CHARKOMEN D-II
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Para todas aquellas féminas amantes del placer se ha creado una versión masculina de plástico capaz de proporcionar el más excitante deleite carnal y satisfacer los más bajos instintos sexuales.
Se trata de un muñeco-vibrador elaborado con material sintético de finos acabados y estatura promedio del hombre real, ...y cuenta con un miembro viril reforzado y dotado de movimientos oscilatorios.
CHARKOMEN D-II es el nombre del muñeco inflable vibrador que satisface los deseos lúbricos de la mujer más calenturienta con su sensual y firme miembro.
Cuando lo vea, seguro que usted se quedará boquiabierta; el diseño anatómico es admirable, un cuerpo cachondo para gozar de él durante mucho tiempo. No consume alcohol ni drogas, tampoco dice mentiras, y usted lo puede guardar en el clóset y mantener con él una relación sin compromisos y sin limitaciones.
Si eres decidida y ardiente, adelante.
Anímense, mujeres solteras, casadas, vírgenes, viudas, divorciadas, experimentadas, jóvenes, ancianas.
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¡Sí!, leíste bien: ¡Gratis!
La única condición es que consumas trienta mil horas de lectura en su vitrina feizbukera, o en su defecto en
«elcharkito.blogspot.com».
ALIANZA NEFASTA CON EL PODER
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«Falsa y gárrula de filantropía moderna», decía el máster
Leopoldo Alas Clarín, O séase, una alianza nefasta con el poder y trabajada en complicidad recíproca, y mediante un mecanismo metafísico que se oculta bajo una gruesa costra ideológica que luego se cae en cascaritas cuando los dualistas se enfrentan a los problemas pragmáticos de una sociedad que se tambalea, donde tratan ellos de sacar provecho personal de las conmociones que se sufren, como el degenerado que se aprovecha de una mujer completamente ebria para saciar sus apetencias lúbricas.
—Y qué lo diga este pajarraco.El nuevo suplente de la
Loba Monsiváis.
Espíritus manumitidos que se sienten libres
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El pluralismo retoma el trabajo de las utopías y se transparentan las fronteras entre lo que se legitima y se condena. En fin, todo discurso radicalizado tiende a ser empático con aquello que se le opone. Por eso da lo mismo estar a lado de los buenos o de los malos, ser de izquierda o derecha, rico o pobre, puta o mojigata, inteligente o pendejo. El conformismo y la pasividad se disfrazan de activismo y de lucha social para apaciguar las angustias de la seudoatonomía alienada de los espíritus manumitidos que se sienten libres de la disciplina oficial.
PURAS FALACIAS
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Las prédicas que berrean los merolicos en torno a difusión de la cultura en beneficio de todos individuos son meras falacias, puro apriorismo platónico, porque cumplir como acto concreto tal abstracción sería el suicidio de la clase dominante.
CÓMPLICES DE LAS MUTACIONES HISTÓRICO POLÍTICAS DE LA CULTURA
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Los intelectuales y artistas del vanguardismo mexicano de los años 30, fueron cómplices las mutaciones histórico políticas que sufrió la cultura nacional. Mientras presumían de comunistas, descaradamente se trasmutaban en paladines del gobierno, exaltando y forjando un concepto de patria al gusto de los caciques posrevolucionarios detentadores del poder (prueba de ello son los murales de la
SEP que pintó
Rivera y, ejemplos de un populismo descarado que se transfiguró en abusiva demagogia).
Ergo, en estos tiempos, artistas, escritores e intelectuales mexicanos (fronterizos y no) aprendieron de sus antecesores a servirse del estado y de la burguesía criolla.
LOS SUEÑOS GELATINOSOS DE LOS CAMALEONES DE IZQUIERDA
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Cuántos ideólogos posmodernos —que ayer ostentaban muy orondos credenciales “marxistas”— hoy aparecen en nóminas de gobiernos burgueses y reaccionarios, cobrando la catorcena como asesores, consejeros o funcionarios culturales. Tránsfugas y camaleones del izquierdismo del que, cínicamente, todavía presumen y hacen eco estéril. Enquistados en las instituciones oficiales o enganchados a pulpos empresariales que difunden chatarra mediática, los intelectuales pretenden justificar un papel de independencia crítica, una posición progresista, pero esa «ilusión activa» choca con la realidad del drama social y su monstruosa falsificación histórica; y en el momento de que se ven impelidos a afrontar las contradicciones y a dar prueba de su legitimidad supuestamente marxista, sino se van por el camino de los viejos utopismos (de «los sueños gelatinosos», como decía Gramsci), entonces incurren en la reabsorción convenenciera de materialismo dialéctico y, a la manera de la ortodoxia, sólo toman el método, «adecuando» la teoría de
Marx en grado tal que pueda coincidir con cualquier corriente política, sea ésta agnóstica, liberal o reaccionaria.
LA SALAMERA, MAFIOSA, CUATÍSIMA, BUENAZA Y CONVENENCIERA CULTURILLA
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Quienquiera que sea el mono o la mona que se coloque en los escaparates de la cultura oficial, por principio de tradición esa culturilla de vida esplendorosa, putita, zaumadora, salamera, mafiosa, cuatísima, buenaza, convenenciera y que sigue siendo un lírico sorbete de cagada, lo vuelve anacrónico, agachona, lambiscón, complaciente, ratonero, arrastrada, cachudo, pusilánime, nalgasprontas, gingirín, cortijera, parásito.
—¡Todos! ¡Todos! ¡Todos! —gritó
Álvaro de Campos, alias
Fernando Pessoa, y luego agregó: ¡Basura, polvareda, chusma provinciana, pandillaje intelectual!; ¡incompetentes al descubierto, botes de basura volteados hacia abajo en la puerta de la Insuficiencia de la época!
¡Quiten todo esto de mi vista!
¡Consigan manojos de paja y pónganlos a fingir gente que sea otra!
¡Fuera de aquí todo esto! ¡Fuera de aquí todo esto!
¡Ultimátum a todos ellos y a todos los demás que sean como todos ellos!
Si no quieren salir, quédense y lávense.
EL FRANCISCO MORALES Y SU ENJAMBRE DE ADULADORES

PARA CONDIMENTAR EL OPORTUNISMO LITERARIOEn lo tocante a la supuesta promoción que se proyecta desde las instituciones burocráticas de la cultura oficial en favor de este berraco del facilismo seudolírico, dicha labor tiene una proyección estrictamente localista, excluyente y clasemediera; restringida en esencia a una expresión de casta, de camarillas y de cenáculos herméticos que se traduce como vulgar y frívola propaganda egocentrista. Así se evidencia en la cartelera promocional del CENTRO CULTURAL TIJUANA, aparecida en fecha 1 de diciembre de 2005, y en la que consignó un panegírico laudo en favor del vate consentido de «Apancho y laurel», y, quien dicho sea de paso, licenció como poeta al vapor a la ignorante de la Aída Méndez, caponera del grupúsculo antes mencionado y encargada de evacuar el festejo para el ñor Pancho Morales.
Y con este cabezal tan mamoncete como cretino se anunció el privadísimo borlote: «PARTICIPA EN EL HOMENAJE A FRANCISCO MORALES: LA CIUDAD QUE TE CANTA». Y este fue el chorizo que empaquetó el enjambre de aduladores:
«El Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, a través del Centro Cultural Tijuana, invita a la celebración de la palabra: homenaje a Francisco Morales, titulado La ciudad que te canta, el viernes 2 a las 7:00 p.m., en la Sala de Lectura del CECUT, con la participación de reconocidas personalidades de la comunidad cultural». Y las «reconocidas personalidades de la comunidad cultural» participantes son los integrantes de la cofradía seudoculturosa del poeta laureado. «Este merecido homenaje parte de la idea original de Julieta González Irigoyen. El diseño y desarrollo está a cargo de Aída Araceli Méndez Flores; la musicalización y apoyo técnico de Marcos Tizoc García Delfín; la imagen fotográfica de Roberto Córdova-Leyva; la Musicalización Poética y Proyección de imágenes Fotográficas de Marcos Tizoc García Delfín y Roberto Córdova-Leyva». Y para condimentar el oportunismo literario, en la parte semifinal aparecen los enquistados que, en calidad de invitados, resaltan «por orden de participación»: «Lucy Villa, Mónica Morales, Elizabeth Sobrazo y Adolfo Morales. En la lectura participarán Paty Blake, Heriberto Yépez, Flora Calderón Guadalupe Rivemar, Martha Parada, Humberto Félix Berumen, Roberto Castillo, Julieta González y Francisco Morales».
El churrumais propagandero remata con este pajuelazo: «El Centro Cultural Tijuana espera contar con su presencia en este evento, un esfuerzo por promover la lectura y reconocer a los artistas de la región como parte valiosa de nuestro patrimonio cultural, fortaleciendo así los objetivos planteados en el Programa Nacional de Cultura 2001-2006». [http://www.conaculta.gob.mx/estados/dic05/01_cec02.htm].
—Qué tristeza, comadre. Y decir que fuera del proyecto cultural oficialista no son nada; desincorporados del la institucionalidad político-cultural son menos que un moco tirado por el caño; voces huecas sin ecos ni murmullos palindreros.
—Vaya laya, compadre.
RAFAEL MORALES MAGAÑA: UNA PROMESA LITERARIA EN LA PRÉDICA DE LA POSTMODERNIDAD

UNA PROMESA LITERARIA EN LA PRÉDICA DE LA POSTMODERNIDAD Antes de andar volanteando o taloneando en folletines, faniznes y notas seudoculturales la anémica preceptiva seudoliteraria, se debería indagar dónde se empaquetan las nuevas morcillas narrativas en sus múltiples facetas (pedofilia, robo, secuestro, asesinato, etcé); ayudaría a aliviar un poco ese lastre de angustia que se cargan cabrones por sentirse escritores diferentes y excepcionales.
Como sugerencia pilatesca de mi parte presentaré uno de los últimos pespuntes narrativos que difuminan la realidad a seso dormido de la ficción; aunque, de cierto modo, modificando —rebajando— la hondura temática, la figura del antihéroe, pero conservando aún cierto aliento balzacquiano y agregándole como infaltable aderezo metatextualero algunas virutas de la relatoría borgeana.
Y con toda la mitología que le es propia al lenguaje, se incorpora al panorama de las letras bajacalifornianas el politonal discurso del señor
Rafael Morales Magaña, una revelación que, mediante el decidido apoyo y promoción de nuestros elefantes blancos del arte y la cultura (IMAC, CONACULTA e ICBC), bien podría figurar —parafraseando al mamacallos del
Jaime Cháidez Bonilla— como la nueva
“promesa literaria”.
Nota: dada la cultura cerril y la pedestre instrucción conque cuenta el autor del metatexto (o como se prefiera: metarrelato, metacuento o metaficción), la riqueza de la referencias literarias se las puede poner cada lector; y no obsta lo antes dicho para que el narrador sea considerado como uno de los principales valuartes del «realismo sucio» norfronterizo, rebasando no solamente los chiclosos cuentos que escruta el pelón
Fadanelli, sino también las tramas que el
Enrique Serna dispone en su libraco
«El miedo a los animales».
Aquí va pues:
Mataban perros y vendían la carne «TIJUANA.- Un rastro clandestino utilizado para sacrificar perros cuya carne presumiblemente era vendida para consumo humano, fue descubierto al mediodía en el fraccionamiento El Mirador, por la Policía Municipal, en una acción que culminó con tres detenidos. La casa se ubica en calle Había Vizcaíno número 3084, y es rentada por Mariana López, Alejandra Loaiza y Edward Evede, de 22, 21 y 25 años de edad. Ahí los municipales encontraron cerca de 200 canes muertos. Los jóvenes dijeron que se trataba de un refugio para perros abandonados, pero hay evidencias de que sacrificaban a unos para alimentar a otros y al parecer una buena cantidad la vendían a expendios de tacos. El asunto es investigado por la Dirección de Riesgo Sanitario, de la Secretaría de Salud Pública Federal» [
Rafael Morales Magaña, de la sección colorada del periódico
El Mexicano, edición del viernes 13 de febrero de 2009].
El ejemplo de la prosa anterior, considerando que ya no hay obra digna de mención, ¿acaso no merece un tratamiento desmitificador? En términos de oscuras antinomias, el tipo es duro en la recreación del folklor clasemediero y de arrabal; nada hermético y manejando con destreza la simbiosis de la expresión y la información.
—Jajajá. Te pasas de chorizo, pinche
Charko.
El escalofrío universalFabio GamezNo cabe duda de que funcionamos con electricidad. En lo que refiere al sistema nervioso así es. Ejemplos de ello es cuando nos golpeamos en la base de algunos nervios en junturas del cuerpo tales como los codos; sentimos un riada de electricidad que recorre intempestivamente toda la extremidad. Así como los calambres, pero en definitiva, de otro orden sensorial, los escalofríos también son involuntarios, y recorren el cuerpo estremeciéndolo y erizando sus vellos (fenómeno conocido como “piel de gallina”) con esa característica sensación eléctrica. Estrictamente hablando, al ser el escalofrío una respuesta del cuerpo a temperaturas bajas, así como en casos en que éste mismo eleva su temperatura en orden de defenderse de infecciones y enfermedades, no podemos decir de ningún modo que sea de naturaleza dolorosa –como en el caso de los calambres-, y sí, una sensación no menos curiosa que inquietante. Los Polivoces –haciendo honor a su nombre- se refieren a este fenómeno con el cariñoso término de “ñáñaras”. Pero también puede ser una experiencia desagradable, aunque esto se deba mucho a connotaciones del orden de la psicología profunda, o del umbral.
Es evidente que los escalofríos se relacionan íntimamente con los cuadros de fiebre, pero no se reducen a éstos, no obstante, desde la antigüedad se ha tratado de explicar su origen de diversas maneras, muchas de ellas de carácter sobrenatural. Es muy posible que sea esta relación estrecha con los cuadros mórbidos lo que haya rodeado al escalofrío de su aura terrible en principio, pero nadie puede negar que en individuos sanos, el conocimiento de algún hecho terrorífico puede dar lugar al estremecimiento que nos ocupa, sin que ocurra ningún cuadro de fiebre. Es lo involuntario del escalofrío, entonces, lo que ha asustado al hombre a través de la historia, algo parecido al estornudo (siempre acompañado inmediatamente del ritual de decir “salud”, con la finalidad de evitar posibles enfermedades venideras), pero menos común que este. A pesar de que las definiciones del cuento de terror son muchas, una de ellas toma al escalofrío como una de sus finalidades, sino es que la primera: “es toda aquella composición literaria breve, generalmente de corte fantástico, cuyo principal objetivo parece ser provocar el escalofrío, la inquietud o el desasosiego en el lector”. Hasta aquí podemos, entonces, dividir en dos grandes grupos a los escalofríos: los relacionados con los cambios de temperatura corporal, y aquellos de origen psicológico.
Hace tiempo me enteré de un extraño caso de escalofríos durante los sueños. Un adolescente refirió que durante un período largo de su infancia acusó escalofríos mientras dormía. Y que estos se repetían con un patrón idéntico al grado que elaboró una sóla imagen para todos ellos. Refiere que ocurrían cuando soñaba apaciblemente, e iban acompañados invariablemente de la distorsión de lo que “veía” en su sueño (así como del fin de éste), volviéndolo muy consciente pero sin despertarlo, para entrar inmediatamente a otro sueño de carácter pesadillesco. El joven refiere que llegó a conocer este mecanismo de tal manera que aprendió a despertar inmediatamente después de soñar el escalofrío, para evitar soñar la pesadilla que de todas formas lo iba a despertar. Todos estos sueños desaparecieron con la entrada a la adolescencia, nos dijo también el joven.
A pesar de que la experiencia anterior se refiere un cuadro sano, carente de fiebre e infección, resulta interesante aquí mencionar que los infantes alcanzan temperaturas más altas que los adultos, pudiendo pensar así que probablemente experimentemos el escalofrío desde siempre, es decir, desde nuestro nacimiento, sino es que desde la gestación.
Una narración, ubicada en la selva, que juega genialmente con una fiebre altísima, producto de la meningitis, un infante –el que padece la meningitis- y un ave de mal agüero, es El yaciyateré, de Horacio Quiroga. El texto habla, paralelamente, acerca de la experimentación con cambios violentos en la temperatura, dentro del contexto de una tormenta. Para variar, su tema es la locura. El escalofrío se relaciona aquí con el Espeluznar, entendido como descomponer, desordenar el pelo de la cabeza, de la felpa, del terciopelo, vaya, con este erizar de la piel. Visiones antropomórficas de la selva proyectan “la piel de gallina” a la superficie del río del Paraná: “El río, súbitamente opaco, se había rizado.”
Estaríamos hablando de una simbología del escalofrío.
Tal vez no se requiera de una mente calenturienta para entender que los escalofríos son síntomas solamente de alguna infección o enfermedad (en donde la fiebre es un síntoma más), pero que también pueden ser de origen psicológico, y que causarlos por esta vía, es un arte –y no de los más sencillos- cuyo nombre es: el cuento de terror.
NOTAS
1.- http://es.wikipedia.org/wiki/Cuento_de_terror
2.- “En Misiones, con una tempestad de verano, se pasa muy fácilmente de cuarenta grados a quince, y en un solo cuarto de hora. No se enferma nadie, porque el país es así, pero se muere uno de frío.”
3.- El craquelar y el relámpago pertenecen ya, en definitiva, a otra proporción. En el inglés, Thrill –del Thyrlian, del inglés antiguo-, sería la palabra por espeluznante, o aquello que causa la experiencia de un marcado sentimiento de exitación.
EL ARTE DE CAER
EL ARTE DE CAERPor el
Fabio GámezPocas cosas pertenecen tanto al ámbito de la vida misma y al no atendernos de ellas (cuando no somos afectados) como las caídas. En las noches, algunas veces, nos despertamos sobresaltados por la falta repentina de un sustrato fijo, un punto de apoyo. Sentimos que caemos, y por acto reflejo, nos espantamos, es decir, primero nos despertamos, con sobresalto. Muchas veces el espanto viene después, con retraso, como si quisiera dar tiempo a la asimilación. Muy gracioso, podemos pensar, después de calmarnos un momento e intentar dormir de nueva cuenta, preguntándonos: ¿Qué pasa, carajo? ¿Quién será el autor de bromas como ésta?
En este punto derivamos por aproximación a otro ejemplo, muy claro, de caída. Nos referimos a las caídas de la cama. Se deben mucho a un sueño inquieto tanto como a uno descuidado e ingenuo, en donde el sujeto de dicha gracia moviéndose ya por la superficie de la cama mientras duerme, rebasa uno de sus bordes y ve interrumpido su alborotado sueño al fin.
Pero dejemos el mundo onírico y pasemos directamente a la vigilia. Caer es perder el equilibrio, perder suelo, en rigor. Caer así siempre es lo mismo pero hay distintas magnitudes de caída. Digámoslo de otro modo: una cosa es resbalar, y otra La caída de la casa Usher. Debido a la capacidad comprobada de las caídas de producir daño, éste puede ser muy moderado o de carácter definitivo, puede no pasar más allá de un sobresalto, o en cambio dejar varios golpes.
Pero no sólo el daño físico es lo que vuelve la experiencia de la caída algo negativo, algo que procuramos evitar. Es en ocasiones, el desplome del mundo externo, algo más grave que la caída de uno mismo.
Descripción de la caídaPersonalmente, el tratar de recordar mi primera caída en la vida -cosa imposible si se deduce que estás comienzan, en ocasiones, mucho antes de que comencemos a caminar-, encuentro una, ocurrida a temprana edad, pues recuerdo que ésta ocurrió cuando corría por la sala de la casa de la abuela. La memoria en sí puede ser importante por que es la experiencia de un niño: a penas había aprendido a caminar cuando ya le daba a algunas correrías, como la que me encontraba elaborando cuando tropecé con algo, allá abajo, en los pies. Todo lo demás, como lo recuerdo, sucedió muy rápido. Yo corría, tropecé, y todo el mundo giró rápido haciendo que el piso se viniera súbito a la cabeza, produciendo tremendo golpe. Definitivamente desde mi perspectiva, el mundo se vino abajo.
Anatomía del descensoSe toma como un movimiento negativo descendente, siempre, y definitivamente es un sinónimo de Ruina. La caída del imperio Napoleónico no fue un alivio para Europa. La caída es la aniquilación –que puede ser momentánea, como dijimos, súbita y hasta irreparable- de nuestros planes progresistas.
Pensemos ahora la existencia como dividiéndose en dos ejes: horizontal y vertical, como si de un mapa cartesiano se tratase. La horizontalidad es más común y pertenece al ámbito cotidiano por excelencia; circulamos, ya a pie ya en distintos vehículos sobre aceras y avenidas, siempre a nuestro destino. El progreso como avance, como un caminar, un andar progresista. Pero por otra parte el momento de vértigo, es decir, de verticalidad, tiene dos acepciones: ascendente, o descendente.
Desde esta perspectiva podemos imaginar la vida como un constante caminar (mientras dura), accidentado. Esta es la visión de Laurie Anderson en una de sus canciones: “Y es así, como podemos caminar y caer al mismo tiempo”. Desde este punto de vista vemos la naturaleza pedagógica de la caída, su necesidad y su urgencia, por decirlo de algún modo.
DédaloFue el inventor del principio de la vela, desconocido hasta entonces para los hombres. Según Homero, había sido autor de la pista de baile de Ariadna, así como del laberinto de Creta. Dédalo era muy diestro. El mito cuenta que todo iba bien, pero, ¿por qué habría de desobedecerle Ícaro entonces, cuando más ocupaba que no le desobedeciera? Y por qué éste tuvo qué ignorar las advertencias paternas: “No vueles ni demasiado bajo… ni demasiado alto por que el sol derretirá tus alas”.
Las aerolíneas Ícaro Air, en Quito, Ecuador, han entendido tomar por el lado del humor la fama de la mitología. Por que el destino del hijo de una esclava y, Dédalo, el artífice y arquitecto, muestra contundentemente la naturaleza de una caída. Ícaro, ese muchacho que todo se lo tomaba a juego, pagó caro con su vida. Su leyenda se oscurece en este punto, pero en caso de haber sobrevivido a la caída, y su golpe por contacto, de todas maneras moriría ahogado, para estar a tono con las lágrimas de su padre, arriba, volando sobre el Ecuador.
La distinción entre unos meros ciclos del mundo y una verdadera apocastástasis Ya habrían rebasado Samos, Delos y Lebintos, cuando inesperadamente “el muchacho empezó a ascender como si quisiese llegar al paraíso”. Caben varias explicaciones. Se esgrime que el orgullo, la egolatría y la vanidad se habrían apoderado de la cabeza del pobre Ícaro. Por lo general esta explicación conlleva una carga ética: las alas las construyó su padre, pero la desobediencia a éste, acarreó la ruina a Ícaro.
Otra explicación, menos común que la anterior, pinta a Ícaro, el que después de viajar más de la mitad de la ruta –deducido esto por las observaciones geográficas que se mencionan en el mito- en un vuelo sereno y admirable -pues ciertamente el volar con los artilugios de su padre, debería haber significado un esfuerzo, por pequeño que fuese-, habría perdido “la cabeza” por una intoxicación de oxígeno. Está explicación podría hacernos ver a un Ícaro más consecuente y mesurado, probablemente, pero a fin de cuentas un ser que se ve atrapado por el destino, muriendo literalmente de un pasón.
PERSONAJES DISÍMBOLOS E IMPARALELOS RELACIONADOS DIRECTA E INDIRECTAMENTE CON EL FOCUC
Jorge Sánchez. Hijo de papi que se autoapoda como el
«Jofras». Siguiendo la misma tónica que el
Gerardo Navarro, es un yúnior renegado, ingenuo, un poco pendejín y con aires de intelectual. Chamaquito
Ibero que se cuelga al hombro una camarita fotográfica (de mil dolares) con la que intenta ser solidario con la pelusa más jodida de este tafanario fronterizo. Cree que andar mal vestido es sinónimo de proletario o de izquierdista pero, en cuestiones de pobretería empírica, es puritito pájaro nalgón. Se siente muy orgulloso de pertenecer al
FOCUC.
Marisela Jacobo. Directora del
Instituto de Cultura de Baja California (
ICBC). Compañera de armas —desde Parvulito hasta la fecha actual— del mechudo canonista de Chicali,
Gabriel Trujillo Muñoz. Ya pagó su tributo a la culturosada tijuanense y, en correspectivo desagradecimiento, los focuctianos la tratan como a los apóstoles en la época que nació el cristianismo: cuando no la ahorcan, la apedrean o la escupen.
Daniel Ruanova. Cuando las trivialidades adquieren un sabor a trascendencia. Si Denner duraba cuatro años haciendo un retrato, este güey del Ruanova, mojando trusas y pinceles acaba sus
“magnas obras” en el tiempo que dura en estar al tiro una sopa
«Maruchan». Ay, la naturaleza y el arte; un caótico practicismo sin perspectiva histórica, tenebroso espejo que todo lo descompone. No es miembro formal del
FOCUC pero se pasea por allí como gallo en el gallinero.
Roberto Castillo Udiarte, Mely Barragán y Daniel Ruanova. Caretas amorosas pero fraudulentas. Figuras relucientes en el panorama de la cultura fronteriza y en cuyo trasfondo es más frecuente entrever la banalidad, la hipocresía y la malacanchez culturera, y no los mandamientos o fórmulas de una preceptiva estética hecha y derecha. Arcaicos instintos de una conciencia volatizada en la autodeclinación de la soledad, sin otra meta social que no sea el individualismo pedante del mundo pequeñoburgués en el que todo se vuelve espectáculo y mercancía. En estado de arrobamiento mental, apoyaron al
FOCUC con “enjundiosas propuestas” tendientes a lograr “comunión espiritual” entre los artistillas clasemedieros y la vil perrada. No hay objetivos reales porque no hay seres reales y concretos —sino puras abstracciones—; por ende, no hay responsabilidad ni compromiso.
Ángel Valra. Culturosos y políticos caminan por sendas más torcidas que los cuernos de una cabra. Con trompetas y banderines anunciaba la llegada de la
«marea roja». Después de saludar efusivamente y con airecito de unción lambiscona a
Hank Rhon, en ese entonces candidato a virrey tijuanense, el bato duró más de veinte días sin lavarse las baisas (se portó peor que los gatos de
Monsiváis).
Cuando el hombre comprende sus intereses el planeta se achica y su idioma crece (
dixit Alfredo Zitarrosa). ¿Con carnet de
FOCUC? Yo creo que sí.
Juan Carlos Domínguez. Apodado el
«Payaso ruin» (o el
«hijo del Cepillín»). Gacetillero farandulero-culturoso. El zotaquín no anda muy enterado de lo que sucede en la entrañas del
FOCUC. debería pedirle «tips» a la autora del
«Charko Rojo» que, de seguro, ha de ser una resentida miembra del
FOCUC, el
IMAC o el
CECUT (pero no quiere salir a flote por temor a perder la chamba o la membresía)
Raquel Presa. Actriz y directora de un changarro teatrero. Hermosura realzada por ese aire de distinción que imprimen siempre la educación y el amor a las artes, sin más ambición que ser, a veces, la
Cenicienta de la cultura tijuanaca. ¿Miembra del
FOCUC? Cinchada la venada.
“¡Zacarina! Ponte aquellas braguitas de naylon y luego te las quitas poco a poco… A las puertas del cielo de tu boca…” (cantaría el mañoso del
Sergio Rommel, parafraseando al
Sabinón).

Octavio Hernández Ruiz. Mejor conocido como el
«Rocktavio» o el
«Cabeza de micrófono». Fogoso melómano sobre el inflamable ritmo musical que va de
Valentín Elizalde a
Manu Chao, una especie de enciclopedia ambulante del rock pretérito y contemporáneo. El
«Pipiripau» de los conciertos en ambos lados de la línea fronteriza. Es director de tabloide
«Tijuaneo», una gorda gacetilla en la que se difunden las variedades del espectáculo cultural y de farándula local y nacional (un revistón que ai la lleva y comienza ya a medio pintar). No es miembro del
FOCUC pero sí del
«clan sarabia» (que no es lo mismo pero es igual, como cantara el
Chivo Rodríguez en su rolita más tatemada y cursilona).
Elizabeth Cazessús. Lírica gemidora de versos amelcochados con florecitas y feminismo ramplón. Es buena poeta, pero desafasada; como el
Luperco Castillo Udiarte y el
Pancho Morales, ya anda tarabueleando en la convulsión poética. La ruca es de las ingenuas que creen que el muro fronterizo se tumba con poesía. Por añadidura estética, y desde sus orígenes, pertenecía a la mesa directiva del
FOCUC pero, según borregazos de gacetilleros, la mariposa rompió el capullo gris y salió chicotiada en busca de otros horizontes.
Mario Ortiz Villacorta. Pomposo, solemne y farragón, mejor concido como el
«comunista arrepentido». Ha hecho de la crónica y del periodismo un pasatiempo de golfillos. El palique cafetero es su fuerte, así se instruye en los gajes de la historia y la cultura local. Por aras del destino fue designado cronista de la ciudad de Tijuana pero no cumple bien con su ministerio, pues conoce de historiografía bajacaliforniana lo mismo que saben la
«Chula» y el
«Chon» de tales menjúrjeres. No es miembro del
FOCUC pero, desde lejecitos y sin reparar en gastos, aporta
“brillantes” sugerencias.
Gerardo Navarro. Una muestra de que para ser
«intelectual» no se requiere usar el cerebro. Lo que este infranélido escribe como autor de poesía y supuestas obras de teatro son subproductos mentales de estupidez prescolar. Lleva tiempo reptando con un eskechillo que titula el
«Nemónico», una auténtica cabronada en la que barrunta pastiches del compadre
«Picas» y Beto el
«Boticario», pololeados con esoterismo
«niuéch» y una que otra mamada de truquitos magicianos. Darle membresía en el
FOCUC sería una bellaquería.
Carlos Fabián Sarabia. Bróder original de
Leobardo Sarabia. De la recepción del hotel
«Císar» dio un salto cualitativo a los pasillos de Televisa, alcanzando su paroxismo en el programa
«Fusión». Quiebra su mutismo escribiendo y publicando buenas crónicas citadinas y más o menos se la rifa como analista de películas y demás churrerías fílmicas. Entró al
FOCUC sin tentar varanda, es decir, por
«ipso juri» o derecho de consanguinidad.
Erasmo Katarino Yépez. Estimulador de las falsas dicotomías e hipócrita alebrije de las causas sociales (quiere la paz como
Napoleón quiere la guerra). Con agresividad bravera es mamador de cualquier protuberancia o músculo inflamado que porte orificio. Imagínense, lo tuvieron que llevar con un sicólogo porque a la edad de 10 años todavía no dejaba de mamar chichi. Eso lo cuenta su mamá cuando se quejaba de que este becerro lepe le había dejado bien aguadas las bubis (la ubre henchida del
CONACULTA lo espera). ¿Miembro del
FOCUC? Ni ganas de invitarlo a ser socio, entonces sí, el club sarabiano permutaría en una letrina pestilente.
Jorge Arturo Freyding. La congoja por los muertos y actual panorama quijotesco: escribo desde un lugar del cual ya no quiero acordarme.
Gabriel Trujillo Muñoz. Conocido también con el mote del
«chamán de las letras chicalenses». A este
«Virgilio del desierto» (¿literario?), tanto los fundamentalistas y culturosos tijuanenses han querido ponerlo como tortuga boca arriba. Su pluma poligráfica y sus esponjosas barbas se hayan
«boletinadas» en recuadro agorero de la subcultura tijuanense. El mínino sentido común así lo indica: fuera todo lo que huela a Mexicali y a
Marisela Jacobo. ¿Pertenecer al
FOCUC? Ni soñar. Una noche del año 2004, con distorsión tácita en su vocerrón, presentó solicitud de ingreso pero le dijeron ¡niguas! Chicali 13 no rifa en Tijuas. En el tabulete que padrotea el jingirín de
Jaime Cháidez sus textículos están vetados, solamente tiene cabida en la
«Bitácora» de la
Alma Delia Martínez.
FOCUC. En una experiencia de llenar huecos con palabras para decir lo que no se puede decir y, así, entrar en relación con aquello que no es lo que es. O sea, provocar en un proceso de intermediación el surgimiento del
«ser» a través del
«no ser» que es el modo en que surge la creación. Ahí está el detalle, como dijo el
Cantinflas. Sin embargo, se disfrazan las oportunidades como si fueran encuentros.
FOCUC. El arte y la cultura sólo tienen un valor social como negación; esto es, a través de un aislamiento de la sociedad comercial. Por eso se produce la indiferencia, pues sería muy romántico sacrificar el dinero por la estética (a no ser que se trate de una peluquería). Ya lo dijo
Hegel: «Cada hecho material concreto se convierte en algo abstracto». Ausencia de una literatura de grandes vuelos. ¿Es el escritor el que capta al mundo o el mundo el que capta al escritor? Ya no hay paradigmas, en la juerga cultural abunda la mediocridad intelectual. Democracia literaria: primero se imponen los amigos.
Leobardo Sarabia. Intelectual orgánico en el vaivén hormonal de la política (cultural) y uno de los
«chamanes» o
«concheros» más sobresalientes del
FOCUC. Aunque
«coptado» por el prianismo tiene sus méritos, pues su idea o configuración de la materia es golpetear el hueso pubiano de esa piltrafa desmadejada que tenemos por cultura. Padece la anomalía (¿o
«virtú» maquiavélica?) de fungir como el consejero politico-cultural e ideador de la dizque
"plataforma" (digamos, otra vez, cultural) de las yerbas vaciladoras que, en materia de cultura (perdón por la rebuznancia), trae bajo el brazo panista la
«Petunia» Osuna Millán, desgobernador del estado, próximo a desempaquetarse.
Vianka Santana Robles. El prototipo de lo que verdaderamente suele ser una artista multidisciplinaria; pura chucata en cuestiones de arte y cultura, una experta en sus menesteres y sin arranques de
«rocstarismo».
Haída Méndez Flores. Modelo privilegiado del rastacuerismo culturoso de bajo perfil, después de haber recibido el
"pergamino oficial" de poeta
«honoris causa» fue expulsada del
FOCUC por mediocre e irresponsable (cuatro faltas de asistencia le valieron para ser echada a patadas de allí). Supura ignorancia hasta por los ovarios, pues no sabe si la palabra
amor y el adverbio
así se escriben con
h.
Alfonso López Camacho. Librero, editor y de las pocas seseras valiosas con las que cuenta el
FOCUC. Enemigo del raquitismo y la superficialidad cultural.
Elizabeth Algrávez. Exdirectora del
Instituto Municipa del Cultura de Tijuana (
IMAC), calentó el sillón de matrona por vía "meritoria" de padrinazgo político. Ejercicio de inspección del apalabre cuchupletero y una de las principales muñecas de tiro-al-blanco del
FOCUC. En sus manos la cultura local se impusó como corsé ideológico del neopanismo y estuvo a punto de convertirse en una chismorra.
Jaime Cháidez Bonilla. Promotor del la
«cultura del autismo», o sea, ese tipo de mentalidad que —como afirma el marqués de la colonia Liberad,
Mauricio Ramos—, busca bloquearse para seguir en el juego, como si nada estuviera pasando realmente. Encarna los pecados de la ineptitud periodística pero, eso sí, nadie le quita la paternidad de la lambisconería y el cuchupo publicitario.
EL LEOBARDO SARABIA [O LA COEXISTENCIA DEL GUAJOLOTE Y EL CISNE]
EL LEOBARDO SARABIA
[O LA COEXISTENCIA DEL GUAJOLOTE Y EL CISNE]
«Acaso haya aprendido yo de usted más de lo que uno debe aprender para poder seguir siendo independiente…».Arnold Schönberg
dedicatoria a Karl Krauss en el Tratado de la armonía
LA ESPONJOSA FRASEOLOGÍA DE SER INDEPENDIENTE Con el presuntuoso y exagerado cabezal
«Celebran Vitalidad cultural de Tijuana», en la sección
«Mosaico» del pápiro
«Frontera», correspondiente a la edición del día jueves 18 de septiembre de 2008, se publicó un articulejo en el que la gacetillera
Silvia Chia anuncia el
«El Festival de la Ciudad, Tijuana Interzona 2008», y haciendo constar en su ocurso desinformativo una declaración testimoniada por el buenazo del
Leobardo Sarabia, principal orquestador del menjurje culturoso referido, y que se transcribe en los términos en que fue emitida, cuando —supongo— que la ruca le preguntó al Sarabín bróder cuál era el «quid», propósito, birote, asunto,
«leitmotif» o mengambrea de su actividad como responsable de dicho festivalito:
«Trabajar desde la trinchera independiente y con las instituciones, celebrar la vitalidad de la ciudad, muy sabida y conocida que se da en las diversas disciplinas». —O sea, dos golpazos a un mismo tiempo; uno en el margen y el otro en el centro.
—O, también, como diría el buscapleitos de barrio al exponerle a sus compinches sus destrezas golpeadoras para salir airoso en las trifulcas callejeras, un putacazo plantado en el hocico y luego un patadón en los güevos.
Lo que
Sarabia espichea confirma la conjetura de que la independencia cultural es dicotómica y contradictoriamente funcionalista. Ni hablar, se trata de ser independiente pero sin dejar de ser dependiente. Coexistencia del guajolote y el cisne en las batallas de la emancipación culturera. Y por tal motivo eran los reproches que a
Karl Krauss un colaborador de
«Die Fackel» le espetaba. «¡No se engañe usted! Sólo desde un punto de vista académico, no político-práctico, le queda a usted otro camino que no sea o bien la afirmación de todo lo establecido o bien la anexión de corazón a las nuevas fuerzas motrices, es decir, o bien se queda usted con el mezquino burgués, que usted desprecia, o bien con el pueblo, que usted no conoce en absoluto…».
—¡Independiente? ¡Ah, chingao!, qué lenguaje.
—Un colchón entre dos cristales.
DEL MITO TICULI A LA LEYENDA PARNA
HUMBERTO FELIX BERUMEN Y TIJUANA LA «UGLY»Autor: Humberto Félix Berumen
Título: Tijuana la horrible. Entre la historia y el mito
Editor: Colegio de la frontera norte-librería El Día
Lugar: Tijuana, Baja California, 2003
Número de páginas: 406
Precio: 250 pesos (o 25 bacs)UN BROLI BASTANTE PEPUDO Un libro que, de entrada, pone las cosas en su sitio desde una perspectiva del sociólogo-tlacuilo-literato.
Berumen no pretende abrirnos los ojos como lo haría un moralista; él no quiere combatir lacras ni intelectualizar sobre premisas ya manoseadas que impiden distinguir la verdad de donde puede estar la mentira. Mucho menos reforzar lo estereotipado de la geografía tijuanense. Simplemente el bato, a través del recorrido cronoscópico y la instrumentalización sociológica, se adentra en las entrañas del mito chanatesco de la
Tía Juana.
Pero el emblema de la falsedad, a pesar de todos los estudios y pregones desmitificadores, está ahí. Extraviada en el imaginario colectivo de quienes buscan la decencia, en el comportamiento del matón a sueldo, en el territorio donde se asientan los burdeles y los lupanares de la
Zona Norte. Todo parece discurrir entre los niveles basicos del sociograma trazado por el acontecer histórico y el discurso meramente inventado por la vertiente ideológica. De esa hipótesis parte el análisis que el tlacuilo
Humberto Félix Berumen plantea en su broli: Tijuana, una ciudadela —discursivamente—
«construida y valorada primordial mente como un espacio lúdico-hedonista para satisfacer las necesidades de una comunidad determinada y en una época particular de su historia».
En el intríngulis de su choncha obra, el autor sistematizó, bajo una metodología empírico-teorética, las altas y bajas opiniones, los
dimes y diretes, con respecto a este
lunar de la virgen o
culo de San Diego. Sustrato de la construcción ideológica que dio rienda suelta a las interpretaciones —simbólicas— de variada estampa. Como el refrán del
jarrito al que todo le acomoda, de Tijuana se ha de decir lo que a cualquier cabrón se le pegue en gana, parece decirnos
Félix Berumen.
Tijuana la horrible es un libro de
«sociocrítica» audaz y tenaz, escrito por un hombre inteligente que conoce y ama su trabajo.
Humberto Félix Berumen, hijo adoptivo de esta vieja arpía, apodada la
Tía Juana.
A fuerza de domeñar conceptos y tecnicismos, el autor fue pariendo el broli, inicialmente para cumplir el requisito formal de licenciarse en la carrera de
lengua y literatura hispanoamericanas, pero el propósito original se agigantó hasta alcanzar la envergadura de una magna obra, difícil o morosamente muy canija de superar por algún otro académico y estudioso del fenómeno sociocultural que aborda el máster
Berumen.
EL GERARDO NAVARRO O EL «BARDO THODOL» VERSIÓN ANICETO BARRERÍAS
EL GERARDO NAVARRO O EL «BARDO THODOL» VERSIÓN ANICETO BARRERÍAS
EL GERARDO NAVARRO O
EL «BARDO THODOL» VERSIÓN ANICETO BARRERÍAS
EL NAVARRUCHO Y SU «HOTELUCHO DE CHOCOCRICO» Entre las ingeniosas obras destinadas al teatro que consigna el libro I, «Dramaturgia», de la serie de
«El margen reversible» (
IMAC, 2003) encontramos publicado un esketch titulado
«Hotel de cristal», cuya autoría corresponde a un —dizque— superesteta tijuanaco que, a pesar de ser un fulano defraudado por la flaqueza del talento, se siente todo un rival de
Shakespeare y
Ben Jonson.
—¿Adió! ¿Y quién es el bato?
—Un marsupial que responde al nombre del
Gerardo Navarro.
—¿Adió! ¿Y cómo le hace para aliviar sus lastres?
—Travistiendo la taumaturgia en producto tianguero. O sea, propalando marketeramente,(y a la manera del
Taurus de Brasil, el
Gualter Mercado y el
Jaime Mafufán) fantasías metasíquicas y otras vaciedades espiritistas de fabricación «niuéich» y circunscritas al sensacionalismo esotérico.
—¿Adió!
Antes de seguir de oficio con la presente causa, conocerán ustedes de qué manera la parafernalia trinquetera ensancha las estrecheces de algunos individuos dedicados a la «artisteada perfomancera»; lo cual sucede por gracia y procreación de la vanidad: cuna de las apariencias (no importa ser sino parecer). O dicho en términos nietzscheanos: «El hombre quiere hacer creer que vale más de lo que le autorizan sus fuerzas verdaderas». Ansina, y con la mayor presteza que puede tener la vanidad, hermana de la lisonja y sobrina del camelo, en la página 133 del citado libraco aparece la bienechora trayectoria culturosa del creador del texto escenográfico
«Hotel de cristal»; sus méritos y virtudes se hallan acrisolados en una ficha que, más que escrita por la mano de un simple mortal, parece que fue trazada por la
Providencia.
Procuren no hacer de tripas corazón cuando lean lo que sigue:
«Gerardo Navarro. Nació en San Diego, California. Es percusionista, dramaturgo, performer y mago. Cursó estudios en la Universidad de California San Diego. Ha impartido talleres de performance y poesía oral en Panamá, Nicaragua, Texas y California. Está antologado en Vicios privados (1997) y en dos tomos de la serie Teatro del norte. Ha colaborado con David Ávalos, Michael Schorr, Guillermo Gómez-Peña, y los grupos Culture Clash y El Campo Ruse. En 1997 obtuvo el premio The Best of the Net por un proyecto de poesía animada en el ciberespacio». Pocas caridades hace Dios con tanta perfección. Bálsamo para sanar los espíritus afligidos de aquellos incrédulos que ya no creen en la existencia de los «hombres orquesta». Con tales precedentes consideren ustedes, estimados lectores, lo fácil que ha de ser para el tal
Navarruco escribir una magna obra de teatro dotada de gran excelsitud y virtudes más inexpugnables que la dureza de una roca a prueba de «smart bombs». Y a propósito de vanidades rastacueras, ¿qué edad tiene el batillo? Silencio total porque en la redondez de ruedo tal dato no se anuncia; en su ficha debe prevalecer la «política del engreimiento» que caracteriza a las divas que se indignan cuando algún impertinente pregunta su edad (verbigracia la
María Félix). Tampoco se informa que el bato es un tijuanaco clasemediero de doble nacionalidad. Regüeldo que a fin de cuentas sale sobrando. Que su club de fans lo indague.
DE JUAN CAMANEY A LOS MILAGROS DEL GENIO CREADOR—¡Ey!, ¡ey!, ¡momento, bato!
—¡Qué pedernal?
—Déjame decirte que, ahora y de un tiempo acá, el autor del
«Hotel de cristal» ha dejado atrás sus posturas antimetafísicas, pues lo que hoy le preocupa es la es rescatar «esencia mítica y religiosa» del arte y cree firmemente en la sique humana y en sus poderes como medio de resistencia ante la aplastadora industria global.
—¿A poco? O sea que el güey se retachó al redil de la tradición.
—Neta que sí,...digo... no sé.
—Pero si el
Navarro es un pinchi yúnior. ¿Cómo puede ser posible tal afirmación?
—Pues ya ves. Con decirte que trae una nueva obra llamada
«El Mnemónico». Guacha lo que dice el pápiro este.
—A ver, presta esa madre pa leerlo.
—«El Mnemónico». ¡Qué chingón!, ¿no?
—¿Y cómo se pronuncia la eme? ¿Igual que la p de sicología?
«El Mnemónico, representado por el artista Gerardo Navarro, II, (1963), inicia su carrera como mago a los 11 años de edad, estudiando los principios de la magia con el mago argentino Robillini (rip), pintura con Mani Farber, escultura con Italo Scanga (rip), performance con Elenor Antin, happening con Allan Kaprow, spokenword con Jerome Rothenberg, comunicaciones con Dee Dee Halleck, teatro con Jorge Huerta, y dramaturgia con el Dr. Hugo Salcedo. El artista es originario de "Tijuandiego" [¿¡!?]. Estudió en la Universidad de California, San Diego (UCSD). Así como en el Centro de Artes Escénicas del Noroeste (CAEN)». —¡Qué chucho!
—Nomás le faltó al güey que dijera en qué hospital le hicieron la circuncisión.
—Angora, hay que ver si como ronca duerme el bato.
Tonces, vamos a guachar si de algo le sirvieron los cursillos que el bato tomó con los chamanes
Robillini,
Mani Farber,
Italo Scanga,
Elenor Antin,
Allan Kaprow,
Jerome Rothenberg, Dee Dee Halleck,
Jorge Huerta y
Hugo Salcedo. ¿De qué se trata el birote?, ¿de crear arte o de hacer carrera? Pregunto porque nuestro invitado parece inclinarse más hacia el nefasto «rocstarismo», contrariamente a lo que Becket sostenía cuando afirmaba que el artista está condenado a transformarse en un «don nadie».
EN BUSCA DE LAS SIETE LLAVES DEL MISTERIO Ahora bien, habiendo quedado medio persuadido el lector de que el personero de marras es un chinguetas, ¿a qué osado le podría caber duda en su juicio si nos dicen los editores de
«El Margen reversible» que el susodicho poeta, dramaturgo, performero y mago es un abono de virtudes y que se habilita con la sapiencia y experiencia de puros batos chichos y catetudos con quienes se codea?
—¿Duda usted que la obrita a la que ha dado luz carece de lumbrera artística?
—Yo sólo me reservaré el reconocimiento, la admiración y, en su defecto, los elogios, para el bato que los ha de merecer. Acuérdese que hay mucho lépero, y, según cuenta
Baudelaire, fueron las mentiras las que llevaron a Poe a la soledad. Por tanto, para cerciorarnos de qué lado masca la iguana, vamos a proceder a evacuar vista. ¿Estamos?
—Naturalmente.
—Bien, no se hable más. Si el tipo está cojo se irá de hocico al suelo cuando le falten las muletas. Quiénquita que le estén dando ocho por dos, y nos quieran llevar al baile con ese cuento. Trataré de seguir la consigna de
Antonio Machado a efecto de no confundir la crítica con las «malas tripas». O sea que procuraré no abandonarme hacia el relativismo epistemológico.
—Usted haga lo que quiera; a mí me vale verga. Ahí le dejo los cigarros y la botella de pisto. Nomás le encargo mucho el libro, cuídelo; fue un regalo de los editores de
«El margen reversible».
—No se preocupe, seré su fiel depositario. Adiós, hasta luego.
Mientras don
Capuleto agarra camino, yo empiezo a afilar la garra decidido a castrar la mona teatrera que parido el
Gerardo Navarro, cuya «prima ratio» son los trillados y maleables temas acerca mal y los desheredados del bienestar globalizador, su apología a la indiferencia de reconquistar el «edén perdido», resultado de la estrepitosa derrota de la esperanza utópica, donde el mal se arroga toda autoridad, poder anónimo, que se abre camino a través de la posesión satánica.
DOS PERSONAJES «FOCOCRISPIS» Y, en efecto, mi intuición no andaba muy errada; pues descubro que el mago-poeta-performer, a pesar tantos estudios, influencias y determinantes coyunturales que le enjaretan en el prontuario biográfico ya citado, el bato irrumpe en el terreno culturoso ofreciéndonos un esketchito titulado
«Hotel de cristal», pieza corta para teatro que, una vez leída, muy lejos está de pensarse que, al escribirla, su autor escupió en ella todos sus sesos. Dos personajes intervienen como protagonistas de la acción:
• EL GRINGO, «hispano, veterano de la invasión a Panamá», y
• EL MORRO, «tijuanense del Cañón del Pato».
ACOTACIÓN DEL «HOTEL TLACOTERO» A manera de preámbulo aparece en el texto, ideado por el poeta, megamago y dramaturgo, la siguiente acotación.
NOTITA: mis comentarios los meteré entre corchetes; es imperativo que así sea, pues la sintaxis está estructurada como si la hubiera estampado una verdulera.
"En una luz de la ciudad que alumbra un cuartucho" [
que alguna alma caritativa nos dé la pista; ¿quién alumbra?, ¿la luz, la ciudad o el cuartucho?] "donde se fermenta" [se escribe: fermentan] "el más duro silencio y olvido" [
otra pregunta: ¿en qué lugar se fermentan ese olvido y ese silencio nada blando?; además ¿cómo se fermenta silencio, o el olvido?, según sea el caso; y a propósito, ¿hay silencios duros?]; "un par de sombras llegan apresuradas" [
construcción sintáctica incorrecta; el adjetivo no puede ser determinador directo del verbo, a no ser que se le agregue el sufijo mente, «apresuradamente»; ya que es función del adverbio; Por tanto, corrijo: «un par de sombras apresuradas llegaron»] "escondiéndose de la policía" [
yo diría que ni falta que hace esconderse de la chota; ¿quién puede arrestar a una sombra?]; "entran y ponen un garrote de" [
como] "tranca a la puerta" [
la preposición correcta es: en]. "Están alterados y dispuestos a prepararse algo para fumar" [
¿quiénes están alterados?; si se refiere a las sombras, pues lo correcto sería escribir «alteradas» y «dispuestas»; y ¿para qué tanto pinche prejuicio?, ¿porqué no dice lo que van a fumar?]. "Hay en las paredes:" [
¿de dónde?] "poemas escritos con navaja, dibujos del chupacabras en bolígrafos" [
ese chupacabras debe llevar mayúscula en su primera letra, pues se trata de un nombre propio, aunque sea un animalejo inexistente que inventó el Neto Zedillo para desviar la atención del «error de diciembre»; y en cuanto a la preposición «en» que complementa a bolígrafo, lo correcto es: «con bolígrafo»]. "La única ventana" [
¿de qué lugar?] "está cubierta de aluminio" [
¿no serán los vidrios de la ventana los que están cubiertos con aluminio?] "y tiene algunos hoyos por donde entran ráfagas de luz" [
¡ah, chingao!, pues ni que fuera metralleta]. "La iluminación es tétrica, como de prisión" [
¿a poco así es la iluminación de una prisión?]; "el único foco encendido sube y baja de voltaje. Al fondo del cuarto hay una tina llena de orines con" [
donde está, hay, etc] "un patito de plástico que flota y se desliza lentamente" [
entonces es un mar, con olas para surfear]. "Uno de ellos" [
¿a quién se refiere?, ¿a un patito o a una de las dos sombras?], "apresuradamente se prepara a" [
preposición correcta: «para», porque indica finalidad, no destino] "fumar cristal: calienta con una vela un foco roto" [
¿verdad que no es el foco que endenantes dijiste que era el único que estaba encendido y que subía y bajaba de voltaje?] "que usa de pipa; mientras, el otro se acerca a la tina para orinar" [
¡ufff!, ¡por fin, acabamos!].
Sin secarse la baba, el infeliz cuasidramaturgo, encima de que gorjea chonchos disparates con pútrida gramática, la sintaxis de su redrojo teatrero parece un auténtico caso forense de la malahechura escritural, propia de un retrasado mental. En rigor, su garnache está más cerca de la comedia ridícula y la degradación intelectual.
«Hotel de cristal» se aproxima a un desmedro escenográfico de estructura despilfarrada y escrito con un lenguaje de gramática parda que presupone el modo particular de expresar las concepciones mentales y hábitos de los marginados, los sentimientos y emociones del populacho. Es un intento fallido de dramatizar una de las múltiples facetas del lumpendesarrollo de bajos fondos. Y, paradójicamente, conqué desfachatez y ligereza se exhibe el bato como dramaturgo y poeta, autor de un supercherario seudoliterario, ideado con la ingenuidad más melolenga que puede existir; insolencia hacinada en el capricho y la tremenda ignorancia. Ah, pero eso sí, no pierde la ocasión para revelarle a la perrada su (in)autenticidad de escritor o poeta. ¿Acaso el valor primordial de ser un poeta o un literato reside en acicalar y llenar de afeites una currícula? Así se pisa el umbral de la literatura, meneando el culo y balanceando del cuello las medallas, premios, doctorados y demás corcholatas que se han ganado. Saca las sonajas y los cinturones de cascabel para anunciarle al mundo quién es él. Con las turgencias curriculares que exhibe pretende ser distinto en un lugar en el que la pobreza y la anemia cultural lo hacen ver como un personaje abyecto y putañero. Pero basta de digresiones y volvamos al asunto de la obrita; no vaya a ser que me confundan con la
Pati Chapoy o con el
Pepillo Origel.
—Arre, Lulú.
SÍNTESIS ARGUMENTAL
[O CUANDO LA AMARGURA NO ES TAN AMARGA] Dos batos foquemones —el Gringo y el Morro— granujas que, además de tlacoteros son ratones, y que aparentemente la juegan de muy compas, después de aventarse un jambo de 500 lucas, llegan paniqueados a una pocilga (no se sabe de quién), donde se clavan para darse unos tanques de margayate (o sea de cristal, loquera también conocida con el apelativo caliche de tlacote, crico, chuqui, cricachú, fataché, cricrí, vidrio, cristo, cristóforo, cristina o crispín). La cantona donde se desarrolla la acción se ubica en el «cañón del Pato»; una colonia popular de Tijuana. Mientras los batillos se pegan los flamazos de rigor, centran su cotorreo en conversaciones que se reducen a lo trivial, evocando desventuras y experiencias de la vida cotidiana donde lo más nítido que se revela en su parlar son los golpes de la pobreza y las debilidades de la conciencia que conlleva a las oscuras catacumbas del vicio, el delito, el lodo y la podredumbre. Uno de los malandros, al que apodan el Gringo, sostiene el diálogo arrojándole a su interlocutor frases en español que combina con sintagmas del idioma inglés, una especie de simbiosis codificada en espanglés, elegancia mundana del pochoñol. Así transcurre la acción lineal, los antihéroes del arrabal, fumando crico, se cuentan sus peripecias, entrecruzan preguntas, se escuchan y se profieren sus respectivos y tronantes tópicos. Acontecen entonces las sensaciones extremas y se abre la confrontación entre las partes, el choque de egos surge cuando el Morro turba al Gringo con asuntos lúgubres, apostando por Satanás, y se inicia clímax en el momento que el gabacho le dice «narcochamánico sexy», y destapándose de mayate le ajera al plebe pa que afloje el culo:
—«I really like you man, me gustas tanto moreno lindo... I'm horny for your ass. Morro... ¿Don't you like me, o sí?». Herido en su orgullo de macho, es posible que el Morro se hubiera encrespado con la declaración erótica que le hace su enamorado, pero no se agüita porque previamente ha ideado un malévolo plan que le costará la vida al pervertido gabacho. ¿Porqué motivo quiere asesinarlo? Por venganza; porque siente un terrible complejo de inferioridad y por eso decide darle cuello («Mira Gringo, eres muy hocicón, me caga tu aire de superioridad...» le dice el acomplejado a su víctima). El
Diablo embarulló las cartas del juego de estos tramposos. El morro sabe perfectamente que no será él quien pierda; y el que sucumbirá ha de ser el Gringo; el cuchillo de carnicero lo acecha. El Morro lo tiene copado, lo ha inmovilizado con la droga. El gringo, pálido e incapaz de maniobrar su voluntad, está a punto de desmayarse. Lo que el Gringo ha «estado fumando no es cristal, es otra cosa que paraliza; es para embalsamar muertos», dice el autor del esketch en boca del personaje que cometerá el homicidio.
—«¿Qué me has dado, pinche mexican? —pregunta el Gringo—. ¡No me puedo mover! Con razón tienes los dientes afilados de esa manera... ¡Eres un caníbal! (Contracciones faciales, chasquidos de lengua, gruñidos.)». Luego que el chamaco martiriza a su víctima con una retahila de cacayacas, haciéndole saber el tremendo odio que le tiene y dándole noticias de la forma en que se lo habrá de refinar, el esketch concluye con —digámosle así— un poema que hace alusión a la narcoeconomía, al nihilismo y al ateísmo.
—Qué dramaturgo tan chafa, zafio e inculto.
—Y, además, al güey también le da por creerse poeta.
—¿Adió! Pero si la poesía no depende de la voluntad de ser poeta; ni de la habilidad de la forma en que se exprese la emoción.
LA CAJA NEGRA O EL «APERCUS» LUMINOSO En el «eskechillo» navarruchiano la guaranga del matarile a cargo del Morro sintoniza con un pasaje de la novela de
Dostoievski, «Crimen y castigo»; claro que sin el andamiaje sicológico y sin la profunda desgarradura emocional que logra con sus descripciones el epiléptico padre de la literatura dialógica. Y en efecto, viene a la memoria el momento en que
Rodión Raskolnikov, «en un estado de sombría exaltación», le confiesa a Sonia que ha matado a la vieja prestamista, y explica las razones que lo indujeron a cometer crimen:
«Comprendí de pronto, con repentina clarividencia, que nadie había osado tomar simplemente a ese monstruo por la cola y arrojarlo al demonio. ¡Yo..., yo lo haría! ¿era el diablo quien me tentaba? Sé muy bien que es el demonio el que me ha arrastrado. [...] el diablo me arrastró y luego me hizo comprender que yo no tenía derecho a hacer lo que hice, dado que soy un gusano como los demás. ¡El diablo se burló de mí! ¿Maté a esa veja infame? INo, me maté yo mismo, no a la vieja! ¡Me exterminé irremisiblemente! En cuanto a la vieja, la asesinó el demonio, y yo no...». Pero a diferencia de lo que sucede con el homicida del
«Hotel de cricrí», donde a fin de cuentas no resuelve la acción, con el personaje de
Dostoievski, sin comparar el nivel de la obra, sucede lo contrario: éste se regenera, salé del abismo para abrirse paso en una nueva vida, una nueva historia. «La historia de la lenta renovación de un hombre —dice
Dostoievski al final de la novela—, de su regeneración progresiva». En el libelo del
Navarro lo que aflora es un degenerado romanticismo populachero en el que concurren lecturas del calado de «Los asesinos seriales más famosos de la historia», marejadas de «malditismo» decimonónico, aprovechamiento perezoso y paródico de truculencias estilo
Goyo Cárdenas y
Chinta Aznar. Plantea una visión irreverente de las cosas que se reduce a estupores de nota roja, percepción resemantizada del «ghost story», campechaneada con las travesuras del vampiro de
Bram Stoker,
Freddy Krugar,
Chukie y lo que resta de la legión de freaks. Pura metáfora del miedo cuyo territorio de conflicto y disputa queda situado en la buhardilla del sistema donde malviven los elementos desclasados, sin más estímulos que la jediondez, el vicio y la promiscuidad, y que acaban en sobredosis de desgracias. Una versión aguada de maniqueísmo que mañosamente estigmatiza a los humildes como los detentadores de todo mal, ajenos a la belleza, bondad o fraternidad: los pobres son unos monstruos.
SIEMPRE CON GENTE TLACOTERA En
«Aeropagitica» escribió
Milton que «el conocimiento y el estudio del vicio son en este mundo tan necesarios para la constitución de la virtud humana, y el análisis del error para la confirmación de la verdad». Por tanto, nos referiremos brevemente a la experiencia con la droga que, como es de observar, el colega de
Beto el «Boticario» suelta al respecto enfáticas trivialidades. El autor del
«Hotel de cricachú» a través de sus personajes imaginarios encubre sus prejuicios e ignorancia bajo un ropaje de pretendidos conocimientos empíricos que saca a relucir del rincón de su abstraccionismo académico. Por ello pregunto: ¿a quién se le ocurre pensar que un locochón prendido del cristal no sabe la clase de margayate que se fleta? El vicio lo predispone a distinguir el tipo de mengambrea que consume. Cada drogadicto tiene su droga, cada personalidad adictiva registra las modalidades de la sustancia que consume y mide sus parámetros (calidad, precio, cantidad, lugar de conecta, riesgos, etc) de conformidad con el grado de conciencia que le permite saber que va en dirección prohibida. El bato que está enviciado con el crico tiene el callo suficiente para deducir la calidad y la clase de producto que se deja caer pa ponerse pacheco. Por ejemplo, ningún cocodrilo, por más pendejo que sea, puede llegar a confundir el perico con una raya de harina o de talco al momento de testearlas. Por eso en el mundo hay hombres listos y bobos; somos nosotros quienes convertimos nuestras necesidades en adicciones.
Acerca de esto escribe
William Burroughs:
«Ningún ser vivo tiene adicciones. Sólo el hombre. Los animales y las plantas tienen necesidades. El demiurgo que nos hizo —sea cual fuere— nos arrojó al universo de manera por completo distinta a los demás seres vivos: nos fabricó adictos».
El mundo de la droga no discrimina a ningún cabrón, admite de tocho: enfermos de amor, tarados, tullidos, gordos, putas, chaparros, cantores, artistas, desahuciados, rabiosos, deudores, licenciados, albañiles, artistas. Todos, mas no el autor del
«Hotel de fataché». La tesis de la droga que el
Navarro expone en voz de los protagonistas de su bodrio, es el gastado numerito que cacarean las ancianas «decentes» y que vengo escuchando desde que tengo uso de razón: «¡uy!, ¡un mariguano! ¡Es de la banda del
Kun Fu! ¿Qué hace aquí? Mejor debería haberse muerto del mal de ombligo cuando lo parió su madre. ¿Cuándo dormiremos tranquilas?». Como soy un alérgico a los desengaños, sé en pellejo propio de la variedad de cristal que rola entre la perrada: el peanut body (crema de cacaguate), el yodo, el corazón de mazapán, el cascarita de cebolla, el acaramelado, el vainilla, el amarillo del cañón de
doña Petra, el speed de Los, el bonke de la Cagüila, etcétera. Hay una enorme diferencia entre los ingredientes que contiene el crico y los elementos químicos de la sustancia para embalsamar muertos que alude el batillo en su trapicheo seudoliterario. Mercachifle culturoso del vacío total, dijera mi padrino el
Joaquinais. Con su película, al parecer el
Navarrucho quiere hacerles una broma de mal gusto a los batos tlacoteros. Pero es obvio que le saldrá el tiro por la culata.
SOLIPSISMO ESTÉTICO
[O LA VIDA PRIVADA DE FULANO DE TAL]
Se observa a simple vista que la tensión dramática que reporta la pitera obrita del batillo es anémica; el final, lo que tiene de tormentoso lo tiene de ridículo y facilón. Desde la conciencia de los personajes, las ideas surgen sin orden; semejan algo parecido a una orquesta de músicos que tocan desafinados. La visión descarnada de ese subsuelo social que presenta el autor por medio de sus personajes desprende un tufo a pedantismo e imposición de ideas falsas e inverosímiles. Asimismo, salta a la vista la incoherencia de la trama y el absurdo final, pésimamente impostado. No hay auténtica dramaticidad, los parlamentos carecen de fundamentación estética, en los personajes no hay ni un ápice de complejidad síquica; de la violencia verbal y el ensañamiento agresivo, que deben propalar la fuerza literaria y la eficacia conmovedora en el lector-espectador, apenas vemos sus pequeños barruntos. Y en cuanto a la calidad de la escritura, el autor no cumple con tal exigencia de primer orden. Desde el punto de vista estético, cuando no degenera en una simple metáfora, su visión del mundo se reduce al solipsismo; y, desde el punto de vista filosófico, es decir como concepción del mundo,
«Hotel de cristal» da lugar a formas de irracionalismo y arbitrariedad que intentan extinguir los males del mundo con otras calamidades. En otras palabras, se trata de elevar la ideología a categoría de sistema filosófico, sirviéndose para ello de una metodología pragmática derivada de una política de inmediatez que no mide las consecuencias y no le importa descuartizar al mundo, porque su fin ulterior es, precisamente, fragmentar la realidad, a la que únicamente se le otorga valor instrumental. Citaré un ejemplo gramsciano para hacer más entendible el dato.
Le preguntan a un chilpayate:
—Mira, cabrón, tú tienes una caguama, pero le das la mitad a tu carnalito. Ahora dime: ¿cuántas caguamas te vas a chingar? —El buki responde—:
—Pos, una caguama.
—¡Pero cómo chingados te vas a fletar una caguama? ¿Qué no le diste a tu hermano media caguama?
—Pero yo no se la di.
Desde la perspectiva hegeliana podría ejemplificarse así:
—Queremos que todos los hombres, mujeres y niños despierten, que abran los ojos al mundo. Pero con la condición de que permanezcan en sus camas y en sus cunas.
A VECES GANA EL QUE PIERDE «Hotel de cristal» no representa el contorno de alguien que ha vivido en los arrabales, sino de otro alguien que mira o accede desde afuera. Y esté fenómeno de hipocresía estilística no sólo se advierte en el caso de nuestro invitado sino que es patente en la mayoría de escritoretes de esta región que producen libelos teatrales, y vale decir que las cosas han empeorado en vez de mejorar. Hete ahí la falta de originalidad que provoca la fiebre de pueblo y el «gusto» por el arrabal: el lenguaje con que se construyen los diálogos y parlamentos discursivos resulta espeluznantemente artificial, los personajes adoptan registros verbales postizos que dan la idea de que fueron construidos apriorísticamente desde un cubículo de academia. En el redrojo navarresco hay una ausencia del protagonismo verdaderamente lumpen en las acciones de los personajes, no hay eclosión del auténtico submundo que habitan los parias y los desarraigados sociales. Un submundo de miseria, explotación, desolación, vicio y crimen que no conoce el autor del esketch por la sencilla razón de que él es un pequeñoburgués —detesto usar este vocablo pero es el apropiado— atrapado en sus propias contradicciones de clase; clase opuesta y antagónica a la que pone en escena y enchancleta a su clientela teatrera, sin correspondencia con la realidad. Se apasiona falsamente con la situación de una clase social que no es la suya, que no habla su lenguaje ni asume por convicción propia su pensamiento e idiosincrasia. Lo que el
Gerardo Navarro sabe de la clase baja y de los paupérrimos que la integran lo ha aprendido en los libros, y ni siquiera por auténticos especialistas que se han introducido en esos recovecos del desamparo y la desigualdad. Su doble formación, burguesa y académica, explica los síntomas de su «voluntarismo» de sentirse gente de pueblo; afán de querencia por sentirse bajuno, pero una cosa son las palabras y otra los hechos. El bato, si bien es cierto, lo único que tiene de pobre es su miseria moral. Su elevada virtud de «hombre-orquesta» y chinguetas en asuntos culturales, así como la pedantería, el cinismo esnob y el vedetismo mamón que se perfilan en su megalomaníaca propaganda curricular, son prueba irrefutable de que el bato no comparte las necesidades, aspiraciones y preocupaciones de la canalla; su actividad «intelectual» se haya desvinculada —en todos los niveles— de los estratos más rudos e incultos de la sociedad. No hay modo de evadir la condición sicológica y la férula ideológica que lo identifican en la escala social del pequeñoburgués. En el fondo podrá tener aspiraciones democráticas y mostrar simpatía por los misérrimos, pero tal disposición será similar a la idea que tiene una muchacha pobretona cuando piensa que la belleza le permite la entrada a la clase alta. Este tipo de actitud mezquina y prejuiciada (por no decir pequeñoburguesa) podrá ser —señala
Gramsci— «una benevolencia condescendiente, pero no una identificación humana». Así que ¿cuál origen proletario puede tener este men? Ninguno. Pero ahora, gracias a su pinchurriento esketch, pretende ser un anfibio: ni burgués ni proletario (sino todo lo contrario, ¡ja!). Y de ese modo guisa su palabra de teatrero-perfomancero-poeta-mago-iluminado-miniprofeta y no sé qué chingados más títulos y condecoraciones ostenta (le brota con esas mamelucadas el espíritu de rancia aristocracia; delata su charlatanería esponjosa y nauseabunda que sólo sirve para atarantar majes). El bato, ingenuamente, cree que basta con simpatizar con los elementos de los bajos estratos, atribuyéndoles la categoría de antihéroes, para brillar mesiánicamente en la selva oscura de la historia. Su concepción burguesa únicamente permite que los traslade a la literatura como objetos de motivación folclórica, como sujetos raros, curiosos, o sea, simple y llanamente como representantes pintorescos, maquetas. Dicho de otra manera, se ocupa de ellos del modo en que lo haría un burgués que arroja unas cuantas monedas al menesteroso.
«Hotel de cristal» no es más que un figurín retórico de un estilo de teatro de forma esnob, diseñado para abrir mercado literario, aprovechando —por gusto puramente «estético»— la vida de los segmentos sociales miserables, «panorama» que le interesa por la intriga, por su visaje grotesco, conveniente para la diversión de carácter mecanicista.
¡SE VE, SE SIENTE, EL PUEBLO ESTÁ PRESENTE! El lenguaje que parlan los personajes creados por el señor magazo («el Gringo, hispano, veterano de la invasión a Panamá, y el Morro, tijuanense del Cañón del Pato»), atufado de pochoñol, aunque coincide, relativamente, con las expresiones que emplea la clase baja, se aparta de su filiación ideológica, toda vez que está construido artificiosamente, sin espontaneidad y no muestra los relieves de la sinceridad. Y, en ocasiones, ni siquiera se sostiene desde su vertiente estrictamente gramatical. Está muy alejado de la vulgaridad corriente de la perrada lumpenesca, no marca la originalidad ni individualidad de los sujetos protagónicos. Las expresiones verbales se apartan de su verdadero sentido etimológico que históricamente refleja el inconformismo social y la oposición de clase, no enuncian la sabiduría ingenua, instintiva del pueblo. Lo que el
Gerardo Navarro establece como código de comunicación entre sus personajes es el reducto de su propio conformismo «racional» exaltado y tendenciosamente dirigido a confundir imbéciles. Ya lo dijo
Antonio Gramsci:
«Es demasiado fácil ser original haciendo lo contrario de lo que hacen los demás; es algo mecánico. Es demasiado fácil hablar de modo distinto a los demás sin hacer acrobacias. Pero hoy se busca una originalidad y una personalidad a bajo precio. Las cárceles y los manicomios están llenas de hombres originales y de fuerte personalidad. Lo realmente difícil y arduo es poner el acento en la disciplina, en la sociabilidad, y aspirar, sin embargo, a la sinceridad, a la espontaneidad, a la originalidad, a la personalidad» [Cultura y literatura, p. 284]. HACIENDO TEATRO ANTE EL ESPEJO La realidad que pinta el mago-dramaturgo a través de la acción y diálogos de sus personajes es una realidad prefabricada, fetichizada, sumergida en el estereotipo, y sin conexión sustancial con las concepciones de la gente humilde. Obsérvese que los protagonistas de
«Hotel de cristal» son representados como individuos mezquinos, tracaleros, maleantes, viciosos, putos y traidores, temblequeando al margen de toda normatividad jurídica y moral. El perfomancero los introduce —teóricamente— a escena como seres despreciables y repugnantes; los coloca en la más putrefacta inmoralidad donde reina el caos y lo inefable. La idea nietzscheana del mal como solución manifiesta en el principio diabólico. Es el mal lo que permite la conservación de la especie, escribe
Nietzsche en la
«Gaya Ciencia». Y en torno a esta doctrina el
Navarro desarrolla el desiderátum filosófico de su pitero esketch.
Y a esto nos conduce su oferta:
«Lo nuevo, no obstante es el mal, porque quiere conquistar, derribar fronteras, abatir las antiguas caridades; ¡sólo lo viejo es el bien! Los hombres de bien de todas las épocas son los que implantan profundamente las viejas ideas para hacerlas fructificar, son los cultivadores del espíritu. Pero todo termina por agotarse, y siempre es necesario que el carro del mal vierta en él estiércol» [Gaya Ciencia].EL GAMBERRISMO Y LOS BREBAJES DE LA CRÍTICA Lo que debe entender el palurdo autor del
«Hotelucho de cricrí», es que el mundo del lumpen se extiende más allá de la comarca territorial que delimita al «Cañón del pato». Y ante ese juego de equívocos los publicistas de pacotilla que se las nalguean de «críticos literarios» en los suplementos y periódicos dizque culturales se la tragan entera y sin decir ni siquiera pío, y engolfando de paso a los lectores. Y porqué no ha de ser así, si los «críticos» de este tafanario fronterizo no son más que unos pinchis chupapollas que merecen que les pateen el trasero por arrastrados, ignorantes, pendejos y güevones. Y por lo que toca a los publicistas del
Gerardo Navarro, o sea, quienes se hacen llamar «críticos», podrán decir que la obra del bato es muy respetable, pero yo les responderé que fuera de eso no tiene una envergadura intelectual ni consistencia estética suficientes; sus cualidades, si acaso las tiene, son endebles. Y esto lo sabe cualquier monaguillo recién incursionado en el campo de la dramaturgia. Pero a los susodichos «críticos» qué les importa eso; ellos están prestos a aplaudirle al payaso en turno que sale a declamar. Ahora, no me cabe la menor duda que lo este men desea compartir con los lectores y espectadores del voyerismo escenográfico son los frustrados intentos de no poder trazar paralelos entre sus creaciones performanceras y la vida de esos seres hacinados en la parte más baja del edificio social, «los hombres de los sótanos», para usar una expresión dostoyeskiana. Y las razones están implícitas en las memorables palabras con las que
Marx y
Engels, en 1848, pusieron a parir triates a los aterrados burgueses: «La historia de todas las sociedades que han existido hasta ahora es la historia de la lucha de clases. La sociedad, en su conjunto, se ha ido dividiendo cada vez más en dos grandes campos hostiles». El jefe
Marx demostró —dice
Edmund Wilson— que el sistema de cambios y económicos y sociales que surgieron a principios del siglo XIX, «con su falsificación de las relaciones humanas y su gran fomento de la hipocresía, era un rasgo inherente e inevitable de la propia estructura económica» [Dickens: The Two Scroogers, Eight essays, 1954]
CUANDO EL GERARDO NAVARRO ERA PINTOR Hace 14 años que vi al
Gerardo Navarro; recuerdo que era un sábado de abril de 1990. El bato cantoneaba donde ahora está ubicado el «Lugar del nopal» (taberna culturosa-morralera conocida como el «Lugar del congal»), en callejón del Tapado (hoy 5 de Mayo). Ya lo había tripiado antes en el CREA, una vez que el poeta
Panchito Mendoza (ahijado del
LHC) y yo merengues de gamesa cotorreábamos al Malaquías Montoya, pintor chicano que se estaba dejando caer un mural alusivo a la «mécsican revolufia» en vísperas del festival de la Raza. El
Navarro, por cierto, le chalaneaba al ruco. El depa donde el bato cantoneaba pertenecía al Felipe Almada, un ruco que como pintor y poeta era una verdadera calamidad; y de quien las malas lenguas culturosas decían que le había pegado un gane al Benjamín Serrano con varias obras que este bato había dejado en la galería del Jelipe. El
Navarro, además de inquilino también era compa del Felipe, y pintaba en el mismo estudio, una especie de galería morrita. Allí me tocó guachar un jale del hoy magazo-perfomancero. En honor a la verdura debo decir que el batillo se dejaba caer la greña pa la pinceleada; pintaba chingonamente. Es lamentable —al menos pa miguel— que el
Navarro haya tirado a la taza del escusado una actividad estética que dominaba y en la que destacaba con una omnipotencia cabrona. Pero se alejó de los brochazos para incursionar en las mamelucadas del performance espiritualero. Desde aquella fecha no le he vuelto a ver. Guaché una foto suya en el suplemento del Mexicuin, a propósito de una entrevista que le hizo el profe
Jorge Andrés Fernández, no recuerdo cuándo fue ese birote. Me sorprendió su aspecto; parecía como si los años se le hubiesen venido encima de un tirón; lo vi muy catorceado al bato; flaco, semicalvo, con la cara chupada, con los ojos dilatados; miraba al suelo como un animal en busca de comida; vestido de forma desaliñada, incluso su vestimenta me causó pena ajena. Verlo así me conmovió como la muerte de un amigo; sentí en el paladar un sabor pastoso, metálico. Ahora sé que sigue vivo, y me niego me creer que el
«Hotel de cristal» refleja el verdadero nivel de inteligencia del bato. Él puede hacer lo que le venga en gana, faltaba más, pero yo no pasaría de largo las palabras de
Raymond Carver cuando afirmaba que «muy a menudo, la "experimentación" no es más que un pretexto para la falta de imaginación, para la vacuidad absoluta, se limita a describir una desierta tierra de nadie». Derroche de exhibicionismo de chamán mundano supeditando el hecho literario (ingenio, mérito y talento) a la prestidigitación y a la sicomagia como productos de moda mediatizables y de bajo perfil que identifica al arte como entretenimiento (hedonismo mezclado con cinismo nihilista). ¿Valdrá la pena rumiar de esto?
Eduardo Liendo contestaría en boca de unos de sus personajes: «No te quejes inventándote supuestas inferioridades, recuerda que
Homero era ciego,
Demóstenes tartamudo,
Beethoven sordo,
Nietzsche sifilítico,
Dostoievski epiléptico. ¿Qué más puedes pedir con esa inmejorable salud?» [El alumbrado, De Cabeza de cabra y otros relatos, Caracas, 19993].
NI MENOS LARGA QUE LA DE CUALQUIERA Si yo fuera una gallina, verdad de Dios que pondría huevos. Pero no soy una gallina, sino más bien «ego sum qui sum». Y nada más.
—¡Ah!, ¡pero si te dieran a escoger, hijo de la chingada! —irrumpe mis lucubraciones
don Capuleto, cayéndole a mi chante de fantasmazo.
—¡Qué pasó, pinchi ruco! ¿Viene por su libro?
—Sí, pero te advierto que mi trasero no es bodega del
IMAC.
—¿Porqué dice eso, rucailo?
—Porque de seguro, y conociéndote cómo eres de grosero, cuando me entregues el libro vas de decirme: « ¡Ai ta su puto libro, métaselo por el culo!».