

Roque Dalton nació el 14 de mayo de 1935, en San Salvador. Su padre, Winnal Dalton, era un millonario texano criado en la frontera con México. Su madre, María García, fue una modesta enfermera salvadoreña. Realizó sus primeros estudios en un colegio jesuita. Después ingresó a las carreras de Derecho en Chile y Antropología, por poco tiempo, en México.

En 1953 entrevistó al muralista mexicano Diego Rivera para la revista literaria de la Universidad de Chile. El mismo Dalton relatará mas tarde su encuentro con el pintor: 'Me preguntó, con aquella manera exuberante que tenía, que cuántos años tenía yo. Yo le dije que 18 años. Entonces me preguntó que si yo había leído marxismo. Yo le dije que no. Entonces me dijo que tenía yo 18 años de ser un imbécil. Y entonces me echó'.

RADIOGRAFÍA DEL BLOGUERO DESCEREBRADO



RADIOGRAFÍA DEL BLOGUERO DESCEREBRADO

1.- Recuerden que el oficio de bloguero, o lo que entiendan ustedes por bloguear, es una actividad —o pasatiempo, si así lo prefieren— que no requiere compromiso ni responsabilidad. Pero es bloguero descerebrado es responsable, eso sí, en el sentido que responsabiliza a un tercer individuo de todo aquello que depare algún inconveniente o divergencia en contra de su manera de ver las cosas; todo cuanto le ocurra es culpa de otro.

2.- El fin de su actividad blogueril consiste en escoger temas relacionados con acontecimientos que despierten interés, pero aclaremos que se trata del interés propio del bloguero descerebrado, desde luego.

3.- Al redactar sus breves notitas, el bloguero descerebrado, aunque no lo dice, se ufana de ser «objetivo», no importa que ni siquiera sepa que significa ese término. En este aspecto emparienta con la no muy nueva generación de periodistas adictos al maniqueísmo; es más hasta gusta imitar el peculiar estilo de picaporte que asumen los (in)comunicadores.

4.- El bloguero descerebrado posee una convicción tan firme con relación al sentido vital, social, político o cultural que permea en sus textos que necesita, a efecto de salvaguardar su integridad ya sea física o moral, diluirse en el muy socorrido arte de la ambigüedad.

5.- La mayor parte de los blogueros descerebrados sufre la capitis de minutio, es decir, su capacidad mental y energía volitiva son tan reducidas que no ceja de pregonar el principio de la «inmediatez» de la escritura; lo que en términos folclóricos quiere decir que redacta sus textos la brava. Asi, gracias a su carácter friolero, en cada post que escribe repite el circulo vicioso, justificando su podredumbre en tal simplicidad evangélica con la que disfraza su miedo o frustración al no poder diferenciar criterios, desarrollar ideas o formular conceptos; de allí que en el inconciente del bloguero descerebrado haya una refundición de clichés exteriores.

6.- No obstante que hay blogueros buenos y blogueros malos, al bloguero descerebrado le da lo mismo escribir mejor o peor; lo que escribe no tiene envergadura ni consistencia intelectual, y rara vez se advierte en él un gesto de apretura crítica, pues se declara nihilista y ajeno a paradigmas dogmáticos, aunque regularmente adopta actitudes propias de la inquisición.

7.- Debido a su escasa evolución cognoscitiva y a la anemia cultural que padece, el bloguero descerebrado apuesta al vacio ya que únicamente elabora parágrafos asistemáticos que salen a pantalla como contorsiones interpretativas y gesticulaciones de bajo anaquel; son un déficit teórico volcado hacia la banalidad, mientras pretende hacer de las formas expresivas de la literatura y el periodismo en lo que aquí conocemos pochoñolamente como «comida para llevar», y más hacia el sur, «comida rápida».

8.- Sin embargo, es justo reconocer que el bloguero descerebrado cuanta con una un buen grupo de —digámosles así— lectores, aunque en realidad se trata de gente que igual que el escribano de marras, padece un grave problema de autoestima.

LIBERTAD E INTOLERANCIA BLOGUERA



La libertad de los blogs

«Una lectura dispersa de varios weblogs argentinos, pertenecientes al género que se podría definir como "personal", aunque escritos por los más variados autores, me ha permitido formular una ley que es común a la mayoría de ellos: ninguno ofrece espacio para la crítica, no porque no estén "abiertos a todo público" (cuando digo "a todo puúblico", me refiero a "todo publico de determinado nivel cultural") sino que están dirigidos, lisa y llanamente, solo a aquellos que tengan o puedan tener alguna afinidad con el autor, es decir, a sus "amigos".

En otras palabras, esto es la proyección a la Red de cierto tribalismo tan presente an la cultura de estos tiempos, sobre todo entre las juventudes. Es cierto que siempre han tenido influencia en la cultura (tanto en la "alta" como en la popular), ciertos pequeños grupos de personas, unidos por vínculos de afinidad; y que todo "escritor" (es un decir, estoy rebajando un concepto de Umberto Eco que recuerdo de mis clases de Literatura) se formula mentalmente un "lector modelo" antes de crear su "obra". Sin embargo, teniendo en cuenta que ninguno de los autores a los que refiero se destaca por su genialidad y muy pocos son talentosos (lo cual, en cierto modo, justificaría esta actitud gregaria), ¿qué cosa más aburrida que ser leido y comentado siempre por los mismos? ¿qué cosa más aburrida que formar parte de un grupúsculo de auto-adoración mutua? Quizá esto pueda ser necesario, psicológicamente hablando, en ciertas etapas de la vida, pero no puede ni debería convertirse en costumbre. Una cultura de tribus, llevada al extremo, no sería extraño que mute en una especie de corporativismo posmoderno, con todo lo que ello implica.

Volviendo al tema de los weblogs, estas costumbres tribales salen a la luz, por lo general, cuando sucede un hecho extraordinario: un lector, de aquellos que no frecuentan la página, se atreve a criticar alguna de las "ideas" expuestas por el autor en uno o en varios de sus posts. Hay conmoción general, se desata una verdadera tormente en el seno del blog. El dueño de casa, indignado, refuta con seguridad a su crítico, aunque por lo general, no recurre a ningún argumento más válido que "si no te gusta mi blog no lo leas". Poco después, aparecen los "incondicionales", que sin ninguna clase de elegancias se dedican a destrozar al infame que osó molestar al colega. Se diría que estos cumplen una función similar a la de los oyentes que dejan mensajes grabados en las radios: decir todas las barbaridades que los conductores no pueden sin verse comprometidos legalmente o socialmente.

La clave del asunto, está en esa frase furtiva, "Si no les gusta lo que escribo, no lo lean". Es decir, según las normas internas de estos grupos, no es legítimo leer aquello con lo que no se coincide. No solo se anula toda posibilidad de debate (algo que en ciertas circustancias, es comprensible) sino que directamente se deslegitima la posibilidad de acceder a ideas, a puntos de vista, que difieren de los propios, lo cual es mucho peor. La autora de uno de mis blogs favoritos, en el fotolog que posee, solía afirmar algo así como "si me van a criticar, ahorrense los comentarios", frase que se podría creerse autoritaria, pero también se debe considerar que ella nunca prohibió a nadie leer sus textos, como sí hicieron muchos otros, sino que se limitó a, digamos, "restringir" el derecho a comentarlos.

No podemos leer aquello con lo cual no estamos, o peor aún, no deberíamos estar de acuerdo. Solo leemos lo que escriben nuestros "amigos" y con eso nos conformamos. ¿No va eso en contra del "espiritu universalista" de Internet? Tonterías, jamás ha existido tal idea. Pensar que hasta principios de este año, en casi todos los diarios, aparecieron artículos comentando sobre el "fenomeno" de los blogs y de sus "infinitas" posibilidades para ofrecer y difundir "libremente" una "nueva clase de literatura"...»
[Luis Ferrari Avellaneda, sábado, abril 16, 2005, elcrepusculodelosidolos.blogspot.com]

FUNDAMENTALISTAS, CHUPAPOLLAS Y DOBLADOS

¡Uuuuuu, pinchi Changueroti!, mejor cuéntame una de vaqueros. A ver deja darle un buen chat a esta madre, y luego me sigues contando tus jaladas. Glup, glup, glup, glup. Barcelona, qué poca madre tienes pa la cábula, bato... Glup, Glup, Glup...


FUNDAMENTALISMO TIJUANENSE


En días pasados y presentes me di tinta que la «Chika linda» se entretuvo posteando en algunas bandejas de «comments» de ciertos blogueros conocidos en la blogósfera tijuanense; se la paso midiendo el grado de tolerancia de algunos blogs, verbigrattia: el de la «Beduina», pnumaticos.blogspot.com, el Juan Martínez, el poeta que arrastra las patas,, deljuan.blogspot.com, (tocante a un comentario del «Cabeza de Poronga», brunoruiz.blogspot.com); el de la «Meña Changueroti», chango100.blogspot.com; el de doña «Problemática», conflictiva.blogspot.com, entre otros; y es sorprendente para miguel la manera en que estos blóguer han caído en posturas fiscalizadoras propias de un censor ortodoxo respecto de las opiniones que terceras personas —en este caso los comentarios de la Chika linda—.

Los blogueros de marras, por la forma tan intolerante mediante la cual han obrado, no son contrarios a los inquisidores medievales que castigaban la herejía, ni a los mismísimos persecutores de la ciencia y de las ideas de vanguardia, pues se comportan como duros fundamentalistas que hacen de las suyas en estos tiempos de pútrido posmodernismo que todo se mezcla y se confunde entre el ser y el no ser.
Y no solamente están en contra de las ideas u opiniones ajenas y divergentes con sus gustos y complacencias sino que no las toleran y se avocan a censurarlas extirparlas tergiversarlas a su conveniencia por medio de emborronamientos cuando algún comentarista emite un punto de vista con relación a algún tópico que ellos abordan o respecto de algún incidente donde se les involucre y en efecto estos blogueros sutilmente como si fueran dueños de la chichi de vidrio que regentean gratuitamente, gracias a las concesiones del Pentágono, la CIA y el Departamento de Defensa de los Yunaites, practican la censura ocultando y desapareciendo mensajes que a manera de textos virtuales redactan algunos visitadores (para no decir lectores) que aterrizan en la bandeja de sus «comments».
No quieren que las opiniones ajenas salgan a relucir y que sean leídas por algunos otros visitadores (para no decir lectores, valga la rebuznancia) y de un putacazo arrojan al vacío histórico aquellos esfuerzos y acciones de lucha llevaron a cabo nuestros antepasados para reivindicar las prerrogativas que de manera pingüe somos sus depositarios; ríos de sangre vueltos pura abstracción y charlatanería.
Así es señores, los blogueros de marras no les importa las libertades de expresión y pensamiento, o si les importan a leguas se ve que son unos ingenuos inconsecuentes que no tienen conciencia para vislumbrar la magnitud de las atrocidades que cometen con el pensamiento ajeno, el que por supuesto no es de su agrado.
Asi es señores, que chingue su madre Voltaire, que se joda Juan Jacobo y que se vayan al carajo las constituciones y los derechos del hombre y del ciudadano que al fin y al cabo estamos en la cómoda era Buchista de los encamados.
¿Puede a esto llamársele un prototipo del humanismo progresista?.
Justicieramente valoran «lo que sí» y «lo que no».
Bien, bien, las cosas en su lugar, solo después de esos reajustes —como dijera el master Ernesto Sábato— pueden continuar las cosas como deben proseguir; solo asi puede ser posible el espíritu inaugurado por Petrarca y retomado por Erasmo y Voltaire para reanudar la marcha, osease, para que siga supurando la llaga progresista de la reacción.
Y en efecto para conformar lo antes dicho aquí va la fe de hechos de una manera brevísima:

1.- En cuando al comentario que la «Chika linda» vació en la teta de vidrio de la Beduina, pneumaticos.blogspot.com, esto fue lo que la exmonja discípula de Escrivá de Balaguer censuró:

«Oiga beduina que bien salio en la foto que el Charko men posteó en su blog.
¿Le gusta a usted beber muy seguido?, esta muy joven para . . .».


2.- En el caso del jale que se deja caer el Juan Martínez, el poeta que arrastra las patas, deljuan.blogspot.com, este bato escribió un poema titulado «Salmos» el cual fue aplaudido de un modo chupapollesco por el «Cabeza de poronga», al leer la lisonja vertida por el hombre de la cabellera invisible el titular de «Letras de cactus», muy temprano por la mañana de hoy (o sea 6 de octubre de 2005) procedió a eliminar el punto de vista que la «Chika linda» emitió con respecto a la alabanza bruniana.

- Este fue el comentario que esfumó de su bandeja de comentarios del poeta arrastra piedorros,Juan Martínez:
“Oiga, señor Poronga (así se apellida ¿verdad?), después de haber leído su comentario, ahora entiendo porqué el Charko men lo tiene ubicado en el área de chupapollas.

Además, una modesta sugerencia: usted emplea el término «Dios» en sentido pagano, es decir como «God», cuando lo correcto es utilizar el vocablo «Señor», o sea «Lord», como lo hace «Letras de cactus».”


Esta es la causa que provocó el efecto censor:

«the power of God
br | 10.05.05 - 2:00 pm ».


Este men es el poeta que arrastra las patas, el Juan Martínez

4.- En cuanto a la vasca de la «Meña Changueroti», chango100.blogspot.com, este pobre parásito burriciego (que hoy parece imitar a los cursilones autores de la «new age» como Paulo Cohelo) se autoencarna en comentarista suyo, echándose porras él solito, y extirpando todo aquello que no se adecua con su desgastada imagen de rabioso bloguero de cartoncillo (la verdad es que es un culón de siete suelas); y hay constancia (y que lo diga el «Príncipe del pochoñol») de que borra los comentarios de quienes le cagan el palo (aunque deja algunos para jugarla al magarre como tolerante y taparle el ojo al macho).
Este desdichado analfabestia, además de desabrido cursilesco, ahora resulta que se anda parando el culo de “crítico literario”, vomitando estúpidas alusiones a la novela del ruso Nobokov, pero lo más seguro es que su estulto texto sea un refrito sacado del «RINCÓN DEL VAGO».

El supuesto «Macabeo» de la blogósfera; único espécimen con celulitis en la cara y más tostoneda que doña Prodolina.

5.- En cuanto a la gordinflona, conocida como la Problemática, adicta a los tacos de salmonela tifis del cagüilazo y a los globitos de margayate, conflictiva.blogspot.com; esta ruca se lleva la medalla «Torquemada 2005», pues no solo estirpa, elimina y borra, sino que tergiversa, deforma y arranca de su contexto el mensaje original del visitador que emite opinión respecto de sus gracejadas.

He aquí a doña «Problemática», y lo que más defiende y trata de ocultar: su gordura.

SIGNOS INEQUIVOCOS DE LA CUTRERIA CHUPAPOLLESCA

Dos entes «replicantes» en un saludo fraternal
(tesis y antítesis, pero desprovistos de síntesis)
Erasmo Heriberto Eskulapio Yépez (o la India María de la literatura) y el Manuel Lomelí (el Chango Cién)



Hay posts que en verdad inspiran a escribir, sea cualesquier babosada pero jode, si el blog no está para eso, entonces ¿para qué fregados está. Sin embargo, hay otros que nada más causan en mí cierta repugnancia/envidia, y sé que es debido a ese viejo rencor que le guardo a la clase media tijuanense.
Es por eso que hay que partirles en la madre a esos putos blogueros, a esos putos escritores del establishment, medioclaseros que se ganan su puesto en la sociedad por medio de las malas tranzas de sus padres, de sus madres, que le robaron al pueblo su educación y que le siguen robando al erario tijuanense un medio de vida que no merecen. Son unos parásitos de la sociedad que no aportan nada, en lo absoluto, nada a la sociedad de la cual le exprimen toda su fama.

Sigan bebiendo su pisto, putos; sigan sus pláticas que al fin y al cabo lo único que hablarán de ustedes es qué frívolos son. Putos, supieran escribir por lo menos, supieran identificarse con la miseria, con el dolor; pero no, sus cuentitos de drogas, sus fotos de nice people; faltos de visión, I spit on you!


Rencor al rojo vivo, Julio el sueco, aztlan2.blogspot.com



¿Serán acaso estos que usted, querida lectora o lectora, guachea?


El bloguista Bruno Ruiz entre dos rucas que sabra Dios qué madres
las habrán arrojado al mundo [excepto la morra de las antiparras, que es una de mis musas favoritas]





¡Ah!, ¡y que viva la pepa y la jarana; y que el mundo ruede!


¿Blogueras o gallinas con espolones?

Wednesday, September 27, 2006

EL POETA QUE ARRASTRA LAS PATAS

Saturday, September 23, 2006

LA IRENE ADLER • UNA POETA FLAMÍGERA



En próximo DOSSIER de marconsed.blogspot.com se puede hallar parte de la imanencia lúdica de la blogpoeta suramericana IRENE ADLER, ofreciéndonos algunos de sus remanentes liricos que han surgido gracias a su condicion de «erlebanish dichter», o sea como poeta de la experiencia que se convierte en objeto inasible de una conciencia que ha aprendido a mirar las protuberancias liricas como si fueran las nalgas y tetas de una musa que se embriaga con los estertores de un flujo lividinal que se convierte en canción de cuna, en maullido de gato callejero, en ladrido de perro, o en lo que usted quiera.

Aquí va un sorbetito poético de la ruca antologada:


IRENICA


Una guitarra de lágrimas azules
se empeña en decir nada,
un espejo de acero y espaldas se desliza por mi sombra.
El filo de la excusa acecha con su vértigo de sangre nunca seca.

Debería cerrar la puerta deshojada en el diluvio.
Debería evaporarte de mi piel y mi cintura.
Sin embargo perduran cien rasgos de un océano que espera,
y un adverbio me seduce, esmerilado, como navaja:

"no hay astillas que desatar si sigue latiendo
mis cornisas se derraman en tu frente".

Desde entonces la furia desplaza las palabras,
caen las letras desgranadas como cajas de cartón mojado
y las víboras se impacientan en mis manos.
El silencio es mi atuendo favorito.

Me tienta tanto la espada
la pelea
la sangre
la espuma
y tus ojos me atraviezan como dardos

como luces

como dedos de viento cálido.
irene, 25.10.03




ANTICREDO 2.0


GÉNESIS

Me desnudo
tiempo primero y fundamental
el devenir de las horas me pertenece.
De mi vientre brotan los principios que te organizan,
líquido primordial que da vida a tu sangre.




PECADO


Apenas un gemido
el placer en fotos disparado
para tus dedos de tiza
La tierra misma que modela los sentidos.




SOBERBIA


Dueña del lenguaje que hablaremos,
con mi cuerpo te habilito las palabras.
Soy el arte de tu sangre: tu piel y tu cabeza.




CODICIA


Te quiero.
Tengo todo si te tengo.
Quiero todo lo que tengas.
Quiero más.




LUJURIA


El universo converge
en mi sexo
Toda mi magia
bendice tus piernas.



IRA

Tu doctrina, tus temores,
no profanan mi cintura:
la mano que te da de comer
prueba su filo en tus alas.




GULA


Tu fiebre me da vida.
Tu cuerpo me alimenta.
Soy la reina de la razón, de la forma. De tu palabra.



ENVIDIA

Soy la forma pura
en los cimientos de la noche.
Detesto que tus lágrimas resbalen hasta otra tierra.




PEREZA


Las promesas
no son para cumplirse,
toda forma tiende a disolverse en la informalidad.




PERJURIO


Tu voz sale impregnada de otras bocas.
Tu cuerpo es simulacro de una excusa.
La pesadilla vuela en círculos:
te tengo en la mira, contra la pared,
basta crispar los ojos y estalla tu cabeza.




HEREJÍA


Saliva que se espesa en premoniciones de alquimia
un juego de pieles, crujiente, se derrocha.
Nada menos que un sello.
Tinta indeleble.




COMUNIÓN


Vas a tragar mi sexo,
que es tu cuerpo
Voy a exhalar tu aliento
que es mi sangre.

irene, 14.10.03

CARLOS LÓPEZ DZUR • POETA CHAKALOSO



EL BLOG DEL MÁSTER LÖPEZ DZUR
Con una trayectoria macanuda y con la credencial de hermano mayor dentro del pregón literario del ciberespacio, con un ostentosa sobriedad estética que le cuaja su pedigrí chacaloso, por su actividad escritural tanto en la poesía, el cuento, el ensayo y la novela, el máster Dzur es considerado uno de los precursores de la ciberliteratura. La mayor parte de su producción se encuentra pixeliada en la chichi de vidrio y a la fecha cuenta con poco mas de medio melón de lectores (de calidad). Por su materia verbal de gran calidad y de altas resonancias, para que disimular y jugarla al cochi con livais, don Carlitos ya tiene la rotonda asegurada.
Va aquí un jemplo de su incontenencia retórica:

poesía como botín: Introducción
por Carlos López Dzur


Leer de esta colección de hurtos es meterse en mi guarida. Hacerlo es ya el robo al poquitico permisible de su tiempo. Usted se presta como víctima. La hipótesis de este libro es antiquísima: la apariencia externa de todo símbolo es robo. Oyente y relator, lector y poeta, son cómplices de una tarea que, por correlato, consiste en la confesión del hurto.

Espero que la palabra robar adquiera un nuevo significado una vez se haya terminado de leer las cien páginas de El ladrón bajo el abrigo. La guarida del ladrón es siempre la «casa del lenguaje» (Heidegger). No todos los individuos tienen cierto lenguaje en común, pero andan en acecho por la palabra nueva. Cualquiera sea el lingo recíproco, es el comienzo, el abrazo, ahí donde se constituye la poesía. Verbalizarse poéticamente es hurtar y la valija del despojo es la exposición, la esencia al descubierto, lo que se hurta. Ladrón que roba a ladrón tiene mil años de perdón —así que no me culpen. Sea el abrigo todo lo que está bajo la piel, digno de llamarse esencia, y lo encubierto que ha pasado por el proceso de transferencia, de un ladrón a otro.
Sicológicamente, el proceso que transforma en ladrón se relaciona al apetito, íntimo y primario, por suplantar, como hiciera Jacob al pedir la bendición de su padre Isaac. Para sentirse bendito, separado de la escoria cotidiana y sus menosprecios, Jacob tuvo que agenciarse aquello que tuvo más valor para sí y que le fue auténticamente deseado. La bendición de su padre (la de su madre Rebeca ya la tenía) y el trofeo fueron una suma dual de estas ansias. Una vez, sintetizado por la verbalización, el buen decir que bendice, adquirió el tipo de presencia que quiso con el mundo. El ladrón, como el poeta, hablan desde y por la bendición para el mundo. Llamo a ésto la primogenitura.
Hay quien vende la buena comunicación, la buena-dicción, o sus relatos más sublimes o certeros, por un plato de lentejas; guisados de conformidad y de triunfalidad vulgar y envilecente.
Estos son los Don Nadie de la tierra, los Esaú, quienes no valoran la esencia de los símbolos y que, por tanto, tendrán un lenguaje de sobrevivencia, sin vínculos ni raíces de gratitud y esperanza. Contrario a su hermano Jacob, quien lo suplanta y se apropia de la bendición de su padre, Esaú se vuelve un perseguidor, el criminal resentido y torpe, porque no tiene más artilugios que la fuerza bruta y el regodeo en sus frustraciones y mediocridades. Jacob -convertido aquí en paradigma del poeta, ladrón cósmico y sublime, como Jesús entre ladrones-, es el creador nietzscheano que pisotea a la mediocridad del habla débil, el adorno y regulaciones burocráticas de una civilización barnizada y comodina. En este sentido, Nietzsche y Heidegger coinciden, dándole forma y apertura a grandes robos de las cosas cimeras del Ser, no para sectorizarlas en vanidad, sino deyectándolas en el poder del ser, hacia su guarida alquímica de espíritu: la poesía.
En la tradición de Jacob, yo prefiero la poesía y el hurto de lo que es señero, valioso más allá de la inmediatez del hambre y las cosas de poca cuantía. ¡Qué transmutación es posible por la poesía al redefinir el hurto y al ladrón!
En esta sociedad en que vivimos, marcada con la tendencia a dar precio a todo (y no valor), donde se dice que todo individuo puede ser tentado si se le llega al precio, el mío no será una sopa de lentejas.
Los potenciales más valiosos del ser me han llevado al punto de apetecer más valor que precio. Por tanto, yo robo y poetizo, me visto de sátiro, canto con las ninfas y me devuelvo al mundo, con rituales auténticos que hablan sobre lo que soy y aspiro a ser, por amor a Isaac, a Rebeca, a hombres y mujeres del mañana…
Obsérvese que algunos textos, orginalmente, pertenecieron a otras colecciones poéticas en preparación. En las mismas, los poemas habrían sido inserciones inconexas, sin aporte a la unidad esencial, temas perdidos como hojarasca seca. Aquí han hallado mejor lugar y propiciamiento.


Wednesday, September 20, 2006

EL MARTÍN ROMERO Y SU SILLA ELÉCTRICA



LA LITERATURA FRONTERIZA EN SU JUGO

«—Lo primero que tienes que hacer es ponerte dos guantes de plástico —le dice el chino Way Lee a Mario Rojas—; luego, de este frasco de vaselina untas en las puntas de los dedos índice y mayor esta cantidad que pondrás alrededor y dentro de su ano; luego vuelves a untar, en los mismos dedos, la misma cantidad que usarás para limpiar su recto; en seguida pones cuatro pedazos de papel de baño sobre este papel especial, que ayudará a que las sábanas no se manchen de excremento».
«—Aun así, en pleno martirio, el chino era un chingón en el manejo de los dedos, que entraban en su culo y salían de éste una y otra vez (lo tenía del tamaño de una peseta)».
«—Cómo te sientes? —dijo Way Lee.
—Oh, siento que estoy en el paraíso —respondí.
—Mario, no seas sarcástico —dijo el señor Sampson—. Esto que has visto lo tendrás que hacer uno de estos días.
—Pero, señor Sampson —dije muy seriesote—, es una sorpresa fenomenal lo que he visto y olido.
—Es una experiencia nueva. Es todo —dijo el señor Sampson.
—¡Qué experiencia! —dije.
—Me gusta que seas optimista, aun cuando tengas que meterme dos dedos en el ano. Cómo respeto y estimo esos dos "dedos salvadores"; si no fuera por sus índices y sus mayores no sé qué sería de mí.
Guardé silencio por más de un minuto.
El señor Sampson, luego de bostezar, dijo:
—Mario, si logras pasar esta prueba sobrevivirás a cualquiera que la vida te ofrezca. ¿No es verdad, Way Lee?
—Sí, señor Sampson
».

Al siguiente día, Mario Rojas se despierta recordando unos versos de Quevedo:

La voz del ojo que llamamos pedo,
ruiseñor de los putos...
Y mientras pasan por su chompa las imágenes en que Way Lee le clineaba el toliro al gabacho, le pregunta a su esposa:

«—Sara, ¿no se te pone la carne de gallina saber que un día lo limpiaré?
—No.
—¿Porqué?
—Porque ustedes, los hombres, se asustan de todo, son muy cobardones.
—Óyeme, no creo que sea un privilegio limpiarle la cola a alguien por cinco dólares. ¡Ni las putas sufren como yo sufrí y sufriré!
¡Malíciala!
Sara siguió leyendo el periódico y dijo:
—Ya, escandaloso. Deberías visitar las salas de hospitales donde las mujeres dan a luz para que dejes de chillar.
Mandé a Sara a la chingada (claro, en mi mente porque no era conveniente decírselo en su cara: ella ganaba más dinero que yo y yo era quien iba irse a la chingada si le seguía haciendo al macho respondón).
"Mario, si logras pasar esta prueba sobrevivirás a cualquiera que la vida te ofrezca" — recordé las palabras del señor Sampson».


Lo expuesto anteriormente son trozos del tejido narrativo de los capítulos VI y VII de La silla eléctrica (1998); novela de Martín Romero, escritor norbajacaliforniano, que para los ojos de los lectores (de la buena literatura) y de los críticos (¿cuáles?) ha pasado desapercibida, por no decir que ha permanecido oculta. Y, en efecto, por angas o mangas, la obra no tiene la resonancia que merece; y no me refiero a las dificultades de difusión editorial, sino particularmente al desdén cáustico y ninguneo gratuito hacia el autor, quien no es ningún diletante en el quehacer literario, ni tampoco un pájaro nalgón inflado con pedos de gansos de hortelano por razones de cuatachismo o apalabre mediático, como suelen figurar conocidos chupapitos, apenas capaces de bosquejar ologofrénicamente unos cuantos garabatos. ¿Nombres? El descerebrado de Carlos Adolfo Gutiérrez Vidal, la sebosa de Regina Swain, las seudopoetillas y chamacas bobas —made in Miquimaus— Teresa López Avedoy y Lorena Cienfuegos, el varón castrado de la Cristina Rivera Garza y sus virtuales hijas putativas de La Línea, entre otros engendros yepezianos y existirosos.

—Pero volvamos a lo que te truje, Chencha.
—Simontaras en una burra.


Pa los que no sepan, La silla eléctrica, durante el zedillato fue galardonada por el CONACULTA con el Premio Estatal de Literatura 1998. Y, díganme si el bato que la parió no está cabrón: ese mismo año —sin meter cuchupo— también se cuaja con otra presea (piojosa, pero presea al fin); por su libro de ensayos y crónicas, Comicópolis, recibe el Premio Estatal de Literatura 1998, en lo que toca a periodismo cultural. Así que el batillo, como decía mi agüela, no necesita bulis pa nadar; el güey se la rifa solimán, sin andar langareando ni pidiéndole chichi a ningún hijo de puta. (Me están dando ganas de entrarle a esos pinchis concursitos cagados que oficia la ignorante de la Sari Bermúdez, ya de perdis pa levantar una leve mosca pa los chuchulucos y condones que no se rompan con el primer palo de tres yemas que uno le avienta a sus grupis blogueras).
Bueno, basta de digregaciones y regresemos al birote inicial.




EL MECHUDO CANONISTA DE CHICALI


Y ¿qué dice el canonista de la voz engolada acerca del Martín Romero en su menguado libraco Diccionario Biobibliográfico de Escritores de Baja California? El esteta mechudo solamente le dedica 4 renglones, diatiro cacicones. Guachen el pedo:

«Romero, Martín (Mexicali, B.C., 1965). Narrador y ensayista. Ha sido becario del FOECA en 1994. Ganó el premio estatal de literatura, en 1998, en novela y periodismo cultural. Autor de La silla eléctrica (novela, 1999) y Comicópolis (cronica, 1999)».


NOTA: Como al barbón cachanilla, igual le da meter en su lexiconcito literario mujeres de mala nota que especialistas en Borges o Lacan, dijera el Joaquín Sabina; remito a los lectores y lectoras a mi Vertedero de cretinadas (guardado en archivos del blog El Charquito) ribeteado con el cabezal «Gabriel Trujillo se desmelena», donde paso revista a los sesgos y omisiones de sus truculencias biográficas. Pero antes de entrarle a la machaca, métase un pomo entero de Fenobarbital para que apacigüe la depre postrera, como lo hizo la niña Hemingway.



BAJTÍN ME HACE LOS MANDADOS


Se trata de una novela hecha por un escritor fronterizo, de acá de este laredo de Mexitlán de las tunas, pero su entorno geográfico no corresponde a este tafanario de San Diego, sino al país más poderoso del mundo. La silla eléctrica representa simbólicamente el encuentro —contrapunteándose la yuxtaposicion, choque y rechazo— de dos mundos: el de la supraindividualidad pragmática (oportunista, racista y explotadora) del gringo, por un extremo y, por el otro, el del ser fronterizo, de cultura heterogénea, escindido en dos idiosincracias y consignado a recibir unas cuantas migajas del american dream a cambio de un putizón laboral.
En la obra hay una profunda participacion biográfica; el nivel de coexistencia semántica de las iniciales MR parece así suponerlo. Pero no hay que irnos con la finta, pues Mario Rojas, personaje principal de la novela, no representa al Martín Romero, ni es una réplica monológica redondeada por el autor. Martín Romero al escribir La silla eléctrica se convierte en mero espectador de las acciones y vivencias del Mario Rojas; es, por tanto, el anfitrión de sus personajes. Es verdad que Romero ha creado a Rojas, pero entre los dos hay distanciamiento, una ruptura de cordón umbilical que libera al personaje de su autor. Mario Rojas actúa con una conciencia de sí mismo, que es una autoconciencia dominante en la estrutura literaria de la novela; se mueve en su propio mundo. Por eso el autor no habla de él, sino con él; o sea con su propio discurso.
Puede verse en la novela que su autor no tomá posición o partido por ninguno de sus personajes; sencillamente, son ellos —el samaritano y culturoso Mario, el mandilón y cuadripléjico Sampson, la culerona e histérica Carly, la desconsiderada e insensible Sara, el tecolín Bruce, el tacataca Way Lee, el suato Sika y el mezquino Casey— quienes se encargan de lanzarse sus respectivas frustraciones, sus manifestaciones e insinuaciones, sus descargas morales, sus matices peyorativos que ponen en relieve tal afirmacion:

—Dime Carly, no me llames "señora Sampson".
"Que vieja más mamona" —pensé por un momento...»
(p. 32).
«Al salir Carly de la casa, el señor Sampson dijo "puta" dos veces .
Volteé a verlo y observé que tenía cara de fuchi»
(p. 58).
«No; mi vida con Sara era otra cosa: adiós party. Recuerdo la última de sus amenazas: "Escúchame bien, Mario. Si no te alivianas este año te mando a la puta chingada. Piénsalo bien"». (p. 60).

Y lo mismo ocurre al vislumbrar la lucha de voces ideológicas que resalta en los momentos de interacción sicológica de los personajes:

«—Mario, a mí me gusta proteger a mis animales. Tengo un perro chihuahueño. ¿Estás dispuesto a quererlo?
—Darle de comer sí, pero quererlo... no sé.
—¿Porqué no sabes?
Saqué el pecho y dije en tono severo:
—Porque la palabra querer es una abstraccion verbal. No confío mucho en quienes dicen "te quiero" cuando el querendón hace todo lo contrario. Ahora bien, yo guardo en mi memoria los actos buenos que he ido registrando al paso de los años y que me dan más seguridad para hacer las cosas. En pocas palabras, estar en armonía con mis semejantes. Espero que me comprenda, señora Sampson»
(p. 32).




FROM BEGINNING


La función del narrador es desarrollada por el personaje y se haya predeterminada, aparentemente, por el discurso biográfico. Pero esta es la forma en que Romero engaña al lector, lo cual le permite ahondar en campos más abiertos de posibilidades verbales. El tono y el estilo con los cuales estructura la obra son amenos, directos y sin ambages metafísicos para no sobrevaluar la palabra ni desgastarla en mamadas ridiculescas. Romero se tira a escribir al chile pinto y sin reservas, salpicando de caló sus enunciados. La lectura del texto jala; contiene un gancho sicológico que no permite al leyedor abandonar la mengambrea. (Tan perrón así está el pinchi Romeritos pa fraguar historias prendedoras, que mi ruca, en un lapso de tres orejas, se dejó caimán la novela; ¡verdad de Dios!; y me dejo mamar la riata si es mentira lo que digo).
Y así comienza el menjurje narrativo:

«Luego de trabajar por más de cinco años como consejero de menores abusados física, sexual y emocionalmente, a mediados de 1995, me quedé sin chamba. ¿La razón? Debido a una pesadilla siniestra. Soñé el rostro fijo y baboso del exlíder multivitalicio de la Confederación de Trabajadores de México: Fidel Velázquez. Tuve que ir a un hospital para ser atendido de emergencia porque esa noche se me bajó la presión como nunca antes.
Ese monstruo, aunque lo nieguen los racionalistas de la república, pertenece al inconsciente colectivo mexicano (tuve que pagar dos mil dólares a la ambulancia que me llevó a ese hospital de Chula Vista).
Y como los gringos la hacen mucho de tos y son muy estrictos para aplicar las leyes cuando les conviene, el Departamento de Vehículos Motorizados (Departament of Motors Vehicles —DMV) revocó mi licencia de manejar por un año. (sic).
Y no sólo tuve problemas con el DMV, sino que hasta perdí mi empleo [en el Centro Juvenil de Imperial Beach]. (sic).
Luego de recoger mis pertenencias de un ropero y ponerlas en varias bolsas de plástico, salí de prisa de allí. (sic).
Sin embargo, consideré injusto el despido, ya que aguanté bastante carrilla. (sic). También soporté insultos, gritos, mentadas de madre, intentos de golpes, pero tuve la suerte de nunca recibir uno. (sic).
Por fin llegué a la parada del autobús que me llevaría a la estación del tren rojo (o trolley), que me dejaría en casa. (sic).
Al subirme al autobús sentí un sabor amargo; imaginé que me llevaría la chingada si no conseguía chamba lo más pronto posible. Me dio coraje pagar dos dólares por utilizar un transporte caro; pero preferí dejar mi carro en casa para evitar así que la mala suerte apareciera de nuevo al manejar sin licencia y recibir, de un policía de caminos, un multón. (sic). [...] dentro de la unidad de transporte ocurre el espectáculo de todos los días: esquizofrénicos de distintos temperamentos molestando a los pasajeros, neuróticos en busca de pleitos, libidinosos que esperan el momento oportuno para dar el agarrón a quien se deje, menores de dieciocho años que se parten la madre a golpes y con armas, etcétera. Este show de sicópatas lo he visto por años. (sic).
Me sentí un paria: de un día a otro me quedé sin trabajo y con la licencia de conducir revocada. (sic).




EL BORDERBOY ESCUELIADO

Luego de que su esposa le arrima al Mario sendas giñadotas marca chillarás; tildándolo de talegas, el border boy ilustrado consigue una nueva chamba con un ruco tullido, macanas y racista, que a lado de su guaifa Carly, mujer vanidosa, culeis y manipuladora, es un pobre babiecas incapaz de pelar un chango a nalgadas. El carácter mezquino y visceral de la fulana arrastra a la mayoría de los personajes romerianos hacia el encomio, la reprobación y la sumisión; los envuelve en una capa de desprecio y procura siempre humillarlos. La ruca invierte a su favor la sicología del esclavo; pero no la aplica al esposa, no es necesario, el ruco ya está frito, pasivamente cinchado en su carreola.

He aquí un fragmento de la tremolina agobiante que vive el patrón de Mario Rojas:

«Volví a comprender que la neurosis de Carly y su control sobre su esposo eran de dar miedo.
—Disculpa, Mario. Todos lo días pienso que soy una mierda. La maldita paralisis, la cabrona inmovilidad sigue matándome. Las putas horas pasan y sigo esclavizado a esta silla eléctrica».


Antes de apearse de la burra que lo traslada a su cantón, Mario Rojas recoge un pápiro; es el Latín Power, "una publicación reconocida localmente por el número criminal de erratas, además de ser el portavoz del mitote caliente en esta región de California". En la última página del citado péiper, el protagonista se topa con la sección de empleos; la clava porque le interesó un jale consistente en chalanearle a un ruco jándicap. Y en cuanto aterriza en su chante, el MR avienta un foneto pa preguntar si todavía está vacante el camello que ofrecen. Cuando el bato marca el fon no hay güey que le reciba la llamada y deja su mensaje en la máquina contestadora. Luego de zamparse dos tanates cocidos —de gallina, of cors— se avienta una geteadita sobre un sofá. Al ratón, lo depierta el ring-ring de teléfono y, medio emputado, contesta:

«—¿Bueno! —dije enojado.
—Bueno —respondió la voz a través de la línea.
—¿Qué deseas?
—¿Se encuentra Mario Rojas?
—Con él hablas.
—¡Qué tal, Mario. Me llamo Michael Sampson. Recibí tu mensaje.
—¡Qué tal, señor Sampson....!
Fue directo.
—Déjame decirte en qué consiste el empleo. Tengo una discapacidad física: estoy paralizado de los brazos y las piernas. También soy gerente de un centro de ayuda a personas con discapacidades físicas a quienes les conseguimos empleos, habitación, ayuda médica, entre otras cosas. El trabajo de un asistente personal, en mi casa, consiste en levantarme a las seis y media de la mañana y acostarme a las diez de la noche de lunes a viernes (durante los fines de semana varía el horario), vestirme, prepararme el desayuno, la comida, y aveces la cena, así como bañarme, rasurarme, darme masaje en el cuerpo, etcétera. Respecto al dinero que pago.... es muy poco: cinco dólares por hora, salario que ganarías por un año. Si decides trabajar más meses conmigo te aumentaría un poco más, todo depende de tu entrega al trabajo. Debo advertirte que cansa. Si estás interesado dame ahora mismo los nombres de dos personas que te conozcan y sus números telefónicos para pedirles referencias sobre ti. No creas que soy del Servicio de Inmigración y Naturalización, pero así se manejan estas cosas. ¿Te interesa el empleo?
Sentí que el señor Sampson pedía mucho y pagaba poco.
—Claro que sí. Perdone, ¿dónde vive?
—En Lemon Grove.
"En la madre —pensé—. La pinche puta ciudad donde viven los racistas más antimexicanos de California"».

En las últimas líneas del discurso, aunque Mario hable para sí mismo y no exista un tercero oyente, el monólogo cobra el significado de un diálogo; pues el personaje habla con el fenómeno que se le presenta en su sesera. El diálogo consigo mismo adquiere el matiz de una orientacion ideológica; es la voz del mundo la que entra en la conciencia de Mario, la cual genera el diálogo interno. La peculiaridad de estilo verbal es el «yo» del personaje que se desdobla en un «tú». Dicho de otra manera: el personaje es el mismo discurso. No es necesario citar algún ejemplo al respecto, con los que ya he transcrito creo que bastan.



NI CHICANO NI POCHOÑOL

La silla eléctrica es una buena novela fronteriza, estructurada en un rango estético muy superior al determinismo chicano que apesta a cholismo fatalista. Y es que a Romero le caga de a madres repetir las mismas formulitas pendejas de un Bruce Novoa que pervierte la literatura en anecdotarios pasatistas, panfletos huecos, abstractos y chovinistas. El autor de La silla eléctrica no se rebaja a tales demagogias. Y tampoco rinde pletesía al misticismo guadalupano que caracteriza a la literatura pochoñola (sencillamente porque Romero sabe que Dios es gringo). Esas concepciones son ajenas al personaje, quien se define como un tijuanense:

«—Oh, como me da gusta tener a un chicano valiente a mi lado.
—Tijuanense, señor Sampson, tijuanense.
—Bueno, yo sólo quería decir que los chicanos son...».


Aunque la vida —vaya la rebuznancia— que vive Mario es relativamente perriada, tercermundista, su alma no se haya desvirtuada por la desdicha y las limitaciones locales del rodino acomplejado o del atípico mexican greaser que al llegar a Tijuana se incrusta en la clase media, chillona y vulgarizada.
El discurso narrativo, si bien es cierto, proviene de la necesidad concreta de un fronterizo que através de su autoconciencia junta tres mundos —el gabacho, el mexicano y el asiático—; mundos que en la realidad no se pueden unir. En el plano literario los personajes llegan a conformar un sistema unitario de ideas; los pensamientos, voces y puntos vista de Mario Rojas, Michael Sampson, Way Lee, Carly, Sika y Bruce Anderson organizan el contenido temático de la obra. Sus vivencias, actitudes, intereses, valores, posturas, confrontaciones, etc, constituyen la unidad orgánica de la novela, es decir, conforman la composición y la arumentación literarias. Todos participan en los acontecimientos y en el mismo círculo de relaciones.




LA MENIPEA EN LA SILLA ELÉCTRICA


«Coexisten en todo hombre —afirma Baudelaire—, en todo momento, dos tendencias simultáneas: la una hacia Dios; la otra hacia Satanás». Similar a este dualismo tradicional (carne y espíritu), citado por el poeta maldito; en la novela de Romero también descubrimos esa doble tendencia. El mundo de Mario Rojas está partido en dos viertentes; la cómica y la trágica, que son, a la vez, la suma del discurso literario. En el momento que el personaje se queda sin sin chamba, persiste en él la obsesión de cometer un atraco bancario. La desperació se mezcla con la chusqueza para armar un método de expiación o válvula de escape para los futuros pesares y remordimientos.

«Si asaltaba un banco lo haría con una pistóla de plástico, y no permitiría que el sentimiento de culpa viviera en mí como han vivido nuestras frustraciones al elegir gobernadores de todos los partidos que siempre la riegan. Además, ya Shekespeare lo dijo: "El mundo es un escenario". Sabía de antemano que estaba actuando en un drama político social» (p. 20).

Friday, September 15, 2006

ALEJANDRA MARTÍNEZ * POETA EN CIERNES




«Ahora, ¿por qué tendré que arrodillarme
ante el Chavo del Ocho de las cursilerías,
oler el pedo de la linda Lucero,
creer que Raúl Velazco es un iluminado?»

Carlos López Dzúr


CUANDO EL TALENTO SIRVE PARA COMPLICAR EL VERSO

No está de más echarle un vistazo a algunos miembros (en este caso se trata de una miembra) que pertenecen a la generación de los cachirulos y que han decidido, por angas o mangas, tirarse a escribir en lugar de aventar estiércol como lo hace la mayoría de los chamacos nacidos en la década de los años ochenta, que a decir verdad, cuando muestran su lirismo parece que cargan una sensibilidad adiestrada y terminan por ofrecer como material «poético» un engrudo de mentecateces cursis y vulgares, retahíla de boberías a las que hay que sacarle la vuelta.
Caso contrario sucede con esta chamaca de apenas de 17 abriles, y que a pesar de ser beneficiaria de la imbecilidad cultural que permea en este culo de San Diego ha logrado escribir una poesía más o menos decente. Pero hay que estar conciente que la Alejandra aún no puede ser catalogada como una poeta en el sentido estricto del término, pues todavía es una chinche menor en el arte de la poetiada. Por lo pronto, su mérito de poeta en ciernes no radica en la profundidad de su discurso lírico, sino en la finalidad que representa el ejercicio de abstracción de emociones y vivencias que registran sus poemas. No intenta ofrecernos algo más que sus sentimientos y emociones personales, especie de combustión espontánea que brota del alma; ímpetu desbocado, fragmento del mundo, expresión de la vida cotidiana.
Antes de empezar a meterle hachazo a la poesía de esta morra recién salida del cascarón, y que hoy ha venido ha participar en la reyerta de los monos verbales u «homo ludens», pondré a ojos de los lectores un poema que se avizora ya el preclaro lirismo con sus altas bajas.
Es una pieza elaborada con agilidad verbal pero sin posturas desmesuradas ni rimbombantes; de existencialismo suave porque se aleja del discurso perturbador de los poetas viscerales que se muestran despiadadas con las musas o terminan embriagados con la pudibunda banalidad.


SUSURRANDO BEFAS


Realidad flotante, incierta,
un descanso, un escondite
burlas…
irónico, errar es divertido.

La elección ante todo,
renunciar es un error,
befas…
porque al dejar de ver la superficie
encontraremos la verdad,
la identidad.

Ser invisible,
mudo a los ojos del mundo,
falacias,
verdades que se ocultan,
la salvación.

No hay tiempo que desperdiciar,
podrías morir sin trascendencia,
morir en el silencio,
con la añoranza en vuelo
y en los labios una mariposa.

Porque somos un instrumento del entorno,
un trozo de lo que fue,
y la parte bella de un mundo que no existe,
porque el sufrimiento nos define,
somos exactamente lo que más odiamos,
el producto de lo que detestamos,
la negación de lo que amamos.

Somos lo que somos,
y por ello nos justificamos,
la impaciencia no resurge,
no cabe en nuestros pasos.

Desaliento,
la no vigilancia,
sin celos ni desconfianza,
porque el lazo iba más allá de la fidelidad.

Complicidad,
símbolo de nuestra libertad,
de nuestro juego,
complicidad,
cosas que sólo conocemos tu y yo.

Las palabras antes de todo,
y después nada,
en el recuerdo sólo quedó la llama,
alguna imagen,
pero no las palabras.

Los planes en marcha,
el mundo afuera sigue su curso,
y nos recibe tranquilo e incauto,
ignorante de ti y de mí,
gira sin percatarse de nuestro devenir.

Y a la vuelta nada es distinto, nada es igual,
nada se parece,
no es similitud,
se trata de lo mismo que fue,
pero es otra verdad.

La intensidad,
de lo que deja marca en el alma
y queda escrito en el silencio,
sin alardes,
sin perfección, el mundo es infinito.

Preguntas,
después del tiempo y la distancia
despecho y despedida,
fingir estar bien,
vivir como autómata,
porque ya nada tiene sentido.

Con las últimas huellas del amor,
el soñar despierto,
el irse y buscar a alguien más,
el qué más da.

Pero sobre todo la similitud,
el quedarse igual,
el extrañar lo que nunca se fue,
un encuentro inesperado
con la vida vuelta a hacer,
y la certeza de la última vez
la misma herida que se abre
y se vuelve a cerrar.

El impacto de mirarse
y entenderlo todo,
y no entender nada,
los recuerdos...
y la distancia.

Un juramento,
desde siempre y hasta el final,
el destino que inevitablemente aguarda,
todo lo que nos impide ser,
si tan sólo el juramento bastara.

Aquellos minutos de compañía
el mundo que no se enteró,
un futuro que se desvanece,
ese juramento que prevalece,
y que nos mantiene unidos
para firmar la muerte y rehacer la distancia •




UN NIDO SIN PÁJAROS

Si el anterior poema me perteneciera yo lo habría titulado simplemente «El hocico de los burlones» o «El hocico burlón», para que la profusión del sentimiento y el efecto emocional no se trasmuten en intelectualismo artistoide. Asfixiar con esa clase de palabras, que están a punto de despeñarse en el abismo de la pedantería retórica, no es culpa de la autora sino de los pachorrudos «maestros» que continúan oteando las fórmulas de la preceptiva rancia que les metieron a punta de varejonazos sus nefastos profesores, creyendo que la poesía de hoy es igual que la de ayer. Lo que deberían hacer esos académicos mamones —autoengañados con la idea que repetir es crear— es propiciar en el alumno o discípulo el gusto por la metáfora y no adoctrinar con meras habilidades técnicas de diccionario y folletines baratos que recetan para erigir en poeta a cualquier pichón rimero.
Entre más rústica, sencilla y natural sea la poesía se vuelve más atractiva. El poeta que macera la palabra con altivez, con afán de deslumbrar por medio de vocablos rebuscados, atarantado en los vericuetos del formalismo abstracto, pocas veces rebasa la condición de tejedor de puñetas mentales. Y ese tipo de poeta, por desgracia, es el que abunda; y tan superficial que se engaña creyendo que la vida se ha enamorado de él; individuo poco menos que mediocre cuando se manifiesta como hacedor de versitos aburridos, escribiendo en momentos de ocio u aburrimiento, sin más inspiración que el usufructo robado a esa anciana soberbia llamada vanidad.
Como en varios de los poemas de Alex, la estructura de «Susurrando befas» corresponde a una imbricación de voces que se fueron agregando mediante la relación asociativa de palabras, siguiendo y entrecruzando diversos trayectos mentales, un plan fijo y prestablecido de forma conciente, en ocasiones, y en otras, mediante la inserción de conceptos acumulados por intuición hasta lograr su unidad o asentamiento definitivo. Y así se conforma el poema, como una composición (mejor dicho con exactitud: como una anticomposición) elaborada con elementos fragmentados que concurren a formar una pieza literaria muchas veces sin unidad ni especificidad temática con las posibilidades de reducirse o ampliarse (y por qué no, de ser complementada también por el lector a la manera de un hipertexto que se bifurca y se ramifica hacia la plurivalencia de signos).
«Susurros de befa» es un poema no secuencial, inestable, que carece de inicio, centro o conclusión. Collage y pastiche en su sentido más clásico, ad hoc con la red abierta del sistema cibernético. Subjetividad que se rige por el mundo bits, sin ideología y con ideales —cuando los hay— patéticamente desordenados.
La poesía de Alejandra Martínez, no obstante su estimulante fuerza de vitalidad, declina en malabares universales, símbolos de una realidad evanescente. Y, en efecto, cuando el objeto verbal prescinde de la intensidad estética, sea porque en su elaboración estilística se atiende más a su sentido de reflexión, de saber, de pensar, de explicar, difícilmente puede definirse como creación poética. Ya lo dijo el viejito ciego y fascista, autor de Historia universal de la infamia: la razón es poco convincente para la poesía. «Creo que Wihtman dice en alguna parte que el aire de la noche, las inmensas y escasas estrellas son mucho más convincentes que los meros razonamientos» [Arte poética, seis conferencias].
En sus estancias idealistas, la poeta en ciernes, descubre que ante flagelante materia es preferible ser una escéptica, una metafísica o una fatalista. Es decir, asirse de cualquier instrumento que permita echar vuelo hacia otro lugar donde el espíritu no se manche de mundanidad: «porque somos un instrumento del entorno»; «al dejar de ver la superficie encontraremos la verdad, la identidad»; «porque el sufrimiento nos define, somos exactamente lo que más odiamos, el producto de lo que detestamos, la negación de lo que amamos».




LOS CONSEJOS DE UN COMPLETO INCOMPLETO


Y en cuanto a la materia prima del discurso, ¿a qué derroteros llega? Pues anda de capa caída; el despliegue natural del verbo se haya forzado a permanecer inactivo, quizá por afán —tal vez inconciente— de que funcione como un sustantivo abstracto; ejemplo: «el quedarse igual, el extrañar lo que nunca se fue»; «con la vida vuelta a hacer».
La morra debe cuidarse de no incurrir en el fatalismo determinista, la categorización absoluta y pesimista de concebir el mundo: «...ya nada tiene sentido»; «...mirarse y entenderlo todo, y no entender nada»; «en el recuerdo sólo quedó la llama».
Aunque tales alocuciones se combinen con expresiones que reflejan un voluntarismo dinámico, ejemplo: «la elección ante todo»; «encontraremos la verdad», que, si bien es cierto, representa un tenue destello de convulsión animosa más propensa a fenecer eclipsada por la fatalidad, virus existencial que no mata pero tampoco deja vivir.
Una poesía puramente contemplativa es una poesía sin vigor; se vuelve anacrónica inmediatamente, porque la pasividad la enferma y la envejece. A mas de que se encuentra cargada de signos de pesada abstracción.
Si un poeta pretende elevar su discurso poético sin considerar que el espíritu es la envoltura de la materia, o como decían los materialistas griegos —atomistas—: concebir el espíritu como materia en movimiento, tarde o temprano sus versos comenzaran a oler mal.
Claro que tampoco el poeta debe escribir para que lo lean, el yo lírico no tiene más conocimiento su propia existencia; si es bueno y auténtico, los lectores lo encontrarán, él no necesita buscarlos. Ninguna importancia tienen los lectores para el poeta. Quien escribe buscando lectores se condena a escribir cualquier cosa, menos poesía. Si el poeta es virtuoso y cauto con sus atributos estéticos, lo más que puede hacer es sugerir, nunca explicar un poema (sería como la madre que cobra por el amor que le prodiga a sus hijos). De otra manera su poesía no podrá desgarrar el alma del agente receptor como si fuera el colmillo de un jabalí. Y para ese caso, poetas marqueteros son los que abundan, a ellos pertenece el dominio de los «happenings» y los «performances» donde el verdadero artista parece desdibujarse para dar paso a charlatanes desideologizados a quienes da lo mismo pertenecer a un club de borrachos que a un partido político. En otras palabras, la utopía desplazada por la fantasía.
El máster Eduardo Subirats, en «Metamorfosis de la cultura moderna» (1991) señala los aspectos inherentes a este tipo de julanos: «La pasividad y el aislamiento, y e condicionamiento emocional ético y cognitivo de las personas; la perdida de autonomía tanto psicológica como intelectual del sujeto humano; su manipulación programada con fines publicitarios o propagandísticos, y, por tanto, de dominacion económica y política respectivamente; en fin, la desintegración de las identidades históricas, psicológicas, urbanas o culturales».

A continuación dos poemas de la morra:


ARMAS DE REMEBRANZAS


Alguien dijo una vez
que la soledad de las multitudes
es por mucho la más cruel.

Una amiga tocó a mi puerta
y narró la historia de su vida,
era una extraña antes de ese día,
pero sus palabras me dieron sabiduría
comprendí que amar es una osadía.

Alguien dijo una vez ,
que estar justo al lado
es la peor forma de extrañar.

Ella vino y franqueó la distancia,
sin lazos y con sólo su alma,
la amistad surgió de la nada,
de pronto su ser estaba en mis manos
y yo me sentí confiada de poder ayudarla.

Y es que alguien dijo una vez,
que llorar tanto es vano,
que no tiene sentido sufrir tanto daño.

Pero aquella doncella vino con una sonrisa nueva,
me hizo ver entre las líneas de su llanto,
y descubrí que lo vivido es un arma contra el fracaso,
un sable que puedo poner en sus manos…
y que contra el desamor no será del todo vano.

Las viejas voces del ayer
han dicho una que otra vez,
mentiras y verdades, pero hoy consigo entender.
Como ella, mil podrán disponer
de aquellos días sin gracia,
y de mucho por perder,
yo se que en el mundo hay sombras que buscan el saber…
y se que por mi hice poco, pero hay mucho por hacer…



HUELLAS…

Hoy pase por el umbral de tu hogar,
se encendieron mis ansias
y procure no recordar,
en mis ojos el rutilo no dejar escapar.

Hoy ante el umbral
de mis sueños y tu verdad,
vi en la arena huella ajena
y sentí el alma llorar…

Hoy viendo a esos cristales,
calzar otras penas
sentí que te me ibas,
que dejabas profanar
esas tardes juntos, aquella forma de amar.

Las huellas no eran profundas,
pero azotaban con penuria,
atacaban la ternura,
mancillaban la censura.

Corría el viento frío,
igual al de las noches en que fuiste mío,
corría y me daba alivio,
sintiendo cerca tus desvíos…
corría el viento y domaba tu recuerdo
y en la arena limpiaba el sendero.

Virgen de huellas el umbral de mis ensueños
y vista arriaba, rostro en alba…
mis ojos vislumbraban tu morada,
en tu puerta mi esencia impregnada,
en marfil mis manos grabadas…
sobre piedra eternas brillaban.

Lo que fue piedra ahora es arena,
tal vez el viento esculpa la piedra
y en cenizas éste amor se convierta,
mientras tanto mi amor deja huellas,
de las que ni en mil años tú te liberas.

Mientras tanto mi vida es quimera,
y tus huellas en mí
son sobre piedra,
piedra que nunca será arena:
por ser diamante…
será polvo de estrellas •

Sunday, September 10, 2006

LA «LOCUTIA LUTETIA» EN LA POESÍA DE ELIZABETH SOBARZO GAONA



MIL POETAS Y TODOS ESCRIBEN IGUAL, MENOS YO

Aunque solamente cuento con algunos trozos del poemario «Instrucciones para un suicidio seguro y sin dolor», debo decir francamente que la autora posee el mérito de la «locutia lutetia»; y hablando sin remilgos, me ha impresionado esta breve rapsodia de alucines, de sobresaltos típicamente simbolistas, de altas tonalidades metafóricas y armado mediante un discurso escalonado que se abre y se cierra en inesperados virajes y mutaciones sin-tácticas.



He aquí el extracto de «Instrucciones para un suicidio seguro y sin dolor» cuyos precedentes lúdicos se inscriben en la corriente de la «bit-yenereichon», específicamente en la poesia del jotolón Ginsberg, y en el sertón metafísico del máster William Burroughs, sin prescindir de la notable presencia del malditismo rimbauderiano.

«He visto como el otoño sacude los recuerdos, los olores como transeúntes fallecidos, en una ciudad que llegó para derrumbarse. Camino por mi piel difunta, y mis plantas no huelen a mandrágora, le hablo a la Biblia de los rumores, de sus mentiras, de los niños-costillas, sombritas hambrientas del eco de dios en un error, cuando desde lo alto envió un graznido: enjambren sus óvulos de almas mal-vivientes, de cáncer, y háganse muchos. De metete en las sabanas de tus hijas –hombre- y reprodúcete. Ese el dios que creo al casi vivo, a su imagen y semejanza.
Escuché a los monstruos marinos forjarse en el tumulto de las heridas, a las moscas parir al cesar y al cesar porque es de dios. Y en la mano el Patrón de la familia azotar a sus creaciones, Jesuses descalzos, con mochilas, con apenas diez o quince años, con madres leprosas y denudas, que solo logran cinco minutos de caricias con el vaho de dios en la oreja, para tibiarse como utensilios fértiles. Y mire en una esquina a tres niñas con frío, muertas de hambre, dos ya menstruaban, tenían pánico en sus caderas, en sus piernitas adoloridas, una de ellas fue azotada para poder desayunar».


Un libraco que vale la pena ser deglutido

LA POESÍA DE ELIZABETH SOBARZO GAONA



POESÍA DE CONFESIÓN ABIERTA

Aunque el discurso lírico de la poeta Elizabeth Sobarzo Gaona no ha logrado su punto de maduración estética, porque para esto se requieren un longo recorrido mas largo que el tren carguero y una lenta acumulación de dicciones verbales, poco tiene que ver con el bucolismo acarameladamente romántico en el que se han inspirado los poetones y poetitas ensenadenses.
No, la pulsión poética de Sobarzo Gaona, quizá por que emana de una turbia experiencia que se intenta sacudir por medio de la palabra «disfrazada» o desfogar a través del «instinto metafórico», se perfila por el lindero de la confesión abierta, de una diáfana desnudez de las sensaciones mas intimas que muchos prefirieren guardar en el alma. Y en efecto, la poeta no se guarda reservas, se desboca de modo completo sin pretensiones de formalizar lo subjetivo; sin propósitos solemnes nos suelta sus rollos; como si se abriera en tajos el pellejo para enseñarnos hasta las vísceras.
No se limita a exponer superfi